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domingo, 6 de agosto de 2017

VIDA DE ESCRITOR: ANALIZANDO "EL PRÍNCIPE DE EGIPTO"

Poster original de El príncipe de EgiptoSiempre me ha gustado muchísimo “El príncipe de Egipto”. Para mí es incomprensible, cuando se estrenó en 1998, que la gente la recibiera con tibieza y que haya quedado como una película aburrida. Me da que esperaban un Disney, con camellos bailando y esas cosas, y no una estupenda película de animación para adultos seria, y como no les daba lo que esperaban, entonces no era buena. Se corrió la voz, y sansacabó: ya todo el mundo iba influenciado para ver una película aburrida.
Hace poco la volví a ver en Netflix, y me sigue encantando. Parte de una historia poderosísima, con un Moisés adulto descubriendo que su padre no es su padre, que de hecho lo mandó matar de bebé; y con un par de hermanos que se querían volviéndose enemigos irreconciliables. La película no hace más que encadenar una solución visual brillante tras otra, tiene un diseño de producción precioso, una banda sonora emocionantísima, unos números musicales y escenas de acción espectaculares y elegantes, y la historia, que es genial, está muy bien contada, con un ritmo excelente.
            Como hace tiempo que no hablo de narrativa en estos artículos ni de cine, vamos a analizar esta película, porque está muy, muy bien contada.

MOISÉS PRÍNCIPE
La película comienza presentándote el mundo donde se va a desarrollar esa historia: un Antiguo Egipto lleno de esclavos. La madre de Moisés, para intentar salvar a su hijo recién nacido de los soldados del faraón que van matando bebés judíos, lo mete en un cesto y lo echa al río. Su hermana sigue el trayecto, y ve que Moisés acaba en el palacio del faraón, donde será adoptado como un hijo propio.
             Ahora hay un salto hacia delante, cuando Moisés es joven, y se lleva muy bien con su hermano Ramsés, quien será el próximo faraón. Son muy juguetones, y en una carrera de cuadrigas, destruyen los andamios y crean desperfectos en un templo en construcción. En la siguiente escena, el faraón les echa la bronca, y cuando intentan disculparse, le dice a Ramsés, muy cabreado, que está intentando mantener un imperio y que un eslabón débil puede romper la cadena de una dinastía poderosa. Aquí están plantando la motivación que tendrá Ramsés en el futuro, cuando los hermanos se hagan enemigos: seguirá con los sueños de grandeza de su padre, construyendo enormes templos, y no dejará marchar a los judíos, precisamente para no ser el eslabón débil.
Fotograma de El príncipe de Egipto            A continuación Ramsés es nombrado príncipe regente, encargado de los templos de Egipto, y aparece Séfora, quien más adelante será la mujer de Moisés. La han capturado en el desierto. Los sacerdotes se la entregan a Ramsés, y este se la da a su hermano. Esto es algo que funciona en cine, y más si la película dura tan solo hora y media, pero en literatura las piezas encajarían de forma un poco forzada: que Séfora aparezca aquí para presentarla, y luego, cuando Moisés ha abandonado Egipto, que aparezca también en el pozo del desierto.
Ocurre lo mismo un poco más adelante, en la escena donde Moisés encuentra a sus hermanos auténticos, tras seguir a Séfora, a la que ha ayudado a escapar despistando a los guardias. En literatura sería mucha casualidad que se los encuentre por primera vez desde que se separaron, precisamente la noche que sale tras Séfora. Pero en cine, pensando en abreviar la historia, y que una escena lleve a otra para que avance la trama, funciona muy bien.

EL CAMBIO DE MOISÉS
Aquí llega un gran momento que dispara la tensión, y que marca el comienzo del cambió de Moisés. Su hermana le confiesa que no es el hijo del faraón, que su madre le echó al río para salvarle de la muerte, y que su dios les dijo que él sería el liberador de su pueblo, los judíos.
            Moisés regresa a palacio y comienza a dudar de su vida. Entonces tiene una visión en la que ve a los soldados del faraón matando a niños, y a su madre echándole al río. Cuando despierta, corre a un templo, donde en las paredes se graba la historia real, y descubre que lo que su hermana le contó es verdad.
            En esa escena aparece de repente el faraón y le confirma lo que sucedió: mandó matar a los judíos recién nacidos porque la población estaba creciendo demasiado, para evitar que se pudieran levantar contra los egipcios. El faraón le quita importancia diciendo que solo eran esclavos.
Fotograma de Parque Jurásico
"Parque Jurásico"
La aparición tan precipitada del faraón, que aparezca justo en ese momento, es algo que si está bien hecho, como aquí, funciona muy bien en ficción. No hace falta explicar que el hombre vio a Moisés preocupado ir al templo y le siguió. Emocionalmente tiene mucha fuerza que tras descubrir la verdad, inmediatamente vea al que considera su padre. Otros buenos ejemplos en cine son la aparición de un tyrannosaurus rex, al final de “Parque Jurásico”, en el hall de unos de los edificios (es imposible que hubiera entrado allí), o que en “El exorcista” la niña endemoniada se quede en casa en vez de estar ingresada en un hospital. No hace falta justificarlo porque estás muy metido en la historia, y además, hace que aumente la emoción. (En la novela de “El exorcista” estaba explicado —la madre tenía miedo de que pudieran descubrir que su hija era una asesina— y funcionaba bastante peor: no lo dices, y ni te lo planteas).
         En la siguiente escena la mujer del faraón le confirma que fue encontrado en el río, pero que sigue siendo su hijo, porque fue una bendición de los dioses que llegara allí. Así fustifican que lo adoptaran. Moisés ve Egipto con otros ojos, ve cómo los esclavos judíos son machacados para construir templos. Decide huir al desierto para dejar su vida atrás.

MOISÉS PASTOR
Ya en el desierto, Moisés se deshace de la peluca que llevaba siendo príncipe y la arroja al suelo. Como metáfora de que ese acto cierra su pasado, la arena la cubre hasta desaparecer.
            Otra casualidad que funciona en cine: se encuentra Séfora en un pozo, y su tribu lo acoge como a otro más. Ahora tienen que contar que Moisés se hace pastor, que se enamora de Séfora y que se casan. ¿Cómo haces eso sin que la historia pierda toda la tensión acumulada en Egipto? Muy sencillo: lo cuentas en una secuencia de montaje con una canción que invita al protagonista a ver la vida desde una perspectiva espiritual. ¿Y cómo justificar que Moisés vuelva a Egipto, cuando lleva una vida tranquila? Haciendo que Dios se le aparezca como una zarza ardiendo y le ordene volver para liberar a tu pueblo. Ha habido una pequeña pausa narrativa, con poca tensión, pero se acabó la tranquilidad. 

DOS HERMANOS ENFRENTADOS
Fotograma de El príncipe de Egipto
Moisés, acompañado de Séfora, regresa a Egipto y descubre que su hermano Ramsés es el nuevo faraón. Los hermanos se abrazan, y parece que no vaya a haber ningún problema, pero en cuanto Moisés le pide que libere a los judíos, comienza el conflicto entre los dos hermanos. Moisés le muestra con un cayado el poder de Dios, haciendo que este se convierta en una cobra. Los sacerdotes egipcios hacen trucos de magia, y convierten dos varas en sendas cobras, pero antecediendo lo que pasará poco después, la cobra de Moisés devora a las egipcias.
            Cuando Moisés le dice a Ramsés que su pueblo está sufriendo por construir los gigantescos templos del imperio, Ramsés le contesta como lo hizo su padre, quitándole importancia porque simplemente son esclavos. Moisés le entrega el anillo real, que era lo único que guardaba de su pasado en palacio, y Ramsés le contesta que no liberará a su pueblo, y enlazando con el principio de la película, que además justifica las acciones de Ramsés, que él no será el eslabón más débil. Ya tenemos a los hermanos a la gresca, con dos posturas irreconciliables.
            Como respuesta a la petición de Moisés, Ramsés dobla la carga de trabajo de los esclavos, y le echa la culpa a su hermano. Sube la tensión. En las obras los esclavos critican a Moisés por tener que trabajar más. Pero Moisés no pierde la fe, y cuando se encuentra a Ramsés navegando por el Nilo, con el cayado convierte en sangre el agua del río. Los esclavos empiezan a recuperar la confianza en Moisés, y este les dice que no pierdan la fe, que pronto verán los prodigios de Dios.
            Ahora que a Dios le ha dado por hacer numeritos, después de haber hecho sufrir al protagonista un montón, vienen las plagas, en una secuencia de montaje, y son muy espectaculares. Es cuanto más sube la tensión entre los hermanos: en la canción que cantan, se lamentan de haber llegado a ese extremo, pero ambos se muestran enrocados en su postura.
            Toca una pequeña pausa. Moisés intenta reconciliarse con su hermano. En un acierto de puesta en escena, los hombres hablan en el palacio donde Moisés descubrió, en el mural, que el anterior faraón mandó matar a los bebés judíos. Moisés le dice que si no cambia de opinión, vendrá algo peor. Aparece por ahí el hijo de Ramsés, justo al lado del mural, apuntando qué es lo que sucederá a continuación.
            Dios le revela a Moisés que se llevará a los primogénitos de los hogares que no hayan marcado con la sangre de un cordero sacrificado las puertas de sus casas. Esa noche muere el hijo de Ramsés.
            Ramsés, ante el cadáver de su hijo, se rinde y da permiso a Moisés y su pueblo para irse. 

EL ÉXODO
Fotograma de El príncipe de EgiptoDesde que se enemistaron los hermanos hasta este punto, la película tiene un tono muy sombrío, que se ha intensificado desde lo de las plagas; pero ahora se va a volver mucho más optimista, cuando comienza el éxodo. Los judíos están tan contentos que se ponen a cantar que habrá milagros, si tienes fe. Vuelve a aparecer el sol, y esos minutos son muy alegres.
            Pero la película no ha acabado, y hace falta volver a subir la tensión para cerrarla. Los judíos llegan al mar Rojo, que les cierra el paso, y para su consternación, Ramsés les dejó marchar… para perseguirlos. Ya sabíamos que no era un tipo de fiar. Dios, al que le gusta jugar con la tensión y encontrar soluciones in extremis, crea una columna de fuego para detener a los egipcios, y hace que Moisés con el cayado abra el mar y puedan cruzarlo a pie.
            Cuando están a punto de alcanzar la otra orilla, para subir la tensión, Dios elimina la columna de fuego que retenía a los egipcios, y estos galopan tras los hebreos. Los judíos llegan a tierra firme, y entonces Dios cierra en mar Rojo, ahogando a los egipcios.  Moisés se acerca a ver el mar, y aparece una escena con Ramsés lamentándose de su hermano en una cueva, donde lo ha arrastrado el mar. Ahí se cierra el conflicto entre los dos. Ahora los judíos celebran la libertad.
            La película termina con un epílogo, donde se ve a Moisés llevando las Tablas de la Ley.

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