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sábado, 16 de junio de 2018

sábado, 16 de junio de 2018

Reseña: "Diástole", de Emilio Bueso

Reseña de Diástoles, de Emilio Bueso

NOVELA

Diástole
(España, 2011, 233 páginas)
Emilio Bueso
 
Emilio Bueso compagina su trabajo de ingeniero con el de escritor de terror y ciencia ficción. Diástole (2011) fue su segunda novela, y con ella ganó el Premio Celsius de la Semana Negra a la mejor novela fantástica y quedó finalista del Premio Ignotus y el Nocte.

Viendo que la venden como terror, iluso de mí, espera terror. Sin embargo, de terror hay muy poquito, pero Diástole es entretenidísima, oscura y sucia y evocativa, tiene apasionantes escenas desarrolladas en Rusia, y si no te lo estropean, un gran final sorpresa.

SINOPSIS

Jérôme es un pintor de cuarenta y un años yonki al que la vida parece darle un respiro: un extraño personaje lo ha contratado para que le pinte un retrato durante cuatro noches. Su cliente, el misterioso Iván, vive en una mansión en ruinas perdida en las montañas, y durante el tiempo que dure la realización del cuadro, le irá desgranando su vida. A medida que avancen las sesiones, más peligrará el futuro de Jérôme por haber aceptado el trato. 

ANÁLISIS

Lo mejor para leer Diástole es no saber nada de ella; yo cometí el error de ver los comentarios en Goodreads, que me desvelaron demasiado y me estropearon la sorpresa final. Pero incluso así, me gustó mucho. Escribiré esta reseña dando las menos pistas posibles. 

Diástole sigue dos tramas que acaban confluyendo. Por un lado está la del pintor Jérôme, quien no tiene dónde caerse muerto. A medida que vas descubriendo más facetas de su vida, más te das cuenta de que no puede caer más bajo, de lo angustiosa y perdida que está su existencia, pero que irremediablemente, su situación empeora por momentos, y que de alguna manera que no comprendes, su asociación con Iván va a ser muy perjudicial.

Siempre se puede caer más bajo.

Por otro, la de Iván, el misterioso ruso que contrata a Jérôme para que le pinte su retrato en cuatro noches. A través de escenas cautivadoras, llenas de tensión e imaginación, amor y persecuciones, que ocultan un misterio subyacente (¿quién es realmente ese personaje, y los que le acompañan?), Iván va relatando su pasado. Estas escenas son lo que más me gusta de la novela: leía y leía y leía, embaucado por lo que pasaba en esas páginas. Odiaba tener que volver al mundo real. Para mí, esa es la mejor alabanza que puede recibir una novela.

Crítica de Diástole, de Emilio Bueso
En glorioso papel
Especialmente apasionantes me resultaron las escenas de Chernóbil, por desconcertantes y evocadoras, y las muy oscuras y angustiosas del invierno en Leningrado.

Las dos tramas están contadas en primera persona, y Bueso, muy hábilmente, les da dos voces muy diferenciadas a los personajes. Jérôme, el pintor acabado, suelta frases como:

“Soy pintor. De los católicos. De los buenos. De los yonkis”.

“Tampoco puedo joderla ahora. No puedo perder este trabajo. Es el primero que consigo desde que me echaron de París”.

“El mono me está matando.

Me lanza cacahuetes desde su jaula. Me tira cocos desde lo alto de su palmera. Me arroja rocas enormes desde la cima de su montaña”.

Mientras que Iván, que narra todo su pasado en diálogos, es más culto, y mucho más templado:

“Yo era el hombre tranquilo de Madame Chzov, su amigable y sereno puño de hierro. No hablaba con nadie, y nadie hablaba conmigo. En rigor, yo no hacía otra cosa que garantizar la seguridad de las señoritas, algo que casi nunca era necesario”.

Lo que menos que gusta de la novela, y entiendo que Bueso lo puso para subir la tensión en la trama de Jérôme, para mostrar más habitaciones de la inquietante mansión, y para conducir al clímax, es cuando unos rusos contactan con el pintor para que encuentre algo en la casa de Iván.

Nunca me acabé de creer que a sabiendas (y ellos lo sabían) de lo desastroso que es ese personaje, nadie le encargase nada. Se podría justificar con que necesitaban localizar algo peligroso antes de entrar en acción, pero en el clímax esa justificación se va al garete: entran en acción sin esperar. Entonces, ¿qué sentido tiene que contactaran con él? Ninguno.

La parte de terror, magnífica, viene al final. Por fin descubres qué está pasando, y Bueso no se corta al mostrarte la verdadera y horrorosa fachada que no acababas de entrever en las historias de Iván. 

Siempre se puede caer más bajo.

sábado, 9 de junio de 2018

sábado, 9 de junio de 2018

Cómo utilizar el cerebro para ser creativo

Sección CÓMO ESCRIBIR FICCIÓN (14)

LOS DOS CEREBROS

Poster de Un genio con dos cerebrosVoy a hablar de algo que parece que no tiene nada que ver con la escritura. Pero confía en mí, es fundamental que lo sepas. Voy a hablar del fabuloso hombre con dos cerebros.

El hombre con dos cerebros, aparte de ser una comedia muy ingeniosa de los 80 con Steve Martin y Kathleen Turner, lo somos todos. Sí amigos, todos los hombres tenemos dos cerebros…

¡Chicas, chicas, tranquilas! Ya sé lo qué estáis pensando: “Claro que los hombres tenéis dos cerebros: uno en la cabeza, del tamaño de una nuez, y otro en la entrepierna, que es con el que pensáis”.

No me refería a eso. Lo que quería decir es que todas las personas tenemos dos cerebros; o mejor dicho, dos hemisferios de trabajan de forma distinta.

Nunca agradeceré lo suficiente a Holly Lisle que recomendara en How to Think Sideways el libro Nuevo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro (The New Drawing on the Right Side of the Brain), de Betty Edwards. En él, Edwards, que durante varios años fue profesora de dibujo, explica que los dos hemisferios cerebrales funcionan y asimilan la información de distinta manera.

Edwards reconoce que el funcionamiento y la diferenciación de los hemisferios no están tan claros como ella lo muestra, pero que es importante reconocer las diferentes maneras en las que procesa la información nuestro cerebro. Veámoslas.

El hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo, y el hemisferio derecho la parte izquierda. Por eso, cuando alguien sufre una lesión en el hemisferio izquierdo, afecta a la movilidad en el lado derecho de su cuerpo, y a la inversa. Y cuando alguien sufre una lesión en el hemisferio izquierdo, que procesa el lenguaje, tiene dificultades para hablar. Ambos hemisferios se unen por el cuerpo calloso, que es un haz de fibras nerviosas, cuya función es que los hemisferios trabajen conjuntamente.

Portada de Nuevo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, de Betty EdwardsEl hemisferio izquierdo es verbal, analítico y secuencial. Le gusta el lenguaje, las matemáticas, los puzzles y llegar a conclusiones de forma racional, siguiendo paso a paso un razonamiento. 

El derecho es visual, perceptivo y simultáneo. Con él percibimos las distancias y las proporciones de las cosas, entendemos las metáforas, soñamos, imaginamos, perdemos la noción del tiempo, tenemos corazonadas y creamos cosas de la nada.

En un mundo ideal, utilizaríamos los dos hemisferios. A veces lo hacemos, como cuando nos ayudamos con gestos cuando nos vemos limitados con el lenguaje. Edwards da el ejemplo de tener que explicar cómo es una escalera de caracol sin hacer el gesto de la espiral. Debe de ser por eso que cuando hablo inglés, ya que no soy bilingüe, muevo mucho las manos. (Prueba a ponerme cascabeles en los dedos y haré más ruido que la Filarmónica de Viena).

Pero el sistema educativo y el mundo en el que vivimos llevan siglos incentivando el uso del hemisferio izquierdo y dejando de lado el del derecho. Piensa en la educación reglada que recibiste. Mira tu entorno. ¿Quieren hacerte pragmático o soñador? (si tienes alguna duda, échale un vistazo a mi querida Apisonadora). Esto provoca que el hemisferio izquierdo domine al derecho en nuestra vida, limitando enormemente nuestro potencial.

Somos seres humanos, no máquinas.

En el libro, Edwards enseña a dibujar enseñando a mirar las cosas tal y como son en la realidad y luego plasmándolas en el papel. Los primeros ejercicios son, sin ninguna indicación técnica, hacerte un autorretrato, dibujar a una persona que conozcas de memoria, y dibujar tu mano.

Los resultados son espantosos, pero descubres una serie de símbolos que utilizas para representar conceptos, no los objetos de la realidad. Posiblemente el retrato hecho de memoria sea muy esquemático, pero tendrá rasgos parecidos a tu autorretrato: las narices son similares, o tal vez los labios, o quizá las cejas.

DibujarEdwards explica que estos símbolos se desarrollan en la infancia. Los niños comienzan dibujando garabatos y a medida que van creciendo, van añadiendo más detalles a los dibujos. 

A través de la repetición, los niños memorizan símbolos que representan objetos: una sonrisa es una “U”, unos ojos un par de círculos con un punto en medio, todas las manos tienen una determinada forma, etcétera. Con el tiempo, los símbolos evolucionan, pero se quedan grabados en nuestra memoria, lo que impide que dibujemos bien.

Vemos una nariz y pensamos “nariz”, y en vez de dibujar la nariz que tenemos en frente, dibujamos el símbolo almacenado en el cerebro. O nos ponemos a dibujar una silla, y las patas nos quedan mal porque estamos pensando en “patas” y recurrimos al símbolo de “patas”. Por eso muchos adultos cuando dibujamos, dibujamos dibujos que parecen hechos por niños pequeños.

El hemisferio izquierdo, al que le gustan los símbolos que representan cosas, domina al hemisferio derecho, que asimila las formas tal y como son.

Según Edwards, “Una definición de una persona creativa es alguien que puede procesar de nuevas formas la información que tiene en frente –los datos sensoriales comunes que asimilamos todos. Un escritor utiliza palabras, un músico notas, un artista visual percepciones, y todos necesitan tener conocimientos de las técnicas de sus artes. Pero un individuo creativo intuitivamente ve posibilidades para transformar la información ordinaria en una creación nueva, que transciende los materiales de partida”. Me parece una definición genial.

Para lograr lo que dice Edwards, es necesario utilizar los dos hemisferios. Piensa en lo que te limita para dibujar el que un hemisferio domine al otro, que influye en algo tan básico como es observar. Esa dominación también te limita en la vida, sobre todo si quieres ser creativo.

PASANDO DEL HEMISFERIO IZQUIERDO AL HEMISFERIO DERECHO

Cerebro creativo
Los siguientes ejercicios del libro son copiar dibujos bocabajo (el dibujo, no tú). Así ves formas a las que no puedes poner nombres. El lenguaje, que se procesa en el hemisferio izquierdo, no interfiere con los dibujos porque no puede nombrar lo que ve. 

Y durante todo el libro, Edwards propone ejercicios para que nos fijemos en las formas que tienen las cosas, sin que el lenguaje intervenga, al tiempo que prestemos atención a qué sentimos cuando estamos dibujando; cuando estamos trabajando con el hemisferio derecho. Edwards lo llama pasar del modo-I al modo-D.

Sonja Lyubomirsky, en La ciencia de la felicidad (The How of Happiness), llama a lo que sentimos “estado de flujo”: “Este término, acuñado por Mihaly Csikszentmihalyi, define un estado de ensimismamiento y de concentración intensos en el momento presente. Estás totalmente inmerso en lo que estás haciendo, absolutamente concentrado y sin conciencia de ti mismo. La actividad que realizas es un desafío y es apasionante, y pone a prueba tus habilidades y tu experiencia. Cuando ‘fluyen’, las personas dicen que se sienten fuertes y eficaces (en el apogeo de sus habilidades), alertas con control, y para nada conscientes de sí mismas. Realizan la actividad porque sí.”

Entramos en un “estado de flujo” cuando realizamos algo que nos apasiona tanto que perdemos la noción del tiempo, nos evadimos un poco de la realidad; ya sea porque leemos una novela, vemos una película, o simplemente charlamos con un amigo. En estos ejemplos interviene el lenguaje, pero el hemisferio derecho es el dominante; estamos en el modo-D.

El “estado de flujo” es maravilloso.

¿Y cómo podemos pasar del modo-I al modo-D?

La ciencia de la felicidad, de Sonja LyubomirskyPrueba a escuchar música. Túmbate en la cama, ponte unos auriculares que te aíslen del mundo, y escucha música instrumental, o si tiene letra, que sea en un idioma que desconoces, para que el lenguaje no intervenga. Cierra los ojos y concéntrate en la música. Al rato estarás pasando al modo-D.

La meditación es otra forma de pasar de un hemisferio a otro. La idea es tener la mente en blanco durante unos minutos, lograr que la parte racional de tu cerebro esté callada durante un rato. Tienes que sentarse a solas en un lugar cómodo, con la espalda recta. Cierras los ojos y te concentras en la respiración. O puedes visualizar algo en tu mente, y sólo fijarte en eso. Si empiezas a tener pensamientos, deja que pasen y vuelve a empezar con la respiración. Empieza estando cinco minutos meditando, con la práctica puede estirarlo varios minutos más.

Un escritor necesita trabajar con los dos hemisferios: tiene que utilizar las emociones y las ideas, que vienen del hemisferio derecho, y darles forma para que sean coherentes, con el hemisferio izquierdo.

Seguimos en el siguiente artículo. Por ahora, intenta pasar del modo-I al modo-D, y fíjate en lo que sientes.

LA EVOLUCIÓN DE MI NOVELA

He decidido ampliar mi cuota diaria a 400 palabras por dos motivos. Primero, me doy cuenta de que ni de coña puedo encajar todo lo que quiero contar en las 40.000 palabras que me quedan para llegar al tope. Me da que la primera versión de la novela va a ser mucho más larga de lo que pensaba.
Retrato de un marqués del siglo XVIII
¿Mi marqués?

Y segundo, he notado últimamente que me cuesta mucho menos imaginarme lo que va a pasar y escribirlo. No tengo muy claro si es porque he cogido práctica o es que ya conozco bien a los personajes y la historia, y las palabras vienen solas. 

Ahora me parece muy sencillo transportarme a ese mundo imaginario que he creado, y ver las cosas y sentir a través de mis personajes; sólo tengo que describir esas sensaciones y lo que está pasando.

El problema es que a veces suceden cosas, o aparecen personajes, con los que no contaba. Esta semana se ha colado un marqués del siglo XVIII. ¡Pero si mi novela se desarrolla en la actualidad! Y el marqués es una persona normal, vamos, que no es inmortal. 

Pues parece que el marqués no quiere hacer mutis por el foro. Ya veré si le doy la patada en la revisión. Por lo menos ahora no da mucho la tabarra, no roba escenas, y parece que sabe que es un personaje muy secundario. Todavía no sé ni su nombre.

Esta quincena he tenido que lidiar con la polifonía. Todas las novelas son polifónicas, incluso las que están narradas en primera persona: en cuanto pones un diálogo, cada personaje suena de forma distinta. O debería.

Para no complicarme la vida, estoy escribiendo la novela en tercera persona, así tengo la voz del narrador y las voces de los personajes cuando hablan o piensan. Escribiéndola en tercera persona evito un error en el que es muy fácil caer si escribes en primera persona: que el narrador suene demasiado parecido a ti mismo, y que el protagonista acabe siendo una versión encubierta de ti. (Todo el mundo que te conozca se va a dar cuenta y a decírtelo).

En el momento clave de mitad de la novela (que con lo que me enrollo tiene pinta de acabar siendo un cuento largo dentro de la novela), el protagonista se pone a contar una historia en primera persona. Temblé: esa parte tenía que sonar distinta del narrador que cuenta el resto de la novela; tenía que sonar como el protagonista. Y para complicar las cosas, dentro de esa narración en primera persona, hay otras personas que cuentas historias, también en primera persona.

Solución: no agobiarme mucho y seguir adelante. Ya corregiré los fallos en la revisión. 

Archivo: este artículo fue publicado originariamente el 5 de diciembre de 2010. 

Recomendaciones:

Nuevo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro (The New Drawing on the Right Side of the Brain), de Betty Edwards. Está traducido y sigue en circulación. Sin él no hubiera llegado tan lejos con mi escritura. Hazte con un ejemplar y ponte a dibujar. Verás el mundo con otros ojos. Garantizado.

Consíguelo en Amazon.es.   

10 claves para escribir bien, según Rosa Montero”. La escritora Rosa Montero contesta preguntas de aspirantes a escritor. Los ejercicios que propone están muy bien (hazlos si no se te ocurre nada que escribir); lo de dejarte llevar y escuchar a los personajes necesita más desarrollo; tal como está parece que puedes escribir lo primero que se te ocurra y va a estar bien.
    

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domingo, 3 de junio de 2018

domingo, 3 de junio de 2018

Poseído por una historia, por Pedro Pablo Picazo

Sección VIDA DE ESCRITOR

Pedro Pablo Picazo
Pedro Pablo Picazo
Hoy tengo de invitado a mi amigo Pedro Pablo Picazo, al que siempre pongo de ejemplo para demostrar que se puede vivir de la escritura. 

Pedro Pablo es novelista, guionista y dramaturgo, y la editorial Red Apple acaba de publicar su cuarto libro, El escondite secreto del corazón de Aline, una originalísima y muy entretenida novela sobre una chica que se está convirtiendo en mueble. Os dejo con él.


POSEÍDO

A las personas que nos dedicamos a contar historias a veces nos sucede que nos vemos poseídos por una de ellas. Dicho de esta forma parece exagerado, una metáfora de escritor, pero puedo asegurar que es así de forma literal. Cuando esa idea aparece no podemos dejar de pensar en ella hagamos lo que hagamos, no nos permite dedicarnos a ninguna otra cosa porque revolotea constantemente a nuestro alrededor y no nos abandona hasta que, al fin, desistimos, obedecemos dócilmente y la escribimos.

Puede decirse que nos mantiene bajo su poder hasta que sale de nuestra mente y se materializa en papel. Precisamente esto fue lo que me pasó con la novela que ahora publica Red Apple: El escondite secreto del corazón de Aline, la cuarta de mi bibliografía.

Pongámonos en situación: otoño de 2010. Acababa de firmar mi primer contrato por una novela que aparecería en enero del año siguiente y las previsiones con ella eran tan buenas que la editorial me encargó que escribiera una segunda parte.

Yo no podía estar más feliz: una novela a punto de salir y la siguiente comprometida, lo lógico era ponerse manos a la obra y tenerla lista cuanto antes. Eso era lo más sensato, lo más razonable, lo que estaba dispuesto a hacer, hasta que llegó Aline.

El escondite secreto del corazón de Aline, de Pedro Pablo PicazoLa premisa era muy sencilla: una adolescente, ante el divorcio de sus padres, empieza a convertirse en un mueble. No había nada más, pero me pareció que se trataba de un punto de partida con un gran potencial: poseía un arranque claro con un conflicto concreto a resolver; era sencillo empatizar con su protagonista y trataba un tema interesante, de gran emotividad. Además me permitía adentrarme en un mundo prometedor y que me parecía poco explorado, cercano al lector.

Por si fuera poco el recurso de poder usar objetos de mobiliario a los que dotar de vida era apasionante, siempre habían acompañado a la humanidad, ¿cómo se comportarían? ¿De qué manera pensarían? ¿Era posible crear con ellos un mundo orgánico y propio? Me pareció que sí, que se podía conferirles personalidad y conectarlos con lo que le pasaba a la  protagonista. Un gran reto, sin embargo como tenía comprometida aquella segunda parte decidí tomar nota de todo para no olvidarlo y dejarlo para más adelante.

UN CUADERNO PARA CADA PROYECTO

Uno de mis hábitos al trabajar es que cuando decido desarrollar una historia cojo un cuaderno exclusivamente para ese proyecto y voy anotando todo lo que se me ocurre: ideas, personajes, estructura… cada cosa que surge queda registrado y, además, en el orden en el que se produce, algo que puede ser muy útil posteriormente para echar la mirada atrás.

CuadernoPues bien, al poco tiempo el cuaderno de la nueva idea estaba repleto de páginas de notas mientras que el del encargo apenas tenía dos o tres… líneas. Enseguida me di cuenta de que tenía el desarrollo completo de Aline y que, en apenas dos meses, podría tenerla escrita. ¿Era sensato hacerlo? No. ¿Era prudente? Tampoco. Pero llegué a la conclusión de que para poder afrontar la otra novela como era debido tenía que liberar mi mente y sacar todo lo que Aline había ido depositando en ella, así que me lié la manta a la cabeza y pese a lo que dictaba la lógica y el sentido común decidí escribirla de una vez y liberarme de ella. No me daba cuenta, claro, pero había tomado absolutamente el control sobre mí.

Su escritura fue rápida y entusiasta. También apremiante porque no tenía tiempo que perder, pero recuerdo que todo fluyó bien y en los plazos marcados. Aunque empecé con una estructura definida, fueron surgiendo cosas nuevas no planteadas, tanto es así que acabó teniendo un ritmo propio muy particular y característico, quizás de todas las que he hecho sea la que tenga el tempo que ella misma marcó en su desarrollo.

Aparecieron ideas que me entusiasmaron, muchas. Una de ellas, por ejemplo, fue que gracias a los muebles era posible retroceder en el tiempo y eso acabó dando forma a uno de mis capítulos preferidos. También emergió una historia de amor no prevista pero que fue decisiva para el clímax del libro. Igualmente contiene al que creo que es mi villano favorito de todos los que he creado: Guillaume Guillotine, y fue de esos personajes que casi parecía susurrarme al oído qué decir y cómo actuar.

AÑOS DE ESPERA

Recuerdo que la terminé satisfecho, que me sentí completamente liberado tras hacerlo y que me puse rápidamente con el libro encargado, en el que pude trabajar por fin a pleno rendimiento. Eso fue en la primavera de 2011 más o menos y desde entonces, Aline ha estado aguardando su momento de ser publicada, sin embargo hoy en día, mucho tiempo después de todo esto, me alegro de haber actuado como lo hice.

El año pasado me encontré la agradable sorpresa de que Red Apple decidía publicar El escondite secreto del corazón de Aline, así que llegó el instante de repasarla no sin cierto temor. La había escrito seis años antes y ya no era la misma persona, ni escribía igual que como hacía entonces. Quiero creer que en estos años la práctica y el aprendizaje han tenido su resultado en mi trabajo.

No tardé en comprobar que me quedaba mucho por corregir y mejorar en el texto, pero la historia funcionaba y no sólo eso: el mundo que había creado en torno a aquella idea me parecía coherente y sólido aunque sorprendente e inesperado. Ahora estoy seguro de que sólo podía haber surgido en aquel preciso momento de mi vida. De haberla desarrollado en cualquier otro hubiera sido muy distinto. ¿Mejor o peor? No lo sé, pero desde luego no así, y me gustaba cómo había quedado. De hecho, me encanta.

Escribir tiene algo de mágico, de místico. Surge una chispa en nuestro cerebro y una pequeña idea se puede acabar convirtiendo en miles de páginas, en decenas de personajes, y queramos o no está indisolublemente unida al momento de nuestras vidas en el que se genera. Un determinado motor se pone en funcionamiento en nuestro cerebro y acaba dando como resultado esa historia, que es fruto de ese preciso instante. Es como el brillo de una estrella, que o lo atrapas en el momento o se pierde, quizás para siempre.

Así que, después de esta anécdota, mi consejo a todos los que escriban es que si un día se les cruza una historia que quiera tomar posesión de su alma y su voluntad, que no huyan, que no lo eviten, que dejen que les posea y les haga prisioneros. Que se dejen  llevar, que fluyan con ella, ya que les conducirá a lugares insospechados e inexplorados. Puede que no salga a la primera, habrá que darle muchas vueltas, probablemente se complique y se rebele, pero quizás sea la única posibilidad de que esa pequeña chispa, el resplandor de esa diminuta estrella pueda algún día brillar en el firmamento.

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sábado, 26 de mayo de 2018

sábado, 26 de mayo de 2018

Verdades y mentiras sobre los escritores de ficción (VI): sobre qué escribir, la honradez y la corrección política

Sección CÓMO ESCRIBIR FICCIÓN (12)

CANTABRIA Y LOS GAYS

Bandera de Cantabria
Bandera de Cantabria
10- Un escritor de ficción debe escribir sobre lo que conoce. MENTIRA. Éste es uno de los peores consejos que te pueden dar cuanto estás empezando a escribir.

Si siguiera ese consejo, no podría escribir desde el punto de vista de una mujer, o un anciano, o crearme mundos y seres irreales, o viajar al pasado o a otros sitios de la Tierra. Si siguiera ese consejo, mi ficción sería una autobiografía encubierta. De hecho, toda la literatura serían autobiografías encubiertas. Y adiós a la fantasía, al terror y a la ciencia ficción.

Si siguiera ese consejo la acción de mi ficción debería desarrollarse en Cantabria, que es donde nací y he pasado la mayor parte de mi vida. Ahí va un intento:

“Mi tierruca”, por Carlos del Río

Laro estaba sentado en una terraza tomando orujo de Potes mientras esperaba a su novia Valvanuz. Para matar el tiempo, leía un apasionante capítulo de Sotileza, de José María de Pereda. Valvanuz apareció risueña bajando una pindia pendiente de la bella Santander, la novia del mar. Su bamboleante bolso de piel tenía impresa una estela de Barros.

   -¿Por qué llegas tarde? Pensé que te había pillado un argayo –dijo Laro dejando la apasionante Sotileza, de José María de Pereda, en la mesa.

   -No. Que me encontré con mi amiga Jana.

   -¿Quieres comer algo? ¿Qué tal unos sobaos pasiegos?

   -Prefiero unas anchoas de Santoña. También quiero queso picón. Que sea de Tresviso, que es mejor que el de Cabrales. ¿No tienes frío en manguca corta?

   -Soy chicarrón del norte –Laro se golpeó el pecho-, desciendo de Corocota.

José María de Pereda
José María de Pereda
Vamos a dejarlo antes de que tenga que salir corriendo a vomitar. Esta atrocidad, que posiblemente me hiciera ganar algún premio financiado por algún organismo oficial cántabro, es el resultado de escribir sobre algo que no me interesa en absoluto. (Nota para la gente que no conoce esta provincia: la gente que vive aquí, a pesar del empeño de ciertos políticos y periodistas, NO es así. Haría tiempo que hubiera puesto pies en Polvorosa…)

Pero no sigo este consejo. La protagonista de mi novela es una chica de 14 años. Una vez tuve esa edad, pero puedo asegurar que nunca he sido chica. Y no es humana. Casi pondría la mano en el fuego para afirmar que yo lo soy. Casi.

Un escritor tiene que escribir sobre temas que le interesan mucho, ya sea porque los ama o los odia, pero no sobre temas que le dejan indiferente, que es mi caso con Cantabria: ni amor ni odio, aunque sí que hay gente que vive aquí a la que quiero mucho.

Pero entiendo por qué se da este consejo: si escribes sobre lo que conoces, no cometerás errores y el resultado sonará auténtico. La cuestión es que si tratas de temas que te interesan, es muy probable que ya sepas bastante, y si no, te gustará documentarte sobre ellos.

Cuando digo a que tienes que escribir sobre lo que te interesa, me refiero a que tu ficción debe centrarse en esos temas, porque lógicamente, vas a tener que escribir de cosas que no te interesan mucho, pero que son necesarias para que los relatos tengan coherencia.

Y si quieres escribir sobre el lugar donde vives, adelante. Pero recuerda que estarás escribiendo para gente que no lo conoce. No hagas la basura de “Mi tierruca”; tienes que lograr plasmar la esencia de ese lugar en el papel.

11- Un escritor de ficción debe ser honrado. VERDAD. Sin honradez no hay calidad. Eso no quiere decir que sólo siendo honrado consigas calidad. George Lucas es muy honrado porque hace el cine que le gusta, pero sus películas no son especialmente buenas. No escribas sobre temas que no te gustan simplemente porque crees que te van a dar dinero o prestigio. Y ten presente que escribas lo que escribas, siempre habrá gente a la que no le guste. No intentes complacer a todo el mundo.

Toni Morrison
Toni Morrison
Pongamos que un día ves por la tele el desfile del Orgullo Gay en Madrid. Te frotas las manos y te dices: “¡Qué cantidad de sarasas! Y encima son sensibles, leen mucho y tienen pasta.” Entonces se te ocurre que si escribes una novela gay, te vas a forrar y vas a ganar un montón de premios. Pero al único gay que conoces es a Boris Izaguirre.

Mi recomendación es que ni lo intentes. Posiblemente te aburras en seguida, porque es un tema que normalmente no te interesa; pero si perseveras y la acabas, va a ser infumable, llena de tópicos y más falsa que las promesas de un político. Y se notará que vas a lo que vas.

La honradez también se aplica a la forma. No te pierdas en reflexiones simplemente para dártelas de inteligente; o escribas frases kilométricas; o utilices un lenguaje poético, si no sale de ti. Y por descontado, nunca engañes al lector; recuerda que no eres Arthur Conan Doyle.

Toni Morrison tiene dos frases excelentes que resumen este punto:

      “Escribí mi primera novela porque quería leerla”.

      “Si hay un libro que tienes muchas ganas de leer pero todavía no se ha escrito, entonces debes escribirlo”.

Ser honrado es no mentirte a ti mismo. En la vida real puedes dársela a tu mujer con la vecina de quinto o engañar al fisco; pero no cuando escribes. Que la honradez sea tu emblema (yo diría que para todo en la vida). Escribir será mucho más divertido y satisfactorio.

12- Un escritor de ficción debe ser políticamente correcto. MENTIRA. Este es un punto un poco controvertido porque mucha gente lo malinterpreta. Veamos unos ejemplos.

Corrección política
Volvamos a la novela gay. Tú sigues erre que erre, que esa novela te va a sacar de la ruina. Te pones a documentarte, y de repente te das cuenta de que los gays son personas iguales que tú. Te cabrea que estén discriminados y te pones a luchar por su causa. Incluso te haces con una bandera multicolor y tu novia te mira raro y te pregunta si no tienes algo que contarle.

Los milagros existen y se te ha ocurrido una trama para llenar una novela que no te interesa. Es la relación entre un padre homófobo y su hijo adolescente, el cual sospecha que es gay. Ambos están viendo el telediario cuando aparece la noticia sobre el desfile del Orgullo Gay en Madrid. El padre, que es un cabestro, bebe de una lata de cerveza, suelta un eructo, pone cara de asco y llama de forma despectiva a los gays.

Llega este momento, y sabes que el padre debería llamarlos con esa palabra que empieza con “m”, y no me refiero a “mameluco”. Pero, ah, te has sensibilizado, y para no herir la sensibilidad de nadie, escribes:

  -¡Malditos miembros del colectivo de gays y lesbianas, idos a practicar sexo anal a otra parte!

Esto, aparte de ser ridículo y una cursilada, rompería con el personaje del padre.

El único caso justificable para no escribir palabras malsonantes en ese diálogo sería porque no las has utilizado antes en el relato, y rompería con el tono general. Entonces escribirías en diálogo de forma indirecta: “El padre comenzó a dar gritos a la televisión, insultando a la gente que veía; los insultaba como si pudieran oírlo”, o algo por el estilo.

Un caso extremo de corrección política sería tratar a los miembros de una minoría como bondadosos, y al resto de la humanidad como malvados y perversos.

En el dvd de Instinto básico contaban lo mal que lo pasó el equipo de rodaje. El film se rodó en San Francisco, y sabiendo la gran comunidad homosexual que hay en esa ciudad, decidieron dar el guión a asociaciones de gays y lesbianas para que opinaran.

Cartel original de Instinto básico
Lo tacharon de homófobo. Pidieron que el asesino fuera el personaje de Michael Douglas, que era heterosexual, y no la asesina bisexual. Como lógicamente no hubo cambios se dedicaron a boicotear el rodaje. Paul Verhoeven, el director, se desesperaba e intentaba razonar con ellos, diciéndoles que él para nada era homófobo, y que por favor vieran sus películas europeas para comprobarlo. No consiguió nada.

La estupidez no conoce de orientación sexual.

La sabiduría tampoco.

Trata a tus personajes como personas individuales, no como miembros de un colectivo para ahorrarte caracterizarlos. Si lees Las uvas de la ira, De ratones y hombres, o La perla, de John Steinbeck, verás que los protagonistas son pobres; pero no por ello todos son gente buena maltratada por un sistema perverso.

Así tiene que ser tu ficción.

Los puntos sobre la honradez y lo políticamente correcto los resumía muy bien Ernest Hemingway en esta cita:

   “El don más importante para un buen escritor es un detector de mierda a prueba de choques incorporado. Éste es el radar del escritor y todos los grandes escritores lo han tenido”.

Ernest Hemingway
Ernest Hemingway
Lo malo es que hay escritores que enarbolando la bandera de la libertad de expresión (o de la estupidez), escriben lo primero que se les ocurre, sin pensar en las consecuencias. Luego resulta que son unos cobardes, y cuando se ven atrapados, recurren al “donde dije digo, digo Diego”. Que hagas hablar y actuar a tus personajes de acuerdo a su personalidad, no significa que puedas soltar las mayores barbaridades que te vengan a la cabeza, especialmente cuando das una opinión personal. O que tu ficción incite al odio o sea denigrante. Ten dos dedos de frente.

Sé honrado, asegúrate de que tus personajes actúan cómo deben para ser creíbles, por odiosos que te resulten, y utiliza el sentido común.
  
Se acabó la corrección. ¿Qué tal ha ido? Seguro que pensaste que esto no se iba a terminar nunca. He de reconocer que yo también. ¿Alguien sabe qué tengo que hacer para entrar en el Guinness como el tipo que más tiempo tardó en corregir un test?

Espero que estos artículos hayan sido útiles. Durante muchos años estuve sin atreverme a escribir (y cuando lo hacía, avanzaba muy poco), porque tenía muchas ideas equivocadas sobre lo que debe hacer y saber un escritor.

Durante los siguientes artículos veremos cómo generar ideas, pero no cualquier idea; serán ideas que te gustarán tanto que no te quedará más remedio que ponerte a escribir.

LA EVOLUCIÓN DE MI NOVELA

Fidel Castro
Fidel, hombre de pocas palabras
¡Ya he llegado a las 50.000 palabras! Ni Fidel Castro soltaba tantas en sus famosos discursos. Y la trama sí que está más o menos a la mitad, lo cual me sorprende. Me alegro mucho de haber llegado hasta aquí; mucha gente que quiere escribir, ya sea por falta de seguridad o de guías, no llega a tanto. ¡Enhorabuena, Carlos!

Puede que resulte pesado al comenzar muchos artículos felicitándome por lo que he logrado, pero es necesario. Os recomiendo que hagáis lo mismo. Sólo de esta manera, celebrando pequeños logros, encuentras la fuerza para seguir adelante.

Bueno, ya sólo me queda la mitad.

Estoy a punto de alcanzar una escena importantísima, una de las que me hizo ponerme a escribir, y que marcará el punto medio de la novela. Había pensado acabar esa escena dando una pista de que algo muy peligroso podía suceder, y luego pasar a una escena donde a uno de los personajes le empieza a suceder eso. Entonces lo dejaba en suspenso, y me metía en un flashback muy largo, para explicar el pasado de uno de los personajes.

Eso se llama un cliffhanger, que se puede traducir como “colgado del precipicio”. El término viene de los seriales cinematográficos mudos, en los que el héroe quedaba al final del capítulo en una situación muy peligrosa (como colgando de un precipicio), y hasta el siguiente capítulo no se resolvía. Así la gente semana a semana iba al cine para ver cómo continuaban las aventuras. Pero esta técnica ya llevaba siglos utilizándose en literatura.

No hace falta que dejes la trama en una situación de mucho peligro. El requisito es crear suspense por lo que pueda pasar, y cambiar de trama.

En Misery, de Stephen King, Annie Wilkes se quejaba de que en uno de los seriales que seguía de niña, al final de un capítulo el héroe se despeñaba con el coche por un barranco. La pobre (y desequilibrada) Annie se pasó toda la semana sufriendo. Cuando regresó al cine para ver la continuación, se sintió estafada. El capítulo retrocedía en el tiempo, y ahora se podía ver perfectamente que el héroe saltaba del coche un poco antes de que cayera al vacío.
Kathy Bates en Misery
Kathy Bates como Annie Wilkes
Ese es uno de los riesgos del cliffhanger, que hayas complicado tanto las cosas, que parar salir del aprieto no te quede más remedio que amañar los acontecimientos, engañando al lector. Y no te lo va a perdonar. (Creo que en toda la historia de la literatura, sólo Arthur Conan Doyle se salió con la suya engañando al lector cuando resucitó a Sherlock Holmes. Y le salió bien porque fueron los lectores los que le exigieron que lo hiciera. Así que hasta que no tengas millones de fans, no lo hagas. O mejor, no lo hagas nunca).

Otro de los riesgos es que se te pases utilizándolo. El código Da Vinci no es más que un cliffhanger tras otro; y vaya que si cansa. Además, muchas veces Dan Brown dejaba una trama en un cliffhanger y cuando la retomaba, la continuación era una estupidez que no justificaba que hubiera creado tanto suspense.

En mi caso me pasaba algo parecido a Brown: iba a dejar la escena en un punto muy alto, y cuando regresara, el personaje se habría librado de una forma muy sencilla. Le estuve dando vueltas, y o mataba al personaje en ese momento, para demostrar que el peligro era muy grande, o me cargaba el cliffhanger y hacía avanzar la trama de otra manera. Esto último es lo que voy a hacer. No es una solución muy espectacular, pero es la más honrada que he encontrado. Y creo que al mismo tiempo, aún mantendré la tensión.

Archivo: publicada originariamente el 7 de noviembre de 2010.

Recomendaciones:

-El arte de la ficción (The Art of Fiction), de David Lodge. Uno de los pocos libros sobre escritura traducido al español. Lodge es un novelista británico que en 1991 publicó una serie de artículos en el periódico The Independent sobre literatura. El libro los recopila y los expande. Son 50 capítulos en los que Lodge analiza varios aspectos técnicos. Cada capítulo comienza con un fragmento de una novela o cuento (aparecen obras de Milan Kundera, Edgar Allan Poe, J. D. Salinger, o Paul Auster), y Lodge lo utiliza como modelo para explicar un determinado aspecto de la literatura. Es muy ameno. Sirve como recetario de los ingredientes que puedes añadir a tu ficción, y si no te interesa escribir, pero te gusta leer, este libro también sirve como guía de lectura.

Consíguelo en Amazon.es
  
-The Art of Fiction, de Ayn Rand. Sí, no me he confundido, se llama exactamente igual que el libro anterior. En los años 50, Ayn Rand, autora de El manantial y La rebelión de Atlas, dio unas charlas a un grupo de amigos sobre lo que era para ella la ficción. Este libro son las transcripciones. Es muy divertido cómo masacra a Gertrude Stein y a James Joyce, y muy interesante la importancia de evitar las vaguedades.

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Fotografías: Bandera de Cantabria (Miguillen, Creative Commons Attribution-Share Alike 2.5 Generic), Toni Morrison (Angela Radulescu, Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic), Fidel Castro (Wikipedia). Las fotografías de José María de Pereda y Ernest Hemingway son de dominio público. Hombre amordazado (Pixabay).

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jueves, 24 de mayo de 2018

jueves, 24 de mayo de 2018

Nuevo diseño para El rincón de Carlos del Río

Logotipo de El rincón de Carlos del Río
Estoy preparando una nueva plantilla de mi blog. Mismos contenidos, distinto (y mejor) diseño.

En cuanto tenga una lista de correo preparada, y toda la teoría del curso de escritura creativa hecha, os la muestro. Posiblemente sea en junio.

De momento, la cabecera.

Ya aparecerá una página del curso, con  temario, precios, duración y modalidades (una sin tutorizar más barata, y otra en la que personalmente corrigiré los cuentos —la ortografía, el estilo y la historia y llevaré un seguimiento mensual del alumno).  

Os podréis apuntar a mi lista de correo para ser los primeros en saber cuándo estará disponible el curso, y en el caso de estar interesados en la versión tutorizada (solo aceptaré a 4 alumnos al año), para aseguraros una plaza.

sábado, 19 de mayo de 2018

sábado, 19 de mayo de 2018

Reseña: "Harry Potter y la piedra filosofal", de J. K. Rowling

Reseña de Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. RowlingNOVELA

Harry Potter and the Philosopher's Stone 
(Reino Unido, 1997, 223 páginas)
J. K. Rowling
   
J. K. Rowling y Harry Potter, ¿necesitan presentación? Allá va una, sacada de La aventura de ser escritor. 

Aunque J. K. Rowling consiguió un agente en su segundo intento, este recibió doce rechazos antes de vender Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Philosopher’s Stone) a la editorial Bloomsbury, y la vendió de potra.

El editor tenía una hija pequeña a la que le encantaba leer, y como no tenía nada que darle, le dejó leer un manuscrito que no le gustaba especialmente, y que si le llamaba la atención era porque estaba escrito a máquina (era el año 1996). A la niña le encantaron las primeras páginas, y gracias a ello, el padre decidió adquirir la novela y tirar una edición de 1.000 ejemplares: 500 para bibliotecas y 500 para librerías.

Cuando Rowling, que vivía del subsidio del desempleo, firmó el contrato, el editor le dijo que se buscara otro trabajo, que no podría vivir de la escritura. 

Y el resto es historia. 

SINOPSIS

Harry Potter nunca conoció a sus padres. Desde bebé ha vivido con sus horribles tíos y primo, pero cuando está a punto de cumplir diez años, una serie de misteriosas y obstinadas cartas, y Hagrid, un gigantón bonachón, le desvelan que no es un niño normal: es un mago destinado a pasar a la historia; y que además irá a estudiar a Hogwarts, un colegio de magos. Allí conocerá a Ron y Hermione, de los que se hará amigo, y un secreto que pondrá en peligro su vida y la del resto de los hechiceros. 

ANÁLISIS 

Al principio de Harry Potter y la piedra filosofal, Harry de bebé se ha quedado huérfano, y unos peculiares personajes (Dumbledore, la profesora McGonagall transformada en gata, y Hagrid, quien viene volando en una moto) le encuentran un nuevo hogar. Durante casi diez años, Harry llevará una vida horrible con sus horrendos y materialistas tíos y primo.

Aquí Rowling se centra en mofarse de los familiares, que son tan ridículos (y tan normales) que acabas riéndote, a pesar de lo mal que tratan a Harry. Lo que más me gusta de esta parte, y me parece genial, es la llegada de cartas dirigidas al chico, empeñadas en que lleguen a su destinatario, y las medidas tan absurdas que toman los tíos para evitarlo.

Antes de ir a Hogwarts, Harry tiene que comprar material escolar (varitas mágicas y demás) y sacar dinero, y para ello se mete en un pasadizo secreto de Londres con Hagrid, donde descubre un mundo extrañísimo de magos y seres maravillosos.

Más adelante, para viajar en tren tendrá que ir a la plataforma 9 y ¾ en King’s Cross, a la que “lógicamente” se accede atravesando la pared.

En Hogwarts, para mantener el interés durante el nudo de la novela, Rowling creará varias tramas que se irán entrelazando. La principal es el misterioso paquete que Hagrid sacó del banco de goblins (no hay que darle muchas vueltas para saber qué esconde; solo hace falta leerse el título de la novela).

Constantemente Rowling se va por las ramas, desviándose de esa trama. Por una parte, hay que saber por qué el profesor Snape odia tanto a Harry (y qué se trae entre manos); pero también avanza la amistad entre Harry, Ron y la empollona Hermione; y la enemistad con Malfoy; y un dragoncito bebé que Hagrid se empeña en adoptar; más el campeonato de Quidditch y la pérdida o ganancia de puntos de las distintas casas para saber cuál ganará al final del curso; y alguna que otra clase. 

Crítica de Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling
Lo que hace que el conjunto funcione es lo muy imaginativa que es Rowling mostrando el mundo de Hogwarts, y lo entretenidas que son cada una de las tramas de por sí: por ahí aparecen troles y unicornios, dragones y centauros, hechizos y pócimas, escobas voladoras, lechuzas, varitas mágicas y Quidditch. Además, te muestra muy bien lo que era ser niño e ir al colegio (profesores cabreados y niños manipuladores y odiosos incluidos) y hacer amigos.

Muchas veces, cuando Rowling se va por las ramas, se las apaña para que de alguna manera esa desviación reconduzca a la trama principal. Sucede, por ejemplo, cuando Malfoy reta a Harry a un duelo nocturno, que realmente está para que se refuerce la amistad entre Harry y sus amigos, y descubran la trampilla donde se oculta el misterioso paquete.

O hacia el final, cuando Hagrid se queda con un dragoncito. Para mí es el peor desvío porque estás deseando que avance el misterio, a pesar de lo muy simpático que es. Después resulta que esa trama le sirve a Rowling para que castiguen a Harry y sus amigos, y así acaben en el bosque, donde descubrirán un gran secreto relacionado con la trama principal. 

En la parte final, me encantan las pruebas que deben pasar, ya que tienen que utilizar destrezas que han aprendido a lo largo de la novela, pero el clímax me parece débil.

Por un lado, hay el momento “Ja ja ja, soy más malo que la quina”, en el que el malo explica toda la trama. Nunca me los creo, y siempre me parece que hay alternativas para que el lector sepa qué ha pasado.

Por otro, Harry no está cuando el enemigo es vencido, lo cual es muy anticlimático, y posteriormente le tienen que contar qué sucedió realmente.

Y por último, la explicación que da Dumbledore sobre el comportamiento de Snape me parece muy pillada por los pelos, y casi, casi cae en el terreno de trampa para despistar al lector.
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