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sábado, 18 de marzo de 2017

La luz fantástica [8]

Portada de La luz fantástica, de Terry Pratchett
NOVELA
The Light Fantastic
(Reino Unido, 1986, 285 páginas)
Terry Pratchett   

Tres años después de que Terry Pratchett dejara al mago Rincewind cayéndose por el universo, el autor continuó su historia con la segunda novela de Mundodisco: “La luz fantástica”. Aquí la cierra —ya no hay más protagonistas colgados del precipicio al final—, y como la anterior, es un demencial torrente de imaginación, que parodia a las novelas de fantasía, tan divertido y con un ritmo tan rápido, que pasas por alto sus defectos.
            En la Universidad Invisible el Octavo, el libro más mágico de Mundodisco, se libera y va al tejado, donde los magos descubren que ha alterado la realidad. El cambio salva al inepto de Rincewind y a su amigo Dosflores, que andaban cayéndose al vacío. Para saber qué sucede, los magos llaman a la Muerte, quien les avisa de que Mundodisco se va a chocar contra una estrella, a menos que los ochos hechizos del Octavo se reciten seguidos. Lo malo es que el último está encerrado en la cabeza de Rincewind, y nadie sabe dónde anda.
            Se podría decir que realmente “El color de la magia” y “La luz fantástica” son una única novela. Mientras la primera era episódica, con aventuritas que empezaban y acababan (Pratchett las iba enlazando, siguiendo a los protagonistas, para que fuera una novela y no una colección de cuentos), esta es una única historia que va desarrollando hasta resolverla.
            Nada más empezar, Pratchett se saca de la manga un cambio de realidad para salvar a Rincewind de una muerte segura, lo cual, en una novela tan solo una pizca más seria que esta, te cabrearía, pero aquí te parece divertido. Y luego se crea el gran conflicto: solo Rincewind puede salvar el mundo con el hechizo encerrado en su cabeza.
Entonces da comienzo una trama alocada… bastante forzada pero divertida: está llena de momentos en los que los personajes se salvan en el último segundo de potra (la escoba voladora que encuentran en la casa del bosque; que aparezca Cohen donde los druidas justo cuando van a matar a la chica; el rescate de Cohen en el río), de situaciones caprichosas sin que se sepa muy bien hacia dónde va la historia. Rincewind —ni el lector— no tiene nada claro que debe regresar a la Universidad Invisible, simplemente porque si lo supiera, Pratchett se quedaría sin trama: en cuanto los magos de la casa del bosque le dijeran que le iban a llevar allí, se acabaría el libro, así que el autor va complicando las cosas sin que se sepa bien a dónde quiere ir el protagonista, que no hace más que huir y huir.
            En esta novela aparece una casa como la de Hansel y Gretel; troles que se convierten en piedra si les da la luz del sol; una exuberante heroína con el pelo teñido con jena (hilarante es la digresión de Pratchett para describirla), un héroe añoso, con un nombre muy parecido a Conan; druidas que hacen sacrificios humanos; muchedumbre enaltecida que odia a los magos, y el voraz baúl con piernas que sigue a Dosflores a todas partes.
            Como en la anterior, Pratchett de vez en cuanto te hace una digresión para hablar de un dato histórico de Mundodisco o de algún detalle de leyes físicas, y te partes de la risa, como el filósofo al que le preguntaron en una fiesta qué hacía allí, y se tiró tres años contestando; o la prohibición de hacer descripciones llenas de vaguedades al escribir; o las teorías sobre las tiendas mágicas que aparecen y desaparecen; o que cuando escribe que el sol se derramaba como oro líquido por el paisaje durmiente, no es literal, ya que los árboles no estallaban en llamas, la gente no se volvía de repente muy rica y muy muerta, ni los mares se evaporaban al instante.
Lo que las hace tan divertidas es que Pratchett las cuenta en un tono muy serio, como si estuviera escribiendo un tratado antropológico, y lo que te cuenta es demencial. Pratchett mantiene ese tono en toda la novela, y funciona tan bien porque ves una contraposición entre la seriedad con la que cuenta las cosas, incluso cuando es irónico, y lo que está pasando.
Una vez que Pratchett deja de marear la perdiz, y Rincewind reconoce (aunque no sabe muy bien por qué) que debe regresar a la Universidad Invisible, la novela gana enteros, y además de ponerte escenas divertidas, escribe grandes momentos de acción, y aquí sí cierra de manera satisfactoria la trama.

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