¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, reseñas de novelas (desde 2015 sólo reseño las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

sábado, 26 de mayo de 2018

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN (VI): SOBRE QUÉ ESCRIBIR, LA HONRADEZ Y LA CORRECCIÓN POLÍTICA

Sección CÓMO ESCRIBIR FICCIÓN (12)

Archivo: publicada originariamente el 7 de noviembre de 2010.

CANTABRIA Y LOS GAYS

Bandera de Cantabria
Bandera de Cantabria
10- Un escritor de ficción debe escribir sobre lo que conoce. MENTIRA. Éste es uno de los peores consejos que te pueden dar cuanto estás empezando a escribir.

Si siguiera ese consejo, no podría escribir desde el punto de vista de una mujer, o un anciano, o crearme mundos y seres irreales, o viajar al pasado o a otros sitios de la Tierra. Si siguiera ese consejo, mi ficción sería una autobiografía encubierta. De hecho, toda la literatura serían autobiografías encubiertas. Y adiós a la fantasía, al terror y a la ciencia ficción.

Si siguiera ese consejo la acción de mi ficción debería desarrollarse en Cantabria, que es donde nací y he pasado la mayor parte de mi vida. Ahí va un intento:

“Mi tierruca”, por Carlos del Río

Laro estaba sentado en una terraza tomando orujo de Potes mientras esperaba a su novia Valvanuz. Para matar el tiempo, leía un apasionante capítulo de Sotileza, de José María de Pereda. Valvanuz apareció risueña bajando una pindia pendiente de la bella Santander, la novia del mar. Su bamboleante bolso de piel tenía impresa una estela de Barros.

   -¿Por qué llegas tarde? Pensé que te había pillado un argayo –dijo Laro dejando la apasionante Sotileza, de José María de Pereda, en la mesa.

   -No. Que me encontré con mi amiga Jana.

   -¿Quieres comer algo? ¿Qué tal unos sobaos pasiegos?

   -Prefiero unas anchoas de Santoña. También quiero queso picón. Que sea de Tresviso, que es mejor que el de Cabrales. ¿No tienes frío en manguca corta?

   -Soy chicarrón del norte –Laro se golpeó el pecho-, desciendo de Corocota.

José María de Pereda
José María de Pereda
Vamos a dejarlo antes de que tenga que salir corriendo a vomitar. Esta atrocidad, que posiblemente me hiciera ganar algún premio financiado por algún organismo oficial cántabro, es el resultado de escribir sobre algo que no me interesa en absoluto. (Nota para la gente que no conoce esta provincia: la gente que vive aquí, a pesar del empeño de ciertos políticos y periodistas, NO es así. Haría tiempo que hubiera puesto pies en Polvorosa…)

Pero no sigo este consejo. La protagonista de mi novela es una chica de 14 años. Una vez tuve esa edad, pero puedo asegurar que nunca he sido chica. Y no es humana. Casi pondría la mano en el fuego para afirmar que yo lo soy. Casi.

Un escritor tiene que escribir sobre temas que le interesan mucho, ya sea porque los ama o los odia, pero no sobre temas que le dejan indiferente, que es mi caso con Cantabria: ni amor ni odio, aunque sí que hay gente que vive aquí a la que quiero mucho.

Pero entiendo por qué se da este consejo: si escribes sobre lo que conoces, no cometerás errores y el resultado sonará auténtico. La cuestión es que si tratas de temas que te interesan, es muy probable que ya sepas bastante, y si no, te gustará documentarte sobre ellos.

Cuando digo a que tienes que escribir sobre lo que te interesa, me refiero a que tu ficción debe centrarse en esos temas, porque lógicamente, vas a tener que escribir de cosas que no te interesan mucho, pero que son necesarias para que los relatos tengan coherencia.

Y si quieres escribir sobre el lugar donde vives, adelante. Pero recuerda que estarás escribiendo para gente que no lo conoce. No hagas la basura de “Mi tierruca”; tienes que lograr plasmar la esencia de ese lugar en el papel.

11- Un escritor de ficción debe ser honrado. VERDAD. Sin honradez no hay calidad. Eso no quiere decir que sólo siendo honrado consigas calidad. George Lucas es muy honrado porque hace el cine que le gusta, pero sus películas no son especialmente buenas. No escribas sobre temas que no te gustan simplemente porque crees que te van a dar dinero o prestigio. Y ten presente que escribas lo que escribas, siempre habrá gente a la que no le guste. No intentes complacer a todo el mundo.

Toni Morrison
Toni Morrison
Pongamos que un día ves por la tele el desfile del Orgullo Gay en Madrid. Te frotas las manos y te dices: “¡Qué cantidad de sarasas! Y encima son sensibles, leen mucho y tienen pasta.” Entonces se te ocurre que si escribes una novela gay, te vas a forrar y vas a ganar un montón de premios. Pero al único gay que conoces es a Boris Izaguirre.

Mi recomendación es que ni lo intentes. Posiblemente te aburras en seguida, porque es un tema que normalmente no te interesa; pero si perseveras y la acabas, va a ser infumable, llena de tópicos y más falsa que las promesas de un político. Y se notará que vas a lo que vas.

La honradez también se aplica a la forma. No te pierdas en reflexiones simplemente para dártelas de inteligente; o escribas frases kilométricas; o utilices un lenguaje poético, si no sale de ti. Y por descontado, nunca engañes al lector; recuerda que no eres Arthur Conan Doyle.

Toni Morrison tiene dos frases excelentes que resumen este punto:

      “Escribí mi primera novela porque quería leerla”.

      “Si hay un libro que tienes muchas ganas de leer pero todavía no se ha escrito, entonces debes escribirlo”.

Ser honrado es no mentirte a ti mismo. En la vida real puedes dársela a tu mujer con la vecina de quinto o engañar al fisco; pero no cuando escribes. Que la honradez sea tu emblema (yo diría que para todo en la vida). Escribir será mucho más divertido y satisfactorio.

12- Un escritor de ficción debe ser políticamente correcto. MENTIRA. Este es un punto un poco controvertido porque mucha gente lo malinterpreta. Veamos unos ejemplos.

Corrección política
Volvamos a la novela gay. Tú sigues erre que erre, que esa novela te va a sacar de la ruina. Te pones a documentarte, y de repente te das cuenta de que los gays son personas iguales que tú. Te cabrea que estén discriminados y te pones a luchar por su causa. Incluso te haces con una bandera multicolor y tu novia te mira raro y te pregunta si no tienes algo que contarle.

Los milagros existen y se te ha ocurrido una trama para llenar una novela que no te interesa. Es la relación entre un padre homófobo y su hijo adolescente, el cual sospecha que es gay. Ambos están viendo el telediario cuando aparece la noticia sobre el desfile del Orgullo Gay en Madrid. El padre, que es un cabestro, bebe de una lata de cerveza, suelta un eructo, pone cara de asco y llama de forma despectiva a los gays.

Llega este momento, y sabes que el padre debería llamarlos con esa palabra que empieza con “m”, y no me refiero a “mameluco”. Pero, ah, te has sensibilizado, y para no herir la sensibilidad de nadie, escribes:

  -¡Malditos miembros del colectivo de gays y lesbianas, idos a practicar sexo anal a otra parte!

Esto, aparte de ser ridículo y una cursilada, rompería con el personaje del padre.

El único caso justificable para no escribir palabras malsonantes en ese diálogo sería porque no las has utilizado antes en el relato, y rompería con el tono general. Entonces escribirías en diálogo de forma indirecta: “El padre comenzó a dar gritos a la televisión, insultando a la gente que veía; los insultaba como si pudieran oírlo”, o algo por el estilo.

Un caso extremo de corrección política sería tratar a los miembros de una minoría como bondadosos, y al resto de la humanidad como malvados y perversos.

En el dvd de Instinto básico contaban lo mal que lo pasó el equipo de rodaje. El film se rodó en San Francisco, y sabiendo la gran comunidad homosexual que hay en esa ciudad, decidieron dar el guión a asociaciones de gays y lesbianas para que opinaran.

Cartel original de Instinto básico
Lo tacharon de homófobo. Pidieron que el asesino fuera el personaje de Michael Douglas, que era heterosexual, y no la asesina bisexual. Como lógicamente no hubo cambios se dedicaron a boicotear el rodaje. Paul Verhoeven, el director, se desesperaba e intentaba razonar con ellos, diciéndoles que él para nada era homófobo, y que por favor vieran sus películas europeas para comprobarlo. No consiguió nada.

La estupidez no conoce de orientación sexual.

La sabiduría tampoco.

Trata a tus personajes como personas individuales, no como miembros de un colectivo para ahorrarte caracterizarlos. Si lees Las uvas de la ira, De ratones y hombres, o La perla, de John Steinbeck, verás que los protagonistas son pobres; pero no por ello todos son gente buena maltratada por un sistema perverso.

Así tiene que ser tu ficción.

Los puntos sobre la honradez y lo políticamente correcto los resumía muy bien Ernest Hemingway en esta cita:

   “El don más importante para un buen escritor es un detector de mierda a prueba de choques incorporado. Éste es el radar del escritor y todos los grandes escritores lo han tenido”.

Ernest Hemingway
Ernest Hemingway
Lo malo es que hay escritores que enarbolando la bandera de la libertad de expresión (o de la estupidez), escriben lo primero que se les ocurre, sin pensar en las consecuencias. Luego resulta que son unos cobardes, y cuando se ven atrapados, recurren al “donde dije digo, digo Diego”. Que hagas hablar y actuar a tus personajes de acuerdo a su personalidad, no significa que puedas soltar las mayores barbaridades que te vengan a la cabeza, especialmente cuando das una opinión personal. O que tu ficción incite al odio o sea denigrante. Ten dos dedos de frente.

Sé honrado, asegúrate de que tus personajes actúan cómo deben para ser creíbles, por odiosos que te resulten, y utiliza el sentido común.
  
Se acabó la corrección. ¿Qué tal ha ido? Seguro que pensaste que esto no se iba a terminar nunca. He de reconocer que yo también. ¿Alguien sabe qué tengo que hacer para entrar en el Guinness como el tipo que más tiempo tardó en corregir un test?

Espero que estos artículos hayan sido útiles. Durante muchos años estuve sin atreverme a escribir (y cuando lo hacía, avanzaba muy poco), porque tenía muchas ideas equivocadas sobre lo que debe hacer y saber un escritor.

Durante los siguientes artículos veremos cómo generar ideas, pero no cualquier idea; serán ideas que te gustarán tanto que no te quedará más remedio que ponerte a escribir.

LA EVOLUCIÓN DE MI NOVELA

Fidel Castro
Fidel, hombre de pocas palabras
¡Ya he llegado a las 50.000 palabras! Ni Fidel Castro soltaba tantas en sus famosos discursos. Y la trama sí que está más o menos a la mitad, lo cual me sorprende. Me alegro mucho de haber llegado hasta aquí; mucha gente que quiere escribir, ya sea por falta de seguridad o de guías, no llega a tanto. ¡Enhorabuena, Carlos!

Puede que resulte pesado al comenzar muchos artículos felicitándome por lo que he logrado, pero es necesario. Os recomiendo que hagáis lo mismo. Sólo de esta manera, celebrando pequeños logros, encuentras la fuerza para seguir adelante.

Bueno, ya sólo me queda la mitad.

Estoy a punto de alcanzar una escena importantísima, una de las que me hizo ponerme a escribir, y que marcará el punto medio de la novela. Había pensado acabar esa escena dando una pista de que algo muy peligroso podía suceder, y luego pasar a una escena donde a uno de los personajes le empieza a suceder eso. Entonces lo dejaba en suspenso, y me metía en un flashback muy largo, para explicar el pasado de uno de los personajes.

Eso se llama un cliffhanger, que se puede traducir como “colgado del precipicio”. El término viene de los seriales cinematográficos mudos, en los que el héroe quedaba al final del capítulo en una situación muy peligrosa (como colgando de un precipicio), y hasta el siguiente capítulo no se resolvía. Así la gente semana a semana iba al cine para ver cómo continuaban las aventuras. Pero esta técnica ya llevaba siglos utilizándose en literatura.

No hace falta que dejes la trama en una situación de mucho peligro. El requisito es crear suspense por lo que pueda pasar, y cambiar de trama.

En Misery, de Stephen King, Annie Wilkes se quejaba de que en uno de los seriales que seguía de niña, al final de un capítulo el héroe se despeñaba con el coche por un barranco. La pobre (y desequilibrada) Annie se pasó toda la semana sufriendo. Cuando regresó al cine para ver la continuación, se sintió estafada. El capítulo retrocedía en el tiempo, y ahora se podía ver perfectamente que el héroe saltaba del coche un poco antes de que cayera al vacío.
Kathy Bates en Misery
Kathy Bates como Annie Wilkes
Ese es uno de los riesgos del cliffhanger, que hayas complicado tanto las cosas, que parar salir del aprieto no te quede más remedio que amañar los acontecimientos, engañando al lector. Y no te lo va a perdonar. (Creo que en toda la historia de la literatura, sólo Arthur Conan Doyle se salió con la suya engañando al lector cuando resucitó a Sherlock Holmes. Y le salió bien porque fueron los lectores los que le exigieron que lo hiciera. Así que hasta que no tengas millones de fans, no lo hagas. O mejor, no lo hagas nunca).

Otro de los riesgos es que se te pases utilizándolo. El código Da Vinci no es más que un cliffhanger tras otro; y vaya que si cansa. Además, muchas veces Dan Brown dejaba una trama en un cliffhanger y cuando la retomaba, la continuación era una estupidez que no justificaba que hubiera creado tanto suspense.

En mi caso me pasaba algo parecido a Brown: iba a dejar la escena en un punto muy alto, y cuando regresara, el personaje se habría librado de una forma muy sencilla. Le estuve dando vueltas, y o mataba al personaje en ese momento, para demostrar que el peligro era muy grande, o me cargaba el cliffhanger y hacía avanzar la trama de otra manera. Esto último es lo que voy a hacer. No es una solución muy espectacular, pero es la más honrada que he encontrado. Y creo que al mismo tiempo, aún mantendré la tensión.

Recomendaciones:

-El arte de la ficción (The Art of Fiction), de David Lodge. Uno de los pocos libros sobre escritura traducido al español. Lodge es un novelista británico que en 1991 publicó una serie de artículos en el periódico The Independent sobre literatura. El libro los recopila y los expande. Son 50 capítulos en los que Lodge analiza varios aspectos técnicos. Cada capítulo comienza con un fragmento de una novela o cuento (aparecen obras de Milan Kundera, Edgar Allan Poe, J. D. Salinger, o Paul Auster), y Lodge lo utiliza como modelo para explicar un determinado aspecto de la literatura. Es muy ameno. Sirve como recetario de los ingredientes que puedes añadir a tu ficción, y si no te interesa escribir, pero te gusta leer, este libro también sirve como guía de lectura.

Consíguelo en Amazon.es
  
-The Art of Fiction, de Ayn Rand. Sí, no me he confundido, se llama exactamente igual que el libro anterior. En los años 50, Ayn Rand, autora de El manantial y La rebelión de Atlas, dio unas charlas a un grupo de amigos sobre lo que era para ella la ficción. Este libro son las transcripciones. Es muy divertido cómo masacra a Gertrude Stein y a James Joyce, y muy interesante la importancia de evitar las vaguedades.

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Fotografías: Bandera de Cantabria (Miguillen, Creative Commons Attribution-Share Alike 2.5 Generic), Toni Morrison (Angela Radulescu, Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic), Fidel Castro (Wikipedia). Las fotografías de José María de Pereda y Ernest Hemingway son de dominio público. Hombre amordazado (Pixabay).

Siguiente artículo: 13- Qué novelas leer y la piratería de libros
Anterior artículo: 11- Verdades y mentiras sobre los escritores de ficción (V)

jueves, 24 de mayo de 2018

NUEVO DISEÑO PARA EL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO

Logotipo de El rincón de Carlos del Río
Estoy preparando una nueva plantilla de mi blog. Mismos contenidos, distinto (y mejor) diseño.

En cuanto tenga una lista de correo preparada, y toda la teoría del curso de escritura creativa hecha, os la muestro. Posiblemente sea en junio.

De momento, la cabecera.

Ya aparecerá una página del curso, con  temario, precios, duración y modalidades (una sin tutorizar más barata, y otra en la que personalmente corrigiré los cuentos —la ortografía, el estilo y la historia y llevaré un seguimiento mensual del alumno).  

Os podréis apuntar a mi lista de correo para ser los primeros en saber cuándo estará disponible el curso, y en el caso de estar interesados en la versión tutorizada (solo aceptaré a 4 alumnos al año), para aseguraros una plaza.

sábado, 19 de mayo de 2018

RESEÑA: "HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL", DE J. K. ROWLING

Reseña de Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. RowlingNOVELA

Harry Potter and the Philosopher's Stone 
(Reino Unido, 1997, 223 páginas)
J. K. Rowling
   
J. K. Rowling y Harry Potter, ¿necesitan presentación? Allá va una, sacada de La aventura de ser escritor. 

Aunque J. K. Rowling consiguió un agente en su segundo intento, este recibió doce rechazos antes de vender Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Philosopher’s Stone) a la editorial Bloomsbury, y la vendió de potra.

El editor tenía una hija pequeña a la que le encantaba leer, y como no tenía nada que darle, le dejó leer un manuscrito que no le gustaba especialmente, y que si le llamaba la atención era porque estaba escrito a máquina (era el año 1996). A la niña le encantaron las primeras páginas, y gracias a ello, el padre decidió adquirir la novela y tirar una edición de 1.000 ejemplares: 500 para bibliotecas y 500 para librerías.

Cuando Rowling, que vivía del subsidio del desempleo, firmó el contrato, el editor le dijo que se buscara otro trabajo, que no podría vivir de la escritura. 

Y el resto es historia. 

SINOPSIS

Harry Potter nunca conoció a sus padres. Desde bebé ha vivido con sus horribles tíos y primo, pero cuando está a punto de cumplir diez años, una serie de misteriosas y obstinadas cartas, y Hagrid, un gigantón bonachón, le desvelan que no es un niño normal: es un mago destinado a pasar a la historia; y que además irá a estudiar a Hogwarts, un colegio de magos. Allí conocerá a Ron y Hermione, de los que se hará amigo, y un secreto que pondrá en peligro su vida y la del resto de los hechiceros. 

ANÁLISIS 

Al principio de Harry Potter y la piedra filosofal, Harry de bebé se ha quedado huérfano, y unos peculiares personajes (Dumbledore, la profesora McGonagall transformada en gata, y Hagrid, quien viene volando en una moto) le encuentran un nuevo hogar. Durante casi diez años, Harry llevará una vida horrible con sus horrendos y materialistas tíos y primo.

Aquí Rowling se centra en mofarse de los familiares, que son tan ridículos (y tan normales) que acabas riéndote, a pesar de lo mal que tratan a Harry. Lo que más me gusta de esta parte, y me parece genial, es la llegada de cartas dirigidas al chico, empeñadas en que lleguen a su destinatario, y las medidas tan absurdas que toman los tíos para evitarlo.

Antes de ir a Hogwarts, Harry tiene que comprar material escolar (varitas mágicas y demás) y sacar dinero, y para ello se mete en un pasadizo secreto de Londres con Hagrid, donde descubre un mundo extrañísimo de magos y seres maravillosos.

Más adelante, para viajar en tren tendrá que ir a la plataforma 9 y ¾ en King’s Cross, a la que “lógicamente” se accede atravesando la pared.

En Hogwarts, para mantener el interés durante el nudo de la novela, Rowling creará varias tramas que se irán entrelazando. La principal es el misterioso paquete que Hagrid sacó del banco de goblins (no hay que darle muchas vueltas para saber qué esconde; solo hace falta leerse el título de la novela).

Constantemente Rowling se va por las ramas, desviándose de esa trama. Por una parte, hay que saber por qué el profesor Snape odia tanto a Harry (y qué se trae entre manos); pero también avanza la amistad entre Harry, Ron y la empollona Hermione; y la enemistad con Malfoy; y un dragoncito bebé que Hagrid se empeña en adoptar; más el campeonato de Quidditch y la pérdida o ganancia de puntos de las distintas casas para saber cuál ganará al final del curso; y alguna que otra clase. 

Crítica de Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling
Lo que hace que el conjunto funcione es lo muy imaginativa que es Rowling mostrando el mundo de Hogwarts, y lo entretenidas que son cada una de las tramas de por sí: por ahí aparecen troles y unicornios, dragones y centauros, hechizos y pócimas, escobas voladoras, lechuzas, varitas mágicas y Quidditch. Además, te muestra muy bien lo que era ser niño e ir al colegio (profesores cabreados y niños manipuladores y odiosos incluidos) y hacer amigos.

Muchas veces, cuando Rowling se va por las ramas, se las apaña para que de alguna manera esa desviación reconduzca a la trama principal. Sucede, por ejemplo, cuando Malfoy reta a Harry a un duelo nocturno, que realmente está para que se refuerce la amistad entre Harry y sus amigos, y descubran la trampilla donde se oculta el misterioso paquete.

O hacia el final, cuando Hagrid se queda con un dragoncito. Para mí es el peor desvío porque estás deseando que avance el misterio, a pesar de lo muy simpático que es. Después resulta que esa trama le sirve a Rowling para que castiguen a Harry y sus amigos, y así acaben en el bosque, donde descubrirán un gran secreto relacionado con la trama principal. 

En la parte final, me encantan las pruebas que deben pasar, ya que tienen que utilizar destrezas que han aprendido a lo largo de la novela, pero el clímax me parece débil.

Por un lado, hay el momento “Ja ja ja, soy más malo que la quina”, en el que el malo explica toda la trama. Nunca me los creo, y siempre me parece que hay alternativas para que el lector sepa qué ha pasado.

Por otro, Harry no está cuando el enemigo es vencido, lo cual es muy anticlimático, y posteriormente le tienen que contar qué sucedió realmente.

Y por último, la explicación que da Dumbledore sobre el comportamiento de Snape me parece muy pillada por los pelos, y casi, casi cae en el terreno de trampa para despistar al lector.

jueves, 17 de mayo de 2018

"EL PRÍNCIPE EOSH" YA TIENE PORTADA

Sí amigos, ayer di el visto bueno a la portada que me mandó el departamento de diseño de mi editorial. Me encanta. En cuanto me den permiso, os la muestro. 

De momento, lo único que os puedo contar es que El príncipe Eosh tiene fecha de publicación programada para el segundo semestre de este año.

sábado, 12 de mayo de 2018

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN: MÁS LECTURA

Sección CÓMO ESCRIBIR FICCIÓN (11)

Archivo: publicada originariamente el 24 de octubre de 2010.

LOS CLÁSICOS Y EL QUIJOTE

Novelas de Scott FitzgeraldSeguimos en el punto 9, sobre la importancia de leer muchísimo.

El caso de los clásicos

En primero de Periodismo, un profesor nos recomendó leer los clásicos para aprender a escribir porque estaban mejor escritos que las novelas actuales. Este hombre actuaba de cara a la galería: así demostraba que era culto e inteligente y que había devorado las grandes obras de la literatura, aunque posiblemente fuera mentira.

Leer los clásicos me parece un buen consejo: sirven para saber cómo ha evolucionado la literatura hasta llegar a nuestros días, puedes sacar de ellos ideas para tu ficción, reciclar aspectos técnicos y estudiar cuestiones de estilo. Pero ni se te ocurra copiarlos ni tomarlos de modelo. Con los clásicos no aprendes a escribir bien. Lo que olvida mucha gente, entre ellos mi profesor, es que los clásicos hay que leérselos con perspectiva: hay que saber por qué fueron importantes en su época.

Del mismo modo que es demencial decir que para dirigir cine hay que emular a D.W. Griffith, porque hizo obras maestras en el cine mudo; en literatura no se puede poner de modelo a los clásicos, ni siquiera si escribes novela histórica. Jane Austen escribió grandes novelas, pero ya no se escribe así. Con Tolstói pasa lo mismo. Y con Dickens. Incluso con James Joyce o William Faulkner. El mundo cambia, y la forma de narrar también.

Si lees obras clásicas, posiblemente notarás que el narrador omnisciente se deja notar mucho más que en la actualidad; que el ritmo es más pausado, porque la gente que leía no llevaba un estilo de vida tan ajetreado y tenía más paciencia; que hay muchas más partes narradas que mostradas y que las descripciones son mucho más extensas.

Sala de cine
El cine ha influido mucho en la literatura, y por ello hoy en día las novelas tienen muchas más escenas que sumarios y las descripciones son más cortas. Ahora si alguien escribe “Iba en góndola por los canales venecianos”, todos nos hacemos una idea de la situación; hace dos siglos hacía falta describir una góndola y Venecia.

Escribe para tus contemporáneos, no para los muertos.

Por eso es fundamental leerlos con perspectiva. Cuando leas alguno, no tiene por qué gustarte (no te vuelvas un esnob), pero sí tienes que saber qué supuso para la literatura.

Las obras innovadoras suelen ser difíciles de leer, aunque estén consideradas obras maestras. Si te atreves con En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, que es superior a mis fuerzas; Ulises, de James Joyce, de la que me enteré porque me explicaban qué sucedía; o Moby Dick, de Herman Melville, de la que amo la mitad y odio la otra mitad; te va a suponer un gran esfuerzo.

El problema radica en que una obra innovadora es eso, innovadora; y que rompa moldes no significa que tenga calidad. Inténtale explicarle esto, que innovación y calidad son dos cosas distintas, a un crítico o historiador literario. De hecho, en esas obras las innovaciones suelen estar mal utilizadas porque los autores estaban experimentando con nuevas técnicas y no sabían cómo utilizarlas. Son autores posteriores los que aprenden esas nuevas técnicas y las utilizan adecuadamente para narrar historias.

Hazte con un buen libro de historia de la literatura universal y vete descubriendo los clásicos poco a poco. Pero para aprender a escribir, tienes que leer lo que se publica hoy en día. Si fueras director de cine, ¿imitarías a D.W. Griffith gritando por un altavoz a los ya exagerados actores del cine mudo, pidiendo que exageren aún más los ademanes, o estudiarías cómo dirige cine Steven Spielberg?

El caso de El Quijote

Don Quijote según Honoré Daumier
Don Quijote según Honoré Daumier
Obra capital de la literatura universal, es de esas novelas que hay que leerse. Lo malo es que te la venden como si fuera algo hilarante: “Léete El Quijote, que te tronchas de la risa. Es una montaña rusa de emociones”. 

Esta novela tiene 400 años, y el castellano en el que está escrita ha envejecido mucho, y se nota. Cuando me la leí (hice un esfuerzo hercúleo, y además de la de Cervantes, leí la de Avellaneda), no disfruté absolutamente nada, pero me sorprendió la metaliteratura que tenía: los juegos con la autoría de la novela (¿era Cervantes o Cide Hamete Benengeli?), o que Don Quijote y Sancho reflexionaran sobre la primera parte y la de Avellaneda. 

También me di cuenta de que Cervantes era un chapuzas incapaz de recordar el nombre de la mujer de Sancho, a la que nombra de diversas formas.

Veamos la primera línea de esta obra maestra, para que te hagas una idea del emocionante viaje que te espera:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

¿Quién sabe que lo de “no quiero acordarme” significa “no llego a acordarme?, ¿que “astillero”, además de ser donde se construyen los barcos, es una percha para colocar armas, y que “adarga” es un escudo pequeño? El Quijote está lleno de palabras y refranes incomprensibles para nosotros. Así de amena y divertida es su lectura.

La siguiente vez que alguien te diga que le encanta El Quijote, inocentemente pregúntale qué es una adarga. Aparece en la primera frase. Sabrás con qué cuidado se lo ha leído y su nivel de esnobismo.

La Wikipedia tiene un artículo larguísimo sobre la obra, que explica lo mucho que influyó en la literatura posterior. Así es cómo han de leerse los clásicos. Si te atreves con El Quijote, asegúrate de tener una edición anotada; de lo contrario será como leer un idioma que te suena pero no dominas.

Cómo empezar a leer como un escritor 

Aprendí a leer con 22 años. No es que no supiera descifrar palabras y frases, es que nadie me había enseñado antes a leer bien. Ocurrió en mi primera semana en la escuela de cine. Tuvimos un taller de narración literaria impartido por Magdalena Cueto. Sólo fueron cinco tardes. Lo que reafirma mi idea de que lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Tras sufrir a legiones de profesores que lo único que nos decían a mí y a mis compañeros era que no sabíamos leer, esta mujer explicaba las claves.
En ese taller analizamos Edipo rey, de Sófocles, y a partir de entonces entendí la estructura de los relatos. También analizamos “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar, y aprendí a leer con mucho más detenimiento. Voy a exponer aquí una variación de lo que aprendí en ese taller.
Sófocles
Sófocles
Léete Edipo rey. Es una obra de teatro de 40 páginas, no te llevará mucho tiempo; y aunque tiene más de 2.400 años, está tan bien estructurada que sigue enganchando. Hazme caso, recupérate del shock de tener que leerte esta obra, y ponte a ello.

Verás que Sófocles era muy hábil; ya quisieran los culebrones de hoy ser tan retorcidos. Léetela otra vez, apuntando lo que sucede, tal como aparece escrito en la obra. Empieza con: “La ciudad de Tebas está asolada por la peste y el rey Edipo espera la respuesta del oráculo para acabar con ella”.

En esta segunda lectura fíjate en el diálogo de Tiresias, ¿no cambia de significado, ahora que conoces el final?

Una vez que tengas desglosada la obra, coloca los acontecimientos por orden cronológico. Empieza con: “Layo y Yocasta tienen un hijo, del que el oráculo predice que matará a su padre y desposará a su madre”.

Cuando lo tengas, estudia cómo Sófocles fue repartiendo la información a lo largo del relato, para que el espectador siguiera ensimismado la obra. Presta atención a cuando Sófocles explica la muerte de Layo, o cómo interpreta el oráculo Yocasta. ¿No es la historia mucho más interesante en el orden que la contó Sófocles? Eso es lo que tienes que hacer tú en tus relatos: guardarte información hasta que llegue el momento adecuado.

Así también se leen los clásicos. De Sófocles no vas a imitar su estilo, con coros y frases como:

“¡Rey licio! ¡Puedes, para venir en nuestra ayuda, lanzar de tu arco de oro tus flechas invencibles! ¡Pueden brillar las antorchas flamígeras con que Artemis recorre los montes licios! ¡Y yo invoco al dios epónimo de esta tierra, el de la mitra de oro, Baco Evio, el Purpúreo, el compañero de las Ménadas, para que venga agitando una ardiente antorcha contra ese Dios menospreciado entre todos los dioses!”.

Pero sí puedes aprender de su estructura.

Ahora lee “Continuidad de los parques” (es sólo una página), que es muy ingenioso. La clave está en el título: fíjate en los árboles que aparecen en el cuento para saber qué es realidad y qué es ficción.
libros
La ficción (y todo) se lee asimilando frase a frase. Ésa es la unidad básica de significado, no las palabras; y todo lo que aparece en el relato, aparece por algún motivo.

Volvamos al presente con un par de ejercicios:

- Ejercicio 1: Cuando leas novelas o cuentos, fíjate en tres detalles: cómo los acontecimientos se enlazan, cómo reaccionan los personajes y cómo dosifica la información el autor. Comprueba si una acción lleva a la otra, si los personajes actúan de forma coherente, y en qué momentos decide el autor desvelar datos fundamentales. Sólo eso. Parece una tontería, pero estarás aprendiendo a ver la estructura de los relatos. (Si te gusta el cine, haz lo mismo con las películas que veas).

- Ejercicio 2: Escribe críticas de las novelas y cuentos que leas. No me refiero a que escribas florido y farragoso para enmascarar que no tienes ni idea de lo que hablas o para demostrar que eres inteligente, que es lo que hace la mayoría de los críticos. No. Cuando acabes una novela, piensa si te ha gustado o no, y luego trata de explicar por qué

Sé sincero. Incluso si todo el mundo te dice que es una maravilla, pero a ti no te gusta, ponlo en la crítica. Piensa que nadie las va a leer, que son para ti. Escríbelas con tu propia voz, que es la que utilizas en tu diario, y escribe hasta donde puedas, sin forzarte.

De momento te vas a guiar por tu gusto personal, pero con el tiempo, cuando vayas aprendiendo cuestiones técnicas, verás que una novela funciona o falla por cómo maneja el autor esas técnicas.

Pluma estilográfica
Ahora fíate de tu intuición y fíjate sobre todo en la estructura y en el comportamiento de los personajes. Que una novela te parece aburrida porque tiene personajes poco interesante, pues lo pones; o te aburren las descripciones de varias páginas, que son curiosamente las mismas que encandilan a la crítica; o te encanta porque tiene mucho humor; o te parece que tiene buen ritmo. Lo que sea. Intenta explicar por qué te gusta o disgusta esa obra, viendo diferentes aspectos. Procura dar ejemplos.

Estás empezando a analizar la literatura como lo hacen los escritores. Enhorabuena.

LA EVOLUCIÓN DE MI NOVELA

Esta quincena me enfrentaba a una prueba de fuego, que han resultado ser dos. Tras casi cinco meses escribiendo sin interrupción mi novela, no me ha quedado más remedio que parar: tenía que dar un cursillo de documentales intensivo, y he tenido que concentrarme en ese trabajo.

Han sido cinco días muy largos, y no he podido detenerme ni un segundo para escribir. Di el cursillo con Álvaro de la Hoz, de Burbuja Films, en inglés, y aunque agotadora, la experiencia fue muy gratificante. El miedo que tenía era que una vez que rompiera la rutina de escribir, no la retomara.

Para complicar las cosas, durante el cursillo pillé la gripe. Así que cuando volví a la rutina diaria, lo que quería era vegetar en la cama. Gracias al Frenadol resucitaba unas horas al día, que aprovechaba para escribir la novela y este artículo.

Me siento muy satisfecho de haberlo logrado. Tal vez ninguna editorial quiera comprarme la novela, pero lo que tengo claro es que la voy a terminar y pulir hasta dejarla lo mejor que pueda. Eso es sobre lo que realmente tengo poder, y en eso es en lo que voy a trabajar. 

Recomendaciones:

-“Ten Rules For Writing Fiction”. El periódico británico The Guardian preguntó a una serie de autores a principios de 2010 consejos para escribir, y estas son las respuestas. Muy interesante. Habrá consejos que te ayudarán a encontrar tu manera de escribir. He probado el traductor de Google, pero es atroz.  

-Historia de la literatura universal, de Jordi Ferrer y Susana Cañuelo. Es la que tengo yo. Me gusta porque es muy clara y acabas con una idea general de la literatura de todas las épocas y culturas. Pero cualquier historia de la literatura vale, con tal de que sea universal.

Consíguelo en Amazon.es.

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domingo, 6 de mayo de 2018

ENTREVISTA A COSTA ALCALÁ

Entrevista a Costa Alcalá
Por si quedan dudas de quién es quién

Sección Vida de escritor

Aunque Geòrgia Costa y Fernando Alcalá se conocieron en 2005, y habían escrito varios libros por separado, no publicaron su primera novela conjunta, La Segunda Revolución. Heredero, firmada como Costa Alcalá, hasta 2017. 

La Segunda Revolución es una fantasía juvenil en la que unos jóvenes con poderes para manipular los elementos naturales entran a estudiar en el Liceo de la Guardia de Blyd. Allí irán conociéndose a sí mismos y encontrando su lugar en el mundo, al tiempo que descubrirán un oscuro secreto que pondrá en peligro la paz del país. Tras el éxito de esa primera novela, Costa Alcalá acaba de publicar su continuación: La Segunda Revolución. Ellos y nosotros.

Entre sesiones de escritura, paseos a turistas por Tarragona (Costa) y clases a chavales de Cáceres (Alcalá), Costa Alcalá ha sacado tiempo para contestar a mis preguntas.

¿Quieres saber cómo se conocieron?, ¿cómo se escribe a cuatro manos estando a 800 kilómetros de distancia?, ¿cuántas partes va a haber de La Segunda Revolución?, ¿o qué hacer cuando estás empezando como escritor? Aquí encontrarás todas las respuestas. 

Para saber más de ellos, visita su página web, costaalcala.com.

¿Cómo os conocisteis y decidisteis escribir juntos? 

La Segunda Revolución. Heredero, de Costa Alcalá
Geòrgia Costa: Fue sobre 2005 (tengo una memoria pésima para las fechas, Fer sabrá decirlo mejor) y nos conocimos a través de una red social, o comunidad on-line más bien, llamada Livejournal que por allá aquella época de lo más popular. En realidad, fuimos amigos mucho antes de ser las dos mitades de un escritor; escribir juntos, aunque era una idea que nos rondaba por la cabeza, fue algo que decidimos años después, durante una llamada telefónica en que Fer me propuso escribir La Segunda Revolución (o más bien, lo que acabaría siendo La Segunda Revolución).

Fernando Alcalá: ¡Exacto! De hecho, hace muy poco, en el ordenador he encontrado las primeras páginas de la primera novela de Geòrgia, de 2005, y es de la época en la que nos conocimos, que como conectamos tan bien, nos enviábamos mutuamente las cosas que escribíamos para que las comentara el otro. 

Antes de La Segunda Revolución, Alcalá ya había publicado tres novelas (Ne obliviscaris, Tormenta de verano y Carlos, Paula y compañía) y una adaptación al público juvenil de Sentido y sensibilidad, de Jane Austen. Mientras que Costa tiene dos libros infantiles de no ficción publicados:  22 misterios de la historia y Monstruos del mundo. 

¿Qué diferencias encontráis entre escribir solos o a cuatro manos? 

GC: En mi caso es, a la vez, mucho más difícil y mucho más fácil escribir sola que a cuatro manos. Me explico: escribir a cuatro manos es difícil en el sentido que debes aprender a confiar, a veces aceptar el criterio de la otra persona aunque no coincida con el tuyo. Es un trabajo de coordinación en el que debes dejar atrás muchos de los “vicios” de cuando se escribe solo. Pero por otro lado, escribir a cuatro manos es maravilloso y enriquecedor, porque se aprende del otro, y hace el trabajo del escritor, que por norma general es muy solitario, algo completamente diferente. A nosotros la experiencia nos ha gustado tanto que, aunque sigamos haciendo nuestros proyectos por separado, hemos decidido que seguiremos trabajando bajo el nombre de Costa Alcalá para una buena temporada.

FA: Yo estoy de acuerdo con Geòrgia. Por ejemplo, cuando escribo solo soy mucho más relajado porque, bueno, si las cosas no van en plazo al final el único responsable soy yo; pero cuando escribes con otra persona estableces un compromiso y nos lo solemos tomar muy en serio, la verdad. 

¿Cómo es exactamente escribir novelas a cuatro manos, viviendo en sitios tan distantes de España? ¿Hacéis escaleta o vais conociendo la historia a medida que avanzáis? 
La Segunda Revolución. Ellos y nosotros, de Costa Alcalá 
GC: Supongo que cada cual acaba encontrando el método de trabajo que le funciona. En nuestro caso, no nos repartimos fragmentos o capítulos, sino que ambos trabajamos el mismo texto a diferentes niveles, cada uno ocupándose de aspectos para los que tiene más facilidad. Fer, por ejemplo es el rey de las escaletas; él se encarga de prepararlas a partir de nuestras conversaciones cuando planificamos una nueva historia. Él también suele encargarse de los momentos más introspectivos de los personajes, mientras que cosas como la descripción o la acción suele correr a mi cargo. También procuramos vernos en persona algunas veces al año. Quedar y trabajar mano a mano, en persona, es la solución mágica para los momentos que nos quedamos realmente atascados.

FA: De hecho, en la escritura de Ellos y nosotros, la segunda parte de La Segunda Revolución, estábamos atascados y decidimos vernos un fin de semana en Madrid. Alquilamos un apartamento y, literal, no salimos de ahí hasta que solucionamos el entuerto. Habían pasado más de veinticuatro horas. 

En caso de disputa, ¿cómo elegís quién tiene razón? 

GC: Pues nosotros, por norma general, solemos comunicarnos por escrito (últimamente, por whatsapp web desde el ordenador) pero en caso de disputa, lo primero que hacemos es una llamada telefónica y lo hablamos. Si ni con esas nos ponemos de acuerdo, por respeto al trabajo y a la opinión del otro, siempre buscamos un término medio (y hasta la fecha, este término medio siempre ha sido un acierto).

FA: Exacto. Pero esto tiene relación con lo que contamos antes. Mucho antes de escribir a cuatro manos, ya éramos muy amigos. Y no solo eso, nos habíamos leído mucho el uno al otro y nos conocíamos muy bien. Otro punto a nuestro favor es que tenemos visiones del mundo bastante parecidas y que ambos odiamos los conflictos, procuramos evitarlos en muchas facetas de nuestra vida y, por tanto, la verdad es que disputas, lo que se dice disputas ha habido pocas… 

¿Cómo compagináis lo de escribir con vuestro otro trabajo? 

Costa Alcalá firmando libros
GC: En mi caso, debo confesar que lo tengo bastante bien. Trabajo como guía turística, así que mi horario laboral es muy flexible, y me deja bastantes horas libres para escribir. Además, tengo suerte que habitualmente trabajo por las mañanas, cuando mi momento preferido para escribir es por las noches.

FA: Yo lo llevo mal. Soy muy perfeccionista y trato de dar el 100 % en todo lo que hago. Y soy docente en un instituto de secundaria. Eso se lleva gran parte de mi tiempo. Lo he solucionado con horarios, autocontrol y muchísima responsabilidad para con lo que hago. 

¿Cuánto tiempo os lleva escribir una novela? 

GC: ¡Mucho! Es decir, creo que últimamente un poco menos porque hemos ido encontrando el método que nos funciona, pero yo diría que somos un par de escritores tirando a lentos.

FA: Y si no hubiera fechas límite, probablemente lo fuésemos más. 

¿Cómo tuvisteis la idea para La Segunda Revolución? 

GC: A mí siempre me ha enorgullecido decir que la idea para la novela nació de un grupo de amigos que decidimos jugar creando una historia, y que esta historia ha acabado plasmada, en parte, en una novela. Cuando Fer y yo nos conocimos, yo tenía unos amigos que habían comenzado un juego de rol por internet en el que cada persona “creaba” y escribía el punto de vista de algunos personajes. Ese fue el germen de La Segunda Revolución. El juego acabó hace años, pero a Fer y a mí aquellos personajes y sus historias nos habían calado tan hondo que, con el permiso de nuestros compañeros, decidimos retomarlos. La historia, la ambientación y muchas otras cosas son completamente distintas de lo que fue el juego, pero queremos pensar que el espíritu está ahí. 

¿Cuántas partes va a haber de La Segunda Revolución? 

GC: Tres, aunque no descartamos ampliar el “mundo” de la novela en un futuro.

FA: De hecho, tenemos planes… y ahí lo dejo. 

Publicáis a través de editoriales y os representa la agencia IMC, ¿cómo lograsteis abriros camino en el mundo editorial? 

Costa Alcalá en la librería GilgameshGC: En mi caso, entré en contacto con IMC porque la agencia ya representaba a Fer. Cuando salió adelante el proyecto de La Segunda Revolución, se ofrecieron también a representarme a mí. A partir de aquí, poco a poco, he ido haciendo otros proyectos por mi cuenta como un libro de historia para niños, y un bestiario de monstruos de varias mitologías del mundo.

FA: A mí me representa IMC desde 2007, que contacté con ellos y les gustaron mis primeras dos novelas. Para mí es muy tranquilizador trabajar con agente porque gran parte del proceso que peor se me da, lo de venderme o vender lo que hago, lo hace nuestra agente y para mi salud mental es algo estupendo, la verdad. 

¿Qué consejos le daríais a gente que quiere ser escritor y que está comenzando? 

GC: Probablemente sea el consejo más obvio de la historia… pero no rendirse. Cada página que escribes es un aprendizaje, y cada historia acabada, es un hito. La publicación, desde mi punto de vista, es más una consecuencia del trabajo del escritor que un objetivo en sí.

FA: Y yo añado que lea. Que sea lector antes que escritor. Que lo lea todo. Y si no le gusta lo que está leyendo, que lo abandone y lea otra cosa. No hay mejor escuela que la propia lectura.

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