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sábado, 27 de mayo de 2017

El canto del cisne [8]

Portada de El canto del cisne, de Robert McCammon
NOVELA
Swan Song
(EE.UU., 1987, 919 páginas)
Robert McCammon

Robert McCammon se labró un sólido nombre en los 70 y 80 como autor de terror, cuando el género estaba en pleno apogeo en los Estados Unidos. En 1987, a la manera de “Apocalipsis” (1978), de Stephen King, escribió una gigantesca novela posapocalíptica que seguía la vida de una serie de personajes tras una hecatombe nuclear. “El canto del cisne” fue el primero de sus libros que llegó a la lista de best sellers de “The New York Times”, y por ella McCammon ganó el Bram Stoker a Mejor Novela, el premio de la Asociación de Escritores de Terror de Estados Unidos. En España se publicó en 1991, pero desde entonces está descatalogada; es una pena, porque a pesar de las aristas que tiene, es, en todos los sentidos, una gran novela.
            A finales del siglo XX, el mundo está al borde del colapso. La URSS y Estados Unidos han ido aumentando la presión al otro, hasta que estalla la Tercera Guerra Mundial. Entre los supervivientes están la hermana Creep, una vagabunda que encuentra un círculo de cristal que le muestra visiones, Josh, un luchador de lucha libre negro, Swan, una niña con buenas manos para las plantas, Roland, un niño belicoso, el coronel Macklin, y un misterioso ser que cambia de rostro. Todos deambularán por los restos de Estados Unidos, juntándose poco a poco, hasta llegar a la batalla final del bien contra el mal.
            McCammon sobresale creando escenas muy poderosas, visuales, retorcidas, espectaculares y angustiosas, donde los protagonistas, a los que conoces bien y de los que te importa su suerte, se meten en serias dificultades, al tiempo que ves que sus caminos se van acercando, subiendo la tensión en un entorno desolador, pero donde aún queda un resquicio para la esperanza.
Esta mastodóntica novela, de más de 900 páginas en la edición de bolsillo americana, está divida en dos libros. El primero, que cubre hasta la mitad, es absolutamente genial, estalla la Tercera Guerra Mundial, y como si fueran los dedos que se extienden de una mano que se abre, un puñado de personajes vaga por Estados Unidos. El segundo, que da un salto de siete años en el futuro, pega un pequeño bajón, porque era imposible mantener el nivel de tensión y espectacularidad del primero, y ahora esos personajes desperdigados se van acercando, como si esa mano se fuera cerrando, hasta llegar a un clímax forzado, pero muy intenso.
La novela comienza pintando un panorama muy inquietante, con el mundo descarrilando en la Tercera Guerra Mundial. Tras presentarte a un muy angustiado presidente de Estados Unidos, McCammon te muestra a los protagonistas en varias escenas, enseñándote cómo es su vida sin que sepan que el mundo tal como lo conocen está a punto de desaparecer. El autor se detiene a dibujarte los personajes, para que te importen, y una vez que los tienes identificados, estalla el cataclismo nuclear. McCammon regresa a cada uno de ellos, y en escenas tremendamente espectaculares (lo son tanto que despeinarían a un calvo), te muestra desde su punto de vista, y desde su nivel, cómo logran salvarse por la mínima de la muerte. Luego tienen que seguir con sus vidas, y van descubriendo un país completamente desconocido, demencial, peligroso.
Si encuentro un fallo a esta primera parte, que es apasionante por lo muy imaginativo que es McCammon en cada escena (se me han quedado grabados el ataque de los lobos, y el desasosegante supermercado abandonado) y lo memorables que resultan los personajes, es que el conjunto deambula demasiado, aunque vayas intuyendo cómo se irán juntando las distintas tramas. A lo que me refiero es que los supervivientes no tienen muy claro qué destino quieren alcanzar, y van moviéndose un poco por capricho, porque no quieren quedarse quietos en un único lugar, y lo mismo podrían ir al norte que al sur, al este que al oeste.
Otro fallo es que el ser cambiante es demasiado torpe: por dos veces Hermana escapa de él sin hacer gran cosa, y en la segunda el monstruo podía haberla matado sin ningún problema.
En la segunda mitad, el ritmo se ralentiza y las acciones son mucho menos espectaculares, los malos se van juntado, y los buenos hacen lo mismo. Comienzan a suceder pequeños milagros que dan esperanza a la humanidad, pero yo llegó un momento que deseaba que se juntaran de una vez todos, porque sabía que era lo que iba a pasar, para que por fin se enfrentaran.
La novela sigue teniendo ideas brillantes, como lo que ocultan las máscaras que deforman a varios de los personajes; una escena que me encanta en cuando tienen que extraer una bala a un chico moribundo.
Lo peor es que el encuentro entre Hermana y Swan, que McCammon llevaba preparando durante centenares de páginas, no es todo lo emocionante que debería, y que varios malos desaparecen de la novela sin apenas hacer ruido, por lo que toda la tensión acumulada durante páginas y páginas se diluye. Aparte de que estaba claro qué era exactamente el misterioso cristal de Hermana (y que al final no sirve de mucho), me desconcierta que el chico que vivía en la caverna vea una visión que no sea claramente Mary’s Rest (¿por qué no lo puso McCammon, si así estaba mucho mejor justificado que fueran a ese pueblo?), o que los chicos no decidan desde un primer momento acompañar a Hermana y Paul por el bosque.
El clímax es una cuenta atrás emocionantísima, con acciones en paralelo. Cómo llega allí McCammon está muy pillado por los pelos, y realmente no cierra que el mal muera, pero si no le das muchas vueltas y te dejas llevar por la historia, es muy efectivo.
Robert McCammon ha ganado un nuevo fan.

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