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domingo, 2 de abril de 2017

VIDA DE ESCRITOR: LA ASERTIVIDAD (III)

¡Ya tengo un el título definitivo de mi siguiente libro para escritores! Después de pasarles un cuestionario a mis alumnos, darle varias vueltas, darme cuenta de que “Érase una vez…” podría llevar a confusión —que pareciera que era para escribir cuentos infantiles—, y de que el libro trata realmente de la actitud que hay que tener para ser escritor, ya sé cómo lo voy a llamar.
            Por favor, redoble de tambor…

            La aventura de ser escritor

            Con el subtítulo:

Cómo motivarte y superar todos los obstáculos para tener una carrera literaria

Me gusta mucho porque recuerda a “Atrévete a ser escritor”, para los que ya me conocen, y suena atractivo, para los que no. Reconozcámoslo, ser escritor es una demencial aventura, aunque solo sea por cómo te las tienes que ingeniar para rascar dinero de aquí y allá para sobrevivir, pero es una aventura apasionante.
Lo he comentado en alguna otra ocasión, que las personas tenemos un GPS que nos va guiando a través de las emociones, una brújula emocional: si te sientes a gusto, es que estás en el buen camino, si algo chirría, es que debes hacer algún cambio. Para que esto funcione, te tienes que conocer muy bien, tanto tus gustos como tus opiniones y sentimientos.
Los dos títulos que había barajado antes no acababan de convencerme, aunque no sabía por qué, pero al avanzar en la escritura y ver de qué iba realmente el libro, una mañana le di vueltas. Cuando busco una solución creativa, y no me refiero solo a desarrollar una trama o a encontrar un título, sino a cualquier cuestión de la vida, no me obsesiono con el problema, estoy súper tranquilo, en plan calma chicha, y lo que hago es saber qué quiero lograr (si no sabes qué quieres, vas a estar dando palos de cielo, sin saber si te acercas o alejas de la solución) y pienso un poco, para luego olvidarme de ello. Me pongo con alguna actividad que no me exija pensar, y al rato me vienen ideas solas, y les voy unas vueltas, y otra vez lo mando al fondo de la mente. La solución se va fraguando por sí misma, y yo voy atisbando una dirección, hasta que todo encaja y doy con la solución. Pueden pasar días o unos pocos minutos, pero al final siempre funciona.
Vamos, justo lo contrario de lo que te enseñaban en el colegio. Se lo recomiendo a todo el mundo.
Ahora volvamos a la asertividad.

COMPORTAMIENTOS 
A la hora de dar la opinión, existen varios comportamientos; y aquí sí que solo hay una respuesta correcta: el comportamiento asertivo es el bueno. Veamos cuáles son:

Agresivo: Es prepotente y va apabullando a la gente, para evitar que se le pueda
Fotografía de Donald Trump
Donald Trump
contradecir, y utiliza el ridículo, el sarcasmo y las malas contestaciones para lograr sus objetivos. Suele decir cosas como “Estás equivocado”, “Deberías hacer tal y tal cosa”, “No tienes ni idea”. ¿A alguien le viene a la cabeza Donald Trump? Las personas agresivas han llegado a este estilo por tener un modelo así mientras crecían; por enmascarar una baja autoestima (como son bordes, nadie les puede contradecir); por ver las ventajas que obtienen (soy borde, y como nadie me contradice, logro lo que quiero); o por ser tan zoquetes que no ven las consecuencias negativas de su comportamiento (a sus espaldas, los evitan y temen tratar con ellos).
En ciertos asuntos, yo actuaba así (no hay más que leerse mis primeras críticas), y lo hacía, de forma inconsciente, por todos los motivos que he señalado arriba. Una influencia terrible fue mi paso por la universidad, por estudiar —es un decir— Periodismo, donde te inculcaban que fueras agresivo a la hora de dar tu opinión en los artículos. No te lo decían, pero me parece que querían enmascarar la ignorancia con la agresividad. Durante cuatro eternos años no aprendí nada, o aprendí a no parecerme a mis profesores
            Desgraciadamente, más de un periodista, columnista o tertuliano, y no digamos blogueros y los que muerden desde las redes sociales (que no tendrían el valor de decir las barbaridades que escriben a la cara), aún mantienen este estilo. Cuando veo que echan las muelas criticando a otros o sentando cátedra, inevitablemente pienso, “Si eres tan listo que estás en posesión de la verdad y no has cometido ni un error en tu vida, ¿por qué no dejas de escribir o de hablar y te pones a arreglar el mundo?”.

Pasivo: Es justo lo contrario. Tiene miedo de dar su opinión o de contradecir a los demás, y evita los conflictos a toda costa, dando el control de su vida a otras personas. Si a alguien le viene a la cabeza Donald Trump, es que tiene un serio problema para leer a las personas. Se puede formar por crecer en familias excesivamente educadas, que no saben decir no; por haberles exigido demasiada obediencia siendo niños y los padres no aceptaban un no por respuesta; porque sus padres no respetaron sus límites y necesidades y los ignoraban cuando pedían ayuda; o porque en su casa solo existía el estilo agresivo y el pasivo.
Yo, en otros asuntos, era pasivo. Hasta que no descubrí la inteligencia emocional con 30 años, no sabía que tenía derecho a mis gustos y opiniones, a emplear mi tiempo libre como me placiera, a buscar las compañías que yo quisiera. Me aterrorizaba que la gente me pudiera rechazar, y me sentía culpable si decía no, así que o bien recurría al estilo agresivo, y mordía, o no decía nada y me quedaba cabreadísimo. 

            —Pasivo-agresivo: Es parecido al pasivo, en el sentido de que no se atreve a contradecir a nadie, pero se muestra agresivo de forma indirecta, y cuando alguien le pide algo que no le gusta, en vez de decirlo, acepta y lo hace mal, “vengándose” de esa persona. Llegan tarde, critican por la espalda, echan la culpa a otros… lo que sea para enmascarar que se están vengando y que no quieren que les pillen. Es un infierno trabajar con ellos.
Yo, en mis peores épocas, también fui pasivo-agresivo. Como estaba harto de mis jefes o de mi trabajo, no hacía bien lo que me mandaban, pero intentaba evitar que me pillaran, y en vez de tener el valor de irme al ver que no funcionaba nuestra relación laboral, andaba jodiendo la marrana. No estoy nada orgulloso de ese pasado.

Prueba de bomba atómica

La bomba de relojería: Son los que van alternando un estilo con otro. Puede en unas situaciones actúen de forma agresiva, otras sean pasivos, y en otras pasivos-agresivos. Y son bombas de relojería porque un estilo pasivo o pasivo-agresivo, con el tiempo, puede derivar en una explosión de agresividad: no se atreven a hacer que respeten sus derechos, pero al final acaban estallando.
Sí amigos, yo también era una bomba de relojería, sobre todo con gente que veía que no respetaba mis límites vitales, cuando necesitaba estar solo (soy muy introvertido, necesito bastante tiempo para mí). ¿Cómo lo iban a saber si yo no se lo decía, o solo se lo decía una vez, y de forma insegura? Al cabo de unos meses, estallaba. O con gente que expresaba opiniones con las que yo estaba muy en contra; no me atrevía a decir que no estaba de acuerdo, hasta que un día, tras meses de no dar ninguna señal, me convertía en el huracán Carlos. Y luego volvía a mi estilo habitual, cargando las baterías para volver a estallar. 

       —Asertivo: El bueno. Expresas tus opiniones respetando la de los demás. Sabes decir sí y no, sin sentirte mal. Y no manipulas a nadie para lograr lo que quieres.

Una vez que has identificado tu forma de actuar, hay que ver qué tienes que cambiar para lograr ser asertivo. Cuando intentamos algo por primera vez, o nos damos cuenta de errores por solventar, solemos ir dando bandazos, como si fuéramos un péndulo, y si por ejemplo descubrimos que éramos pasivos, nos volvemos agresivos, hasta que con la práctica, vamos afinando las respuestas y acabamos siendo asertivos.
En el siguiente y último artículo veremos técnicas para practicar la asertividad.

Las fotografías son de dominio público y no hace falta atribuir el autor. La brújula (Mysticartdesign), Donald Trump (Wikipedia), bomba atómica (WikiImages).

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Anterior artículo: Cómo motivarse, y la asertividad (II)

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