La Hermandad de los Dragones, de Mar Hernández

La odisea de crear “La Hermandad de los Dragones”, por Mar Hernández

La Hermandad de los Dragones, de Mar Hernández

Hoy tengo de invitada a Mar Hernández, una ilustradora y artista 2D y conceptual de videojuegos con veinte años de experiencia que acaba de publicar en Amazon su primera novela: La Hermandad de los Dragones I. La Noche del Silencio.

La Noche del Silencio es la primera parte de una saga de fantasía juvenil en la que los caminos de tres personas muy dispares se cruzan: el fanfarrón mago Ashton Graykon, amo y señor de Dracodomun; su ayudante Theo, un inteligente y refinado adolescente; y Kahli, una joven bruja que viaja durante la noche más oscura y larga del año con un ejército de la Hermandad dispuesto a hacerse con el poder de Dracodomun.

Ellos tendrán que enfrentarse a sus propios secretos y miedos si quieren ver un nuevo amanecer, porque si Ashton Graykon no sobrevive a la Noche del Silencio, tampoco lo hará el resto del mundo.

Poco antes de la publicación de esta novela, un cuento de fantasía de Mar, “La reliquia del titán”, apareció en la antología Insólitas, publicada por LES Editorial.

Podéis visitar las páginas web de Mar Hernández, https://www.artstation.com/hitsys y https://mmarhernandez.com, y seguirla en Facebook y Twitter.

En este artículo nos cuenta todo lo que hizo y aprendió hasta lograr que su saga viera la luz. ¿Lo más importante? Que no abandonó.

Os dejo con ella.

Comenzar tu carrera con una saga de fantasía juvenil

Esto no tenía que haber sido una saga… sino un libro de aventuras, unas cien mil palabras y listo. Pero eso lo digo ahora que he aprendido mucho. Cuando empecé a escribir utilicé la misma técnica que llevaba usando toda la vida: la de la veleta al viento.  Os hacéis una idea, ¿no?

Empecé a escribir esta historia por culpa de un sueño. Vale, ya sé que no es muy original, pero tuve un sueño tan intenso que podía notar hasta los olores. La escena que vi se me quedó incrustada en el cráneo como si alguien me hubiera clavado un cuchillo en la frente. Así que tuve que sentarme a vomitar en el portátil todo lo que me daba vueltas en la lavadora, con el programa de centrifugado a las máximas revoluciones, que tengo por cerebro.

La escena era una tontería:

Una chica con rasgos raros y un hombre quedaban atrapados en un lugar peligroso. Ella tenía una misión un poco turbia y él estaba al tanto. Eran enemigos, definitivamente, sin embargo, debían colaborar para salir de allí con vida.

El argumento es más simple que el mecanismo de un botijo y perfecto para alguien sin experiencia como yo. Y si hubiera tenido dos dedos de frente y hubiera seguido ese camino, ahora quizás tendría un libro acabado y quizás le hubiera interesado a alguna editorial. O no.

La técnica de la veleta al viento implica no quedarte con lo primero que se te ocurre, darle la vuelta a las cosas y probar miles de ideas sin importar las consecuencias. Todo muy lógico… como el día que me levanté convencida de que tenía que introducir otro personaje más porque el rollo de los dos protagonistas solos me parecía aburrido. Así que pensé en un chico, una especie de escudero, ayudante o aprendiz del hombre protagonista y que sirviera como apoyo para este personaje.

No me di cuenta de cómo lo había liado todo hasta que fue demasiado tarde.

La veleta, o la lavadora, volvió a girar y el personaje secundario e insignificante se me plantó con los brazos en jarras exigiendo un papel protagonista. “¿Pero cómo va a haber tres protagonistas?”, le pregunté. Y él me respondió: “Pues en Canción de Hielo y Fuego, que te has leído aun a riesgo de perder la vista, son ciento y la madre, así que esa excusa no me sirve”.

Y no supe qué contestarle, además, era un personaje muy mono y me gustan las cosas cuquis. Y así es como la historia tuvo tres protagonistas, tres puntos de vista y empezó a llamarse Ash, Theo y Kahli, porque no se me ocurría una manera mejor de nombrar a los archivos de Word.

Portada de La Hermandad de los Dragones, de Mar Hernández. Fantasía juvenil

El nombre de los protagonistas

El nombre de Ash es una mala influencia. Hace tiempo me leí Aquerón, de Sherrilyn Kenyon, y uno de sus personajes se llamaba Ash, así que decidí adoptarlo para uno de mis protagonistas. Aunque Ash, en realidad, es Ashton porque necesitaba un nombre un poco más elaborado para este mago egocéntrico.

Escogí el nombre de Theo porque me gusta como suena en inglés (algo así como ceo o cio) y porque me parece muy dulce y que encaja mucho con la personalidad de este adolescente.

Y Kahli viene de la diosa Kali de la cultura hindú. Es la diosa de la destrucción y era un nombre que encajaba muy bien con este personaje de la misma edad que Theo.

La historia crece y crece

Tenía un argumento que se desmoronaba por momentos ahora que había tres protagonistas, pero como yo solo quería escribir, me senté y aporreé el teclado como si no hubiera un mañana. Estaba convencida de que la historia iría apareciendo conforme avanzara en la trama, hasta que empecé a encontrarme con los temibles bloqueos escritoriles.

Entonces revisaba lo que había escrito y para encajar las cosas, tuve que añadir más detalles al mundo, a la trama general, a las subtramas y a los propios personajes.

No es que me costara, al contrario, me encantaba imaginar cosas del mundo de Terra Regia y Acira, el continente al otro lado del océano. Me fascinaba tanto que dibujé un mapa. Ese mapa me ayudó a organizar un poco la trama de la historia porque lo llené de apuntes, de indicaciones, de hacia dónde debían ir los personajes y qué ocurriría, más o menos, en cada zona.

Seguía planteándome la escritura como un hobbie hasta que me harté de los bloqueos, de saltar de una historia a otra sin avanzar en ninguna y de acumular cadáveres de ideas potenciales en mi disco duro. Me dije que tenía que acabar cosas de una vez porque no me sentía muy satisfecha con lo que había conseguido hasta ese momento: diez historias empezadas y ninguna terminada.

Me propuse un desafío: a ver si eres capaz de acabar esta historia.

Si iba a tomarme en serio la escritura debería infórmame mucho más, así que empecé a leer todo lo que podía sobre el arte de escribir y me di cuenta de que sabía mucho menos de lo que creía.

Hice algún cursillo de escritura creativa online. Aprendí algunos truquillos, pero la experiencia que más me ayudó fue un grupo de asesoría que montó Gabriella Campbell en noviembre del 2016. Además de conocer a una persona maravillosa, aprendí lo que significa ser una escritora del siglo XXI.

Por primera vez en mi vida hice una escaleta y fue cuando me di cuenta del monstruo de siete cabezas en el que se había convertido la trama. Pero como soy muy cabezota, en lugar de dejarla aparcada y buscar algo más manejable para una escritora novel, seguí adelante con todo.

El worldbuilding lo tenía bastante claro a esas alturas, aunque no es un trabajo que esté acabado. El mundo es un lugar vivo, orgánico y cada día añado algún detalle más que hace todo más interesante. Nada en Terra Regia está por estar, todo tiene su razón de ser y su lógica. Cada vez que añado un detalle nuevo aparece una nueva cabeza en la trama, un relato interesante que me gustaría escribir…

Ash, de La Hermandad de los Dragones, fantasía juvenil de Mar Hernández

Ash

Crear a los personajes

Lo más difícil fue crear la versión final de los personajes. Quería que fueran creíbles, que tuvieran luces, sombras y un abanico de grises que los convirtieran en personas reales. También debían tener cierta química entre ellos o sería todo muy aburrido. Para esta parte me ayudó mucho mi amigo José Ferreira. Él también escribe y desde que nos conocimos, hace dieciocho años, compartimos la pasión por contar historias (a ver si veo alguna de las suyas publicada pronto).

Para que os hagáis una idea de lo que costó crear a cada uno de los protagonistas, os diré que el pasado de Ash da para escribir una precuela. Es un mago, pero no quería uno tipo Gandalf. Yo quería algo más irreverente y que nadie esperara.

Theo fue el más complicado porque detrás de su aspecto y actitud refinada, hay mucho más. Es un personaje que parece sencillo, aunque es inteligente y con un nivel cultural bastante alto dentro de ese mundo de fantasía.

Con Kahli tuve problemas de tono. Su parte era demasiado oscura y dramática y no funcionaba con la ambientación general de la historia, así que tuve que darle muchas vueltas hasta que conseguí encajar su carácter y su actitud en la trama de la saga.

Tuve que pensar en todo el elenco de secundarios que los acompaña. Aunque solamente se les nombre de pasada, hay una historia pensada detrás de cada uno.

Un mamotreto de 150.000 palabras

A finales de 2017 me encontré con unas ciento cincuenta mil palabras y decidí dividir el texto en libros más manejables porque me había leído El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss, y me pareció excesivo. No quería que mis lectores se dislocaran una muñeca por el peso del libro.

Con tres libros bajo el brazo mi pareja me dio el empujoncito que me faltaba: mandar mi manuscrito a editoriales. No esperaba ninguna respuesta porque era una escritora novel y encima con una saga de fantasía. Tenía todas las papeletas para que me dijeran que no. Pero me respondieron de una editorial grande. Querían leer el primer manuscrito y me faltó tiempo para enviárselo.

Después de un mes de espera me dijeron que les gustaba y que querían leerse el siguiente y el siguiente… y después de un intercambio de emails que duró seis meses, me dijeron que cuando tuviera acabada la saga que volviera a enviarla y ya verían si la publicaban o no.

Recuerdo mi frustración y que corrí a contar mis problemas al grupo de El escritor emprendedor de Facebook. No sabía qué hacer. La comunidad se volcó en darme consejos y apoyarme para seguir adelante, pero como siempre, Gabriella apareció para rescatarme. Me asesoró sobre lo que ella creía que debía hacer y yo seguí sus consejos.

Decidí autopublicarme porque no podía tirar a la basura todo el tiempo, el esfuerzo, la ilusión y las ganas de compartir con el resto del mundo la saga de La Hermandad de los Dragones. De nuevo tuve que ponerme en modo estudiante para saber qué era eso de la autopublicación.

Theo, de La Hermandad de los Dragones, de Mar Hernández. Fantasía juvenil

Theo

El camino de la autopublicación

Estaba aterrorizada ante la idea. Os podéis imaginar las revoluciones de mi centrifugado mental con todas las preguntas, los miedos y las inseguridades dando vueltas sin parar.

Tracé un plan. Primero necesitaba lectores cero que opinaran sobre mi manuscrito. Había días que pensaba que era una auténtica basura y otros en los que me decía que no estaba tan mal. Pero claro, necesitaba otros ojos que valoraran el texto. Todos los comentarios fueron muy positivos y ayudaron a mi salud mental.

Después me leí 70 trucos para sacarle brillo a tu novela de Gabriella, una herramienta imprescindible para cualquier escritor. Conseguí corregir algunas cosas, pero otras eran demasiado complicadas para mí. Y me di cuenta de que mi libro todavía no tenía la calidad necesaria para que se publicara.

No tuve más remedio que hacer malabarismos con mi presupuesto y contratar a una correctora profesional: Silvia Barbeito. No hay palabras suficientes para darle las gracias por haber convertido mi manuscrito en un libro de aspecto profesional.

Ahora tocaba maquetarlo, que es el equivalente a una tortura mental si usas el Word como hice yo. Después de eso juré que para el segundo libro aprendería InDesign.

Y por último quedaba el tema de la portada. Aquí tenía ventaja porque siendo ilustradora hice lo que quise. Bueno, me líe la manta a la cabeza y también dibujé algunas ilustraciones interiores en blanco y negro.

Luego había que subirlo todo a Amazon. Fue fácil y complicado al mismo tiempo. Si no estáis familiarizados con el tema, lo mejor es buscar tutoriales.

Y en diciembre de 2018 publiqué el primer libro de la saga: La Hermandad de los Dragones I. La Noche del Silencio.

Publicaré La Hermandad de los Dragones II. Las entrañas de Dracodomun a principios del 2019 junto con alguna sorpresita más.

Kahli, de La Hermandad de los Dragones, de Mar Hernández, fantasía juvenil

Kahli

Lecciones aprendidas

Se dice que la profesión de escritora es muy solitaria, pero no es cierto. Hay mucha gente dispuesta a ayudar y gracias a ellos he conseguido publicar mi primer libro.

He aprendido a confiar en mí misma y darle una patada de cola de dragón al síndrome de la impostora que se me había subido a la chepa demasiadas veces durante este proceso.

He dejado atrás el miedo a no hacer las cosas bien, a equivocarme, porque meter la pata es parte del aprendizaje.

No me da miedo enfrentarme a cosas que no sé. Internet está lleno de sabiduría, quien no lo aprovecha es porque no quiere.

He aprendido que mi arte y mi escritura tienen una relación muy estrecha. No puedo dibujar sin escribir y no puedo escribir sin dibujar. Es parte de mi espíritu creativo.

Y sobre todo, he desechado la técnica de la veleta al viento.

¿Repetiría todo sabiendo lo que sé hoy en día? Quizás plantearía las cosas de una forma más ordenada y coherente, pero no cambiara nada de la trama de la historia porque me encanta.

¿Y ahora qué?

La Hermandad de los Dragones está sirviendo de base para el nuevo videojuego que está desarrollando mi equipo. La aventura ocurre doscientos años después de los libros. Estad atentos a las redes sociales.

Y estoy preparando ya la publicación de La Hermandad de los Dragones II. Las entrañas de Dracodomun y terminando los detalles para dar por finalizado el tercer libro. Espero que pueda pasar a la fase de corrección muy pronto.

Y para el resto del año tengo planeado acabar con la escritura de la saga. Es una de mis resoluciones de año nuevo, así que estoy muy emocionada.

Muchas gracias a todos los que habéis llegado hasta el final. Espero que os hayáis divertido. Y ya sabéis cómo no hay que hacer las cosas.

Nos vemos por las redes sociales.

 

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El príncipe Eosh, novela de fantasía juvenil de Carlos del Río

“El príncipe Eosh”, a la venta el 15 de enero de 2019

El príncipe Eosh, novela de fantasía juvenil de Carlos del Río

Sí amigos, El príncipe Eosh ya tiene fecha de publicación: el 15 de enero de 2019. Queda muy poco.

Podréis adquirirlo en papel y digital en Amazon, y en digital en más de un centenar de librerías digitales de todo el mundo; no solo va estar en Kindle. Aquí tenéis la lista.

Nada de piratería, por favor, que eso lo único que hace es machacar mi carrera literaria. Y la de cualquier escritor.

Red Apple, la editorial que la publica, también tiene distribución en librerías físicas. Un poco más adelante, si os gustan los libros en papel, como a mí, y comprar en librerías o centros comerciales, podréis adquirir mi novela en cualquier librería de España, Latinoamérica y Estados Unidos. Si no la tienen, la podréis pedir y os la harán llegar.

Bueno, ¿y de qué va El príncipe Eosh?

Aquí tenéis una pequeña sinopsis y lo que prometo dar al lector con este libro.

Si os gusta la fantasía juvenil, o las novelas de aventuras, esta es vuestra novela.

Más adelante, os contaré cómo logré vender una novela a una editorial tradicional sin tener ningún contacto, y cómo escribí una novela de fantasía publicable sin dominar el género ni contratar a nadie para que me la corrigiera.

Para abrir boca, os pongo el principio de la novela.

Red Apple Ediciones publica la fantasía juvenil El príncipe Eosh, de Carlos del Río

El príncipe Eosh

CAPÍTULO 1. LA REINA LEVIR

Por una vez en su vida, Levir ocultaría la verdad a su marido, el rey Mevor. Aunque tuviera que mentir a todo el reino, cometer blasfemia y ser condenada a la hoguera si era descubierta, lo haría.

Y es que ningún dios ni ningún hombre sabía de lo que una madre era capaz para defender la vida de su hijo.

La reina se acercó a la cuna de Eosh, barriendo con la larga falda de su vestido el suelo de piedra; sus amplias mangas se suspendían en el aire con elegancia. El príncipe dormía plácidamente, con las carnosas manitas puestas al lado de la cara. Levir sonrió; siempre le habían hecho gracia las manos regordetas de los bebés. Desde que nació, había roto con la costumbre de envolver los brazos de los niños en una manta, dejándolos pegados al cuerpo. Ella quería que Eosh fuera libre, por eso había insistido en llamarlo como el dios del viento.

Cogió a su hijo y lo apretó contra el pecho, de inmediato sintió su calor y su respiración. El bebé comenzó a juguetear con el medallón de madera que llevaba la reina al cuello. Además, Eosh tenía ganas de vivir, razonó, ya que se había adelantado un par de meses para nacer. Era una criatura pequeña y delicada que con el tiempo crecería para ser más fuerte que un buey y más inteligente que un sabio. Ella estaba segura, y no hacía falta que nadie se lo dijese, de que Eosh sería un gran rey para del reino de Kroesh.

Dejó a su hijo en la cuna y retiró el panel de tela encerada que tapaba la ventana. El sol primaveral y el aire fresco llenaron el interior de vida. Al haber sido criada en las montañas, añoraba la naturaleza, y no pocas veces había tenido enfrentamientos con la corte por tener distintas costumbres. Una de ellas era dejar las ventanas descubiertas siempre que el tiempo lo permitiera para que corriera el aire.

Volvió a coger a Eosh y comenzó a cantarle una nana, la misma que su madre le había cantado a ella. Era todo dulzura y todo emoción, para intentar transmitirle con palabras el profundo amor que sentía por él. Alzó la vista y miró por la ventana. Los terrenos que en invierno fueran yermos, y que dos meses atrás se habían llenado de labriegos manejando arados tirados por bueyes, ahora comenzaban a cobrar vida, con espigas y tallos asomándose tímidamente por entre la tierra; los prados lucían frescos, cubiertos con flores de mil colores. Más allá de los campos, se alzaba la Colina Sagrada, donde se encontraba el Templo de Oráculo. Aunque no lo podía divisar desde el castillo, Levir apretó los dientes. Lo que el oráculo había predicho del reinado de Eosh era lo que en esos momentos la estaba corroyendo por dentro. Lamentaba que no tuviera a su madre cerca…

La tradición exigía que el rey consultara al oráculo cuando nacía el príncipe heredero, para ver qué deparaba el futuro al reino, pero al hallarse Mevor ausente en un viaje diplomático a una de las ciudades-estado con las que Kroesh mantenía tratos comerciales, Levir fue a consultarlo en su lugar. El oráculo era interpretado por el sumo sacerdote y guardado en el archivo del templo, y solo el rey, o el miembro de la familia real que lo hubiera consultado, tenía la potestad de hacerlo público.

 

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Reseña de Portrait of Jennie, de Robert Nathan

Reseña: “Portrait of Jennie”, de Robert Nathan

Reseña de Portrait of Jennie, de Robert Nathan

A pesar de que Robert Nathan (1894 — 1985) comenzó su carrera con un fracaso, Peter Kindred, continuó escribiendo y en la década de 1920 logró establecerse como novelista, y se mantuvo activo durante casi seis decenios.

De toda su producción, que incluye novelas, libros infantiles, poemarios, guiones y obras de teatro, en la actualidad las más recordadas son dos novelas con elementos sobrenaturales (que no están traducidas al español): The Bishop’s Wife —en donde un ángel baja a la Tierra para ayudar a la mujer de un obispo—, y sobre todo, la novela corta Portrait of Jennie, que es una originalísima historia de amor entre un pintor y una chica que se desliza por el tiempo.

Sinopsis

En el Nueva York de la década de 1930 vive Eben Adams, un pintor que no tiene a la suerte de su parte. Un día que pasea por Central Park se encuentra con Jennie, una niña que parece salida de otra época y con la que se reencontrará en varias ocasiones. Desconcertantemente, cada vez que lo haga, Jennie habrá crecido varios años sin ninguna explicación racional, y Adams se irá enamorando de ella.

Análisis

La pasada primavera comencé a leer una novela de amor y viajes en el tiempo que no pude acabar porque los personajes no me interesaban nada, y la autora se había pasado por el forro mantener una mínima coherencia con los viajes en el tiempo (tener en cuenta las paradojas temporales parece que no iba con ella).

Pero esa obra me hizo recordar Jennie, una película de Hollywood de los años 40 con Joseph Cotten y Jennifer Jones que había visto de adolescente y me había encantado. Indagando un poco descubrí que estaba basada en la novela corta Portrait of Jennie (1940), de Robert Nathan, así que me la compré. Y me encantó.

No hay mal que por bien no venga.

Poster de Jennie, de William Dieterle, con Joseph Cotten y Jennifer Jones

Portrait of Jennie sigue dos historias que se van entrelazando e influyendo mutuamente. Por una parte están los avatares del pintor Eben Adams por sobrevivir en el Estados Unidos de la Gran Depresión vendiendo cuadros; y por otra, su historia de amor con Jennie. La primera es interesante y muy optimista; la segunda es absolutamente genial, y será de la que me acuerde pasados los años cuando rememore esta novelita.

La novela está narrada en primera persona, con un Eben más mayor y con éxito, que recuerda los acontecimientos que ocurrieron en su vida años atrás, cuando las cosas no le iban nada bien, pero su suerte comenzó a cambiar.

La historia de Eben el pintor sin dinero se resume en la conversación que el protagonista mantiene con Gus, el taxista, en un bar. Cuando hablan de Dios, Gus le confiesa que muchas veces duda de que él sepa que estamos aquí, pero cuando todo va mal, entonces tienes un golpe de suerte que te hace plantearte tu opinión. En el caso de Eben, su suerte cambia por encontrar a Jenny y por moverse para darse a conocer como pintor.

Los paisajes que dibuja apenas le dan para comer, pero de casualidad, por conocer a Jennie de niña en Central Park —de la que hará un boceto—, y porque se atreve a ir a una galería de arte a enseñar sus trabajos, descubre que tiene que dibujar el retrato de Jennie. Más adelante, va a cenar a un bar, y allí conoce al taxista Gus, que como tiene un pico de oro, logra que el dueño le contrate para pintar un mural.

Esta historia, con la excepción de la casera, que es odiosa, está llena de personajes entrañables que ponen su granito de arena para ayudar a Adams, y como él te cae tan bien, te alegras de que poco a poco vaya mejorando su situación.

Para mí, lo peor de Portrait of Jennie es la parte final de esta historia, justo antes de que se resuelva la de Jennie. Eben viaja a Truro, en Massachusetts, para pasar un tiempo con su amigo pintor Arne. Aparte de que estás deseando que vuelva a aparecer la chica, apenas pasa nada interesante, y son páginas francamente aburridas.

En cuanto a la historia de Jennie, es posiblemente la historia de amor más original que he leído jamás: misteriosa, evocadora, preciosa, única.

Si vas a leer Portrait of Jennie (si sabes inglés, ¿a qué esperas?), deja de leer aquí.

Reseña de Portrait of Jennie, de Robert Nathan

No puedo hablar de la historia de amor entre Jennie y Eben sin desmenuzarla. En un plazo de pocos meses y durante unos pocos encuentros, Jennie, que comienza siendo una niña, crece para tener la edad ideal para ser la pareja de Eben. De hecho, en su primer encuentro ella le pregunta si la esperará a que crezca; y a lo largo de su relación hay tanto referencias a acontecimientos ocurridos en el pasado (lo que les pone una fecha de nacimiento similar), como augurios del futuro que ellos no acaban de comprender (y que el lector entiende cuando termina la novela).

Entre esos augurios se encuentra la figura ahogada del mural que Eben pinta para el bar, y que está inspirada en Jennie; la sensación que tiene ella de conocer acontecimientos del futuro; lo mucho que la chica se angustia por ver un cuadro de un río; o que una amiga de Eben le diga que no se ahogue cuando vaya a Truro.

Aunque mucha gente interpreta Portrait of Jennie como un romance entre un hombre y un fantasma que crece, yo no estoy de acuerdo (más que nada porque todo el mundo puede ver a Jennie); me parece que es entre un pintor y una chica que de alguna manera tiene dos vidas. Una es lineal, y en esa no conoce a Eben, pero alguien (¿Dios?) ha hecho que en determinados momentos se desdoble y salte en el tiempo y el espacio para que ese artista logre su obra maestra y siga con su pasión, antes de que ella muera ahogada dos veces en un mismo instante.

Genial.

 

Portrait of Jennie / Robert Nathan / novela corta / Estados Unidos, 1940, 150 páginas.

 

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Abel Amutxategi, autor de humor fantástico y literatura infantil

Encuentro con Abel Amutxategi

Abel Amutxategi, autor de humor fantástico y literatura infantil

Abel Amutxategi es un autor de humor fantástico para adultos, en la línea de Terry Pratchett y Christopher Moore, y novelas y cuentos infantiles. Coincidimos en el Festival Celsius 232, y como éramos vecinos, él de Bilbao y yo de Santander, le invité a que se pasara por mi curso de escritura creativa para dar una charla. Y aceptó.

Así que el pasado 19 de noviembre nos visitó para hablarnos de humor, de editoriales, de prejuicios, de cómo encontrar a tu público y de sus libros.

Como leo medios de comunicación y sigo redes sociales, y ahí está claro que a los escritores nos sale el dinero por las orejas (en sueños), empecé con la pregunta más importante de todas: “¿Tú dónde guardas los millones que ganas con los libros?”.

“Intento quemarlos rápido para que mis hijos tengan que trabajárselo cuando llegue la hora. No vaya a ser que se tiren a la bartola y digan ‘No, yo ya con lo de mi padre…’”.

Amutxategi tiene una página llena de recursos para escritores, www.comoescribirunlibro.com, y le puedes seguir en Facebook, Twitter e Instagram.

Prejuicios

Cualquier escritor que no escriba ficción literaria o realista va a encontrarse con el desprecio de la intelectualidad sin que esta se lea una línea de lo que escribas, y sin pararse a pensar qué escribían autores que admiran. “Cuando comentamos que hacemos fantástica, o por lo menos a mí me sucede, vemos cejas que se empiezan a levantar, gente que se marcha, que dice, ‘vaya, fantástica, pues nada, pensaba que era escritor…, y luego resulta que hace esto’.

»Pero yo considero que todos los escritores usamos la fantasía para codificar la realidad de uno u otro modo. Ahí están Cortázar y Borges, por ejemplo, que hacían fantástica y, como entraron en el canon, ya parece que hacían otra cosa.

“La mayoría de la gente diferencia entre literatura realista o fantástica, pero yo no creo en esa división porque, ya con la simple elección de lo que cuentas y lo que ocultas a tus lectores, estás creando un mundo que no es real. Ofreces al lector una visión parcial del mundo a través de la que te posicionas con respecto a los temas que tratas en tu novela”.

En el caso de Amutxategi, el prejuicio no solo se da con lo fantástico, sino también con el humor: “Estamos en un país que ha influido en toda la literatura anglosajona a través de Cervantes, y en no pocas literaturas europeas a través de Quevedo y amigos. Es como si nuestro humor se valorara más fuera que en nuestra propia casa”.

Abel Amutxategi, autor de humor fantástico y literatura infantil

 

Escribe lo que te gusta

Amutxategi escribe humor fantástico sarcástico muy negro y literatura juvenil, dos géneros en apariencia opuestos, pero a los que les une lo fantástico, ya que le interesa codificar lo que pasa en nuestro mundo a través de la fantasía.

Algo que provoca mucha confusión y frustración a la gente que comienza a escribir es precisamente lo que se supone que es “literatura de calidad”; el truco es reconocer qué es lo que realmente te gusta escribir, sin importar lo que piensen otros. “Desde que empiezas hasta que ya sabes un poco qué te gustaría hacer… por lo menos yo fui pegando bandazos. Empiezas con una serie de ideas en la cabeza, luego ves que las cosas no eran como tú pensabas, y bueno, hay un punto en el que algo hace clic y todo empieza a funcionar”.

Otro error es pensar solo en consideraciones comerciales. Primero tienes que descubrir qué te gusta escribir, y luego ver cómo hacer que eso llegue a tu público. “El consejo básico es que escribas lo que te apetecería leer. Pero, entre todo lo que a ti te apetecería leer, no está de más plantearte qué proyecto crees que podrías colocar mejor en el mercado. Qué es lo que mejor podría venderse de entre todos los proyectos que te interesaría escribir.

»Lo que no puedes hacer, y es lo que hace mucha gente y en lo que fallan, es ir a rebufo del mercado. Decir ‘como ha vendido muchísimo Crepúsculo, voy a hacer yo mi novela de vampiros teenagers…’. Pues claro, para cuando has acabado, lo que se lleva ya no es el vampiro adolescente sino el hombre lobo geriátrico. Entonces no. Debes embarcarte en un proyecto que te vaya a satisfacer a ti por el mero hecho de acabarlo y colocarlo, aunque sea en una editorial pequeña.

»El primer objetivo es acabar el proyecto y que te quedes tú contento con él. El resto al principio es secundario.

Según Amutxategi, en la actualidad tenemos dos formas de llegar a nuestro público. Si eres famoso, no vas a tener problemas para trabajar con editoriales, y estas tirarán muchísimos ejemplares para llamar la atención en las librerías de la gente que no lee, quien empleará la lógica de “si hay una torre de ejemplares aquí, significa que es bueno; me lo compro”.

Y la otra, que utilizaremos el 99 % de los mortales, es crearte un público en internet a través de tu blog y redes sociales, e ir ampliándolo.

Amutxategi intentó vender su novela para adultos Su muerte, gracias a editoriales y agencias, y aunque tenía calidad profesional, se la rechazaron por poca salida comercial.

[En España] están más interesados en el humor fantástico los lectores, que los editores. Vas a firmar a ferias generalistas y te encuentras con lectores que te dicen, ‘¡Qué bien, un autor español que hace esto! Que ya estamos hartos de leer a Christopher Moore y Terry Pratchett, por mucho que nos encanten’”.

Ni corto ni perezoso, montó una campaña de crowdfunding en Libros.com para financiarse la publicación, y la sacó adelante.

Para sus otras novelas, ha trabajado con la editorial tradicional Ediciones el Transbordador.Portada de Su muerte, gracias, de Abel Amutxategi

Literatura infantil

En su novela infantil La increíble historia de Mara y el sol que cayó del cielo, la niña del título acaba de tener un hermanito, y se enfada con su familia porque ya no le hacen caso; cuando le prometen que seguirán siendo una familia siempre que aparezca el sol, ella desea que no aparezca. Como no podía ser de otra forma, al día siguiente, el sol y su familia han desaparecido.

La fantasía te da herramientas para conseguir cosas que de otra manera te costaría más conseguir. En el libro de Mara, yo uso la fantasía para tratar temas complejos de una forma que puedan asimilar los más jóvenes. La historia habla de la amistad, de la familia, y también de cómo gestionar tu miedo”.

A Mara no le queda más remedio que salir en busca del sol para recuperar a su familia. “Ahí aprenderá en qué lugares puede o no puede uno encontrar su hogar. Si solamente podemos contar con el que tenemos en casa o si es posible crear un hogar fuera del hogar, por así decirlo. Aunque el aprendizaje más importante para Mara será el de aprender a manejar su propio miedo”.

“La fantasía te puede dar la clave para explicar las cosas a los niños en un contexto que ellos entiendan mejor, pero este libro tiene también una cierta pátina de oscuridad que lo hace atractivo también para el público adulto. Yo sigo leyendo libros infantiles y juveniles, e intento que la fantasía haga de puente entre ambos públicos”.

Amutxategi también escribe cuentos cortos infantiles para que los niños los escuchen mientras se lavan los dientes. Cada jueves añade uno nuevo, y los puedes encontrar en su página web.

La increíble historia de Mara y el sol que cayó del cielo, de Abel Amutxategi

Construir humor

Cuando escribe humor para adultos, hay gente que le dice que lo único que hace es enlazar una tontería con otra; no se dan cuenta de que una novela humorística está tan construida como cualquier otra novela.

“Lo primero que haces es plantearte qué historia vas a contar. Su premisa inicial ya debe invitar al humor, pero digamos que partes de la faceta más seria de la novela y sobre ella vas tendiendo diferentes capas de humor. Está claro que el tema o la trama los vas a trabajar igual que si se tratara de una novela dramática o histórica. Pero con esas diferentes capas de humor vas a tratar de satisfacer a los diferentes tipos de lectores. Desde el gag más visual de la risa fácil, del que no hay que abusar, hasta alguna que otra joyita que sabes que entenderá poca gente, pero que será muy satisfactoria para aquel que la pille.

»Es como cuando ves una película infantil, que hay una capa para los padres que van acompañando a los críos, otra para el hijo mayor, y otra última para el más pequeño, que sería esa en la que hay golpes, porrazos y con la que todos se ríen. Dentro de una misma trama, tienes diferentes capas de contenido.

Con el humor, Amutxategi puede vislumbrar la realidad con una lupa, lo que le permite marcar cosas incongruentes de la realidad, y hacer que te rías y te plantees cómo es el mundo.

En su novela Su muerte, gracias, la Muerte está jubilada, pero tras dejar su trabajo a un grupo de góticos patosos, tiene que volver. El protagonista, Samuel, es un vendedor de suicidios fracasado que tiene que encontrar su primer cliente.

“Partimos de alguien que tiene problemas en su trabajo porque tiene conflictos morales. En su caso, no quiere ser el responsable de la muerte de nadie. Si te paras a pensarlo, una vez que obvias que en la novela está todo muy exagerado y que es todo bastante grotesco, tú en tu trabajo también puedes tener problemas a nada que tengas algo de conciencia.

»Una persona que trabaja en banca, por ejemplo, tiene que vender a sus clientes lo que le ordenan desde arriba y no lo que cree que les vendría mejor. El humor te ayuda a arrojar luz sobre algunas cosas que suceden y sobre las que realmente no piensas en el día a día.

Abel Amutxategi, autor de humor fantástico

Novelas cortas

Dentro del humor fantástico para adultos, Amutxategi también ha publicado las novelas cortas Jo, jo, jo y La tienda del señor Li.

En Jo, jo, jo, una madre y su hijo están encerrados en una cabaña tras un apocalipsis zombi, y al niño le da por escribir una carta a Papá Noel. “Como la gente está mayormente muerta, Papá Noel ya no recibe cartas. Está fatal. Está alcoholizado en su Polo Norte y no sabe qué hacer con su vida, hasta que recibe esa carta y tiene que entrar en acción”.

“La portada la hizo mi hija y luego le pusimos la sangre encima, a traición. Eso ya no se lo pedimos a ella por miedo a que me quitaran la custodia los Servicios Sociales.

»Hacía falta un dibujo infantil, la editora iba a llamar a alguien, y me dije ‘No, no. Si aquí tenemos al ilustrador chino en casa, que encima por un bocadillo de nocilla te lo hace’. El problema es que el ilustrador tampoco aceptaba injerencias externas. Le decía yo, ‘Pues es que claro, queremos que hagas…’. Y me miraba como las vacas al tren. ‘Lo que usted quiera, correcto,’ le decía yo. ‘A sus pies’. Por suerte lo mandamos y sí que encajaba con la idea de la editorial.

Jo, jo, jo, Abel Amutxategi

Mientras escribía esa novela corta, Amutxategi escribió también un cuento para la antología El viento soñador y otros relatos. Partiendo de la misma idea, escribió una historia completamente distinta, “Rosa de Navidad”.

“Trata de una pareja que también vive encerrada. En este caso no hay un apocalipsis zombi pero es una cosa parecida: una pandemia protagonizada por unos vampiros un tanto sanguinarios. El relato habla de cómo esos dos personajes tienen que volver a aprender a vivir juntos en esa situación límite. De cómo cambia su relación. Es algo más intimista, pero realmente nació de ese mismo embrión de dos personas encerradas en una situación límite de la que no pueden escapar.

»¿Cómo acabas con dos productos tan diferentes? Uno es humor, el otro un drama intimista. Simplemente eligiendo qué vas a contar y qué no, y cómo vas a contarlo. Lo que estoy contando en Jo, jo, jo sobraría en ‘Rosa de Navidad’, y viceversa. Al final, tú vas a poder hacer único un conflicto ya trillado en muchas películas o novelas, a través de cómo lo cuentes.

»Es algo bonito, porque puedes ir haciendo luz sobre otras zonas que igual han quedado más ocultas en otras historias tuyas. Y así puedes ofrecer distintas versiones de una misma realidad para que la gente piense un poco en ello.

Y La tienda del señor Li se desarrolla en un mundo distópico donde se ha prohibido la literatura, y un grupo de gente se chuta citas literarias. Sobre todo, es un homenaje a la palabra escrita. Una historia que habla de cómo la palabra correcta puede cambiarnos la vida, y de cómo la palabra equivocada también puede hacerlo.

La tienda del señor Li, de Abel Amutxategi

Leer como escritor

¿Cómo se forma un escritor? Abel Amutxategi lo tiene claro. “Cuando empecé a escribir sí que hice cursos y tal… Carlos, tápate los oídos. Pero más allá de los cursos, lo que realmente es importante es que leáis como escritores. Siempre se dice que es importante leer mucho y escribir mucho, pero sólo lo es con una condición: que se lea fijándose en por qué funciona o por qué falla lo que estás leyendo. Y que hagas eso mismo con tus propios textos, claro”.

El objetivo final es lograr volvernos magos y llevar a los lectores por donde nos interese. “[Los escritores] somos un poco como el mago de Oz, esa persona que está escondida tras la cortina. [El lector] debería ir por donde tú quieras, pero tendría que ir él solo, sin que tengas que empujarle. Dándole pistas y estímulos que lo hagan llegar adonde tú querías que llegase”.

“Lo que hace que leas un libro más de una vez no es tanto lo que te cuenta, sino cómo te lo está contando. Es el disfrute de ir acompañando al autor a lo largo de esa narración. Y en cada nueva relectura caes en más pistas que te ha ido dando el autor y en las que no habías caído antes. Empiezas a leer las escenas iniciales a la luz de lo que sucederá luego, y dices ‘todo esto ya estaba pensado para que yo piense tal o cuál cosa’.

»Pienso que lo más importante es el cómo, porque el qué ya está contado casi todo. Puedes introducir cambios, pero lo más seguro es que no hagas más que mezclar historias que ya existen. Igual en vez de dos has mezclado seis y consigues que parezca un poco original, pero bueno, ya estará contado. Donde dejarás tu sello será en la forma en la que cuentes esa historia. Como decía antes, eligiendo qué vas a contar y qué no, puedes dar con historias muy diferentes. O incluso contrarias.

Abel Amutxategi, humor fantástico

Método de trabajo

Amutxategi planifica toda la trama antes de escribir. Parte de una idea y se plantea qué sucede, cuándo, a quién, por qué y qué cambios va a provocar, y durante esta fase creativa va con un taco de tarjetas a todas partes porque no sabe cuándo le vendrá una buena idea.

Y luego se pone a escribir. “Cuando empiezo a plasmar en papel lo que tengo planificado, ahí ya sí que trato de seguir una rutina. Intento trabajar cada día un tiempo mínimo; si puede ser más, más. Hacer de la escritura un hábito. Lo interesante no es tanto sacar el trabajo adelante el día en el que te sientes inspirado, aunque no me guste esa palabra, sino hacerlo también cuando no lo estás”.

El estilo y los temas es lo último que trabaja. “Todo lo referente a la red de símbolos, por ejemplo, no decido cómo voy a plantearlo hasta que no tengo una primera versión terminada, por horrenda que sea. El estilo lo trabajo cuando ya sé qué historia voy a contar y cómo voy a hacerlo, porque a esas alturas de la escritura ya sé que la historia se puede contar y funciona tal y como la tengo planteada”.

Una cuestión que todo aspirante a escritor debe hacerse alguna vez es si quiere escribir como hobby o tener una carrera literaria. Si es lo último, debe pensar en sus lectores. Amutxategi lo tiene claro: los lectores te fuerzan a crecer como escritor.

“Al final es interesante saber que tu trabajo va a llegar a algún público. Aunque sólo sean cien lectores, vaya. No hace falta que te publique Planeta pero, para seguir escribiendo, sí creo necesario tener lectores. Lo que tengo claro es que, si no fuera a leerme nadie, yo no corregiría mis historias de este modo. Las seguiría planificando, porque eso me encanta, pero no pasaría por la  pelea continua del proceso de corrección. Escribiría mis historias de un modo más informal, un poco como diversión”.

Abel Amutxategi en el curso de escritura creativa de Carlos del Río, Santander

 

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El rincón de Carlos del Río cumple 9 años

“El rincón de Carlos del Río” cumple 9 años

El rincón de Carlos del Río cumple 9 años

Sí amigos, hoy hace 9 años que cogí las 100 críticas de cine que había escrito durante 3 años para la página web de Burbuja Films, y me abrí el blog en Blogger; creo que fue la primera vez que tomé las riendas de mi carrera y decidí ponerme a escribir sin que nadie me lo pidiera. Y desde entonces no he parado.

Muchas gracias, lectores, por seguir ahí mes a mes.

Lectores de todo el mundo

Visitas-a-El-rincón-de-Carlos-del-Río

 

Como podéis ver, este año me habéis visitado desde los cinco continentes.

Estos son los países con más visitas:

  1. España
  2. México
  3. Argentina
  4. Estados Unidos
  5. Chile
  6. Francia
  7. Colombia
  8. Perú
  9. Canadá
  10. Ecuador

Y estas las poblaciones con más visitas:

  1. Madrid (España)
  2. Santander (España)
  3. París (Francia)
  4. Barcelona (España)
  5. Santiago (Chile)
  6. Valencia (España)
  7. Buenos Aires (Argentina)
  8. Ciudad de México (México)
  9. Sevilla (España)
  10. Kingston (Estados Unidos)

Y estos son los artículos más leídos:

  1. Gladiator, de Ridley Scott
  2. Crónicas marcianas, de Ray Bradbury
  3. Un beso antes de morir, de Ira Levin
  4. Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling
  5. El reino de Kensuke, de Michael Morpurgo
  6. Odd Thomas, cazador de fantasmas, de Stephen Sommers
  7. Amigos del alma, de Elvira Lindo
  8. El gran espectáculo secreto, de Clive Barker
  9. 9 consejos para sacarle provecho al Celsius 232
  10. 10 lecciones para tener una carrera literaria

Está claro que os gustan mis reseñas.Reseñas de novelas, Carlos del Río

Casi abandono

¿Cómo? ¿El rey del “sigue y sigue hasta lograrlo” casi tira la toalla? Pues sí, la pasada primavera me planteé muy seriamente dejar de mantener el blog. No cerrarlo, pero sí escribir solo esporádicamente, cuando me apeteciera (un hobbie, vaya). Os cuento qué pasó.

Entre finales de 2012 y principios de 2014, cuando me mataba a escribir de cine y literatura (colgaba más de 160 artículos originales al año que escribía yo solito), logré tener una media mensual de 1.100 usuarios únicos en mi blog; mi récord fueron 1.500.

Entonces, las visitas comenzaron a bajar. Tardé muchísimo en darme cuenta de que coincidió con el fin de mi serie de artículos “Cómo escribir ficción“.

No sabía que cuando las cosas dejan de funcionar, hay que separarse de la situación e intentar encontrar respuestas para actuar de otra manera. Yo lo que hice fue redoblar los esfuerzos: escribir más críticas de cine. Pero las visitas seguían bajando. Lo único que conseguir fue quemarme y odiar el cine.

Las visitas se desplomaron cuando decidí dejar de escribir sobre películas. El año pasado los usuaron bajaron a menos de 300 al mes, eso es menos de 10 al día. Pero sorprendentemente la venta de mis libros se mantenía constante: entre 10 y 20 mensuales.

MOLPE, Marketing Online para Escritores

Mi estrategia online se estaba yendo al garete, y no sabía cómo reaccionar.  En otoño de 2017 conocí en persona a Ana González Duque y, aparte de pasarlo muy bien, me dio unos consejos excelentes para reencauzar mi plan de visibilidad en internet. Me apunté a su plataforma MOLPE, y aunque aprendía un montón de cosas, y por fin supe cómo moverme en las redes sociales, las visitas seguían bajando. En primavera de 2018 andaban por 250 usuarios únicos al mes. Ni siquiera una entrevista a Gabriella Campbell levantaba eso, y había días que tenía las fatídicas “0 visitas”. Nunca me había pasado.

Pero la venta de mis libros seguía estable. Si los libros se vendían, ¿qué sentido tenía mantener un blog que ya no leía ni mi madre?

Ahí es cuando casi abandono.

Entonces me planteé, hábil de mí, que tal vez el código de Google Analytics, aquel que había instalado en 2009, estaba corrupto. Y, ejem, resultó que sí. ¿Desde cuándo? A saber Dios. Lo volví a meter, y en mayo me dieron 700 usuarios. Volví a recuperar las ganas de mantener un blog.

En agosto, tras posponerlo demasiado, hice la migración de Blogger a WordPress. No os voy a mentir, fue un curro del copón, me dejó agotado y tuve que contratar a alguien que me lo diseñara (yo, el rey del “hazlo tú mismo”).

Y por fin todo lo que aprendí de MOLPE está dando sus frutos: en noviembre tuve 1.390 usuarios únicos, la segunda mejor cifra en mis 9 años. Lo mejor es que solo escribo dos artículos al mes y aún me quedan cosas que retocar en mi nueva página, que aumentarán las visitas.

No es cuestión de trabajar como un burro, es cuestión de trabajar de forma inteligente, sabiendo hacia dónde tienes que enfocar tus esfuerzos.

¿Alguien duda por qué no hago más que recomendar MOLPE?

Muchísimas gracias a Ana González Duque, por todo lo que me ha ayudado, y a los profesores de la plataforma.

Y sí, sigue y sigue hasta lograrlo.

 

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Reseña de The Whispering Room, de Dean Koontz

Reseña: “The Whispering Room”, de Dean Koontz

Reseña de The Whispering Room, de Dean Koontz

A mediados de 2017, con The Silent Corner, Dean Koontz comenzó una serie de thrillers —que tienen una pizca de ciencia ficción— de la que soy fan: la de la antigua agente del FBI Jane Hawk, una chica que busca en solitario desentrañar quién incitó al suicidio a su marido Nick. Koontz escribe rápido, así que cinco meses más tarde publicó su continuación: The Whispering Room.

Sinopsis

Tras obtener información de un periodista y un abogado que trabajan para los Arcadians, Jane Hawk descubre que debe viajar al pueblo de Iron Furnace, Kentucky, para continuar con su búsqueda.

Al mismo tiempo, el sheriff Luther Tillman investiga la misteriosa muerte de su amiga Cora Gundersun, quien sin ningún motivo empotró su coche en llamas, y lleno de bidones de gasolina, contra un hotel, lo que provocó numerosas muertes.

En Iron Furnace los caminos de Hawk y Tillman se cruzarán, y descubrirán un turbador secreto: la habitación susurrante; algo que convierte en muchísimo más peligrosos a los enemigos de Hawk.

Análisis

Aunque se le suele etiquetar como autor de terror, yo diría que Koontz es un maestro del thriller y del thriller paranormal, y más concretamente, del thriller paranoico. Nadie como él para hacer sufrir a sus personajes, nadie como él para crear tensísimas, extensísimas y muy imaginativas escenas de suspense, nadie como él para crear complejas y paranoicas conspiraciones para dominar el mundo.

Como en la anterior entrega, aquí tenemos a un Koontz en plena forma, y eso significa que ha escrito una novela muy buena. Para mantener la atención del lector durante casi 500 páginas, el autor recurre, casi de principio a fin, a contar historias en paralelo; en cada historia Koontz va preparando los momentos, y estos los exprime al máximo cuando les llega la hora. Esos momentos llevan a otros, y de nuevo va alternado dos tramas simultáneas.

Y funciona de maravilla.

Algo que ayuda a que esta estructura funcione —y que la novela tenga aparentemente un ritmo trepidante, cuando realmente está llena de pausas—, es lo buenísimo que es Koontz presentando personajes: están perfectamente delineados, y logra que te importe lo que les pueda pasar. Una vez que los conoces, sube la tensión porque ves que se les están complicando las cosas.

Aquí destacan las presentaciones de Cora Gunderson, el sheriff Luther Tillman y su hija Jolie, y la del chico Harley Higgins.

Y, viniendo de Koontz, el estilo es excelente, con momentos emocionalmente muy intensos y poéticos.

Si quieres ser escritor, se aprende un montón leyendo a Koontz.

Tramas paralelas

La novela comienza con la preparación inconsciente (la mujer está en trance) de un atentando por parte de Cora Gundersun, una profesora incapaz de hacer daño a nadie, y la investigación de Jane Hawk.

Mientras lees tenso (porque nadie puede hacer nada para evitarlo) la barbaridad que va a cometer Gundersun; Jane, con una gran determinación e ingenio, le sonsaca información a un periodista que le permite avanzar en su investigación.

Una vez cerrada la trama de Gundersun, aparece el sheriff Luther Tillman, un personaje que casi comparte protagonismo con Jane en esta novela. Tillman investigará la muerte de su amiga Cora, y las pistas le llevarán al idílico pueblo de Iron Furnace, en Kentucky.

Crítica de The Whispering Room, de Dean Koontz

Entrelazada con la historia de Tillman, hay uno de los puntos álgidos de la novela. Jane necesita interrogar a un abogado que trabaja para los Arcadians, y para ello tiene que ser muy creativa para superar obstáculos y lograr una confesión. Koontz se guarda varios ases en la manga, que te sorprenden, y hace que leas muy rápido. Me quito el sombrero por lo de las ratas hambrientas.

Entonces Jane descubre que los tentáculos de los Arcadians son mucho más largos de lo que parecían en un principio, y llegan a esferas muy altas. (Son tan altas, que creo que van a dar para siete novelas).

Antes de ir a Iron Furnace, viene lo que menos me gusta de este libro. Jane se para a comer en un restaurante, y gracias a sus dotes observadoras, supone que unos criminales intentarán secuestrar a unas mujeres (eso en una novela de Koontz son muy malas noticias). Entonces decide inmiscuirse.

No es que la escena esté mal escrita —al contrario, es tensísima, y está bien resuelta—, pero me parece un poco El equipo A: Jane está perseguida por la justicia, pero se detiene para ayudar a otros. Es la buena samaritana.

Me sacó un poco de la historia; aunque supongo que Koontz la escribiera para justificar lo que hace Hawk en Iron Furnace (que está un poco forzado, pero no tanto como aquí), y porque temáticamente es un sello personal del autor: incluso en los peores momentos, habrá gente que te devolverá la fe en la humanidad porque se desvían de su camino para ayudarte.

La parte de Iron Furnace es fascinante. Koontz presenta al chico de catorce años Harley Higgins, quien quiere escapar de su pueblo porque los adultos se comportan raro. Aunque sabes desde el principio qué está pasando, Iron Furnace es una mezcla de la Santa Mira de Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney, y Las poseídas de Stepford, de Ira Levin: una población inmaculada y en apariencia perfecta, donde los adultos parecen poseídos, ya que les ha cambiado la personalidad de la noche a la mañana.

Aquí se cruzarán los destinos de Hawk y el sheriff Tillman, y Koontz desvela una retorcida y genial idea: la habitación susurrante. Lógicamente no voy a contar qué es, pero las implicaciones que esconde son tremendamente inquietantes.

Reseña de The Whispering Room, de Dean Koontz

Resuelto lo de Iron Furnace, Jane se lanza a la caza del multimillonario David James Michael, para grabarle una confesión sobre lo que están haciendo los Arcadians. Y al mismo tiempo, Jolie Tillman, la hija del sheriff, huye de estos con su madre para encontrarse con su padre.

La trama de Jolie tiene momentos muy divertidos (las conversaciones con su hermana Twyla), pero de repente, algo surge que Jolie no acaba de entender, aunque a ti se te hiela la sangre, porque sabes perfectamente qué está sucediendo, y la tensión se dispara. La única pega que le encuentro a la historia del sheriff y su hija es que el final es un poco decepcionante.

Y el tramo final de la búsqueda de Hawk, tras algo de ayuda forzada —la de los mafiosos que le deben favores a Jane— y ayuda desinteresada —la del entrañable y divertido anciano Bernie Riggowitz, un personaje muy koontziano— conduce a un clímax trepidante en donde la protagonista intentará ascender al noveno piso de un edificio hiperprotegido.

Aquí me quito el sombrero por el muy imaginativo uso de ciertos animales para evitar que Jane avance.

Como no podía ser de otra manera, ya me he comprado las dos siguientes entregas: The Crooked Staircase y The Forbidden Door.

 

The Whispering Room / Dean Koontz / novela / Estados Unidos, 2017, 492 páginas

 

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