Ana Escudero Portal

Enfrentarse a la quimera de la publicación y vencer, por Ana Escudero Portal

Ana Escudero Portal es una correctora profesional que acaba de publicar su primera novela en Amazon, la fantasía juvenil Encontrarás quimeras.

Aquí su sinopsis:

Taniel vive con su abuela en la ciudad de Gorna, hogar de la última quimera. Su padre lo anima a estudiar cada día para convertirse en un gran orador, pero su verdadera ambición es ser maestro. El día de la prueba final de retórica cambiará su vida, y una promesa lo lanzará en un viaje que le llevará a descubrir los secretos enterrados entre las calles de Gorna… y las quimeras que albergan sus murallas. No todos los mitos viven en el pasado. No todas las quimeras son de carne y hueso.

Ana ofrece servicios de corrección, informes de lectura, redacción de sinopsis, asesoría literaria y traducción. Para más información, podéis visitar su página web. Podéis seguirla en Facebook, Twitter e Instagram.

Os dejo con ella para que nos cuente cómo la escribió y publicó.

El origen de la novela

Encontrarás quimeras surgió de una imagen.

Por aquel 24 de enero de 2019, yo todavía era una novata en Twitter, y descubrí que había gente que compartía imágenes y animaba a sus seguidores a escribir las historias que estas les inspiraran. Pero la mayoría eran imágenes muy realistas, y yo estaba buscando ilustraciones de fantasía (para variar). Y entonces la vi: un león blanco enorme en un circo bañado en una lluvia de pétalos de rosa blanca.

Yo tenía que escribir esa historia.

Así que compartí la imagen en mi perfil y animé a los que me leyeran a escribir su historia en un tweet (una costumbre que mantengo y reavivo cada lunes). Yo también lo intenté.

A las diez de la noche de ese mismo día, con diez veces más caracteres de los que admite Twitter, di por definitiva mi derrota. Aquella historia no cabía en un tweet. Ni siquiera había un fragmento que pudiera recortar y compartir en la red, pues aquel texto todavía no tenía final. La historia de Taniel acababa de empezar.

Por aquel entonces Taniel no era Taniel ni la quimera tenía tres cabezas. Yudiz sí que era una lamia, y quizá es el personaje que más constante se ha mantenido a lo largo de los borradores. Ella siempre ha sido una chica con las ideas claras, y sabía mejor que yo cuál era el camino de esta historia.

Al día siguiente me senté en el sillón, ordenador en mano, dispuesta a terminar la historia. Una migraña se presentó a media mañana e intentó hacerme desistir, pero me negué a perder la batalla. Aquella historia me tenía enganchada. No sabía cómo terminaba, pero sabía que, si peleaba lo suficiente por ella, el final estaría esperándome al final del dolor de cabeza. Así que bajé el brillo de la pantalla el mínimo, puse un fondo azul marino en el archivo y seguí escribiendo entre letras blancas y ojos entrecerrados.

A las once y media de la noche cerré el documento con un nuevo principio y un final. Un final que no era un final. Un final de los míos. El final de una escena, pero no el de una historia. Así que escribí tres líneas que me ayudaran a seguir al día siguiente y lo dejé.

Pero después del esfuerzo titánico del día anterior, el 26 no se me ocurría nada, ni el 27, ni el 28, ni el 31. Hasta que llegó la mejor inspiración del escritor: una fecha de entrega.

Una editorial convocó un concurso de relatos para una antología mitológica, y yo sabía que mi novela era perfecta para el tema que proponían. Ni siquiera tenía que adaptar la ambientación, porque la historia ya estaba escrita. Solo tenía que terminarla. Y el plazo terminaba el 15 de marzo, lo que me daba suficiente tiempo para acabar la historia, reposarla, revisarla y enviarla corregida.

Pero no se me ocurría nada para el final. Así que arreglé lo que tenía y lo cerré como pude. Como yo suelo hacer. Cerrando la escena y no la historia. 5 de marzo de 2019, un texto diez veces más largo que el primero (que ya era diez veces más largo que el tweet original) y un final con humor, pero mediocre y con cabos sueltos.

¿Te he dicho ya que lo que más me cuesta de una historia es el final?

Estaba más o menos conforme con el relato, pero sabía que no hacía justicia a las emociones que había inspirado la imagen. Así que ahora que ya tenía un final posible para enviar a concurso, me dejé llevar y me lancé a escribir el final alternativo sin presión alguna. Y salió. Cuando creía que no lo necesitaba porque el texto ya estaba listo para el concurso, el verdadero final vino a mí. Porque no renuncié a jugar con los personajes. Porque disfrutaba demasiado con ellos para dejarlos marchar con un final mediocre.

Pero el límite de palabras jugaba en mi contra. Sí, ya lo había hecho cuando trataba de encajarlo en un tweet y ahora lo hacía cuando intentaba ajustarlo a la convocatoria. Tuve que sacrificar la escena del principio, que no es la primera que escribí, y lo envié al concurso el 12 de marzo de 2019 con ciento veintiocho palabras menos de las que pedían. Si esperaba al 15, me iba a pasar tres días revisando el mismo texto y no quería obsesionarme.

Ni qué decir tiene que no ganó ni una mísera mención.

Novela de fantasía juvenil, Encontrarás quimeras, de Ana Escudero Portal

Destrozando la historia

No lo entendí entonces. Creía que mi historia era perfecta. Me faltaba perspectiva, como a todos los autores que acaban de ver nacer su obra. Así que se lo mandé a tres amigos para que me comentaran. Una no se lo pudo leer, a otra le gustó y el último me lo destrozó. Y gracias al destrozo, pude reconstruir mi historia desde los cimientos.

Destroza las historias que leas, querido lector. Arranca la cizaña con argumentos y ensalza las virtudes con más argumentos. Un escritor es incapaz de ser objetivo con su propia obra, pero una crítica constructiva es suficiente para ayudarlo a ver a su bebé desde otra perspectiva.

El problema estaba en la raíz de la historia. La ambientación no estaba justificada y generaba preguntas incómodas que distraían del tema central. La historia tenía dos finales (y yo en algún momento había llegado a creer que no tenía ninguno), y uno de ellos parecía sacado de la manga (el famoso Deus ex machina con el que los escritores nos llenamos la boca) y dejaba al lector con la sensación de que la autora había hecho trampas.

Aquello no se arreglaba en un solo día. Aquello necesitaba historia, trabajo de personajes y un mundo firme en el que ambientarse, y no el collage de mitología y realidad que yo había creado en un momento de migraña. Aquello era un final sin un principio.

Y se fue al cajón. Se fue al cajón porque yo no tenía ni idea de cómo arreglar aquel desaguisado. Tenía un relato con unos personajes que me chiflaban, pero estaba demasiado cerca de ellos. Les tenía demasiado cariño y era incapaz de corregirlos. Y me olvidé de ella.

Hasta que llegó el día. El día en que me decidí a dar el paso. Después de escribir para mí durante nueve años sin necesidad de enseñar mis escritos a nadie y dos años luchando por escribir para un público y recibiendo silencio y cuatro amables rechazos por parte de las editoriales, dos de ellos personalizados (Edebé y Freya Ediciones, siempre tendréis un hueco en mi corazón) decidí que había llegado el momento de lanzarme a la autopublicación.

Releí muchas de mis historias y relatos. Nunca he tirado nada de lo que he escrito. Nunca lo hagáis, aspirantes a escritores. Borrar historias no sirve de nada. Podar lo que les sobra para que luzcan brillantes y hermosas es fundamental, pero no hay historia que merezca ser podada hasta la muerte. De los más cortos fragmentos salen ideas que podéis incorporar a otros textos más merecedores de ellas. También podéis regarlos y hacer crecer una historia nueva de sus brotes.

Ese fue el caso de Quimera. Era un relato cuyo título nadie comprendía, quizá porque la metáfora ni siquiera era buena, y el 13 de enero de 2020, después de repasar los relatos escondidos en el cajón, se convirtió en Proyecto Quimera, la elegida para iniciar mi aventura como autora autopublicada. Sabía que de ahí podía sacar una novelette. Y esperaba que esta vez la extensión no se me fuera de las manos, como me había pasado una y otra vez con esta historia y tantas otras.

No lo hizo. El mapa que creé y que me resisto a trazar con cada una de mis novelas no me falló en este proyecto con fecha de entrega autoimpuesta. Lo que se escapó a mis cálculos fue el tiempo de escritura: si había escrito el texto que tenía en dos días, suponía que no tardaría más de 15 días en escribir diez veces más, que es lo que ocuparía una novelette. Y todavía me sobraban días para revisarla tranquilamente y enviar el segundo borrador a mis lectores beta el 31 de enero de 2020.

No terminé el primer borrador hasta el 1 de marzo de 2020.

El camino a la publicación

Hubo varias trabas por el camino. La primera fue la ambientación. Es mi punto débil, y documentarme me llevó mucho más tiempo del esperado. Una novelette necesita la misma atención que una novela para que su mundo se sienta real, pero tiene mucho menos espacio para lograrlo. Otra de las trabas importantes eran los temas de la novela, nuevos para mí, y me daban miedo porque no los había tratado nunca. También era consciente, por primera vez en un libro, de que estaba escribiendo con un público en mente, y saber que aquello lo iba a leer alguien sí o sí contribuyó a mi parálisis. Y, por supuesto, mi eterno perfeccionismo. El mismo que se ha encargado de detener una pentalogía entera a escasos capítulos del final.

Una vez superadas las trabas, me lancé a la corrección y les envié el segundo borrador a mis lectores beta el 6 de marzo de 2020. El 25 tenía de vuelta casi todos sus comentarios. Añadí sugerencias, correcciones, tres capítulos y un epílogo, y el 2 de abril le envié el tercer borrador a la correctora profesional a la que torturé a dudas sobre comas estilísticas y títulos durante todo el mes mientras añadía los cambios de última hora de algún beta rezagado (uno de los cuáles resolvió una duda que sospechaba que tenía pero me había dedicado a ignorar sistemáticamente por no tener que pensar en cómo resolverla. Sí, a veces a los escritores nos cuesta resolver las situaciones en las que metemos a nuestros personajes). El 28 de abril, después de unas cuantas vueltas, Silvia Barbeito me entregó el séptimo borrador, el archivo definitivo, un poco más pequeño del que le había entregado. Porque la correctora siempre recorta. Los lectores piden más, pero la correctora poda, para que el libro quede derecho y con las comas en su sitio. Sí, las estilísticas también.

Después vino la maquetación, que, sin ser especialmente complicada, sí se tragó un pozo de tiempo (nunca imaginé que tardaría tres días en elegir una imagen para los inicios de capítulo); los emails con el ilustrador de la portada (no me digas que el trabajo de Simone Torcasio no es una maravilla); los textos extra (dedicatorias, sinopsis, créditos, agradecimientos, etc.); el marketing y aprender cómo vender sin atosigar; Amazon y toooda su plataforma, los nervios, las noches de insomnio. Todo lo que desconocía y tenía que aprender del mundo de la autopublicación. La montaña rusa del escritor. Y la del editor.

Después de recorrer este proceso de principio fin, entiendo algo mejor a Hemingway y su sed, aunque que yo prefiero calmarla con chocolate y helados de menta.

Y la historia sigue. Muchos incluso dirían que no ha hecho más que empezar, pues desde que se publicó, el libro dejó de ser mío. Ahora depende de los lectores que el libro siga su recorrido y que otros disfruten de su historia. Y tú, ¿te animas a leer la historia de Taniel y Yudiz y a buscar y encontrar quimeras?

Espero que hayas disfrutado de la historia sobre cómo se concibió la historia, esa que nació de la emoción de una imagen y que esconde alguna que otra quimera entre sus líneas.

Y esto es todo por hoy, alma curiosa. Te deseo buenas lecturas y mucho tiempo para disfrutarlas.

Encontrarás quimeras, de Ana Escudero Portal. Fantasía juvenil

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Alejandro Alcalde, autor de la comedia Lavanda

Cómo escribí una comedia y me metí en el mundo editorial, por Alejandro Alcalde

Este artículo es el que más ilusión me hace de todo mi blog: Alejandro Alcalde fue alumno mío en 2017, y dos años después, a finales de 2019, publicó su primera novela, la comedia Lavanda, con la editorial tradicional Fanes, y ya va por la segunda edición. Aquí nos cuenta cómo lo hizo. Espero que este sea el comienzo de más novelas publicadas por mis antiguos alumnos.

Puedes seguir a Alejandro en Twitter.

Lavanda, risas y sonrisas

La novela Lavanda es mi primera publicación, espero que de muchas. ¿De qué trata? Pues es una novela de comedia con toques absurdos y adultos como en la vida misma. Le he conseguido sacar sonrisas a todos los que la han leído que conozco y he tenido la suerte de saber que a más de un desconocido le ha parecido divertida, entretenida, de lectura fácil y de argumento tan curioso cómo interesante. Una American Beauty con gente de setenta años, por decirlo en una sola frase.

Un grupo de amigos que superados ya los setenta años, debido a una serie de circunstancias alocadas, decidirán hacer todo lo que quieran sin importarles las consecuencias que puedan tener hacia ellos o sus seres queridos. Los protagonistas son dispares pero complementarios, ves cómo es cada uno y lo único que tienen en común es que son amigos y se tienen entre ellos. Sus vidas son muy diferentes, así como las relaciones con sus familias y otros conocidos. Su fuga los va a llevar a las experiencias de sus vidas y básicamente se demuestran a sí mismos que la edad es solo un estado mental.

Esta comedia fue publicada el 13 de diciembre de 2019. Con una segunda edición que salió en febrero de 2020, sin duda es todo un logro personal. Sobre todo cuando veo a gente completamente desconocida que compra el libro y luego me comenta que se han reído y les ha gustado. “Me compré el libro porque me recordó a mi padre de 80 años. Se quiere ir a Cuba con una novia que ha conocido en la residencia”. Me dijo una lectora que me comentaba que el libro era como un reflejo de su anciano padre.

Lavanda, de Alejandro Alcalde. Comedia.

Orígenes de Lavanda

Ante la duda de qué genero escribir, pues tenía ideas para novelas de comedia, terror, humor negro, fantasía, aventura, ciencia ficción, de humor absurdo… y tantas combinaciones posibles entre géneros, decidí ir probando varios a ver cuáles se me daban mejor o peor. Escribí una space opera juvenil, una de terror basada en una pesadilla que tuve y apunté, y mi tercera novela, la que he publicado y la que espero que divierta a todo el que la tenga en sus manos.

La idea surgió de algo tan sencillo como ir caminando por la calle y ver el forcejeo de un hombre mayor (doy por hecho que era mayor por el pelo blanco, era de noche y no había mucha luz) con la puerta de su coche. Me pareció gracioso que fuese un intento supertorpe y absurdo de robo. Y me apunté la idea de un anciano robando un coche.

Con el tiempo fui desarrollando los personajes. Seré bueno teniendo imaginación y a la hora de crear tramas, pero los personajes y su desarrollo es lo que más me cuesta. Por mi parte a la hora de construir personajes enfoco una pequeña parte de su personalidad, la que me interesa para la historia.

Mientras, hago la escaleta y según esa base fijada por mí, desarrollo el resto del personaje si es que es necesario enfocar otras partes de su personalidad según vaya necesitándolo la historia. Elegí una cantidad de protagonistas que nunca había manejado, tres (la space opera tiene varios protagonistas pero los que más destacan son dos, dejando al resto como secundarios recurrentes).

El desarrollo fue relativamente sencillo pues mientras escribo una novela, no me atrevo y no sé si me atreveré a escribir más de una a la vez, sí que me dedico a hacer investigación para el desarrollo de novelas futuras. Ya sea leyendo, viendo series o pelis y haciendo críticas y análisis. Y de ahí muchas veces a base de meter horas a estudiar tramas, personajes y demás, acabas teniendo ideas e inspiraciones.

Para cuando empecé a escribir Lavanda, ya tenía un par de novelas escritas, una escaleta de historia completa hecha e ideas para muchas más novelas. Con una base tan sólida empecé a escribir y con la idea básica de los personajes en mi cabeza fui escribiendo y se desarrollaron según les pasaban cosas en la novela. Este es el tipo de desarrollo que a mí me resulta más cómodo, hay muchas más maneras de crear personajes. Para los guiones, que no las novelas, uso el método Meisner. Aunque por probar que no quede…

Juan Gómez-Jurado con un ejemplar de Lavanda, de Alejandro Alcalde
Hasta Juan Gómez-Jurado tiene un ejemplar de Lavanda

La escritura de Lavanda

El proceso de escritura en sí mismo fue lo más fácil, como bien he dicho, lo complicado es crear el mundo y sus personajes, y luego va la reescritura y reescribir y releer y reescribir…

¿Cómo era para mí el escribirla? Fácil. Todos los días me ponía a escribir un mínimo de una página. Si el día me venía motivado llegaba a escribir hasta cinco páginas diarias, lo cual es mucho. Con cinco páginas diarias te puedes hacer una novela entera en dos meses. Y no hay más. Todos los días tenía mis horas para ponerme al ordenador y escribir, me apeteciese o no. A veces quieres escribir más, pero es conveniente parar, y a veces no quieres ni sentarte al ordenador, pero si paras una vez, pues seguramente pares la segunda, y la tercera… Y terminarás con una novela inacabada diez años después de haber empezado a escribirla. Mi consejo es el que te darán todos los escritores si les preguntas por escribir, pegamento de culo y crearse una rutina diaria, te apetezca o no.

En cuanto a los lectores beta, mis dos primeras novelas no tuvieron, ya que no había de momento en el horizonte una publicación, así que se las dejé a un par de compañeros escritores para que le echasen un ojo. Con Lavanda esos mismos colegas y compañeros, Cristian Díaz (con este he co-creado una serie de animación y escrito cantidad de guiones) y Laura Campo (compañera de teatro y de cortos), me ayudaron a afinar la novela y ver los fallos que por mi parte era incapaz de ver. Hoy día tengo a más lectores beta que me ayudan a mejorar con cada novela.

Editorial Fanes

Llegados a este punto, ¿cómo pasé de escribir a publicar? Muy fácil. Es algo que no es habitual. La publicación no es nada fácil y estuve mentalizándome durante años pensando que recibiría negaciones y silencios durante meses o años. Simplemente una de las compañeras de teatro con la que actué y escribí e hice cantidad de frikadas terminó publicando y trabajando para la editorial Fanes. Ella sabía que yo estaba escribiendo y me pidió leer mis novelas. Le parecieron buenas como para poder llegar a publicarse y quiso que conociese a su editor.

En la Feria del libro de Santander conocí al editor y le hablé sobre mi trabajo. Se vio interesado por la space opera, pero en aquel entonces todavía faltaba pulirla mucho para que fuese publicada. Así que le echó un ojo a los otros dos manuscritos que tenía, el de terror y el de comedia. Me dijo que seguramente el de comedia atraería a un público mayor y que para un novel como yo era lo más adecuado.

Al final me pidió Lavanda para que fuese publicada. Estoy en trámites para ir publicando las otras novelas que he escrito pero decidimos empezar por esa.

Alejandro Alcalde presentando Lavanda
Alejandro Alcalde presentando Lavanda

El misterioso futuro

Qué puedo deciros, tan misterioso no es. Tengo ideas para una veintena de novelas, acabo de terminar el primer manuscrito de la quinta. Me publiquen o no, voy a seguir hasta que me dé por parar, seguramente cuando la palme.

La lectura y las artes siempre han estado presentes en mi vida, ya desde niño en casa, o en el colegio. Con los años pasó de ser algo meramente ocioso a ser profesional. Después de años de estudiar en Miriñaque [teatro], Pronillo [doblaje y escritura creativa] y por mi propia cuenta, me llamaron para trabajar en varias compañías de teatro y sigo actualmente con ellas y por suerte con otras que me van llamando.


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Entrevista a Maite Carranza, literatura infantil y juvenil

Entrevista a Maite Carranza

Maite Carranza es un referente de la literatura infantil y juvenil en España. Desde que debutara en 1986 con ¡Toma castaña!, ha publicado 50 libros y ganado más de una veintena de premios, entre los que se encuentran el Cervantes Chico a toda su carrera (2014), el Nacional de Literatura Juvenil, el Templo de las Mil Puertas; tres veces el EDEBÉ y otras tres el alemán White Raven.

Si existiera el Nobel Chico, posiblemente también lo habría ganado.

Además, Carranza fue profesora de Lengua y Literatura hasta mediados de los 90, y es guionista de televisión, oficio por el que también ha cosechado varios premios, y ha escrito tres obras de teatro.

En esta entrevista, que le hice en verano de 2019 en Santander, nos cuenta cómo llegó a la literatura infantil y juvenil, qué diferencias encuentra entre escribir para adultos y para jóvenes, cómo se documenta o qué es lo primero que te tiene que gustar si quieres ser novelista.

Puedes seguirla en Facebook y visitar su página oficial, maitecarranza.com.

Lee la entrevista, y disfruta y aprende de una gran profesional.

Entrevista a Maite Carranza

¿Cómo llegaste a la literatura infantil y juvenil?

Por puro azar. Porque yo escribía para adultos, pero resulta que los relatos que presentaba a premios, los que ganaban estaban protagonizados por un joven o un niño directamente. Y alguien me dijo: “Esa mirada es la que dominas mejor”. Era muy joven, tenía veintipocos, y me dije, ¿por qué no?, voy a hacer una primera historia que va a protagonizar una niña. Fui mi primera novela [¡Toma castaña!], fue juvenil y me acogieron como especialista en literatura juvenil. Y dije, bueno pues me quedo una temporada a ver qué tal se está, y aún estoy ahí.

Tienes dos novelas para adultos, Sin invierno y El fruto del baobab. ¿Te gustaría escribir más para adultos?

Escribir para adultos ha sido frustrante porque estoy acostumbrada a que mis libros tengan una larguísima vida, tienen un tempo de boca-oreja, de darse a conocer, no hay prisa… Los libros para jóvenes pueden tardar cinco o seis años en tener éxito, y después lo tienen.

En cambio, a los tres años un libro para adultos está sentenciado. Mi primer libro fue Sin invierno (1999), tenía muchísima ilusión, tuvo dos o tres ediciones, se habló mucho, y después desapareció. Me sentí muy mal. Y me dijo la editora: “No, no, eso es lo que ocurre siempre”. Pues no me interesa. Por lo tanto, siempre que pude procuré que la historia tendiese a un público juvenil y no al revés.

Y la única donde pensé, No hay excusas para no hacerla para adultos, fue El fruto del baobab. Y Palabras envenenadas, que mucha gente me dice, “Ay, pero cómo la publicaste para jóvenes si es una obra adulta”; pues por eso, porque aún está viva desde 2010, y tiene más ventas ahora que en 2010. Y esa es la trayectoria de una novela juvenil.

En cambio El fruto del baobab la publiqué en 2013, y ya está muerta. La descatalogaron al cabo de tres años. Eso es muy frustrante.

Novelas de Maite Carranza. Literatura infantil y juvenil.

¿Qué diferencias ves entre escribir juvenil y escribir para adultos?

Mi actitud es la misma, pero me planteo qué es lo que un joven puede o no entender, entendiendo como juvenil a partir de 16 años. Es diferente si considero que es para niños o adolescentes.

Sí hay diferencias. Considero que una novela juvenil tiene que tener más ritmo, tiene que ser ágil, tiene que tener un lenguaje culto, pero sin pasarse; que no hace falta que cojan el diccionario a cada frase.

En cambio en una novela para adultos no me corto un pelo. También mi estilo es así: un estilo directo, inteligible… Pero no me reprimo, no me coarto a mí misma.

Pero ya tengo mucha experiencia para concebir una historia para jóvenes.

Me gusta, de los jóvenes, que descubren el mundo… Pensar que yo les puedo aportar una pregunta, abrirles alguna puerta, su curiosidad. Hacerles darse cuenta de los conflictos, del mundo en que viven, y que tal vez ni han reparado en ellos. Me hace sentir como más útil a mí misma.

Guionista y profesora

Aparte de novelista eres guionista. ¿Qué diferencias narrativas ves entre escribir una novela y escribir un guion?

Bastantes, pero yo diría que utilizo muchos recursos, como vasos comunicantes, tanto de la literatura hacia el guion y como del guion hacia la literatura. Yo agradezco muchísimo todo el oficio, porque yo lo llamo oficio, el oficio que tengo como guionista.

Es un oficio que se construye sobre la práctica. La teoría está bien, pero es la práctica la que te va dando toda la experiencia que necesitas para tú misma reflexionar qué recursos necesitas: cómo, cuándo y por qué.

Primero fui escritora literaria y después guionista. Cuando fui exclusivamente escritora literaria, no tenía en cuenta elementos que aprendí luego con el guion, y los he incorporado. Sobre todo el tema de las estructuras dramáticas es fundamental, la idea de conflicto, la idea de acción dramática y la creación de personajes.

Todos esos elementos, que son básicos y fundamentales en el mundo del guion, los aplico a la novela.

Soy muy estructurada. Desde hace muchos años divido las novelas por actos, lo cual responde a una novela muy cinematográfica y muy audiovisual, pero a mí me sirve. Me da, un poco, la medida de lo que estoy explicando.

Intento no engañar al lector. “Mira, ya sé, ya has acabado la primera parte, ya hemos presentado a los personajes. Ahora vamos al nudo: remángate que vienen curvas. Y tercera parte, ahora se vislumbra el final; vamos a resolverlo”.

Me gusta saber que voy orientada, pero si puedo le doy la brújula a los lectores también. Y eso es gracias al guion.

Maite Carranza y Carlos del Río. Literatura infantil y juvenil.

Fuiste también profesora de Lengua y Literatura. ¿Cómo crees que se puede incentivar la lectura en los jóvenes? Yo odiaba lo que me obligaban a leer en el colegio e instituto.

Creo que se debe diferenciar entre el saber erudito de la literatura, como la historia de la literatura, y que debería existir una noción mediante análisis de textos, igual que se hace tener unos conocimientos generales de matemáticas o de historia, tenerlos sobre literatura.

Pero confundir la lectura por la adquisición de las obras clásicas literarias que tienen prestigio es confundir a los lectores del futuro. Y pensar que, por ejemplo, a los chavales actuales les puede continuar gustando, a pesar de que haya sido un referente, un maestro, un guía, pues Julio Verne, es un error. Porque Julio Verne pertenece a su tiempo. Y en su tiempo pues fue realmente un visionario y un hombre que asombraba. Y yo cuando lo leí de niña y de joven… Y me lo he vuelto a leer de adulta o de vieja y no he podido con algunos capítulos.

Con una cultura audiovisual, con el mundo de la televisión, que nos ha influenciado muchísimo en lo que son los microclips dramáticos, la idea de la sintetización de las imágenes no se concibe con autores decimonónicos o hiperrealistas de principios del siglo XX. Y entonces los chavales actuales no los pueden disfrutar. Pueden conocerlos y admirarlos, pero disfrutarlos, no.

¿A quién van a disfrutar? A los autores actuales que serían como los coetáneos suyos que escriben para ellos.

¿Que hay chavales que son más listos y pueden leer a adultos? Perfecto. Pues les das a Joyce, no pasa nada.

Hay que prestar atención a qué consumen como cultura elegida por ellos mismos, y entonces tú les das el libro como placer cultural, que sea asimilable a su gusto. No que el libro sea la antítesis de lo que es para ellos la cultura.

Hay gente que dice: “Hay que darles cosas que no entiendan porque si no se vuelven burros”. Bueno, se vuelven burros o te tiran el libro al mar directamente. Depende. Si estiras mucho la cuerda, se rompe.

A veces un problema grave no es que los alumnos no lean, es que los profesores no leen. Si los profesores no tienen una educación literaria, no pueden tener criterio para recomendar obras para los niños.

La documentación

¿Cómo afrontas la documentación de tus novelas? El fruto del baobab, que trata de la ablación a mujeres gambianas,tiene un trabajo de documentación enorme, o Una bala para el recuerdo, sobre un acontecimiento durante la Guerra Civil, también.

Me lo paso muy bien documentándome. Sé que es un calentamiento, en el cual, si todavía no tengo una historia decidida, voy a elegir cosas muy importantes de la historia mientras me documento. Eso es muy bonito.

Me ocurre también con los guiones. Me he documentado mucho para guiones, haciendo como de reportera in situ. Eso ocurre, a veces, cuando lo que te interesa es un tema, un submundo o un caso. Entonces tú vas investigando y sobre esa investigación tú vas fundamentando… “Ostra, ese personaje me interesa, me lo quedo. Ese tema que no concebía, lo incorporo”. Te explican una historia, y es fantástica esa historia…

Es decir, ir un poco libre de ataduras a la investigación está muy bien. Y ser flexible para poder ir modificando. No tener prisa. Y, también, tener un poco alma de periodista, que yo no la tengo, lo reconozco, tengo de antropóloga. Para llamar cinco veces a una persona para insistirle para una entrevista y que me cuelgue el teléfono, pues yo ya me rindo. Los periodistas son unos pesados y consiguen lo que quieren. Y a mí me cuesta eso. Necesitaría un secretario o secretaría que me hiciese el trabajo sucio.

Con El fruto del baobab me dieron portazo en las narices porque no me permitían el acceso a las mujeres. Y hasta que no encontré la llave que me abrió las puertas yo pensé, No puedo hacerlo, y no puedo hacerlo. Ninguna mujer quería hablar conmigo sobre su vida, sobre su mutilación, su experiencia.

¿Y cómo lo lograste?

Me planteé: si estiro hilos, y qué hilos. Bueno, pues las que tienen poder. Entonces tuve que llamar a la puerta de Adriana Kaplan y a la puerta de una mamma [Eva Cham], una mujer que era de un capo de poder, que ella ya era una mujer muy respetada en la comunidad, y cuando me conoció, le expliqué, le di libros, le di confianza… Ella me dio los teléfonos de mujeres que hablarían conmigo, seguro.

Yo ya había dicho que tenían que hablar conmigo. Y entonces digo, “No me lo puedo creer”. Fue la que también me dio los contactos cuando fui a Gambia. Ella me hizo como valedora de la comunidad gambiana en Mataró. Era una mediadora cultural.

¿Siempre tiras de contactos y vas in situ a documentarte?

Sí, sí.

El fruto del baobab, de Maite Carranza
Mi ejemplar dedicado de El fruto del baobab

¿Y Una bala para el recuerdo?

Hablaba de historia, de personajes que ya no existían, entonces tuve que recurrir a mi suegro y a la familia de mi marido que tenían recuerdos de esa época, para preguntar: “A ver, ¿aquí qué se comía…?”; visitar in situ la zona, visitar casas, visitar Gijón, hablar con gente de allí, de allá… Lo que se puede.

Y leer mucho. Si puede ser, en lugar de la lectura erudita y docta, todo lo que sea más emocionante.

Yo, por ejemplo, para El fruto del baobab leí muchas novelas, no de Gambia, porque no existe literatura gambiana, pero sí senegalesa. Gambia está en medio de Senegal, y las tribus son iguales; muchas tribus están repartidas en los dos países.

Leí muchas novelas, en francés, de literatos de la zona para entender mejor, más allá de lo que es etnografía, que la hacen personas de aquí, desde dentro para saber cómo piensan y cómo sienten. Y me dio dos medidas diferentes.

La literatura autóctona es muy diferente a una etnografía hecha por Adriana Kaplan, a la cual se lo agradezco mucho para que me dé las claves para entender. Pero son dos maneras de captar diferentes.

Y en el caso de Una bala para el recuerdo, una lectura que me abrió mucho los ojos fueron las de las cartas de los condenados. Conseguí acceder a un montón de cartas… Pensé, Anda, esa es una documentación muy lúcida porque explica cómo viven los hombres en una prisión, o cómo están los campos, qué les escriben a su familia… Todo eso de “¿Qué le digo a mi familia antes de morir?”, ¿no?, “que me van a fusilar de aquí a unas horas, o mañana”, o lo que sea.

A raíz de eso dije, “Anda, yo aprovecho todo eso que sé y lo meto, porque no estaba previsto”. Es muy emocionante; la comunicación última que se establece entre alguien que va a morir y esa lejana familia, que no les puedes estropear lo que les queda de vida, y les tienes que enviar un mensaje optimista. Es muy duro.

Es muy interesante literariamente.

¿Cuál es tu proceso para escribir una novela?

Yo la escritura, digamos, propiamente capitular la hago bastante rápida. Pero previamente, me dedico todo el tiempo que me da la gana a diseñar la novela. Y el diseño de la novela incluye sinopsis, tratamiento… hasta tratamiento secuenciado capitular, también.

Nunca jamás empiezo en blanco y sin tener un relato que sea la base de cada uno de los capítulos. Por el camino modifico, quito e incorporo, pero siempre voy sobre seguro. Entonces, la primera fase me dura a veces mucho y a veces poco.

Escribo relativamente rápido. Una novela como Una bala para el recuerdo la escribí en mes y medio, dos meses. Pero claro, con toda la previa que ya tenía.

Yo digo: “Ahora me siento, y ya no lo pienso más”. Escribo seguido y sin parar. No me vale eso de ahora me paro, ahora continúo… Y cuando no me queda más remedio, pues lo tengo que hacer por partes. Pero prefiero hacerlo de una tacada.

El fruto del baobab fueron cuatro o cinco meses. No más. No soy lenta.

¿Eso incluye la revisión y reescritura?

Sí, porque es que soy guionista, y los guionistas tenemos que tener una capacidad de reacción muy rápida. Te dicen: “Mañana, venga, 30 páginas”; y te tienes que poner a escribir, estés inspirado o no, tengas un buen día o no.

Y al final, cuando estás metido, te vas animando, te calientas y ya está.

Una bala para el recuerdo. Maite Carranza. Literatura infantil y juvenil.

Recomendaciones

¿Cuáles son tus autores favoritos y tus mayores influencias?

He ido modificando mis autores favoritos a lo largo de mis muchos años de lectora. Ahora, por ejemplo, como tenía que ir al Celsius, estuve leyendo ciencia ficción, que hacía tiempo que no leía, fantasía… Descubrí cosas que ignoraba.

Ahora diré una muy gorda, pero es que no tengo tiempo para todo. He descubierto a Brandon Sanderson, que no lo conocía, y me ha fascinado.

Cada año he descubierto a alguien que no conocía, y me dejo siempre aconsejar. Digo: “Aconséjame un escritor que no haya leído”. Y me funciona muy bien.

Son tantos los autores y autoras que me gustan. ¿Los sigo de una forma fiel? No. Porque a veces digo: “Este libro ha sido tan bueno que creo que será insuperable, con lo cual no sé si volveré a leer nunca algo más de esa persona”.

Y algunos que pensaba, Voy a leer todo lo que escriba; mmm, hay cosas que me han frustrado. Por ejemplo, me gustó mucho, que no lo conocía la gente, y yo leí un primer libro y me pareció acojonante, Las correcciones, de Jonathan Franzen.

Jonathan Franzen se hizo famoso a posteriori por Freedom [Libertad]. Yo leí Freedom; me parece una mierda. Y dije, no, a mí me gustó Las correcciones.

Y hay autores que superan ese primer libro; y ese ya, respeto absoluto. Porque cada libro es una obra diferente. Y se traicionan a ellos mismos; me parece genial.

Y un autor que me había fascinado hasta hace bien poco fue Mario Vargas Llosa. Cada libro era una aventura diferente. Y no reconocía al Vargas Llosa de hacía cinco años, de hacía diez y de hacía veinte. Cada libro era diferente. Era maravilloso.

Pero ahora estoy enfadada con él. Me estoy distanciando emocionalmente, no literariamente. Y esas cosas, a veces, influyen.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Que tenga muy claro qué es lo que persigue. Yo lo que he conocido son muchos novelistas que persiguen la fama, o que persiguen los followers, persiguen el reconocimiento o ligar mucho. No. Ninguna de esas cosas.

Persigues encontrar tu voz, tener la posibilidad de comunicar, de explicar cómo ves el mundo. Tengo la oportunidad, no tanto de dejar un legado (lo del legado ya, para nada, todo es efímero), pero sí aportar mi pequeño granito de arena al mundo. Y si eso te satisface, pues adelante.

Si te satisface ser rico, famoso o popular, dedícate a hacer de actor o de actriz o, no sé, atracar un banco, que da más fama. Pero se confunde. A mí me duele.

La pregunta primera es: ¿eres lector o lectora? Si no lo eres, no escribas. Es como si yo digo, “No, yo quiero ser un músico famoso, pero no me gusta la música”. Es absurdo. Y hay mucha gente que se mete en la literatura sin ser lector, sin gustarle los libros.

“¿Cuántos libros te lees? Explícame los diez últimos libros que te has leído y cuánto tiempo le dedicas a leer…”. “No, es que no tengo tiempo para leer, solo leo en verano”. Pues no seas escritor. Jamás. Porque no tienes la magia dentro de crear historias y de admirarte por lo que escriben los demás.

Pero si no estás tocado por la lectura, no pretendas ser escritor.


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Maribel Abad, fantasía juvenil

Mis dolores de cabeza con «La constelación de los dragones», por Maribel Abad

Seguro que habéis oído decir que si no eres famoso, o no tienes un trillón de seguidores en las redes sociales ni contactos, no hay nada que hacer con las editoriales tradicionales; que antes de escribir tu novela tienes que currarte la promoción, porque de lo contrario no te va a comprar ni tu madre.

Bueno, pues os presento a mi amiga Maribel Abad, quien acaba de publicar la novela de fantasía juvenil La constelación de los dragones con la editorial tradicional Onyx. Ni era famosa, ni tenía miles de seguidores ni conocía a nadie en el mundo editorial, y sin embargo logró firmar un contrato de publicación en un periquete.

Os dejo con ella. Podéis seguirla en Twitter e Instagram y visitar su página web, maribelabad.com.

Sinopsis de La constelación de los dragones

¿Se puede progresar en la vida cuando uno no sabe quién es? En el mundo mágico de Arcálie no, pues magia e identidad van cogidas de la mano, y el que no encuentra su poder está condenado a la exclusión.

Esto lo descubren Finthan Fideri y sus amigos cuando salen de su bosque por primera vez para entrenar como Ojeadores. Más allá de las murallas de su Títhame natal, se encuentran con la realidad de que la vida en Arcálie es mucho más peligrosa de lo que ellos habían imaginado siempre.

Que el poder de Finthan sea el de caminar hacia lo perdido hace que este se proponga hallar a Gwendelan, la desaparecida Alta Hechicera. Esta búsqueda les llevará a descubrir que las leyendas pueden convertirse en realidad.

Maribel Abad. Fantasía juvenil. La constelación de los dragones
Maribel Abad con el menda en el Celsius de 2019

El cajón de sastre de las ideas

Cada vez que me preguntan cómo se me ocurrió la historia de La constelación de los dragones, doy una respuesta distinta. No es que de una entrevista a otra mienta, es que el proceso por el que llegué a escribir esta novela tiene varias fuentes de inspiración.

Por una parte, yo tenía un libro que escribí a los dieciséis, cuyos acontecimientos podían dar lugar a una historia de seres venidos a nuestro mundo desde otro. Tenía muchas características físicas y mágicas de estos seres, así como de worldbuilding general pensadas, y también muchos de los acontecimientos que habían ocurrido en la historia de ese lugar, que ya por entonces llamaba Arcálie. Y con eso, la idea de un mundo que había estado en guerra con el nuestro y que había mandado aquí a algunos de los suyos. De ahí surgió la idea de los Celestes y del pobre Finthan, que tiene uno de ellos y no sabe usarlo. En el presente no tiene nada que ver, pero bueno, de ahí salió.

Por otro lado, me encantan las leyendas de hadas, y la mitología celta es mi favorita (sí, ya lo sé, qué original). Con todas las historias sobre las costumbres de los «pueblos feéricos», me inventé una sobre un mundo en el que no se podía caminar por el suelo cuando se hacía de noche, porque las hadas salían entonces, y si te interponías, podían llevarte con ellas y nunca te devolverían. Un grupo de chavales decide probar un día a ver qué pasa, y por mezclarse con las hadas, se acaban viendo envueltos en la búsqueda de un tesoro. Esta idea la tenía muy presente porque me resultaba intrigante, y en un viaje a Disneyland París, visitamos la atracción de La cabaña de los Robinson, que es, ni más ni menos, que un árbol gigantesco con una casa construida sobre él. Mientras la recorríamos, subiendo por las escaleras que rodeaban el tronco y viendo las distintas estancias, empecé a imaginar cómo sería vivir en un lugar así (más bien, empezó a imaginárselo mi niña interior, la que se construía cabañas en todas partes), y qué tipos de seres podrían vivir allí, y una casa así me pareció la mejor razón del mundo para no tener por qué pisar el suelo de noche.

También tenía una idea que me había dado una amiga sobre una niña que usara una canica para encontrar las cosas que perdía, y convertí ese poder en el Celeste de Finthan. Al final, mezclándolo todo, salieron las primeras ideas para La constelación de los dragones, así como mucho del worldbuilding.

Maribel Abad. Fantasía juvenil. Aroa R Zúñiga. La constelación de los dragones
Maribel Abad con la escritora Aroa R. Zúñiga

Escribir fue lo de menos

Escribí la novela en un par de meses. Se puede decir que casi la vomité. Pero quedó horrible. Saber el final de una historia y dirigirte hacia él sin un plan es como saber por dónde queda más o menos un lugar al que tienes que ir, pero no conocer el camino; al final, acabas dando alguna vuelta de más, e incluso puedes ir, sin querer, en dirección contraria solo porque te gusta esa calle. Total, que después de escribir aquello en dos meses, el resto del trabajo ha sido de reescritura. Empecé en 2014, tras el viaje a Disneyland, y seguí haciendo cambios hasta que lo mandé a la editorial, en diciembre de 2018. Es demasiado tiempo. Si hubiese planificado primero, el resultado no habrían sido tantos años de reestructurar, cortar, añadir, volver a eliminar, cambiar lugares y ambientaciones, eliminar personajes. Pero me valió la pena porque esta era la primera historia, de todas las que había escrito, que yo presentía que podía sacar adelante e intentar publicar.

Esta palabra es la causante de la mayor parte de las enfermedades que he tenido estos años. Aunque el proceso de reescritura de La constelación de los dragones fuese largo, yo me lo pasaba bien mientras le dedicaba mi tiempo a eso. El problema está en que te dicen que si no te haces popular en las redes sociales, no eres nadie y no solo no vas a ser publicado por ninguna editorial, sino que, además, no vas a vender ni un libro si autopublicas. Y empiezas a intentar conseguir seguidores a la desesperada. Y no entiendes por qué no te haces más popular. Al final te das cuenta de que lo importante son las relaciones con la gente y que lo suyo es conocerse, no seguirse mutuamente intentando, por ambas partes, que el otro le haga caso a tu contenido de calidad. Pero es cuando empiezas a conocer a algunas de estas personas (¡plot twist: personas!), cuando te interesas por el contenido de alguien. Antes de eso, son un montón de vendedores en el mercado gritando para que te lleves su fruta antes que la del vecino. Y todos son escritores como tú. Todos. ¿Pero cuántos son lectores? ¿Todos? Como te pares a analizar lo que ves, te deprimes. Lo mejor es seguir trabajando en tus manuscritos y acudiendo a eventos donde mezclarte con todos tus compañeros. Y trabajando. Y trabajando. Y un día prestas atención y ves todo lo que has conseguido sin darte cuenta: una comunidad, tus libros, sus libros… Más que sin seguidores, sin apoyos no somos nadie. Los seguidores vienen poco a poco.

La autora Maribel Abad firmando la fantasía juvenil La constelación de los dragones

Publicar

Mucha gente me pregunta qué hice para que me publicaran en Onyx y la respuesta es que, aparte de mandarles el manuscrito, no hice nada más. Hay mucha suerte involucrada en esto de pasar a formar parte del catálogo de una editorial, imagino. Cuando dicen que tienes que pasarle tú tus seguidores a la editorial me da la risa, porque cuando aceptaron mi manuscrito, yo tenía unos cuatrocientos seguidores en Twitter, menos de cien en Instagram, y Facebook es personal, así que… no, por ahí no iban los tiros. Supongo que hay mucho de llegar al lector profesional y al editor justo en el momento en que les apetece algo como lo que les has mandado tú. Si les gusta lo que les mandas, no se van a hacer de rogar; ya he comentado que se lo mandé en diciembre; en concreto, el 31. El día 8 de febrero me respondieron, y yo que me estaba preparando para no saber nada hasta el verano. De hecho, pensaba que se habían leído las primeras páginas y ya sabían que no querían algo así, y cuando abrí el correo y me vi el tan esperado «sí»…

No quiero decir que esto sea así en todas las editoriales, ya sabemos lo que hay en muchas, pero no todo este mundo está podrido ni a punto de implosionar como la burbuja de la construcción. Lo que yo digo siempre es que el que deja de intentarlo no estará en el lugar indicado en el momento oportuno. Es, por una parte, así; por otra, hay que tener ganas de mejorar. Si una editorial quiere algo como lo que tú has mandado, pero el manuscrito es un desastre… puedes pillarlos con ganas de trabajar en él todo lo que haga falta para mejorarlo, pero si tú no aprendes y te estancas, o incluso te niegas a aceptar los cambios que te proponga tu lector profesional… Pues no, así no.

Pero si uno sigue escribiendo y moviéndose…, y tiene paciencia, en algún momento pasarán cosas buenas. O una editorial te querrá, o tus libros autopublicados estarán en un buen lugar en las listas de Amazon. Pero esto, poco a poco ¡y con mucho ánimo!

Ahora mismo, La constelación de los dragones está disponible en físico en muchas librerías, y las que no lo tengan allí mismo, lo tienen en catálogo, así que se puede pedir sin problemas. Y para el que prefiera comprarlo online, en la web de la editorial es donde más fácilmente se puede pedir: https://onyxeditorial.com/producto/la-constelacion-de-los-dragones/

Y recordad: en esto de la publicación, ¡las prisas no son nuestras amigas!


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Escribiendo fantasía juvenil a cuatro manos

Escribiendo fantasía juvenil a cuatro manos, por Adella Brac

Adella Brac es una escritora de fantasía juvenil que conocí en el Festival Celsius 232. Cuando me enteré de que su última novela, La biblioteca de los libros olvidados, la había escrito junto a Jessica Galera Andreu, le pedí que me contara su experiencia: escribir a cuatro manos me parecía el camino seguro para provocar entronizadas guerras de ego y crearte un enemigo de por vida.

Pero estaba equivocado.

Os dejo con ella.

Bío de Adella Brac

He soñado con ser escritora desde niña. Lo convertí en realidad en 2012 y hoy tengo cuatro novelas publicadas. La leyenda de Bellasombra y La historia de Tilansia se desarrollan en el reino imaginario de Sanseviera, pero son historias independientes de fantasía juvenil. El don de Haziel es fantasía urbana romántica. Y la novela de la que vengo a hablar hoy, La biblioteca de los libros olvidados, escrita a cuatro manos con Jessica Galera Andreu.

Además, tengo un relato para descargar gratis (mediante pago social) en Lektu

Escribo en mi blog cada quince días y desde hace casi seis años mantengo un reto de escritura mensual de microrrelatos, el #reto5líneas, alrededor del que se ha formado una comunidad muy chula. 

Además, administro un club de lectura de fantasía juvenil en Facebook, Lecturas Fantásticas, donde leemos juntos un libro al mes.

Visita mi página, adellabrac.es, donde ofrezco informes de lectura y servicios de autopublicación. Puedes seguirme en Facebook, Twitter e Instagram.

Adella Brac, fantasía juvenil, escritora
Adella Brac

Bío de Jessica Galera Andreu

(Barcelona, 16 de marzo de 1982). Mi gran pasión es la literatura, leer y escribir. Me encanta, especialmente, el género literario de la fantasía juvenil. 

De pequeña, La historia interminable, de Michael Ende, me arrastró a un mundo de fantasía del que ya no pude —ni quise— salir. Sin embargo, nunca me había planteado el escribir una novela hasta que un día empecé a darle forma a La Última Alianza, sin saber cómo sería ni adónde llegaría. Después de ella han llegado más de veinte publicaciones de fantasía juvenil y romance, esencialmente.

Administro una página web, donde publico toda la información al respecto, relatos y desafíos literarios.

Puedes seguirme en Twitter e Instagram.

Jessica Galera Andreu, escritora de fantasía juvenil
Jessica Galera Andreu

Escribir a cuatro manos

La idea de escribir juntas surgió de manera casual en una conversación de WhatsApp. Fue Jessica quien lo propuso. Reconozco que soy de las que se piensan todo mil veces, pero esa vez acepté al momento.

La verdad es que ya hacía tiempo que conocía a Jessica. Habíamos coincidido en un par de iniciativas por lo que sabía cuál era su manera de trabajar y que era compatible con la mía. Además, la admiro como escritora por lo que era un honor para mí tener la oportunidad de crear a su lado. Se lo dije y ella me confesó lo mismo. A las dos nos hacía mucha ilusión trabajar juntas, así que estaba claro que haríamos un buen equipo

En ese momento, igual que tenía claro que con ella iba a funcionar, tenía claro que no podría hacerlo con ninguna otra persona. Visto desde hoy, y con el aprendizaje que me aportó la experiencia, creo que sí podría volver a hacerlo. El truco está en escoger bien. 

El proceso de creación de la novela nos llevó unas semanas. Cada una aportó una idea, y luego trabajamos para fusionarlas y sacar de ahí una historia. Escogimos como protagonistas a dos personajes femeninos y decidimos que los capítulos estarían narrados de manera alterna por ellas dos. Cada una se hizo cargo de una de las protagonistas e hicimos sus fichas de personajes. 

Alana es impulsiva, muy emocional y tiene un don para liarla siempre. Keera es súper racional y perfeccionista. Fue divertido crearlas con formas de ser casi opuestas y luego hacer que aprendiesen a entenderse. 

Decidimos la ubicación geográfica de la historia, fuimos armando poco a poco la trama y definiendo al resto de personajes secundarios. 

Como vivimos lejos, chateábamos una vez a la semana para avanzar en la historia y usábamos Drive para ir guardando toda la información que íbamos reuniendo.

Cuando vimos que la historia estaba suficientemente definida comenzamos a escribir. 

Todas las semanas seguíamos la misma rutina; cada una escribía un capítulo y leía el de la otra. El día de la puesta en común se compartían las cosas que nos habían gustado, se preguntaba aquello que no había quedado claro y se cuestionaban las partes que no nos convencían. No hicimos grandes cambios en el texto porque era el primer borrador, pero sí fuimos puliendo y completando la escaleta. 

Aunque las reuniones oficiales se hacían una vez a la semana, normalmente los jueves, el canal de comunicación estaba constantemente abierto por si durante el proceso de escritura alguna de las dos necesitaba ayuda.

Corregir a cuatro manos

Esa primera versión nos llevó unos cuatro meses. Con ella completada pasamos al proceso de revisión. Decidimos seguir un ritmo parecido al de la escritura. Durante la semana, cada una leía y comentaba el capítulo en cuestión. Las erratas se cambiaban directamente, las dudas que se podían resolver mediante un comentario quedaban marcadas y las cuestiones que necesitaban ser debatidas se dejaban apuntadas para nuestra reunión del jueves. El proceso fue sencillo, no hubo grandes conflictos. Ambas somos personas flexibles que nos gusta escuchar y tomar en consideración la opinión de los demás. A favor de este sistema diré que resultó muy enriquecedor, por contra, fue más lento de lo que sería corregir en solitario porque a veces hacíamos comentarios sobre comentarios y volvíamos una y otra vez sobre el mismo párrafo. Jessica y yo tenemos horarios de trabajo completamente distintos, yo escribo temprano por las mañanas y ella por las noches, a horas en las que yo ya estoy durmiendo, por lo que no era factible realizar juntas la corrección cada día. 

Capítulo a capítulo llegamos al final del texto. Tocaba dar una vuelta completa para observar la novela en su conjunto y atar los cabos que hubiesen quedado sueltos. Dimos más de una, la verdad.  

Al llegar a ese punto en que te das cuenta de que ya no puedes mejorar más el texto decidimos pasarla a los [lectores] betas. Cada una seleccionó a algunas personas de su confianza. 

Fuimos añadiendo todos los comentarios de nuestros betas al archivo común en Drive y después, los valoramos uno por uno entre las dos. 

Había un punto en concreto en que varios betas coincidieron en señalar que faltaban algunas explicaciones, lo sopesamos con calma y decidimos escribir un capítulo más

Corríamos el riesgo de descalabrar toda la trama, pero fuimos muy minuciosas al incorporar el texto nuevo y creo sinceramente que esa parte hizo que todo quedara más redondo. Mejoró la obra.

(Si quieres saber más sobre el proceso de corrección de esta obra, lee «Cómo corregir a cuatro manos: el método de Adella Brac y Jessica Galera» en Relatos Magar).

Escribir la sinopsis

La sinopsis suele ser una de las cosas que más me cuestan, pero al escribirla entre dos lo llevé fenomenal. 


Keera se ha criado con su estricto abuelo en una vida acomodada de orden y rutina.

Alana ha vivido desde pequeña en una vorágine de frustración. Su madre, guardiana del reino de fantasía de Lívera, no ha dejado ni un solo día de intentar despertar en ella, inútilmente, la magia que le corresponde por herencia.

El día que ambas cumplen diecisiete años descubren que son hermanas gemelas y que unas complicadas circunstancias terminaron por separarlas.

Keera ha de abandonar su escepticismo y dar un paso al frente para recoger el legado de su madre y Alana será libre para perseguir su sueño de ser escritora, pero ambas terminarán metidas dentro del primer libro que esta última escribió y desechó.

Un mundo de fantasía, un cuento patas arriba y unos personajes en estado de rebeldía.

«¿Qué escritor no tiene una historia olvidada en un cajón?»


Respecto al título, pudiera parecer que decidirlo entre dos es tarea imposible, pero de nuevo, con Jessica fue fácil. Planteamos cada una algunas ideas y escogimos sin conflicto. Como es lógico, ambas queríamos lo mejor para la historia, así que no fue complicado ponerse de acuerdo. 

El resultado de todo este proceso es La biblioteca de los libros olvidados.

La biblioteca de los libros olvidados es una historia de fantasía juvenil llena de magia y aventuras. Ambas protagonistas tendrán que pasar su propio proceso de aprendizaje y comprenderán que no son tan diferentes cómo imaginaban. 

Puedes conseguirlo tanto en formato digital como en papel en Amazon.


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Entrevista a César Mallorquí

Entrevista a César Mallorquí

César Mallorquí creció rodeado de libros y con unos padres que amaban la literatura; de hecho, su padre era José Mallorquí, el autor de El Coyote. Parece natural que César acabara siendo escritor, aunque tardó en dar el paso, y cuando lo hizo, a principios de los 90, aprendió por su cuenta a escribir novelas.

En la actualidad es uno de los autores españoles más reconocidos de literatura infantil y juvenil, aunque también escribe para adultos —y no hace falta ser adolescente para leer sus novelas juveniles—. Mallorquí ha ganado un sinfín de premios: el Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil en cuatro ocasiones, el alemán White Ravens en otras cuatro, el Gran Angular, el Ignotus, el Templo de las Mil Puertas, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2013 y el Cervantes Chico en 2015 por toda su obra juvenil…

En esta entrevista nos cuenta cómo aprendió a escribir novelas, cuál es su método de trabajo, de sus siguientes proyectos y de sus pasiones e influencias literarias. Aprended de un maestro.

Puedes visitar su blog, La Fraternidad de Babel, y seguirlo en Facebook.

El Coyote, de José Mallorquí

¿Cómo influyó tener a José Mallorquí de padre para que fueras escritor?

De forma decisiva y por muchos motivos. En primer lugar, porque mis padres me inculcaron el amor a la lectura desde la cuna. En segundo lugar, porque la casa de mis padres estaba llena de libros de todo tipo. En tercer lugar, porque para mí era normal que alguien (un miembro de mi familia) se dedicara a algo tan exótico como la escritura. En cuarto lugar, porque mis padres siempre me animaron a escribir. En quinto lugar, porque en mi casa se respiraba amor a literatura (y al cine). En sexto lugar, porque, cuando yo tenía 14 años, mi padre me obligó a aprender a escribir a máquina al tacto… Podría seguir, pero dejémoslo ahí.

A finales de los 70 dejaste de escribir porque no eras capaz de desarrollar una novela. Después de trabajar de publicista durante más de una década, a principios de los 90 decidiste retomar tu pasión de escribir. ¿Cómo aprendiste a escribir novelas?

Releyendo y reflexionando.  Por aquel entonces me preguntaba por qué algunos libros te atrapan y no puedes soltarlos; es decir, por qué algunos autores tienen garra y otros no. Escogí unos cuantos libros de esa clase, libros que me habían apasionado al leerlos, y me puse a diseccionarlos. Todas las mañanas me iba con mi Vespa a la Casa de Campo (un parque/bosque situado al oeste de Madrid), me sentaba bajo un árbol y examinaba aquellas novelas buscando en ellas los recursos que había empleado el autor.

Luego, practiqué lo que había aprendido escribiendo cuentos largos de entre 8.000 y 20.000 palabras, hasta que tres años después conseguí terminar mi primera novela.

¿Cómo llegaste a la literatura infantil y juvenil?

A mediados de los 90 vi en el periódico un anuncio del Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil. Estaba muy bien dotado económicamente, así que decidí probar suerte. Presenté una novela juvenil y no gané, pero la editorial se interesó en publicarla. Al año siguiente volvía a presentarme al premio y esa vez gané. Luego conseguí varios premios más, mis libros se vendían bien… y así hasta ahora.

La fraternidad de Eihwaz, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

Muchísima gente dice que vivir de la escritura es imposible, y sin embargo, tú lo haces, ¿cómo lo has logrado?

No es imposible, aunque sí difícil. Ahora mismo se me ocurren seis o siete nombres de conocidos míos que viven de la escritura. Según he leído, antes de la crisis había unos 2.000 escritores que se ganaban la vida con la literatura; después de la crisis quedamos unos 500. ¿Cómo se consigue? No lo sé a ciencia cierta, pero creo que es importante que la mayor parte de tus novelas permanezcan en catálogo. Por ejemplo, la primera novela juvenil que escribí (hace ya casi 25 años), La fraternidad de Eihwaz, sigue reeditándose y cada año me proporciona derechos de autor, e igual ocurre con el resto de mis títulos juveniles. Eso proporciona un colchón económico y te da cierta estabilidad.

¿Por qué los chavales devoran tus libros?

Supongo que habría que preguntárselo a ellos… Antes he dicho que, cuando me propuse aprender a escribir novelas, me propuse también aprender a escribir con garra. Mi objetivo con cada novela es agarrar al lector por las solapas y no soltarlo hasta que llegue a la última página. Para ello utilizo mucho el misterio. No necesariamente grandes misterios, también valen misterios pequeñitos. Por otro lado, presto mucha atención a la estructura narrativa. Cuando tengo un argumento en la cabeza me pregunto: ¿en qué momento de esta historia debe comenzar el relato para que resulte más interesante? ¿Quién debe narrarlo? ¿Desde qué punto de vista?… Además, cada cinco o seis páginas que escribo me detengo para preguntarme: “¿Esto que acabo de escribir es suficientemente interesante?” Y si no lo es, lo rehago. Pero quiero dejar clara una cosa: empleo las mimas técnicas y estrategias cuando escribo para jóvenes que cuando escribo para adultos. Para mí no hay diferencia.

¿Por qué no escribes más ciencia ficción para adultos?

Porque es un lujo que no puedo permitirme. Soy escritor profesional, me gano la vida escribiendo, y la ciencia ficción es un género minoritario que, sencillamente, no da dinero. El tiempo que dedicaría a escribir una novela de ciencia ficción para adultos, que no me proporcionaría ni un céntimo, sería tiempo que le robaría a escribir una juvenil, que sí me daría beneficios. Ya sé que suena muy materialista y prosaico, pero hay que tener presente que vivo de lo que escribo. Es mi trabajo.

Pero amo la ciencia ficción y la fantasía, de modo que, de cuando en cuando, escribo relatos de esos géneros. Así, poco a poco, pude componer mi segunda y última antología de ciencia ficción y fantasía, Trece monos (Fantascy 2015). No obstante, quiero dejar claro algo: mis novelas juveniles pueden ser perfectamente leídas por adultos. Si nos ceñimos a la ciencia ficción y la fantasía, creo que cualquier lector, tenga la edad que tenga, puede disfrutar de novelas como La isla de Bowen (Edebé), la Trilogía del parásito (SM) o La caligrafía secreta (SM).

Trece monos, de César Mallorquí. Ciencia ficción.

Compartimos pasión por cierto escritor estadounidense. ¿Qué tiene Ray Bradbury que enamora?

Toneladas de talento y sensibilidad. Leí Crónicas marcianas cuando tenía quince o dieciséis años y fue una epifanía. Ese libro no se parecía en nada a la ciencia ficción que había leído hasta entonces; no hablaba de tecnología ni de superciencia, sino de seres humanos, y su futuro era en realidad una metáfora del presente. A partir de ahí, leí compulsivamente todas sus obras: El hombre ilustrado, Las doradas manzanas del Sol, Remedio para melancólicos, El vino del estío, Fahrenheit 451… en fin, todo.

Bradbury me impresionó tanto que, cuando yo era un teenage, escribía cuentos copiándole descaradamente; no sus argumentos, sino su estilo. También me hizo amar la ciencia ficción humanista, y a otros autores como Clifford D. Simak, Zenna Henderson, Theodore Sturgeon o Cordwainer Smith.

¿Cuáles son tus escritores favoritos y tus mayores influencias?

En cuanto a mis escritores favoritos, el que está en cabeza es Jorge Luis Borges; cuando lo descubrí, su obra impactó en mi mente como un asteroide mata-dinosaurios contra la Tierra. Es tan grande, tan inmenso, que cada vez que lo releo, y lo hago con frecuencia, descubro cosas nuevas. Tras él hay una larga lista de autores, como (por supuesto) Bradbury, Kafka, Márquez, Stevenson, Jardiel, Bester, Siverberg, Twain, Wodehouse…

Respecto a mis influencias, al menos de las que soy consciente, situaría en primer lugar a mi padre, José Mallorquí; y luego Ray Bradbury, Fredric Brown, P. G. Wodehouse, Alfred Bester, Richmal Crompton, Julio Verne… Borges no es exactamente una influencia, sino una fuente de inspiración. Ah, sin que yo me diera cuenta, Robert Heinlein me influyó mucho a la hora de escribir novela juvenil.

¿Cuál es tu proceso de escritura y cuánto te lleva completar una novela?

Lo primero que necesito es una idea; quizá algo muy pequeño, pero que atrape mi atención. Luego desarrollo una trama en torno a esa idea. Sé que tengo un argumento cuando encuentro un principio y un final. A continuación, diseño los personajes principales y, por último, estructuro la historia. Todo eso lo hago mentalmente, ni siquiera tomo notas. Y no sé cuánto tiempo me lleva; a veces semanas, a veces meses. El siguiente paso es buscar documentación si es necesaria. Una vez hecho todo eso, me pongo a escribir. Acabar el primer borrador de una novela de, digamos, 250 páginas (sesenta y tantas mil palabras), me lleva entre cinco y seis meses. Luego queda la corrección, es decir, unas tres semanas más.

Las lágrimas de Shiva, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Acabo de terminar el primer borrador de El Círculo Escarlata, la continuación de mi mayor éxito editorial, Las Lágrimas de Shiva.

Aparte de eso, estoy preparando una serie de novelas de ciencia ficción para niños. Siempre había escrito para jóvenes, con una única incursión en la literatura infantil, El hombre de arena. Ahora voy a probar a dirigirme a los niños de en torno a 10 años, pero a mí manera, escribiendo algo que me divierta también a mí. La serie se centra en el tema de los universos paralelos. En concreto, estará ambientada en los años 30 del siglo pasado, en una tierra paralela donde existen todos los arquetipos y ambientes propios del género pulp. Vengadores enmascarados, superhombres y supermujeres, sociedades secretas, dirigibles surcando los cielos, ciudades perdidas, monos gigantes, villanos siniestros (a ser posible orientales), dinosaurios, reinos misteriosos, robots, monstruos… En fin, una especie de mundo de la aventura. A ver qué tal me sale.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

El primero de todos: paciencia. Aprender el oficio de escritor lleva mucho tiempo y esfuerzo. Escribir una novela requiere grandes dosis de tenacidad. Publicar por primera vez es un proceso lento y, con frecuencia, frustrante. Conseguir darte a conocer se logra poco a poco. Ganar lectores se tarda en conseguir. Reunir la suficiente obra en catálogo lleva muchos años. Así que: paciencia. Porque intentar correr es el peor error que puede cometerse.

Aparte de eso, hace ocho años escribí en mi blog, La Fraternidad de Babel, una entrada llamada “Diez consejos a un joven escritor”, en la que intento sintetizar las cuestiones básicas necesarias para desarrollar una carrera como novelista. Este es el enlace: http://fraternidadbabel.blogspot.com/2011/05/10-consejos-un-joven-escritor.html

La estrategia del parásito, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

Y Carlos del Río os recomienda los artículos “El oficio de escribir”:

El oficio de escribir I ”.

El oficio de escribir II”.

El oficio de escribir III”.

El oficio de escribir IV”.

El oficio de escribir V”.

El oficio de escribir VI”.


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Entrevista a Rosa Montero

Entrevista a Rosa Montero

La periodista Rosa Montero publicó hace 40 años su primera novela, Crónica del desamor, y desde entonces se ha forjado una carrera muy sólida como escritora, donde ha mezclado cuentos con novelas, la ciencia ficción con historias realistas.

En esta entrevista hablamos del proceso de escritura, de los cambios en el mundo editorial desde que empezó, de las novelas de Bruna Husky, de sus obsesiones e influencias; y sí, del síndrome del impostor que incluso ella sufre.

Puedes visitar su página web, y seguirla en Facebook y Twitter.

Se cumplen 40 años de la publicación de tu primera novela, Crónica del desamor, sin embargo, tú consideras que tu primera novela es la segunda, La función Delta, ¿por qué?

Porque la primera está escrita con un pie forzado. Un editor entonces muy pequeñito (Debate) me pidió un libro de entrevistas feministas sobre la mujer en la Transición. Dije que sí y firmé el contrato, pero me aburría muchísimo hacer un libro de entrevistas (ya hacía muchas para El País) y con el paso de los meses le ofrecí hacerle una especie de crónica de ficción de la historia de las mujeres en la Transición. Y es lo que hice, una novela coral sobre las mujeres de esa época. Por eso la llamé Crónica del desamor, porque para mí era una crónica, no una novela. Nunca hubiera escrito una novela así si no hubiera estado respondiendo la petición del editor.

 ¿Qué diferencias has visto en el mundo editorial desde que comenzaste?

Enorme. Al principio escribías un libro, lo presentabas y luego esperabas a que salieran críticas y funcionara el boca a boca. Ahora las técnicas de venta son agresivas, no hay espacio en las librerías para que tu libro espere el boca a boca y los autores tenemos que ser como los feriantes e ir de plaza en plaza vendiendo este libro tan bueno, tan bonito y tan barato. Es muy cansado.

Has escrito novelas y relatos, ¿cuál prefieres escribir? ¿Cuál te resulta más fácil escribir?

Me encanta leer cuento, y escribir un buen cuento o una buena novela son dos logros muy difíciles. Pero vamos, en el mismo nivel, es más fácil un cuento, evidentemente, por mucho que lo mitifique la gente. Yo prefiero escribir novelas porque el viaje de la escritura es mayor. Escribir un cuento es como mirar por una ventana y contar el paisaje que ves. Y una novela es como salir de la casa e internarte en ese paisaje. 

Tus novelas de Bruna Husky —Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y Los tiempos del odio— son una mezcla de ciencia ficción, thriller y novela existencialista, ¿por qué mezclas géneros dentro de una novela?

Estamos en el siglo XXI y gracias a nuestras madres y padres literarios, que rompieron las paredes de las convenciones, hoy podemos ser mucho más libres. La ficción hoy es mestiza, híbrida, rota. 

¿Por qué consideras que las novelas de Bruna son las más realistas de tu carrera, si es ciencia ficción, y a Bruna el personaje que más se parece a ti, si es una replicante?

Son las novelas que mejor reflejan el mundo que vivimos, sin lugar a dudas, y Bruna es el personaje que, en lo profundo, no en la anécdota, está más cerca de mí. Eso pasa mucho con la ciencia ficción, que te da una herramienta metafórica poderosísima para hablar de la realidad, del aquí y el ahora. 

Novelas de Bruna Husky, de Rosa Montero.

En tu carrera mezclas novelas realistas con otras de ciencia ficción y fantasía. ¿Cómo te tomas ese cambio de géneros? ¿Has tenido algún problema con algún editor por ello? ¿Y con tus lectores fieles? 

Para mí todas son iguales, es decir, hablo de las mismas cosas (mis obsesiones) y lo hago con la misma ambición expresiva, literaria y emocional. Los lectores han tenido ciertas dificultades en entrar en la ciencia ficción, porque en este país hay un gran prejuicio contra ella, pero mi Bruna va ganándose adeptos cada día jajajaja. 

Tienes una carrera literaria muy sólida, y aun así, todavía sufres el síndrome del impostor. ¿Qué haces para superarlo?

Creo que es inevitable sufrirlo, creo que todos los escritores somos así. Y lo que hay que hacer es seguir escribiendo. 

Dos temas recurrentes de tus novelas son la muerte y el envejecimiento. ¿De dónde vienen?

¿De dónde van a venir? De la misma vida. Cuando me preguntan por qué escribo de la muerte, siempre contesto, ¿y de qué otra cosa se puede escribir? Es la gran tragedia del ser humano, lo que nos marca esencialmente. Todo lo que somos y todo lo que hacemos lo hacemos contra la muerte. 

Rosa Montero con Carlos del Río en el Celsius 232 de 2019
Con Rosa Montero en el Celsius 232 de 2019

¿Cómo es tu proceso de escritura de una novela? ¿Cuánto tiempo te lleva completarla? ¿Sacas la escaleta o vas improvisando sobre la marcha? ¿Cuántas revisiones haces? ¿Cómo asumes la documentación?

Soy una escritora a medias de brújula y a medias de mapa, primero me paso un año tomando notas y desarrollando la novela en cuadernos a mano, y luego me siento al ordenador y la escribo. Y la novela va cambiando hasta el final. Hay que tener mucho cuidado con la documentación, un exceso de documentación asfixia una novela.

¿Cuáles son tus autores favoritos y tus mayores influencias?

Imposible enumerarlos. Son muchos. Pero bueno, siempre digo que reconozco dos maestros, aunque son tardíos, yo ya había escrito dos o tres novelas cuando los leí, lo que pasa es que reconocí en ellos todas mis búsquedas llevadas hasta lo sublime. Y son Nabokov, para mi parte más hiperrealista, y Ursula K. Le Guin para mi parte más fantástica. 

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Que no deje de escribir. La narrativa exige, más que talento, la perseverancia de una estalactita. 


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Entrevista-a José Antonio Cotrina

Entrevista a José Antonio Cotrina

José Antonio Cotrina es unos de los escritores españoles más destacados de ciencia ficción, fantasía y terror. Comenzó a publicar relatos a principios de los 90, y ahí sigue.

Aparte de para adultos (Las fuentes perdidas), ha escrito para jóvenes (la trilogía de El ciclo de la Luna Roja) o niños (El día del dragón, junto a Gabriella Campbell), a dos y cuatro manos (Las puertas del infinito, con Víctor Conde, o Crónicas del fin, con Campbell), novelas, novelas cortas y relatos… Se podría decir que le encanta escribir. Y mezcla muy hábilmente trabajar con editoriales tradiciones y la autopublicación en Amazon (con ayuda de Campbell y la ilustradora Libertad Delgado).

Dice Cotrina que aprendió a escribir dejándose aconsejar por gente que sabía más que él. Es un grandísimo consejo para todo en la vida. Déjate aconsejar por él en esta entrevista, que sabe muchísimo y aquí suelta varias recomendaciones muy sensatas para ser escritor, y descubre cómo empezó a escribir, sus mayores influencias, si se puede vivir de la escritura o qué proyectos se trae entre manos.

Puedes visitar su web oficial y seguirlo en Facebook y Twitter.

La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina

¿Cuándo comenzaste a escribir historias y cuándo decidiste que querías ser escritor?

Las historias me fascinan desde que era un crío. Me zampaba todos los dibujos animados que daban en la tele, alucinaba con los cuentos que me contaba mi abuela y era capaz de tirarme horas delante de un tebeo aunque no entendiera ni una palabra. Había magia allí, esa magia tremenda y maravillosa de lo que no existe. Ya de pequeño intenté contar mis primeras historias. Lo hice, supongo que como muchos, jugando.  Mis juguetes favoritos en aquel tiempo eran varios Airgam Boys del espacio. Contaba historias con ellos, aventuras siderales que en mi cabeza transcurrían en escenarios galácticos imponentes cuando en realidad sucedían en sitios tan prosaicos como la alfombra del salón. Eran historias de Continuará, una verdadera saga a ras de suelo que iba encadenando aventura tras aventura, capítulo tras capítulo, como si de una serie de televisión se tratara. Una tarde, mientras jugaba en un parque con mis amigos (sí, también tenía amigos reales; era un chaval muy completo) me caí de un árbol y me rompí un brazo y una pierna. Durante las semanas de convalecencia veía a mis muñecos bastante aburridos; no podía jugar con ellos, al menos no del mismo modo, no podía arrastrarme por el suelo o llevarlos a dar saltos por las estanterías y los brazos de los sillones. Así que cogí un cuaderno y un lápiz y comencé a escribir sus aventuras. Esa fue mi primera novela. Así empecé. Luego, con el paso del tiempo, el juego se volvió un poco más serio. Pero solo un poco.

¿Te formaste de alguna manera para ser escritor?

Me formé escribiendo. Y leyendo a saco porque una cosa va unida íntimamente a la otra. Han sido años, ¡décadas!, de rellenar folio tras folio sin parar. Han pasado casi cuarenta años desde que escribí aquella primera novela (sería muy generoso decir que era mala, rozaba lo atroz), luego hubo varias que quedaran incompletas (daba igual, solo era un niño que se divertía contando historias), y que eran tan malas como la primera; luego pasé a los cuentos, que eran muy satisfactorios en el sentido de que no costaba tanto terminarlos. Y crecí y seguí escribiendo sin parar. Y a medida que lo hacía mi estilo se hizo más ampuloso y abigarrado, no había un sustantivo que no estuviera rodeado de adjetivos, no había frase que fuera lo bastante larga y retorcida. En mi ingenuidad creía que escribir bien era eso, poner palabros uno tras otro del modo más enrevesado posible. Hasta que alguien me dijo que dejara de intentar demostrar al mundo lo bien que escribía y que me limitara a escribir. Creo que ha sido uno de los mejores consejos que me han dado. Y así es como he ido avanzando. Puliéndome sobre la marcha y dejándome aconsejar por gente que sabe más de esto que yo.

El fin de los sueños, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina. Fantasía oscura

¿Se puede vivir exclusivamente de la escritura?

Es muy complicado. Suelo contestar que se puede malvivir, y eso solo si tienes una gran dosis de suerte. Para poder vivir de manera plena de la literatura se tienen que dar unas circunstancias y factores muy especiales que rara vez coinciden. Además no podemos engañarnos, el mercado fantástico español es muy limitado, el tope de lectores está ahí; sobre todo en el fantástico para adultos, en el juvenil ya es otra cosa.  Por norma general hay que buscar otras fuentes de ingresos para sobrevivir.

¿Quiénes son tus mayores influencias?

Tantas que es complicado mencionarlas todas. No solo se trata de libros: las historias, sobre todo en estos tiempos, nos llegan desde una infinidad de medios: cómic, televisión, cine, hasta videojuegos… En lo que a libros se refiere siempre señalo dos porque, por decirlo de algún modo, fueron los que me enseñaron el camino: La historia interminable de Michael Ende y Sortilegio de Clive Barker. El primero me apabulló con su gran imaginación, con ese juego entre lo real y lo fantástico y su manera de mezclarlos. El segundo también me impactó muchísimo, me mostró de lo que es capaz la fantasía oscura, esa imbricación entre fantasía y terror que, como sabe todo aquel que me ha leído, es uno de los terrenos en los que mejor me lo paso.

¿Cómo llegaste a los géneros de fantasía, ciencia ficción y terror? ¿Y cómo llegaste a la literatura juvenil?

Deriva natural. Aunque soy un lector de gustos heterogéneos, confieso que disfruto más en el terreno de lo fantástico en todas sus vertientes. Esas eran las historias que más me gustaban de pequeño y de las que más disfruto siendo adulto.  Cuando leo y escribo fantástico busco siempre el sentido de la maravilla, esa suspensión de la incredulidad que se da durante la lectura y que te hace olvidar que eso que estás leyendo es imposible.

Y también llegué a la literatura juvenil de manera natural. Después de escribir Las fuentes perdidas, mi primera novela, me embarqué en La casa de la Colina Negra, una novela que, por temática e historia, me pareció adecuada para un público joven.

La casa de la Colina Negra, José Antonio Cotrina

¿Te has planteado escribir otros géneros?

Estoy muy cómodo en el terreno fantástico. Tal vez porque (según dicen) una de mis principales virtudes es la imaginación y me encanta enfocarla hacia lo que no existe. Siempre cuento la anécdota de que una vez intenté escribir un relato de género negro, pero que a los pocos párrafos ya me salió un fantasma. No me veo escribiendo otra cosa que no sea fantasía, aunque me atraen los terrenos colindantes entre lo fantástico y el realismo, las historias en las que no queda claro si lo que está sucediendo es real o no.

¿Eres escritor de brújula o de mapa? ¿Tienes un plan detallado antes de escribir, o vas descubriendo la historia a medida que escribes?

Antes de ponerme a escribir debo tener muy claro qué voy a contar, al menos necesito tener preparada la espina dorsal de la historia, con su final ya definido y los momentos cumbres diseñados y fijados. Escribir sin saber dónde vas es muy arriesgado, corres el riesgo de perder el rumbo o caer en problemas de ritmo. Algunos piensan que trabajar sobre un plan previsto coarta la libertad o resta frescura al relato, yo opino que eso no es cierto: los momentos de inspiración siguen ahí, a veces aparecen cuando están planteando la historia y en otras ocasiones tienen lugar cuando ya estás trabajando en firme en ella, si tienes bien dibujado el mapa, todo se puede integrar con facilidad.

¿Qué diferencia hay entre escribir una novela autoconclusiva y una trilogía como El ciclo de la Luna Roja?

Da la casualidad de que en el caso que comentas de entrada mi intención era escribir una única novela hasta que, llegado a cierto punto, comprendí que ninguna editorial en su sano juicio iba a publicar semejante mamotreto. Fue entonces cuando cambié la perspectiva (más o menos a la altura de lo que luego sería la mitad del segundo volumen) y adopté mentalidad de trilogía. Por eso algunos lectores opinan que el primer libro tiene cierto aire introductorio. Si ahora me embarcara en una nueva trilogía tendría muy claro que, en la medida de lo posible, cada libro debería ser autosuficiente y satisfactorio para el lector.

La cosecha de Samhein (El ciclo de la Luna Roja), de José Antonio Cotrina. Fantasía oscura juvenil.

Has escrito cuatro libros con Gabriella Campbell, tu pareja, y otro con Víctor Conde. ¿Cómo se escribe a cuatro manos? ¿Escribir con tu pareja es más fácil o difícil? ¿Prefieres escribir solo?

Lo de escribir a cuatro manos complica las cosas más que simplificarlas. Gabriella y yo comentamos mucho lo de que nuestra primera colaboración surgió sobre la premisa de que “escribiendo dos se escribe el doble de rápido”. Luego descubrimos que estábamos muy equivocados, se tarda mucho más. El proceso de planificación de historia se alarga, por ejemplo, hay mucho que discutir y que tener claro antes de sentarse a escribir. Si alguien tiene curiosidad en saber más del tema, aquí os enlazo un artículo de Gabriella al respecto que ilustra a la perfección el infierno la problemática a la que nos enfrentamos siempre que nos ponemos a escribir juntos: https://www.gabriellaliteraria.com/escribir-a-cuatro-manos/

Pero escribir con tu pareja, aunque difícil, también es muy satisfactorio. Aprendemos mucho el uno del otro. Además en todo este tiempo hemos ido puliendo un sistema y una rutina de trabajo que nos hace las cosas mucho más sencillas.  La planificación, redacción y corrección de El fin de los sueños no tiene nada que ver con el sistema con el que trabajamos Crónicas del fin.

¿Escribir solo o acompañado? Son modalidades de juego diferentes con resultados distintos. En solitario no podría escribir las obras que tengo a medias con Víctor o con Gabriella. En unión con ellos hemos conseguido un estilo nuevo, una fusión estilística y temática que ninguno podría haber conseguido en solitario.

¿Cuál es tu rutina de escritura? ¿Cuánto tardas en escribir una novela?

Mi rutina de trabajo ha variado mucho a lo largo de los años y es más que probable que siga modificándose. Durante un tiempo escribía sobre todo por las tardes y las noches, ahora empiezo por la mañana y termino a media tarde Divido mi jornada en bloques de trabajo que dedico a planificación, escritura, corrección y también a las tareas que trae aparejadas Lo extraño y lo maravilloso, la plataforma sobre literatura fantástica que comparto con Gabriella Campbell.

Es difícil cuantificar el tiempo que dedico a cada novela, hasta hace poco solía estar embarcado en varios proyectos literarios paralelos y así es muy difícil medir cuánto tiempo te lleva cada cosa. Ahora he cambiado la mentalidad, solo tengo un único proyecto de escritura en marcha. Si me haces esta misma pregunta dentro de unos años, ya podré responderte de una manera más clara.

La deriva, de José Antonio Cotrina. Fantasía juvenil.

Eres autor híbrido, mezclas las editoriales tradicionales con la autopublicación, ¿por qué? ¿qué ventajas e inconvenientes tienen cada una de las dos formas de publicación?

 Antes de nada, yo tengo la suerte de contar con una cómplice excepcional para las tareas de autopublicación: Gabriella Campbell. Con ella todo es mucho más sencillo, ya que hay poca gente que tenga las cosas tan claras en ese campo. Y además contamos con las labores gráficas de Libertad Delgado, que viste nuestros libros de manera excepcional. En el plano positivo, con la autopublicación ganamos un control absoluto sobre nuestra obra, aunque eso implica una mayor carga de trabajo (nosotros mismos corregimos, diseñamos y maquetamos), también conlleva unas ventajas tremendas como, por poner un ejemplo, ver el efecto inmediato que tiene sobre el libro cualquier estrategia de marketing que realicemos. La ventaja que tiene la edición tradicional, y que además es tremenda, es la distribución: en teoría puedes llegar a todos los puntos de venta del país, cosa que con la autopublicación es muchísimo más complicado.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo libro de El ciclo de la Luna Roja. Un volumen que recogerá todos los relatos que he escrito más allá de la trilogía a los que se sumará algún texto nuevo. Lo veo como una suerte de epílogo de la saga. Además sigo colaborando con Gabriella en nuestra plataforma de Lo extraño y lo maravilloso, cuya punta de lanza es un boletín sobre novedades y curiosidades de género fantástico que mandamos a nuestros suscriptores cada dos semanas. Desde aquí animo a todo el que lea esta entrevista a suscribirse en la siguiente dirección: www.lomaravilloso.com

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Constancia. Para mí es la palabra clave. Si quieres ser escritor tienes que escribir,  y aunque suene a perogrullada así es. Hay que escribir, si es todos los días mejor. Hay que volcarse en las historias que quieres contar y tirar millas. Unas funcionarán, otras no tanto. Da igual. Lo importante es seguir en marcha y no parar de contar historias.

Gabriella Campbell, Carlos del Río y José Antonio Cotrina. Fantasía oscura, fantasía juvenil, terror, ciencia ficción.
Momento fan, entre Campbell y Cotrina

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AnaGarcíaHerráez,-El-sendero-de-la-palabra

Encontrar tu sendero, por Ana García Herráez

Conocí a Ana García Herraéz en julio, en el pasado Festival Celsius 232. Por aquel entonces todavía no era una autora publicada, pero en diciembre de 2018 la editorial Apache Libros publicó su primera novela, El sendero de la palabra, una obra fantástica con un final sorprendente y original, llena de amor hacia Irlanda, la tradición oral de cuentos y leyendas, y la música.

Ana os espera en su blog, https://anagarciaherraez.blog, y la podéis seguir en Facebook, Instagram y Twitter.

Os dejo con ella para que os cuente cómo escribió la novela y logró publicarla a través de una editorial tradicional.

Encontrar tu sendero

A veces no tenemos un objetivo claro en nuestra vida y pasamos mucho tiempo caminando en círculos, hasta que nuestra atención se ve atrapada por una luz que resquebraja la oscuridad o una canción que agujerea el silencio. O mejor aún: por una idea que germina en la mente y se va expandiendo poco a poco, hasta salir de ese recoveco y mostrarnos un sendero. Es lo que los japoneses llaman ikigai, tu razón de ser. Tu pasión.

En mi caso, aunque la escritura formaba ya parte de mi vida desde muy joven a través de poemas y relatillos con los que “martirizaba” a mis mejores amigos, tardé unos años en comprender que iba a convertirse en mi ikigai. De hecho, cuando lo entendí me encontraba inmersa en la redacción de mi tesis doctoral… y esa revelación entró con tal fuerza en mi vida que supe que nunca acabaría dicha tesis. Una historia mágica estaba abriéndose paso por mis venas, acelerándome el corazón y llenándome el cerebro de proyectos e ilusiones…

Inicio

Debes encontrar lo que has estado buscando desde hace tiempo: aquello que dote de sentido a tu existencia. Para mí esto es la escritura: el germen de una historia que, una vez ha nacido, crece y crece hasta que con tus frases le das una forma casi completa. Y digo casi, porque cuando terminas de escribir una narración, aún falta una parte esencial: la participación de un lector que le dé su propio sentido, que la haga tan suya como tuya era antes.

Así pues, tomé ese sendero y comencé mi andadura literaria. Y, creedme, una vez emprendes el camino no hay vuelta atrás. Sabes que escribir es lo que necesitas, no voy a decir que tanto como respirar, pero sí más que otras formas de vida, de profesión, de entretenimiento. No es una decisión, lo haces porque no sabes no hacerlo; no puedes dejar de escribir.

El sendero de la palabra, novela fantástica Ana García Herráez

On the Road (parafraseando a Jack Kerouac)

Comencé la escritura de mi primera novela hace ya once años. Tardé cuatro en completar el texto de El sendero de la palabra y hasta este año no he podido verla publicarla. Ha sido un camino largo y desesperanzador a ratos, pero que me ha enseñado mucho sobre el mundo editorial y, lo que es más importante, sobre mí misma. He aprendido a ser paciente, de hecho, si se me permite dar un solo consejo a quien esté al inicio de este trayecto, será siempre este: sé paciente, si ha de llegar llegará y no por desesperarnos, tener rabietas o vernos asaltados por el desánimo, conseguiremos saltarnos las etapas del camino. Y la única forma que yo conozco de evitar caer en la desesperanza es seguir escribiendo, concentrarte en lo que de verdad amas y continuar aprendiendo, puliendo… deshaciéndote de la inexperiencia como quien se despoja de un traje pesado.

A lo largo del recorrido encontrarás compañeros de viaje cuya ayuda o zancadillas te harán replantearte regresar a la zona de confort, salir de esa senda y olvidarte de tus sueños. Hablo, por un lado, de amigos y familia, de quien bien te quiere y te anima para que sigas adelante, lee tus textos y los considera lo mejor escrito hasta la fecha, por encima de Cervantes y García Márquez. Pero me refiero también a quienes con cierta objetividad te ofrecen opiniones sinceras y críticas constructivas, te dicen lo que no quieres pero debes oír… Y finalmente, tenemos que mencionar a esos acompañantes ingratos que son las cartas de rechazo de editoriales (si es que llegan a contestarte) y las decenas de concursos a los que envías ilusiones envueltas en papeles tatuados con tus letras y tus lágrimas, solo para recibir el silencio como respuesta. Todos estos camaradas de ruta van contigo donde vayas y has de aprender a proteger tu ánimo y seguir adelante, ignorando los cantos de sirenas y los elogios que, aun siendo bienintencionados, a veces no ayudan.

La escritora Ana García Herráez, autora de El sendero de la palabra, novela fantástica

El proceso creativo

Durante la gestación de mis novelas siempre escucho mucha música (aún más que de costumbre), pues esta es para mí una de las fuentes más importantes de inspiración. Leo todo lo que puedo sobre el tema que me interesa, tanto ficción como obras que me ayuden a documentarme objetivamente. Y después, cuando ya tengo todo el material que necesito, creo mis escenas. Soy una escritora de mapa, así que me gusta saber hacia dónde voy, cómo empezar y terminar, así como bosquejar gran parte de escenas que compondrán mi obra. Eso no significa que tenga las manos atadas ni que no mire a los lados a lo largo del camino… la imaginación es imposible de atar y vuela libre. Si surgen nuevas ideas que sean mejores o complementen mi planificación inicial, tendrán su hueco en la historia.

Por último, comienza la fase más atractiva. Es entonces, sentada frente al ordenador a lo largo de centenares de horas durante las cuales me interno en el túnel de la mente, aislada del mundo exterior de piel hacia afuera, cuando la magia tiene lugar. Seguro que vosotros también la habéis sentido y no hay nada que se le parezca.

La recta final del sendero

Y cuando la etapa de escritura concluye llega la (quizá) menos atractiva: la corrección; arrancar follaje, limpiar la senda, despejar el horizonte de palabras para que el lector pueda y quiera entrar en la historia. A lo largo de la ruta tu ego, cual orcos apostados a ambos lados, se lanza sobre ti para impedirte deshacerte de lo superfluo, de todo lo inservible. Porque claro, si lo has escrito y ha salido de ti, tiene que ser maravilloso, tras todas tus ilusiones y cabriolas lingüísticas. ¿Cómo vas a borrar ese irresistible capítulo del que estás tan orgulloso?… Pues sí, hay que aprender a ignorar ese ego intrusivo y eliminar sin piedad todo lo que no deba estar ahí. El proceso resulta muy enriquecedor, diría que es cuando más se aprende sobre el arte de escribir y sobre uno mismo.

Siguientes pasos

Con tu texto bajo el brazo, un gesto complacido y la ilusión grabada en la mirada, le entregas tu novela a una serie de lectores cero. Que no se diga que no sabes lo que hay que hacer: son necesarios más ojos, porque llega un momento en el que tú ya no detectas errores; conoces el texto demasiado bien. Y tras una espera llena de nervios, estos te dan un feedback muy útil, con buenos consejos y críticas cuidadosas que te ayudan a mejorar el texto, pero ¿será eso suficiente para que la novela tenga calidad literaria?

Me temo que no. Cuando crees que ya está todo hecho, que lo más duro ha pasado, llega el momento de enseñarle tu obra al resto del mundo… a quienes no te conocen de nada y deben juzgar el valor de lo que has escrito. Os aseguro que por mucho que te informes, nadie te prepara para lo que sigue: la lucha por encontrar a alguien que crea en ti y quiera publicar tu novela. Tan sencillo de decir y tan complicado de lograr. Tras varios meses buscando editoriales para ese texto que yo creía casi perfecto (lo había corregido mil veces…), me di de bruces con la cruda realidad: pocas se molestan siquiera en responderte.

Después se te ocurre enviar la novela a algún concurso y ves que tampoco consigues nada. Hasta que, por fin, tras seguir informándote y buscando una salida, se enciende la luz y comprendes algo que no te habías planteado: quizá necesitas que otros ojos, no los de tus lectores cero, sino los de un profesional, contemplen tu texto y lo pulan. Fue en ese momento cuando decidí buscar agente y, de paso, un corrector profesional.

Sé que la figura del agente literario no es valorada por todos y habrá quien prefiera llevar sus asuntos personalmente. Cada escritor es un mundo y cada uno debe seguir su instinto. En mi caso, contactar con Susana Alfonso y que ella decidiera apostar por mi historia (puesto que no aceptan representar todo lo que reciben, sino solo aquello en lo que creen), marcó un antes y un después. Trabajar el texto con otra perspectiva me hizo comprender los errores que había cometido y me abrió los ojos a cómo funciona el mundo editorial. Por fin alguien creía en mí y en el potencial de mi historia y, aunque la lucha no acabó, sí se hizo más llevadera.

La escritora Ana García Herráez, autora de la novela fantástica El sendero de la palabra

Premios literarios

Como ya he mencionado, una de las formas en las que podemos intentar encontrar la puerta de entrada en el mundo editorial es presentando nuestro trabajo a un concurso. Esta estrategia puede resultar bastante frustrante también, pero a veces sucede lo extraordinario: logras ganar uno. Fue lo que ocurrió con el Premio Tagus de Novela que organizaba la Casa del Libro (Espasa Calpé) y en cuya edición de 2017 tuve la fortuna de ser la ganadora. No voy a deciros que eso fue un hecho determinante en mi vida, puesto que no fueron ellos quienes al final publicaron mi obra, pero sí me ayudó a afianzar la confianza en mí misma y darle visibilidad a extractos de mi novela. Por fin tuve mis primeros lectores y esa sensación es maravillosa. No obstante, no es en absoluto comparable con lo que sentí después, a finales de 2018, cuando la editorial Apache Libros, especializada en fantasía, ciencia ficción y terror, aceptó publicar mi obra. La palabra por fin se convirtió en papel.

¿Final del viaje?

Pensé que por fin había llegado al final de ese largo camino que inicié hace once años… me equivocaba. Es ahora cuando otro sendero se abre ante mí, uno que estoy deseando recorrer con mis palabras y mis personajes, con esta primera novela publicada y las otras dos que me ha dado tiempo a escribir mientras esperaba (im)paciente a que alguien me diera una oportunidad. Así que, compañeros escritores, no desesperéis. Todo llega, pero hay que seguir adelante a pesar de la desesperación y los bajones, debemos continuar escribiendo hasta que esa oportunidad llegue o seamos capaces de crearla nosotros mismos.

El sendero de la palabra

En esta novela de género fantástico, pero que posee elementos que podemos encontrar en diversos géneros, cuento la historia de un narrador de origen irlandés y el viaje que emprende en busca de su propia identidad y su destino. La acción se desarrolla entre la España del siglo XX y la Irlanda de los siglos XX y XII y sus componentes esenciales son: el amor por los relatos orales, el poder de la palabra y la imaginación, la importancia de los lazos familiares, la amistad y el amor, la magia, los viajes en el tiempo, la belleza del paisaje para reflejar emociones, la riqueza folklórica de Irlanda y el valor de la música como fuente inspiradora de historias. Dicho de otra forma, en ella encontraréis todos esos componentes que nos convierten en los maravillosos seres humanos que somos. Espero que os guste.


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Entrevista a Ana González Duque

Entrevista a Ana González Duque

Hace un par de años Ana González Duque dejó la bata de médico para vivir exclusivamente de la escritura, y ahí sigue. Sus dos últimas novelas son La Sociedad de la Libélula, una original fantasía juvenil que mezcla tres líneas temporales y dos dimensiones distintas; y Proyecto Bruno, una comedia romántica juvenil.

Vivir de la escritura no significa vivir del cuento, sino trabajar mucho, y de forma inteligente, en lo que te encanta. En esta entrevista hablamos de La Sociedad de la Libélula, de su disciplina de trabajo, del mundo editorial, del marketing online y de mucho más.

Ana es mi mentora de marketing, y una de las personas que más me ha ayudado a seguir adelante con mi carrera literaria. Gracias a su plataforma de cursos sobre marketing, MOLPE (Marketing online para escritores), pude relanzar mi estrategia en internet cuando se estaba yendo al garete, y gracias a ella descubrí dónde se movía mi público, al que le gusta la fantasía juvenil, y a otros escritores.

Como es muy activa, puedes seguirla en Facebook, Twitter, Instagram, visitar su canal de YouTube, donde habla de literatura juvenil, escuchar su podcast sobre marketing, y visitar sus blogs: El Fogón, sobre literatura, en especial juvenil y romántica, y MOLPE, sobre marketing.

La Sociedad de la Libélula, de Ana González Duque. Fantasía juvenil.

¿Cómo se te ocurrió la idea para La Sociedad de la Libélula?

De la forma más tonta posible. En la bajada a mi casa, hay un bar que se llama “La Sociedad”. Siempre me ha parecido un nombre muy interesante, que se prestaba a historias truculentas. Una mañana pasando por delante del bar había una enorme libélula azul posada en la puerta. Pensé: “La Sociedad de la Libélula, es un buen título para una novela”. Y así empezó todo: con un título.

Para escribirla le pediste a José Antonio Cotrina y Gabriella Campbell que te tutorizaran durante un año. ¿Cómo fue el proceso?

Pues primero tuvimos un primer momento en el que hablamos del worldbuilding, de las razas y de la idea que yo tenía para cada uno de los tres actos de la novela. Yo no soy mapa-mapa, sino lo que llamo paisajista, sé a dónde quiero llegar y los principales puntos de giro pero hay muchas cosas que quedan en el aire en el medio. Y luego, empecé a escribir en [Google] Drive y ellos iban corrigiéndome: José Antonio se centraba más en trama y personajes y Gabriella más en estilo. Aprendí mucho, me lo pasé muy bien y me reí mucho con ellos.

¿Cómo fue la creación de mundo en esta novela?

Pues partí de la base de que Anisóptera era un mundo sin energía solar, así que tuve que pensar no solo en una fuente alternativa sino en todo lo que condiciona el sol nuestras vidas. El no tener sol también determina la jerarquía de razas, las costumbres…

¿Y la documentación?

Parece que en fantasía, como tú te inventas el mundo, no tienes que documentarte, pero para dar credibilidad a Anisóptera tuve que leer de física, de química, de biología… y también pregunté mis dudas a mucha gente. En este post de El Constructor de Mundos hablo punto por punto del proceso de documentación: https://elconstructordemundos.com/documentacion-en-la-novela-fantastica/

Personajes de La Sociedad de la Libélula, de Ana González Duque. Fantasía juvenil.
Personajes de La Sociedad de la Libélula

Eres madre de dos adolescentes, esposa, mantienes dos blogs, un canal de YouTube, un podcast, publicas entre dos y tres libros al año, haces lecturas editoriales y eres profesora de marketing para escritores. ¿Cómo lo haces sin morir de agotamiento?

Te ha faltado decir que soy editora de libros médicos ja, ja, ja, ja. Todo es cuestión de organización. Me organizo con una técnica que se llama Time Blocking. Divido mi día en bloques de tiempo de una hora y media o de media hora. Normalmente, las tareas tienden a expandirse en el tiempo que tú le asignas, así que si no le asignas ninguno se expanden todo lo que pueden y no tienes tiempo para nada. Pero cuando dices: “tengo de 9 a 9:45 para hacer esto”, sueles terminarlo en ese tiempo. Agendo mi semana así. El viernes por la tarde lo dedico a recuperar imprevistos. Si no me he atrasado o no ha surgido ningún imprevisto, entonces lo tengo libre.

Escribes libros de no ficción para escritores (El escritor emprendedor, Cómo monetizar tu blog de escritor, Cómo escribir fantasía), novelas de fantasía juvenil (La Sociedad de la Libélula, Leyendas de la Tierra Límite) y románticas (Planes de boda, Proyecto Bruno).  ¿Qué género te gusta más escribir? ¿Qué diferencias y similitudes ves entre ellos?

Me gustan todos, la verdad. La no ficción se parece mucho al blogging, que siempre me ha gustado mucho. La fantasía juvenil exige más concentración en mi caso que la comedia romántica, pero es verdad que la comedia romántica me sale mejor cuando estoy contenta y de buen humor y me cuesta mucho más cuando no. Al final, todo es contar una historia y pasártelo bien con ella de manera que puedas transmitir al lector ese sentimiento de diversión.

Eres una autora híbrida que publica con editoriales y se autopublica con Amazon. ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada forma de publicación?

La autopublicación te permite ser mucho más libre y económicamente es mil veces más rentable. La edición tradicional te permite llegar a lectores que no se mueven online y expandir tu alcance. Creo que el equilibro entre ambas es el futuro del escritor actual.

La gran mayoría de la gente piensa que los escritores que publican de forma tradicional son los que viven de sus libros y que si te autopublicas es porque ninguna editorial te ha querido publicar. No es así en absoluto. El autor de un libro solo gana entre un 8-10% del precio neto del libro. Así que si un libro se vende a 10, al autor le llega 1 o menos. Una tirada normal de una editorial son unos 2.000 ejemplares, con lo que al autor le tocan 2.000 euros por el trabajo de todo un año. Así no vive nadie. Sin embargo, si tienes libros autopublicados, aunque inviertas al principio en un corrector ortotipográfico y de estilo, en maquetación y en una portada chula, como el autor recibe un 70% de los beneficios de la venta, enseguida recupera la inversión y puede permitirse vivir de esto. Lo ideal es, por lo tanto, simultanear las dos cosas: dejar algunos libros para editorial, por prestigio, para llegar a las librerías (a la gente que no compra por internet todavía) y otros libros para moverlos uno mismo, los más personales, por ejemplo.

Libros para escritores de Ana González Duque.

Se suele decir que vivir de la escritura es imposible, y sin embargo, tú lo has logrado. ¿Cómo pasaste de médico a escritora a tiempo completo?

Después de que la bilogía de Leyendas de la Tierra Límite vendiera lo que vendió (y sigue vendiendo), empecé a recibir de Amazon un sueldo todos los meses y me planteé la posibilidad de vivir de los libros. Me tomé un recorte de jornada de dos años en mi trabajo para intentar compatibilizar las dos cosas y ver si era posible vivir de eso, apliqué a mis blogs todas las técnicas de monetización que conocía intentando que fueran ingresos pasivos (como los libros) en su mayor parte, porque necesito tener tiempo para escribir. Al cabo de los dos años, como la cosa iba bien, decidí liarme la manta a la cabeza y colgar la bata. En mayo hará dos años de eso y aquí sigo.

Con la plataforma MOLPE ayudas a otros escritores a que sepan promocionarse en internet. ¿De dónde vino tu interés por el marketing, y qué servicios ofreces a escritores?

Siempre me ha gustado el tema de la publicidad y de la psicología de ventas. Recuerdo haber leído mucho ensayo sobre eso de adolescente y haber realizado trabajos sobre publicidad en el bachillerato porque era un tema que me atraía. Luego, en mi fase como bloguera médica (tuve un blog llamado La doctora Jomeini que fue el que me abrió las puertas del mundo editorial), la página de AnestesiaR me ofreció formarme para llevar sus redes sociales. Me formé en muchos temas de community manager y el mundo del marketing online me pareció de lo más interesante. Cuando empecé de nuevo a publicar (había publicado tres poemarios en los años noventa, pero llevaba ocho años sin publicar nada cuando salió Planes de boda con Nowtilus), pensé que todo lo que había aprendido se podía aplicar al mundo editorial. Y funcionó. Luego, me decidí a compartirlo con otros escritores en Marketing online para escritores.

Molpe, Marketing online para escritores, de Ana González Duque.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

El 20 de mayo sale Haberlas haylas, una antología de fantasía humorística en la que participo con la editorial Pez de Plata. A finales de octubre, sacaré nuevo libro de no ficción Salud para emprendedores. Estoy escribiendo la segunda parte de Proyecto Bruno y un proyecto faraónico a cuatro manos con Pablo Ferradas, de fantasía juvenil. Tengo cosas pendientes de veredicto editorial y alguna cosita por corregir y pulir.

¿Qué diferencias encuentras entre escribir sola a escribir a medias con Pablo Ferradas?

Es complicado porque tienes que hacerte al otro y sobre todo tienes que tener un inmenso respeto por el otro como escritor, porque si no es así los roces son inevitables. Pero Pablo es una persona increíble con la que trabajar, no se estresa nunca y tiene unas ideas muy buenas. Para trabajar juntos, lo que hicimos fue hacer una escaleta detallada y luego, dividirnos los personajes y reescribirnos los capítulos el uno al otro. Trabajamos en Drive para poder ver todo lo que el otro cambia y aceptarlo o no. Cuando le coges el tranquillo, vas mucho más rápido que tú solo y se te ocurren más ideas porque son dos personas viviendo en el mismo mundo. 

¿Qué recomendarías a alguien que quiere ser escritor y que está empezando?

Que se forme, tanto en escritura como en marketing. Que sea humilde y se deje aconsejar por los que saben más que él.


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