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domingo, 5 de noviembre de 2017

CÓMO SER UN ASPIRANTE A ESCRITOR TORPE

Portada de El lazarillo de Tormes
Otro tipo de pícaro

Sección VIDA DE ESCRITOR

Existen dos errores muy comunes que hacen que te limites las opciones de tener una carrera literaria nada más empezar: uno es la picaresca y otro tener prisa. Ambos se resumen en no pensar a largo plazo, y muchos aspirantes a escritor torpes los comenten. Si no quieres quedarte en la cuneta a las primeras de cambio, tenlos en cuenta. 

PICARESCA

Hay aspirantes a escritor que no pagan nada por libros digitales (o por cualquier contenido digital), porque los piratean. Pero luego, curiosamente, ellos esperan vender e-books. Se deben de creer más listos que el resto. Si logran acabar un libro, al ponerlo a la venta, posiblemente no vendan nada, y habrá gente que se lo piratee.
             
Así de claro es la piratería: si te descargas libros digitales sin pagar, estás erosionando la carrera de gente que intenta lograr lo mismo que tú, vivir de la escritura. Además, te cierras la puerta a que esos escritores te puedan echar una mano (a ningún escritor le hace gracia que le digan que se ha bajado tus libros por la cara sin tu permiso). Pero si te compras sus libros, aparte de ayudarlos económicamente, puedes hacer un contacto que te ayude en el futuro.
            
Logotipo de MOLPE, de Ana González Duque
El mes pasado me apunté a la plataforma de Marketing online para escritores (MOLPE). Ni mi blog ni mis redes sociales estaban funcionando como yo esperaba para darme a conocer. Cuando identificas un problema, el siguiente paso es encontrar a gente que lo haya solucionado para ayudarte.
Mirando las preguntas frecuentes descubrí que habían quitado el periodo gratuito de prueba porque había gente que se apuntaba, se descargaba todo lo que podía, y luego se daba de baja. ¡Qué listos! Esto es pan (o picaresca) para hoy y hambre para mañana.

Ana González Duque, la directora de MOLPE, y los profesores, saben quiénes son esas personas, porque tienen sus datos. Sin darse cuenta, esos listillos están quedando mal con gente que les podría ayudar a cimentar su carrera.
Eso es ignorar por completo el largo plazo.

He aquí un ejemplo de a lo que me refiero con beneficios a la larga.

Conocí a Ana González Duque hace tres años. Fue de las primeras en recomendar Atrévete a ser escritor en internet, y desde entonces, de vez en cuando, retuitea entradas de mi blog. Cuando estaba escribiendo mi siguiente libro, La aventura de ser escritor, contacté con ella y le propuse que me escribiera el epílogo. Aceptó, pero se le ocurrió una idea mejor: que escritores profesionales contaran su experiencia. El resultado fue genial.

Hace un mes me fui de vacaciones, y como iba a estar cerca de donde ella vive, le pregunté si le gustaría que nos viéramos en persona. Lo pasamos muy bien (Dios los crea y ellos se juntan. El riesgo de conocer a escritores es que te toque algún pedante con problemas de ego, pero la mayoría son muy majos), y me dio una serie de consejos para afianzar mi carrera. Para mí, ese día no tuvo precio.

Pues si te pasas de listo, jamás podrás hacer esto.

TENER PRISA

Cómo ser un aspirante a escritor torpe, tener prisa
¡Prisa!
Hace tiempo conocí a un hombre que tenía una prisa tremenda por establecerse como escritor. Cuando le rechazaron todas las editoriales, pagó a una imprenta de vanidad para que le tiraran ejemplares. Luego le contrató una editorial local, que no tenía nada que ver con su público objetivo. Para las siguientes novelas utilizó las terribles editoriales de coedición. Hacía un montón de presentaciones de libros, y criticaba duramente el mundo editorial.

Ninguna de esas opciones es buena para encontrar a tus lectores.

En una ocasión me contaron el caso de un hombre que se autoeditó un libro y fue vendiéndolo casa por casa. Aparte de la vergüenza que debes de pasar con eso (Ding-dong. "Hola, ¿te compras mi obra maestra?"), es una estrategia malísima para vender. Y había un tipo que cuando quedabas con él, te pedía diez euros, y cuando se los dabas, te encasquetaba uno de sus ejemplares autopublicados.

Esta es gente que no se molesta en hacer una simple búsqueda en internet para saber qué opciones hay para publicar, y cuáles son nefastas.

Al hombre que hacía muchas presentaciones de libros le tenía en Facebook. Varias veces escribió en mi muro, sin preguntarme, para promocionarse él, y un día me metió en un grupo, donde se promocionaba él, sin mi permiso. En cuanto me di cuenta, me salí. Meses después, cuando lo descubrió, me montó un pollo.

Fue uno de esos días en los que te alegras de borrar a gente del Facebook.
             
Hay gente que consigue la dirección de e-mail de otras personas, simplemente yendo a su página web, y sin su permiso, les añaden a su newsletter, para que compren sus libros.

Dejando de lado lo poco hábiles que son para promocionarse, no puedes presionar a nadie para que se compre tus libros, y si le vas a utilizar su Facebook o añadir su e-mail a tu newsletter, tienes que pedir permiso.

Si tienes prisa, vas a atosigar a tus conocidos para que adquieran tus novelas, y vas a cometer un montón de errores; lo peor es que no serás capaz de detenerte a pensar qué funciona y qué falla, para entonces dar los pasos para enmendar los fallos. 

Fotografía del hombre corriendo: geralt. CC0 1.0. Gratis para usos no comerciales. No hace falta atribuir.


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