Menguante, de Pedro Pablo Picazo

«Menguante», las muchas historias de una historia, por Pedro Pablo Picazo

Debió de ser en 2009, o quizás 2010, cuando tuve la idea para esta historia. Estaba trabajando en un documental sobre marineros del litoral cantábrico y tuve que embarcar unas horas para grabar unas imágenes. Se trataba de una embarcación muy pequeña y apenas nos alejamos de la costa, pero estando en ella pensé: ¿y si el barco empieza a encoger?

Imaginé la historia de un marinero que, poco a poco, va perdiendo compartimentos hasta quedarse con lo mínimo, en una lucha no sólo contra el mar, sino contra algo más, algo psicológico, algo en su interior y… hasta ahí sabía.

Aquella fue de esas premisas que te atrapan y no dejas de pensar en ellas hagas lo que hagas. Me pareció que tenía un planteamiento muy visual, así que supuse que se trataba de un proyecto interesante para desarrollarlo como guión, pero el hecho de transcurrir en el mar y de tener un barco que, poco a poco, va desapareciendo suponía una clara complejidad técnica que le restaba posibilidades de llegar a ser producido.

En un momento dado pensé: ¿y si simplificamos? ¿Y si no es un barco si no algo más sencillo? ¿Y si se trata de… una casa?  No sólo suponía abaratar posibles costes y aumentar las posibilidades de vender el proyecto, también me permitía tener un desarrollo más claro. Siendo un barco debía meterme en la mente y motivaciones de un marinero, siendo una casa… bueno, todos vivimos en una casa y se me abría un mundo enorme de posibilidades. No sólo yo estaba más cerca de ese potencial protagonista, también la audiencia.

Rápidamente, con este nuevo enfoque, pude profundizar más en la historia: se trataba de alguien que se quedaba en paro y debía quedarse en su casa, pasando más tiempo en ella y provocando su rechazo. También supe inmediatamente que, si el protagonismo recaía en un personaje femenino, la premisa ganaba en contenido y fuerza. Vislumbré el final y su resolución también. Con ello, el género, debía ser claramente terror.

Las piezas empezaron a caer en su sitio y, con ellas, un título: Menguante, por tratarse del mundo de esta protagonista que se encogía, disminuía, menguaba.  Temí que la gente pudiera pensar que se trataba de una historia de hombres lobos, pero, hasta ahora, no ha sido así y nadie me ha planteado esa duda.

Menguante, terror de Pedro Pablo Picazo

Menguante, la película

El tiempo pasó y llegamos a 2015. Presenté el proyecto como una premisa de largometraje a una convocatoria en la que no fui seleccionado, pero ese mismo material me sirvió para enviarlo a otra. Telefónica Studios convocaba un certamen de ideas de cine: “En busca de la nueva generación del cine”. Se presentaron 800 proyectos. Seleccionaron 15. Uno de esos fue Menguante. De ellos ganaban dos para desarrollarlos financiando la escritura de su guión. Tuve que ir a presentar el proyecto a Madrid, a un pitch de esos que ahora se han vuelto tan populares y que me resultan odiosos. Lo hice lo mejor que pude, no me quedé descontento con mi intervención, pero no gané.

No voy a negarlo, fue un palo, llegar tan lejos para nada. El caso es que al menos me sirvió para confirmarme que la premisa era interesante, que tenía potencial. No podía dejar de pensar en ella y, en un momento dado, tuve la revelación de cómo escribirla para novela. Sabía qué lenguaje usar, cómo estructurarla, de qué manera escribirla. Y lo hice. Curiosamente no recuerdo mucho de este proceso. Sé que fue breve, satisfactorio y que no me dio demasiados quebraderos de cabeza. La terminé y la dejé reposar un poco, como suelo hacer.

En paralelo, seguí buscando aprovechar el material que tenía del proyecto como largometraje y lo presenté al IV Laboratorio de Guiones de la Fundación SGAE. Para mi enorme sorpresa, fui seleccionado.  No me lo esperaba, quizás ya la veía como una novela, no sé. El laboratorio consistía en que, durante medio año, una vez al mes, tenía que acudir a Barcelona para trabajar en la historia con un guionista experto que me ayudaba a profundizar en ella. Tuve suerte porque me tocó Albert Val, profesional que durante muchos años fue jefe de desarrollo de proyectos en Filmax, distribuidora y productora especializada en el género fantástico. De su mano los otros seleccionados y yo debíamos pasar de la historia en escaleta a guión dialogado.

Yo decidí olvidarme de todo lo que llevaba, novela incluida, y empezar de cero: desde la idea. Recuerdo haber contado en la presentación que yo veía mi historia a medio camino entre una película experimental como Repulsión de Roman Polanski y la comercial Poltergeist de Steven Spielberg. Albert, con su enorme experiencia moviendo proyectos entre cadenas y distribuidoras, me aconsejó que me fuera más hacia Spielberg, ya que me iba a resultar así más sencillo llamar la atención y facilitar que el proyecto llegara a las pantallas.

Mi objetivo era hacer una historia factible, posible en la cinematografía española, pero sobre todo, que se hiciera. Llevaba, llevo, demasiado tiempo trabajando en proyectos que no llegan a culminarse. Quería que la película fuera una realidad, así que opté por ese camino, dejando de lado la otra vía, lo que también condenaba la novela, ya que transitaba ese camino más experimental y atrevido, pero el trabajo del escritor supone estar constantemente eligiendo y, por ello, también, en ocasiones, renunciando.

Terminé el laboratorio con un guión del que quedé muy satisfecho. El proyecto funcionaba y era totalmente factible. No se trataba de una película especialmente cara y tenía elementos que me gustaban mucho, como que al principio entrábamos en la casa y no salíamos fuera durante todo su metraje, lo que aumentaba el carácter atmosférico y angustioso de la historia.

Durante el taller tanto Albert como mis compañeros me planteaban dudas y propuestas que sirvieron para reforzar el concepto y fortalecerlo: no era una casa encantada, no había fantasmas, no se trataba de la típica casa victoriana llena de espectros, sino de un piso moderno y actual en una gran capital. Un planteamiento quizás algo arriesgado, pero que logré defender y mantener en todo el proceso.

Pedro Pablo Picazo en Barcelona, Menguante

Picazo en Barcelona, con sus compañeros del Laboratorio de Guiones de la Fundación SGAE

Viaje a Argentina

Llegamos a otoño de 2016 y tenía un guión bajo el brazo del que estaba muy contento, sólido y factible, me tocaba moverlo por productoras. Presentar un proyecto de esta manera siempre es difícil y duro: tienes que insistir, exponerte, hay quien le da valor a haber pasado por las selecciones que yo llevaba, hay quien no… el caso es que tras meses de presentarlo a diferentes sitios, surge una empresa que se interesa por el proyecto: una productora seria que me ofrece un contrato y unas perspectivas realistas de que la película se haga.

En julio de 2017 firmo con esta productora y, casi al mismo tiempo, el proyecto recibe una nueva selección: esta vez en Argentina. El Ventana Sur dispone de una sección especializada en fantástico, “Blood Window”, donde se presentan proyectos de género. Menguante es seleccionado y me lleva ni más ni menos que a Buenos Aires. La verdad es que es maravilloso que una idea que tienes un día te haga cruzar el charco y ampliar horizontes. Fue una muy bonita experiencia.

Al regreso tengo la primera reunión con el director que la productora eligió para el proyecto. Yo estaba muy preocupado por si quería rehacer la historia por completo, pero al revés, fue un fantástico encuentro con muy buen entendimiento entre ambos que me condujo a cambios mínimos, matizaciones más que otras cosas.  La cosa no podía pintar mejor. Las piezas parecían encajar al fin después de un proceso tan largo.

Y todo esto que iba tan bien condujo a… nada. Las cadenas rechazaron el proyecto y los derechos del guión me regresaron un año después. Menguante volvía a ser mío y con muy pocas posibilidades ya de que se materializara después de este rechazo. Es triste que tanto esfuerzo y trabajo acabé así, pero es la realidad de muchísimos guiones, de la mayoría en realidad. El palo fue mayúsculo, mucho mayor que el de 2015.

Pedro Pablo Picazo en Argentina

Pedro Pablo Picazo en Argentina

Menguante, la novela

Yo seguí trabajando en otras cosas, otros proyectos, y en 2020 había un concurso literario al que quería presentar una novela de terror que escribí posteriormente, pero no podía ya que estaba pendiente de fallo en otros certámenes. Me daba rabia, porque me parecía que era perfecta, sin embargo las bases lo impedían. No había nada que hacer. Hasta que me acordé de algo, de una novela que había quedado relegada en el cajón, una novela que nunca llegué a corregir.

La rescaté, estaba convencido de que sería un desastre, que no podría hacer nada con ella, pero me llevé una sorpresa. No estaba mal, nada mal. Era muy diferente al guión, en desarrollo de la trama sobre todo, pero me pareció que funcionaba. No tenía nada que perder. Le di un ligero repaso de estilo, no necesitaba más, y la presenté al concurso. De casi trescientas candidatas fue una de los ocho finalistas. No ganó, pero la organización me escribió destacando que había sido muy bien valorada por el jurado. Así las cosas, decidí darle una nueva oportunidad a Menguante como novela, de esta manera llega hasta Con Pluma y Píxel gracias a Carlos del Río, quien me recomendó esta editorial, y, finalmente, a las librerías.

Toda historia contiene otras historias, pero para mí Menguante es una historia que transcurre en dos universos: el de esta novela, y el de su guión. Dos historias paralelas, hermanas, que parten de la misma premisa, sus protagonistas son las mismas, pero su desarrollo es muy diferente. Llegué a pensar en cambiarle el nombre a la publicación que ahora sale para diferenciarlas, pero lo cierto es que son como una novela y su adaptación: complementarias, interrelacionadas, se nutren de una misma fuente. Me pareció que debían conservar su nombre, coexistir, y de ahí que haya decidido conservar sus títulos.  Menguante novela ya existe. La película sólo en mi cabeza, pero, nunca se sabe…

De alguna manera siento que Menguante tiene vida propia y es una superviviente que desea llegar a la audiencia. Que ha mutado, que se ha transformado, que ha padecido, pero al mismo tiempo evolucionado hasta alcanzar este momento en el que al fin se presenta al mundo. Ha luchado mucho, ha sufrido también, yo con ella, no voy a negarlo, pero al fin se pone a disposición del lector, que es, siempre, quien tiene la última palabra y quien decide qué permanece y qué se lleva el olvido. Ya más no puedo hacer. Toca el momento de cruzar los dedos.

Pedro Pablo Picazo, Menguante, terror


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Entrevista a Cristina Ogando, escritora de ciencia ficción

Entrevista a Cristina Ogando

Cristina Ogando es una escritora de fantasía, ciencia ficción y terror que conocí en el pasado Celsius 232. Tras aparecer en varias antologías, Cristina dio el salto a una historia más larga con la trepidante novelette de ciencia ficción Munajil, publicada por Literup, sobre una asesina a sueldo que busca vengar la muerte de su amada.

En esta entrevista hablamos de su carrera literaria, de cómo representar a las minorías en las historias y que quede bien, de cómo plasmar el dolor en el papel o cómo coreografiar escenas de acción.

Puedes visitar su página web y seguirla en Twitter, Facebook e Instagram.

Entrevista a Cristina Ogando

 ¿Por qué te hiciste escritora? ¿Fue algo consciente?

¿Consciente? No estoy del todo segura. Creo que simplemente un día… surgió. Siempre he tenido muchas voces en la cabeza, lo sé, suena fatal, pero un día solo se me ocurrió plasmarlas en el papel y fue bastante reparador. Ver escritas las historias que me habría gustado leer se sentía increíblemente bien por lo que seguí adelante. 

 

¿Por qué escribes fantasía, ciencia ficción y terror? ¿Elegiste esos géneros de forma deliberada?

Supongo que fue un reflejo de las lecturas que consumo. A la hora de escoger un libro siempre me voy a esos géneros, también porque son los que creo que me dan más libertad a la hora de crear.

Aun así, para haber llegado a preferir la literatura de género he tenido que pasar por muchos antes, pues siempre he pensado que en la variedad está el gusto.

 

¿Cuáles son tus mayores influencias como escritora, tanto en literatura como en otras disciplinas?

Es difícil escoger una. Considero que una escritora tiene que ser interdisciplinar y beber de todo aquello que le rodea para poder escribir. Arte, series, música, videojuegos, libros… todo influye cuando construyes tus propias historias y, al menos a nivel personal, me costaría elegir una influencia en concreto de cada categoría.

Porque sí que es verdad que soy consciente de que los juegos de The Legend of Zelda me marcaron, o que puedo leerme Fullmetal Alchemist una y otra vez sin cansarme, igual que podría llorar veinte veces con las historias de William Joyce. Sin embargo, estamos consumiendo y viendo influencias cada día y los gustos cambian. Y me gusta pensar en mí más como una esponja que absorbe lo nuevo que va llegando y lo transforma, que quedarme solo con unas influencias fijas.

 

Relatos de Cristina Ogando

Antologías donde ha aparecido Cristina Ogando

 

¿Cuáles son tus escritores favoritos?

Neil Gaiman es mi escritor favorito de forma indiscutible. Su forma de escribir, crear y siempre lograr sorprenderme le han hecho ganarse ese puesto a fuego. Le sigue muy de cerca Rosa Montero, o más concretamente su saga de Bruna Husky. Si no la has leído, por favor échale el guante porque es maravillosa.

William Joyce o Rick Riordan son otros grandes en mi lista, de hecho los mundos que han creado y las sagas y toda la mitología alrededor de sus historias me fascina y son un gran ejemplo a seguir. Luego ya a nivel de escritura me fascina lo evocadoras y poéticas que pueden llegar a ser Naomi Novik, Roshani Chokshi y Susanna Clarke. Tienen tremendo poder de hacer sencillos conceptos y mundos muy complejos sin que te cuestiones nada. Solo les dejas que te cojan de la mano y que te guíen

Finalmente, Sanderson. Más que nada, por mi forma de trabajar, me encuentro muy identificada con él y es agradable leer sus obras y ver cómo utiliza ciertos recursos. Es una gran fuente de aprendizaje.

 

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Eres escritora de brújula o de mapa? ¿Cómo sacas tiempo en tu día a día para escribir?

Soy muy mapa. A veces de forma exasperante y frustrante para conmigo misma.

Tardo muchísimo en planificar, de hecho es lo que más disfruto de todo el proceso. Me paso mucho tiempo rellenando huecos, creando todos los aspectos posibles del mundo, enlazando tramas… así es que termino con muchas ideas preparadas o esbozadas, pero poco escrito.

De hecho, no escribo a diario. He intentado durante años seguir lo que llaman rutina de escritura, y oficialmente, no es algo para mí. Sí que arranco ratos para planificación y, lo bueno de enfrentarse al papel con la historia ya tan interiorizada, es que el proceso de escritura es mucho más sencillo y en ocasiones rápido.

Pero por supuesto, este método no es invariable, porque hay mucha separación entre una historia y otra y comenzar contra la página en blanco es terrible porque parece que se te ha olvidado escribir.

 

¿Qué diferencias ves a la hora de escribir relatos y una novelette?

En mi caso, escribir un relato es prácticamente un proceso de brújula y una novelette requiere bastante planificación. Lo sé, irónico.

Un relato muchas veces lo planteo como una única escena. Pocos personajes, bastante diálogo y un final que no dé pie a error de que debería existir mundo más allá de esas pocas páginas.

Sin embargo, una novelette es algo más… complejo. Porque te da pie a explayarte, a contar mucho más y a desarrollar una narración y un mundo que requieran bastante más profundidad.

Y en ambos casos, me parecen extensiones dificilísimas de ejecutar bien. Porque las escritoras tendemos a querer contar mucho, pero en estos casos no hay espacio. La economía del lenguaje y saber usar muy bien las palabras para contar muchísimo con lo mínimo me parece de las habilidades más complicadas de conseguir en esta profesión. Por eso, aunque sean diferentes en cuanto a qué puedes llegar a contar, novelette y relato me parecen de las cosas más complicadas de escribir.

 

Me gusta muchísimo en Munajil cómo muestras el dolor que siente la protagonista por la muerte de su mujer, que es algo fundamental para que funcione la historia. ¿Cómo creas emociones en el papel?

Intentando ser lo más real posible. Suelo decir que soy bastante mala escritora porque soy incapaz de separar el personaje de mí.

Suelo decir que Munajil es un reflejo de un dolor, un duelo y una frustración que llegué a sentir en la época en la que lo escribí. Meterme en la piel del personaje y soltar en el papel de la forma más real y humana que puedo sobre cómo me siento… creo que es lo que ha conseguido que esas emociones se sientan tan reales.

Munajil, de Cristina Ogando

Me encanta el personaje de Munajil. Me parece que a veces no se entiende qué implica escribir sobre minorías, y se acaba cayendo en la corrección política desbocada, donde son unos santos inmaculados o te encasquetan mensajes nada sutiles de las injusticias que sufren, o se cae en tópicos idiotas, o directamente te meten un personaje de alguna minoría porque está de moda, aunque no pinte nada en la historia.

Gracias, la verdad es que era precisamente lo que quería evitar. Todo eso.

Vivo bajo la concepción de que cada una es su propia persona, independientemente de la minoría, raza o comunidad a la que pertenezca. Y, como humanos independientes, tenemos nuestras luces y sombras, decisiones y vida. Por supuesto pertenecer a ciertas comunidades, países o culturas traerá consigo un bagaje que definirá parte de lo que somos, pero es trabajo de cada uno decidir hasta que punto queremos que eso nos influya o nos defina.

Y era lo que quería hacer con Sahira después de todo.

 

Munajil ni es santa ni indefensa, esta es su historia y hablas de las injusticias que ha sufrido por pertenecer a una minoría sin aleccionar a nadie. ¿En qué minoría te basaste y cómo creaste el personaje para que pareciera una mujer de carne y hueso?

Es gracioso, porque en primer lugar Sahira iba a ser musulmana. Pero a parte de que me iba a meter en un berenjenal que por entonces no controlaba tanto, no me apetecía crear algo tan directamente relacionado con nuestro mundo.

Una serie de coincidencias absurdas durante una clase, me hizo darme cuenta de que había muy poco escrito sobre indígenas americanos, y de ahí surgió la idea. Sahira, o más bien la cultura de los qaalit de los que se habla en la historia, está inspirada en los indios cherokee.

Si bien la información sobre ellos es algo escasa, intenté trasladar algunas de sus particularidades y adaptarlas a la historia de Fawdaa. Cómo los colonos los apartaron a un rincón de su nuevo mundo, cómo persisten sus tradiciones a pesar de que la sociedad no deja de cambiar a su alrededor y, más importante, cómo les ve la gente. Y en medio de todo eso, está Sahira.

Pero para contestar a cómo hacer que pareciera de carne y hueso, creo que la palabra que mejor lo definiría es: contradicción. Los humanos somos increíblemente contradictorios y emocionales. Podemos parecer los seres más seguros en ciertos términos y luego sorprender con las acciones más imposibles.

Tenemos nuestras luces y sombras, nuestra forma de comprender el mundo desde una visión particular y personal. Eso es lo que intentaba demostrar con Sahira.

Estamos acostumbrados a un héroe puro o a una damisela cabezota. A que los buenos personajes se mantengan siempre dentro de la línea de puntos y que los villanos sean pura oscuridad sin que muchas veces tengan sus remordimientos o sin pensar que los empujó a ciertas cosas cuestionables.

Y que muchas veces me digan que Sahira parece tan real… creo que es de los mejores halagos que me pueden hacer.

 

Para mí, otro punto fuerte de Munajil son las escenas de acción. ¿Cómo las creaste?

¡Gracias! La verdad es que fue un trabajo bastante complejo. La acción ya estaba ahí, pero ponerle orden y hacerla más dinámica fue lo importante.

Siempre digo que para mí un antes y un después fue leer Spes unica de Raquel S. Valle, que se ha publicado también con Literup. En esa novela hay unas escenas de acción y una tensión brillantes. De las mejores que he leído en mi vida y es mi biblia a la hora de recrear escenas de lucha, persecuciones… de verdad, a mí me cambió.

Luego por supuesto también está mi forma de trabajar. Las escenas de acción creo que se llevan mejor si las tienes en tu cabeza, casi diría ¿coreografiadas? Puede. En este caso trabajo mucho con música que vaya acorde con la escena y repito muchas partes en mi cabeza antes de plasmarlas en papel. Es un proceso bastante tedioso de hacer y rehacer para que quede bien, la verdad.

 

Cristina Ogando, Munajil

 

Munajil pasó por dos correctores, el escritor David Pierre y la editora Meritxell Terrón. ¿Cómo fue el proceso de corrección y qué aprendiste de ello?

El proceso fue… vertiginoso, si soy sincera. Hicimos muchas vueltas por los capítulos para dejarlos lo más pulido posible y llegamos a idear un ritmo de trabajo con el que llegamos a hacer cuarto capítulos por día en algunos casos.

Aprendí muchísimo sobre mi forma de escribir y me he quedado con bastantes trucos para mejorar de ahora en adelante.

Lo malo es que ahora soy el cuádruple de crítica conmigo misma, porque intento que todo lo aprendido se refleje de inmediato en el manuscrito, así que ahora estoy en el proceso de redisfrutar la escritura sin morir entre la autoexigencia.

 

Mucha gente que quiere ser escritor se desanima porque cree que es imposible publicar con una editorial tradicional. ¿Cómo lo lograste tú?

Siendo muy cabezota y repitiéndome que el no ya lo tenía sin haberlo intentado.

Tendemos a ver solo la meta y el éxito, cuando realmente lo divertido es el camino. Antes de publicar, ya no mi primera novelette, si no mi primer relato, acumulé medio centenar de rechazos (que siguen aumentando con los años, porque muchas veces te siguen diciendo que no). ¿Pero sabes qué? Eso me parece fantástico.

Porque uno de mis mayores temores es quedarme atascada, no avanzar, no evolucionar o no aprender. Que me rechacen significa que al menos lo intento y que no me rindo. Que me acepten es maravilloso, pero no por ese hecho en sí. Si no porque me van a leer, voy a recibir opiniones, críticas y comentarios que me ayudarán precisamente a seguir aprendiendo.

Es todo un recorrido en el que la verdadera meta está más lejos que el One Piece me temo, porque es un camino que nunca llega a terminarse.

 

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Me encanta que sea en plural, porque realmente no sé estarme con solo una cosa a la vez.

Ahora mismo estoy con un pequeño proyecto que avanza con bastante lentitud y es a cuatro manos. Se aleja en parte de mis géneros y de la literatura en sí, pero es algo que me hace mucha ilusión.

A nivel más personal, tengo varias cosas sobre la mesa, pero principalmente una romcom ambientada en un mundo de fantasía que estoy terminando de planificar con la que estoy muy contenta.

Viniendo de un bloqueo escritor bastante potente, estoy algo asustada, pero la verdad es que también me lo estoy pasando muy bien y es lo importante.

 

¿Qué consejos le darías a alguien que está empezando a escribir?

Suelo dar siempre el mismo consejo: date tiempo.

Muchas veces, y yo misma peco de ello, creemos que hay una fecha límite para todo cuando en realidad tenemos todo el tiempo del mundo.

Las escritoras debemos darnos tiempo para aprender cómo funcionamos, qué técnicas y géneros nos van mejor, qué nos apetece escribir, cómo nos gusta escribir…. Es un largo proceso de conocerse a una misma y comprender que no tenemos que seguir ciertas técnicas porque un escritor conocido las hace. Somos nuestras propias personas y, como tales, tenemos nuestras particularidades.

Por eso no hay que correr y darnos tiempo para experimentar y conocernos para alcanzar nuestro estilo. Y da igual cuánto tiempo nos lleve.

Cristina Ogando, escritora de ciencia ficción


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Ángela Pinaud, escribir terror

Ángela Pinaud o cómo ser original en el género de terror

“Seguramente no es fácil ser original. Requiere experiencia y saber examinarse a uno mismo con seriedad. Uno ha de ser consciente de lo que hace antes de empezar a desprenderse de la tradición”. Estas palabras del pintor vanguardista Piet Mondrian resumen con total acierto la obsesión que, cual aguja de brújula, dirige la pluma de esta escritora.

“Ser original”.

En un mundo saturado de historias, explorado hasta el último rincón del imaginario, donde todo está inventado; y en un género como el terror, sobreexplotado y manido con producciones de baja calidad, ¿cómo ser original y encontrar un hueco destacado en las librerías del lector? ¿Cómo no pasar desapercibida? ¿Cómo otorgar al terror la dignidad de la que gozan otros géneros?

Faraónica tarea.

Con frecuencia, para buscar inspiración, recurro a los clásicos: Poe, Lovecraft, Blackwood… o a autores contemporáneos: Barker, King… que supieron y han sabido romper moldes y crear un estilo propio, diferente a todo lo existente. Ellos descubrieron cómo dejar su impronta en el género, destacar cuando también “estaba todo ya inventado”. Su creatividad a la hora de imaginar y contar historias es el espejo donde quiero mirarme.

Osada y tiránica tarea.

Es esa obsesión por encontrar la fórmula de la originalidad la que ha empujado mi obra hacia la mezcla de géneros. No porque crea que el terror en sí mismo no tiene suficiente fuerza o atractivo, sino porque considero que, de esta manera, se consiguen dos objetivos: por un lado, introducir elementos externos al género con los que poder innovar y aportar esa chispa diferenciadora; y por otro, poder llegar a un tipo de público que, de otra forma, jamás se acercaría a una historia de terror.

Por ejemplo, en mi primera novela, Magical Mystery Tour, el editor se refirió a ella como “La sombra del viento escrita por Stephen King.” Creo que poco más se puede añadir para explicitar esa mezcla de géneros. Habla de la vida de Julia Sagasta y de cómo su pasado vuelve a ella de forma escalofriante para recordarle que no puede renegar de sus orígenes. Endémico, por su lado, aúna mi otro género fetiche, el thriller policíaco. La investigación criminal de unas muertes escabrosas se entrelaza con la presencia del demonio y la insinuación constante de muertos resucitando. Por último, en Animales de Peluche, es la ciencia ficción el género que se combina con el terror. La creación de una máquina que permite hablar con los muertos es el eje sobre el que se desencadena la acción.

Novelas de Ángela Pinaud

Novelas de Ángela Pinaud

Aunque de primeras se pueda pensar que un amante del género podría sentirse defraudado por esta intromisión de temáticas, lo cierto es que, en términos generales, la mezcla de géneros se percibe de forma positiva. Thriller, policiaco, ciencia ficción… cualquier género marida bien en la mesa del terror.

A nadie se le escapará que no estoy descubriendo América, todos tenemos en la cabeza títulos como Alien, donde ya se lleva a cabo con éxito esta mezcla de temáticas (ciencia ficción – terror), y otros tantos títulos más que se os estarán ocurriendo. Son claros ejemplos de lo que trato de exponer, la mezcla de géneros produce cosas interesantes, ampliando el abanico del género y sus temáticas. Quizás, en este amplio espectro que se abre, resida la solución a la fórmula de la originalidad por la que pugna mi literatura.

Eso espero, al menos.

Y es que, en realidad, no considero haber conseguido aún el objetivo que anhelo. No he alcanzado la originalidad que busco, pero por el camino he tenido la gran suerte de encontrar editoriales que han creído en mi proyecto.

Ángela Pianud, escritora de terror

Ángela Pinaud firmando libros en el Celsius 232

El reto de la publicación

A nadie que esté inmerso en la ardua pero gratificante tarea de escribir una novela, o que haya culminado ya una, se le escapa lo difícil que resulta hoy en día ser publicado por una editorial. El silencio que, por su parte, sigue al envío del manuscrito resulta desalentador. Todo el trabajo, el esfuerzo y las horas dedicadas a terminar la obra pueden parecer baladís si luego nadie va a leerla.

Por si a alguien le sirve mi experiencia, en mi caso, lo complicado fue conseguir la publicación de mi primera novela (Magical Mystery Tour, Ed. Berenice). La historia estuvo guardada más de 10 años en una carpeta de Windows, no por voluntad propia, sino porque no encontraba editorial que quisiera publicarla. Durante todos esos años no cesé de escribir a editoriales enviando el manuscrito (tal vez algunas tengan más de diez correos míos… desde aquí, lo siento). Si bien, es cierto que la mayoría de ellas no suele responder, las que sí lo hacen, a veces dan pistas sobre lo que falla en la novela. En mi caso fueron dos (perdón porque no recuerdo sus nombres), y sus indicaciones me sirvieron para pulir defectos que, como escritora novel, aún no tenía identificados.

Algo muy importante, y determinante a la hora de persistir en el empeño de encontrar editorial, fue una malsana y enfermiza fe en la historia que había escrito. Tenía la percepción de que la novela cumplía todos los requisitos para ser publicable, así que, en ese tiempo de silencio editorial, además de enviar el manuscrito a muchas editoriales, fui puliéndolo y perfeccionándolo, aprendiendo de mis errores de escritora novel, hasta que en 2016 recibí la llamada del editor de Berenice para comunicarme que habían creado una nueva colección dedicada al terror y querían incluir mi manuscrito en el catálogo. Habían sido tantas las negativas y los silencios anteriores, que me costó asimilar lo que estaba ocurriendo. Iban a publicar mi novela, ¿de verdad? ¿Sin pedirme dinero por adelantado? ¿Sin condicionarme a vender una cantidad de libros en presentaciones? ¿Sin ningún tipo de condición ni letra pequeña? No podía creerlo. No fui consciente de ello hasta que vi por primera vez la portada de la novela. Entonces la emoción me embargó y sentí por primera vez que lo había conseguido. Un sueño cumplido.

Supongo que, además de una historia buena, también hace falta un poquito de suerte. Estar en el lugar adecuado en el momento oportuno.

Sea como fuere, así llegaba el logro de la publicación.

Ángela Pinaud firmando ejemplares

Para las siguientes dos novelas he tenido la gran suerte de contar con una editorial dedicada por completo a la literatura de género (Apache Libros). Supongo que el hecho de tener ya una novela publicada facilita que otras editoriales te abran la puerta. Son credenciales, una forma de asegurar al editor que el manuscrito que va a leer tiene posibilidades reales de ser publicado. En cuanto José Luis del Río, editor de Apache Libros, leyó el manuscrito de Endémico (unos tres meses después de enviarlo), se puso en contacto conmigo para decirme que le encantaba el protagonista, el padre Gael, y que quería publicar la historia. Todo un acierto, al menos para mí, ya que, en su inestimable labor de dar a conocer a sus autores, Apache Libros me ha dado la oportunidad de recorrer gran parte del territorio nacional, no solo para publicitar mis novelas, algo vital en un escritor, sino también para conocer a una gran familia de escritores y hablar de este género que tanto amo: el terror.

La publicación de Animales de Peluche fue algo natural. Le hablé a José de la idea y mantuvimos el contacto durante todo el tiempo que duró el proceso de llevarlo a papel. En cuanto lo leyó, su reacción fue la misma que con Endémico, quería publicarlo. Así que se puso manos a la obra y en pocos meses estaba listo para llegar a las librerías.

Esta es mi experiencia y el fin último que persiguen mis escritos (el primero es, por supuesto, entretener al lector y dejar siempre un final sorprendente). Si has de sacar una conclusión de estas palabras, querido lector, es que el privilegio de la publicación, en este caso, surge fruto de la mezcla de dos factores: la búsqueda constante de la fórmula de la originalidad y una insana y enfermiza creencia en la historia que había escrito, que me empujó a no cesar de probar suerte en el mundo editorial.

La cuarta novela está en camino. ¿Cuál será el género que emparejaré esta vez con el terror? Sólo tú, querido lector, estás en disposición de averiguarlo.

“El genio se compone de un dos por ciento de talento y de un noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”.

Ludwig van Beethoven

Ángela Pinaud autora de terror y ciencia-ficción


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Los linajes de la magia, fantasía contemporánea

Cómo escribimos y publicamos «Los linajes de la magia», por R. Cosmo y R. Drake

Seguro que habéis oído infinidad de veces que es imposible meterte en el mundo editorial si no eres famoso o conoces a alguien. También habréis oído que publicar es carísimo y que contratar a un corrector, que cuesta mucho, es indispensable. Pues mis antiguos alumnos, R. Cosmo y R. Drake, han demostrado que todo eso no es cierto.

Escribieron a cuatro manos la novela de fantasía contemporánea Los linajes de la magia, ellos mismos la corrigieron, rechazaron cualquier editorial que les pidiera dinero por sus servicios, solo se centraron a buscar editoriales tradicionales, que son las que trabajan para ti para que tú ganes dinero con tus libros. Y lograron meterse en el mundo editorial sin ser famosos ni conocer a nadie.

Los linajes de la magia salió a la venta en junio de 2022, de la mano de Valhalla Ediciones. La puedes conseguir en Amazon, la tienda de la editorial y en librerías de toda España.

Os dejo con ellos para que os cuenten de qué va la novela, cómo la escribieron y cómo lograron venderla a esa editorial.

Puedes seguir en Twitter a R. Cosmo, a R. Drake y la cuenta que tienen conjunta, RyREscritores.

Los linajes de la magia, de R. Cosmo y R. Drake

Los linajes de la magia, una novela de fantasía contemporánea

“Es difícil pertenecer a la élite de los magos en un mundo donde la tecnología ha superado a la magia y la sociedad cree que ya no eres necesario”.

¿Alguna vez te has imaginado cómo sería el mundo si los magos siempre hubieran existido? ¿Cómo se habría desarrollado la sociedad a lo largo de la historia? ¿Nos liderarían ellos? ¿Los repudiaríamos por ser distintos a nosotros? ¿Se encontraría un equilibrio inclusivo donde todos fuéramos iguales cuando ni siquiera somos capaces de hacerlo en temas tan sencillos como la raza o la orientación e identidad sexual?

En Los linajes de la magia presentamos una sociedad contemporánea que ha sido moldeada a lo largo de la historia por la existencia de magos.

En Ólenar, las nueve familias de magos más poderosas han reinado desde la Antigüedad, pero cuando los no magos fueron capaces de plantarles cara gracias a la invención de las armas modernas, exigieron que se instaurara una democracia, dando paso a una sociedad más igualitaria.

Liss y Delfos pertenecen a dos de las Grandes Familias de magos. A pesar de que su estatus ha cambiado dentro de la sociedad, siguen siendo personas conocidas y relevantes debido al poder de su magia. Ambos protagonistas deben mantener las tradiciones y reputaciones de sus respectivas familias, lidiando con las opiniones positivas y negativas del resto de la sociedad, que hoy en día se han masificado debido al auge de las redes sociales.

El Torneo donde los miembros de las Grandes Familias compiten entre sí se acerca, y tanto Liss como Delfos deberán prepararse para él, enfrentándose tanto a la opinión pública como a sus propios problemas.

Con este libro hemos intentado hacer una crítica a cómo las ideas radicales se instauran en grandes grupos de la sociedad, llevándolos a cometer actos atroces y a exigir verdaderas barbaridades. En Ólenar encontraréis personas muy distintas con ideas diferentes; algunos están convencidos de que los magos son seres superiores que deben gobernar sobre los demás, otros temen a la magia y piden medidas que identifiquen a aquellos con poderes para sentirse más seguros. Estas corrientes de pensamiento llevarán a la aparición de grupos radicales y de partidos políticos que exigirán que el gobierno tome medidas al respecto.

Las disputas entre unos y otros se verán fuertemente reflejadas en las redes sociales, afectando de forma directa a los protagonistas, debido a que son las caras visibles que más representan a los magos.

Este será el punto de partida de una historia que entreteje tramas de acción, humor, secretos y un variado elenco de personajes carismáticos.

R. Drake con "Los linajes de la magia"

R. Drake con «Los linajes de la magia»

Forjando la idea desde distintos puntos del globo

Se nos ocurrió la idea de escribir un libro entre los dos tras años de compartir nuestros propios proyectos y ver que tanto nuestro estilo como las historias con las que disfrutábamos eran similares.

Hasta entonces, ninguno de los dos habíamos sido capaces de acabar una novela entera, y pensamos que, al escribir juntos, podríamos motivarnos mutuamente.

Tras preguntarnos qué tipo de historia queríamos crear, decidimos los elementos que debían aparecer en la misma: fantasía, escenas épicas y humor absurdo.  Mucho humor absurdo.

Desde un principio pensamos en un grupo de familias poderosas, y rápidamente nos dimos cuenta de que queríamos escapar del cliché de la fantasía medieval, por lo que nos propusimos imaginarnos cómo sería un mundo contemporáneo donde también hubiera magos.

Como inicio, cada uno creamos nuestro propio personaje, naciendo así Liss y Delfos, quienes resultaron ser tan distintos que se complementaron bien como protagonistas.

Lo gracioso de todo el proceso es que en esa época R. Drake vivía en Japón, y R. Cosmo en España, por lo que nos enviábamos horas de audios en los que debatíamos las ideas que se nos iban ocurriendo. Al estar en distintos husos horarios, el que recibía los audios se pasaba la mañana escuchándolos, luego los respondía, y se iba a dormir mientras el otro los escuchaba y respondía.

El proceso de escritura del primer manuscrito comenzó en enero de 2020, cuando volvimos a estar en el mismo país, y duró hasta finales de abril. Previamente a sentarnos a escribir, decidimos la escaleta de capítulos y lo que ocurría en ellos, nos los dividimos y nos pusimos manos a la obra. Durante el proceso de escritura, algunos personajes secundarios fueron cobrando más relevancia dentro de la trama, y nos dimos cuenta de que necesitaban su propia voz, por lo que tuvimos que añadir nuevos capítulos para darles el espacio que requerían.

Una vez terminado el proceso, dejamos que nuestros lectores alfa nos dieran sus opiniones, y con la información que nos transmitieron, además de nuestras propias anotaciones, nos pusimos con la tediosa tarea de corregir el manuscrito, lo cual nos llevó otros dos meses.

R. Drake y R. Cosmo con Los linajes de la magia

Nuestra experiencia con el mundo editorial

Una vez terminada la novela realizamos una lista con todas las editoriales en las que pensábamos que Los linajes de la magia encajaba. Descartamos en todo momento cualquier editorial de coedición, ya que no somos afines a su método de trabajo puesto que exigen dinero para publicar tu obra y luego, por lo que conocemos, no le dan una difusión adecuada y tu libro queda inútil. Nuestro sueño siempre fue publicar de forma tradicional, mandamos el manuscrito a Valhalla Ediciones y en muy pocas semanas nos ofreció un contrato que concordaba con lo que queríamos.

Llevábamos tiempo siguiendo el trabajo de la editorial y siempre nos había gustado lo que enseñaban, su profesionalidad, y el esmero que ponen en sus ediciones y portadas, por lo que no dudamos en aceptar la oferta.

El trato con Valhalla Ediciones ha sido en todo momento agradable y satisfactorio. El trabajo que hizo la ilustradora con nuestra portada es maravilloso, ya que tuvo muy en cuenta nuestras preferencias y plasmó nuestra idea mucho mejor de lo que nos habíamos imaginado. Estamos completamente enamorados con el resultado final del libro, lo cuidada que ha quedado la edición, la portada, los diseños de interiores, etc.

El libro salió en preventa a mediados de mayo, y se puso a la venta en de junio. La acogida que tuvo en preventa fue enorme, tuvimos que dedicar un palé lleno de libros. Estamos muy agradecidos con el apoyo recibido y el interés de la gente en nuestro trabajo.

¿Qué rumbo seguiremos a partir de ahora?

Tanto R. Cosmo como R. Drake hemos continuado trabajando en nuestros propios proyectos, que esperamos que no tarden en ver la luz, y seguimos abiertos a volver a escribir juntos, puesto que la experiencia ha sido tan buena y nos ha proporcionado la oportunidad de publicar nuestra primera novela.

Estamos convencidos de que este es solo el principio del camino.

Sic parvis magna. La grandeza nace de pequeños comienzos.

R. Cosmo y R. Drake, escritores de fantasía


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Cómo escribir historias originales

Cómo escribir historias originales

Mucha gente se piensa, sobre todo cuando comienza a escribir, que tiene que ser muy original en sus historias; de lo contrario, lo que escribe no sirve de nada.

El resultado es malo a rabiar: si juegan con el estilo, parece escritura automática, las normas gramaticales no es para ellos; la historia no tiene ni pies ni cabeza, eso no va a ninguna parte; se saltan las cuestiones técnicas por ignorancia, no por creatividad; hay una ausencia completa de la perspectiva del autor…

Las historias no son originales, sino descabelladas, desconcertantes, ininteligibles. Como vomitar en un lienzo y llamarlo cuadro.

Otra cuestión es que tu novela sea una copia de otra, o que al leerla, el lector piense automáticamente en momentos similares de otras historias, que es lo que veremos al final de este artículo.

Esta gente quiere construir catedrales antes de saber moldear castillos de arena. Escribir ficción es un oficio, y como tal, hay que aprender gradualmente, porque son muchas, las técnicas que tiene y practicarlas y practicarlas. ¿Quién nace sabiendo escribir novelas? Si alguien conoce a un bebé con talento innato para escribir novelas, por favor, que me lo presente. Sería un caso único en la historia de la humanidad.

Esta obsesión con la originalidad también se traduce en buscar temas originales: “No voy a contar lo de siempre, contaré algo que nadie ha contado”. Rechazan una historia de amor, porque ya hay muchas contadas, o de desamor, o de superar el duelo, de luchar por tus sueños para alcanzar la felicidad, de superación y esperanza, o de desesperanza, de ir desentrañando el sentido de la vida mientras vivimos, de encontrar a Dios o de dejar de encontrarlo, de la grandeza de las personas o de sus miserias. Temas, en definitiva, sobre lo que a los humanos nos hace humanos.

En los casos más graves, que provoca un bloqueo tan grande que el que lo sufre no escribe nada, la obsesión es por encontrar una idea tan original que no se le haya ocurrido a nadie para escribir una novela. Se devanan los sesos y jamás la encuentran. Es una búsqueda infructuosa y sin sentido.

Escribir historias originales

A la hora de escribir historias, nadie es completamente original (a menos que escribas un libro ilegible que no lee ni Cristo: La deconstrucción marxista de la vida de una ameba, o algo de esa calaña), y lo que creamos es una amalgama de cosas vistas, leídas, vividas, imaginadas, reflexionadas… Las pasamos por nuestro filtro personal y de toda esa mezcolanza sale algo único. Que sea único no significa que sea raro. Es único porque es una historia que en cierta manera es personal —que no autobiográfica—, y mantiene algunos de los elementos y patrones de las historias para que conecte con el lector. Si no existieran esos elementos, tendríamos a nuestra amiga la ameba marxista deconstruida.

Realmente con las ideas no hay que buscar lo muy original, porque la originalidad viene en el desarrollo de esas ideas y cómo vamos a combinar los elementos narrativos. Además, con una única idea original no tienes nada, ya que para escribir novelas necesitas tener un flujo constante de ideas que vas enlazando, y cuando estás metido en la historia, ya sea dándole vueltas o escribiendo, es cuando se te ocurren las mejores ideas. Si no tienes práctica, es muy raro que tengas una gran idea en frío. Por eso no tiene sentido obsesionarse con encontrar esa idea que nunca antes nadie ha tenido.

Por mi experiencia, y lo que he visto con mis alumnos del curso de escritura creativa, la práctica hace que seamos capaces de reconocer cuáles son las ideas y los temas que nos importan de verdad, y de desarrollarlos de forma personal, incluso sabiendo que en esa historia hay muchas influencias de películas, novelas y series, y de nuestras vivencias.

Tienes que formarte para que te expliquen cuáles son esos elementos narrativos y cómo se combinan (personajes, conflictos, temas, trama y estructura, épocas y lugares, tensión dramática, descripciones, diálogos, tono, pensamientos, punto de vista, estilo…) leer muchísimo, escribir muchísimo, reflexionar sobre lo que lees y escribes, y con el tiempo desarrollarás historias a tu manera.

Lo siento, pero no existen atajos, y te tienes que empapar y sumergir en muchas novelas; no vale solo con ver series y películas.

Aprende a escribir historias originales

Tu historia es igual a otra

 Hace poco una alumna me entregó un relato que estaba bien escrito, resultaba interesante, tenía desarrollo y conflicto, y buenos personajes.

El problema es que era un calco de Contacto, de Carl Sagan: astrónoma, señales de audio del espacio, politiqueo, pros y contra de entrar en contacto, ciencia frente a religión, ser la elegida…

Le dije que para el curso estaba bien, pero en cualquier concurso o editorial de ciencia ficción se darían cuenta y se lo rechazarían de lleno, por bien escrito que estuviera.

Por mi experiencia, esto de escribir algo muy similar a una obra existente, ya sea novela, película o serie, se puede dar por cuatro motivos:

1) Falta de práctica. Todavía no tienes experiencia y no eres capaz de tener ideas propias para historias, así que lo que haces es construir puzles con piezas de otras historias; resulta algo muy trillado y es muy obvio de dónde has sacado las piezas. La solución es que practiques y practiques y practiques.

2) Acabas de leer o ver la obra y te ha influido demasiado. En cuanto te das cuenta de que está pasando esto, o dejas de escribirla y te pones a otra cosa, o comienzas a darle vueltas a la historia y a hacer cambios para que no se parezca a la otra. Con la práctica es muy raro que te pase esto.

Escribir novelas personales

3) Hace mucho que te leíste la obra, apenas recuerdas qué pasaba, pero de forma inconsciente acabas recreando la misma obra, o partes de ella.

Esto es una cosa que a la gente poco creativa le cuesta creer, y que cuando salta a los titulares, hace que piense automáticamente que es un plagio. A veces es un plagio, a veces es esto: la información está en tu mente, pero no la recordabas, y creas algo que estás convencido que es original.

Cuando terminé mi primera novela en 2012, un amigo me dijo que sucedía algo igual a Entrevista con el vampiro, de Anne Rice. Soy incapaz de recordar ese momento de la novela, o de la película de Neil Jordan; de hecho, apenas recuerdo cosas de esas obras.

Un día, inspirado, me dio por desarrollar en mi mente un thriller histórico con componentes paranormales. Estaba emocionado, todo encajaba, hasta que me di cuenta de que estaba recreando El ocho, de Katherine Neville. Me leí Entrevista con el vampiro y El ocho hace siglos, cuando internet era algo que solo veíamos en las pelis americanas.

Mi alumna reconoció que había visto Contact, el film de Zemeckis basado en la novela de Sagan, hacía mucho tiempo, y que no lo recordaba bien.

Si te pasa esto, y alguien te señala los momentos iguales, puedes sopesar si son muy puntuales y poco importantes, en cuyo caso no pasa nada (si te los señalan cuando se haya publicado, para ahorrarte explicaciones dices que es un homenaje), o si es una historia que se parece tanto a otra que inmediatamente piensas en la otra obra, que es lo que le pasó a mi alumna. En ese caso tienes que hacer borrón y cuenta nueva: la desechas, o le das muchas vueltas hasta lograr encontrarle una perspectiva y un desarrollo distintos. No sé si merece la pena lo de darle vueltas y vueltas.

Y si la copia de la otra obra son muchos momentos y momentos importantes, puedes plantearte buscar alternativas para contar esos momentos de otra forma, y que no remitan al original.

4) Pura casualidad. Le pasó a Amenábar con Los otros y El sexto sentido. De nuevo, a los poco creativos les cuesta creer esto y piensan en plagios, pero no es nada raro tener ideas similares para historias parecidas. Cuando se estrenó Los otros, yo estaba convencido de que Amenábar había copiado a Shyamalan; años más tarde, cuando me puse a escribir, me di cuenta de que a Amenábar le había pasado esto.

Yo estaba creando en mi mente una maravillosa fantasía juvenil, y una escritora, Ana González Duque, cuando se la comenté me dijo que eso era Los últimos años de la magia, de José Antonio Fideu, que encima había ganado el Premio Minotauro. No tenía ni idea de que existiera esa novela. Me la compré, y sí, la premisa era exactamente la misma, aunque el desarrollo no tenía nada que ver, así que es posible que la acabe escribiendo.

Si te pasa esto, la solución es igual que en el anterior punto. Si son pocos momentos, sigue adelante; si el desarrollo va a remitir automáticamente a la otra novela, tal vez tengas que cambiar de proyecto, a menos que te compense darle muchas vueltas para encontrar una perspectiva distinta.

 


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Entrevista a Chiki Fabregat, autora de literatura juvenil

Entrevista a Chiki Fabregat

Chiki Fabregat creció escuchando cuentos en los que ella y sus hermanos eran los protagonistas, ya que su padre era Antonio Manuel Fabregat, un escritor de libros infantiles, y gracias a él se enamoró de la literatura infantil y juvenil.

Cuando comenzó a escribir, renegó de ese género y se empezó en escribir para adultos, pero el aburrimiento pudo con ella. Así que volvió a lo que realmente amaba: la literatura infantil y juvenil.

En 2002 descubrió la Escuela de Escritores y cambió su vida. Poco a poco se fue involucrando en la escuela y de alumna pasó a profesora, y de ser aspirante a escritora a ser escritora publicada.

En 2021 ganó el premio Gran Angular de SM con la novela El cofre de Nadie.

En esta entrevista hablamos de su carrera literaria y como profesora de escritura creativa.

Puedes visitar su página web, y seguirla en Facebook, Twitter e Instagram.

Entrevista a Chiki Fabregat

Te empeñaste en escribir para adultos durante años, pero acabaste escribiendo literatura infantil y juvenil. ¿Cómo fue esa evolución?

Fue un proceso largo de aprendizaje, porque creo que, si no hubiera intentado escribir todos los géneros y para público adulto, no tendría los mismos recursos que tengo ahora. Es verdad que cada uno debe escribir lo que le apetece, pero salirse de eso que llamamos “la zona de confort” nos obliga a explorar, a mejorar y nos enfrenta a retos que, de otra manera, nunca afrontaríamos. Yo aprendí muchísimo aquellos años porque estuve con algunos de los mejores profesores de Escritura Creativa que hay en España. Y no fue un proceso traumático, en absoluto, más bien lo considero como un camino que me permitió saber qué quería escribir.

 

¿Crees que hay gente tan obsesionada con escribir un género específico, o pensando en un público específico, que está matando su creatividad?

No lo sé, es posible que haya autores que se empeñan en escribir algo que triunfe y que centran todo el esfuerzo no en contar una buena historia, sino en contar la que un público masivo quiera leer, pero me da la sensación de que eso es un camino hacia el fracaso. Bastante difícil es que el resultado final de lo que escribes te satisfaga, como para añadirle el escollo del listón de ventas. Pero lo cierto es que no sé si esto ocurre ni cuánto pasa, quiero creer que, si se da, es algo anecdótico y que la mayoría de los que nos dedicamos a esto lo hacemos desde la sinceridad de ofrecer lo mejor de nosotros como escritores.

Novelas juveniles de Chiki Fabregat

Novelas juveniles de Chiki Fabregat

 

 ¿Cómo llegaste a Escuela de Escritores y por qué te quedaste en ella?

Me apunté a un curso online allá por el año 2002, creo recordar. Descubrí la Escuela de Escritores porque mi hermana (la también escritora Ana Fabregat) encontró una publicidad en el cristal de un coche y nos lanzamos las dos de cabeza. Era entonces una escuela pequeña en la que nos conocíamos todos y yo me puse muy pesada con que tenían que ofrecer un curso de Literatura Infantil y Juvenil. Cuando por fin lo hicieron, me inscribí y al poco tiempo me ofrecieron impartirlo, porque el profesor que lo estaba dando no iba a seguir. Yo trabajaba de secretaria en una academia, y durante unos años compatibilicé ambas tareas hasta que tuve que decidir entre quedarme al frente de la empresa en la que trabajaba o dedicarme de lleno a los talleres. Tardé un nanosegundo en elegir. De una manera bastante gradual fui metiéndome más en la Escuela, involucrándome en proyectos nuevos y hace ocho años me ofrecieron coordinar los talleres presenciales de Madrid a lo que, otra vez, respondí en segundos.

 

Como profesor de escritura creativa, una objeción que me suelo encontrar, incluso en alumnos que se han apuntado a mi curso, es la noción del talento, del se tiene o no se tiene y a escribir no se puede aprender. ¿Te pasa a ti? ¿Qué opinas?

Creo que a esa pregunta nos hemos enfrentado todos. Incluso nos la hemos hecho la mayoría sobre nuestro propio talento. El talento existe, pero hay que darle solo la importancia que tiene. La escritura y el escritor están muy mitificados, hay mucha gente que tiene una idea de la profesión como algo romántico, maldito, exclusivo para unos pocos elegidos. Para mí la escritura tiene, como todas las artes, un componente innegable de talento, pero si ese talento no se trabaja no sirve para nada. O sirve para poco. No todo el mundo puede ser un grandísimo escritor, como no todo el mundo puede ser un virtuoso del piano o de la danza, pero cualquiera puede escribir y hacerlo cada día un poquito mejor si adquiere la técnica y los recursos necesarios. La escritura es intuición, pero sobre todo es técnica y, mientras sigamos pensando que los escritores son elegidos tocados por la varita de la genialidad, estaremos desaprovechando la oportunidad de aprender a escribir.

Chiki Fabregat, autora LIJ

 

¿Qué diferencias ves, a la hora de enseñar, entre la literatura para adultos y la infantil y juvenil?

La libertad. Los escritores de Literatura Infantil y Juvenil nos sentimos más libres para experimentar. No sé los motivos, creo que tiene que ver con las expectativas, con que nuestros nombres son menos importantes que nuestros libros, pero no lo sé. El caso es que la mayoría estamos en esto solo por placer, porque nos divierte y con los alumnos pasa igual. Las expectativas sobre el resultado ahogan y agobian más a los estudiantes de escritura para adultos que para niños y jóvenes, o al menos esa sensación tengo yo después de tantos años enseñando. Eso, desde el punto de vista del profesor, se traduce también en libertad para proponer juegos, para hacer que los alumnos disfruten mientras aprenden. Pero también puede ser una visión muy sesgada, porque me gusta más y me divierte más enseñar LIJ, así que igual no son ellos, los alumnos, sino yo quien disfruta de esa libertad y quien se atreve a ser libre.

 

¿Y qué diferencias ves a la hora de escribir esos tres géneros?

Aparte de lo que te comentaba de la libertad creo que no hay diferencia. Al menos en mi caso. Escribo con la misma seriedad y la misma responsabilidad sea cual sea mi público. Me gusta más escribir para niños y adolescentes, lo disfruto más y siento que puedo aportar algo diferente. Jamás he pensado que un cuento para adultos que yo haya escrito vaya a provocar una reacción en el lector, que vaya a cambiarlo en algún sentido, pero sí lo creo de lo que escribo para público más joven. En literatura general hay autores maravillosos a los que admiro y leo, consciente de que jamás estaré donde ellos están, porque no tengo nada que aportar en ese campo. En infantil y juvenil, en cambio, tengo compañeros a los que admiro y leo y con los que creo que comparto el espacio.

 

En la actualidad, me parece que existe una obsesión por publicar a toda prisa, el marketing desbocado y querer el éxito inmediato. ¿Qué piensas al respecto? ¿Cuánto tiempo te llevó a ti publicar desde que decidiste ser escritora, y cómo fue el proceso?

Yo fui la escritora más lenta de la Tierra en darme cuenta de que quería publicar. Estuve quince años como alumna de los talleres y como profesora antes de embarcarme en la escritura de una novela. Algunos de mis alumnos publicaban y tenían bastante éxito mientras yo seguía sin notar ese deseo. Ahora, con distancia, lo veo y pienso que fue una bendición no tener prisa, porque aprendí sin presiones. Una vez que escribí mi primera novela sí, quise ser escritora publicada y encontrar editorial, lectores y entrar en ese circuito y lo cierto es que tuve mucha suerte, porque recibí un par de rechazos, muy bien argumentados y de los que dejan buen sabor de boca, y un sí rotundo en pocos meses. También es verdad, y creo que esto es importantísimo, que mi primera novela fue una novela fácil de escribir y que el resultado era suficientemente digno como para hacerse un hueco en el catálogo de una editorial. De no ser así, puede que la frustración de no saber terminarla o la de no poder venderla me hubiese llevado por otros caminos.

Libros infantiles de Chiki Fabregat

Libros infantiles de Chiki Fabregat

 

Enhorabuena por el premio Gran Angular por El cofre de Nadie. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que habías ganado? Muchos aspirantes a escritor se quejan de que los concursos están dados, que no hay nada que hacer, y no hacen más que cabrearse. Cuéntanos cómo fue el proceso de presentar la novela a SM, y todo el tiempo que pasó hasta que te dijeron que habías ganado.

Muchas gracias.

Enfadarse por no ganar un premio es un mecanismo de defensa de nuestro ego. Muchas veces ganan autores a los que ya conocemos y es fácil quedarse en la idea complaciente de que ellos entran por una puerta distinta, pero la realidad es que esos autores que ganan convocatorias de premios cada poco suelen trabajar mucho, presentarse a todos los concursos, año tras año, recibir el no y seguir con la cabeza metida en las teclas, diseñando el siguiente proyecto. Luego nos quedamos en el “ha vuelto a ganar Pepita” y nos olvidamos de que Pepita se ha presentado quince veces ya a ese concurso y en todos los casos con novelas muy buenas y muy dignas del galardón.

En el caso de El cofre de Nadie seguí el mismo proceso de siempre. Cuando termino una novela busco en qué concurso puede encajar, la envío y me olvido de ella, porque los procesos de selección duran meses y sería una tortura estar pendiente. Esta novela me pareció que podría encajar en la colección juvenil de SM, pero más en la colección que en el premio, ganarlo era solo un sueño remotísimo, mi objetivo era que les gustase y la publicaran.

Cuando me llamaron de la editorial tardé un poco en darme cuenta de lo que me estaban diciendo. Creía que me llamaban para decirme que les había gustado y que la publicarían, fuera de concurso, que a fin de cuentas es para lo que me presento a los premios. Pero Berta Márquez, la editora, me estaba dando la enhorabuena y me hablaba de los miembros del jurado, así que caí en la cuenta de lo que eso significaba y, a partir de ahí, solo usé monosílabos (Ay, jo, jo, ay, ay) y debí de darles la impresión de estar dormida o aletargada, no sé. Tuve la grandísima suerte de que ese año, con la dichosa pandemia, el jurado se había reunido en videoconferencia, así que me invitaron a reunirme con ellos y allí estaba yo, con el pantalón del pijama y un jersey que me había puesto a toda prisa, dando las gracias y soltando monosílabos como una loca.

Los cinco meses que pasaron desde que la envié hasta a llamada, no me preocupé ni de la novela ni del premio, empecé otro proyecto y seguí trabajando.

 

Cuando escribes novelas, ¿cuál es tu método de trabajo? ¿Sacas la escaleta? ¿Improvisas sobre la marcha? ¿Cuánto tiempo te lleva completar una novela desde la idea original hasta que la envías a editoriales?

Odio que me hagas esta pregunta porque me debato entre mentir como una bellaca y contar algo muy sesudo y muy programado o decir la verdad: que necesito escribir para pensar. Yo empiezo a escribir sin rumbo porque no soy capaz de planificar en el vacío. Cuando llevo unas páginas escritas paro y me pregunto qué estoy contando, por qué, qué mueve a mi personaje… Ahí suelo recurrir al cuaderno y a la escritura manuscrita. En ese momento sí, planifico un poco, borro mucho, y luego sigo. Todo el proceso es así, a trompicones. Y me encantaría hacerlo de otra forma más organizada, pero no soy capaz, aunque prometo que lo he intentado. Esto implica escribir mucho y borrar mucho. Siempre lo comparo con los perros que salen de paseo y que, mientras el dueño camina diez pasos, ellos hacen cincuenta porque van y vienen. Yo soy el perro que va y viene y que hace y deshace el camino muchas veces. No es la mejor manera, no es la más eficaz, pero es la que me sirve.

No puedo decir cuánto tardo porque depende de mil factores. Uno de esos factores es el tiempo. Suelo terminar un par de novelas al año, una de juvenil (más extensa) y una de infantil (más corta). El mes de agosto, cuando estoy de vacaciones, es el mes en el que termino, corrijo y doy por buenas esas novelas y coincide perfecto con el envío a los premios, que la mayoría tienen plazo hasta finales de agosto o principios de septiembre.

 

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser escritor y está empezando?

Que sea paciente. Que, si puede, se quite de encima la presión de las expectativas y escriba, sin más. Que descubra qué escritor es, cuál es su voz, su lugar. Publicar es maravilloso. Ganar premios es más maravilloso todavía, pero lo bueno, lo que nos hace escritores, es contar una historia, de principio a fin. Y sin eso, no llega nada de lo demás.

Chiki Fabregat, escritora infantil y juvenil


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