Ana Escudero Portal

Enfrentarse a la quimera de la publicación y vencer, por Ana Escudero Portal

Ana Escudero Portal es una correctora profesional que acaba de publicar su primera novela en Amazon, la fantasía juvenil Encontrarás quimeras.

Aquí su sinopsis:

Taniel vive con su abuela en la ciudad de Gorna, hogar de la última quimera. Su padre lo anima a estudiar cada día para convertirse en un gran orador, pero su verdadera ambición es ser maestro. El día de la prueba final de retórica cambiará su vida, y una promesa lo lanzará en un viaje que le llevará a descubrir los secretos enterrados entre las calles de Gorna… y las quimeras que albergan sus murallas. No todos los mitos viven en el pasado. No todas las quimeras son de carne y hueso.

Ana ofrece servicios de corrección, informes de lectura, redacción de sinopsis, asesoría literaria y traducción. Para más información, podéis visitar su página web. Podéis seguirla en Facebook, Twitter e Instagram.

Os dejo con ella para que nos cuente cómo la escribió y publicó.

El origen de la novela

Encontrarás quimeras surgió de una imagen.

Por aquel 24 de enero de 2019, yo todavía era una novata en Twitter, y descubrí que había gente que compartía imágenes y animaba a sus seguidores a escribir las historias que estas les inspiraran. Pero la mayoría eran imágenes muy realistas, y yo estaba buscando ilustraciones de fantasía (para variar). Y entonces la vi: un león blanco enorme en un circo bañado en una lluvia de pétalos de rosa blanca.

Yo tenía que escribir esa historia.

Así que compartí la imagen en mi perfil y animé a los que me leyeran a escribir su historia en un tweet (una costumbre que mantengo y reavivo cada lunes). Yo también lo intenté.

A las diez de la noche de ese mismo día, con diez veces más caracteres de los que admite Twitter, di por definitiva mi derrota. Aquella historia no cabía en un tweet. Ni siquiera había un fragmento que pudiera recortar y compartir en la red, pues aquel texto todavía no tenía final. La historia de Taniel acababa de empezar.

Por aquel entonces Taniel no era Taniel ni la quimera tenía tres cabezas. Yudiz sí que era una lamia, y quizá es el personaje que más constante se ha mantenido a lo largo de los borradores. Ella siempre ha sido una chica con las ideas claras, y sabía mejor que yo cuál era el camino de esta historia.

Al día siguiente me senté en el sillón, ordenador en mano, dispuesta a terminar la historia. Una migraña se presentó a media mañana e intentó hacerme desistir, pero me negué a perder la batalla. Aquella historia me tenía enganchada. No sabía cómo terminaba, pero sabía que, si peleaba lo suficiente por ella, el final estaría esperándome al final del dolor de cabeza. Así que bajé el brillo de la pantalla el mínimo, puse un fondo azul marino en el archivo y seguí escribiendo entre letras blancas y ojos entrecerrados.

A las once y media de la noche cerré el documento con un nuevo principio y un final. Un final que no era un final. Un final de los míos. El final de una escena, pero no el de una historia. Así que escribí tres líneas que me ayudaran a seguir al día siguiente y lo dejé.

Pero después del esfuerzo titánico del día anterior, el 26 no se me ocurría nada, ni el 27, ni el 28, ni el 31. Hasta que llegó la mejor inspiración del escritor: una fecha de entrega.

Una editorial convocó un concurso de relatos para una antología mitológica, y yo sabía que mi novela era perfecta para el tema que proponían. Ni siquiera tenía que adaptar la ambientación, porque la historia ya estaba escrita. Solo tenía que terminarla. Y el plazo terminaba el 15 de marzo, lo que me daba suficiente tiempo para acabar la historia, reposarla, revisarla y enviarla corregida.

Pero no se me ocurría nada para el final. Así que arreglé lo que tenía y lo cerré como pude. Como yo suelo hacer. Cerrando la escena y no la historia. 5 de marzo de 2019, un texto diez veces más largo que el primero (que ya era diez veces más largo que el tweet original) y un final con humor, pero mediocre y con cabos sueltos.

¿Te he dicho ya que lo que más me cuesta de una historia es el final?

Estaba más o menos conforme con el relato, pero sabía que no hacía justicia a las emociones que había inspirado la imagen. Así que ahora que ya tenía un final posible para enviar a concurso, me dejé llevar y me lancé a escribir el final alternativo sin presión alguna. Y salió. Cuando creía que no lo necesitaba porque el texto ya estaba listo para el concurso, el verdadero final vino a mí. Porque no renuncié a jugar con los personajes. Porque disfrutaba demasiado con ellos para dejarlos marchar con un final mediocre.

Pero el límite de palabras jugaba en mi contra. Sí, ya lo había hecho cuando trataba de encajarlo en un tweet y ahora lo hacía cuando intentaba ajustarlo a la convocatoria. Tuve que sacrificar la escena del principio, que no es la primera que escribí, y lo envié al concurso el 12 de marzo de 2019 con ciento veintiocho palabras menos de las que pedían. Si esperaba al 15, me iba a pasar tres días revisando el mismo texto y no quería obsesionarme.

Ni qué decir tiene que no ganó ni una mísera mención.

Novela de fantasía juvenil, Encontrarás quimeras, de Ana Escudero Portal

Destrozando la historia

No lo entendí entonces. Creía que mi historia era perfecta. Me faltaba perspectiva, como a todos los autores que acaban de ver nacer su obra. Así que se lo mandé a tres amigos para que me comentaran. Una no se lo pudo leer, a otra le gustó y el último me lo destrozó. Y gracias al destrozo, pude reconstruir mi historia desde los cimientos.

Destroza las historias que leas, querido lector. Arranca la cizaña con argumentos y ensalza las virtudes con más argumentos. Un escritor es incapaz de ser objetivo con su propia obra, pero una crítica constructiva es suficiente para ayudarlo a ver a su bebé desde otra perspectiva.

El problema estaba en la raíz de la historia. La ambientación no estaba justificada y generaba preguntas incómodas que distraían del tema central. La historia tenía dos finales (y yo en algún momento había llegado a creer que no tenía ninguno), y uno de ellos parecía sacado de la manga (el famoso Deus ex machina con el que los escritores nos llenamos la boca) y dejaba al lector con la sensación de que la autora había hecho trampas.

Aquello no se arreglaba en un solo día. Aquello necesitaba historia, trabajo de personajes y un mundo firme en el que ambientarse, y no el collage de mitología y realidad que yo había creado en un momento de migraña. Aquello era un final sin un principio.

Y se fue al cajón. Se fue al cajón porque yo no tenía ni idea de cómo arreglar aquel desaguisado. Tenía un relato con unos personajes que me chiflaban, pero estaba demasiado cerca de ellos. Les tenía demasiado cariño y era incapaz de corregirlos. Y me olvidé de ella.

Hasta que llegó el día. El día en que me decidí a dar el paso. Después de escribir para mí durante nueve años sin necesidad de enseñar mis escritos a nadie y dos años luchando por escribir para un público y recibiendo silencio y cuatro amables rechazos por parte de las editoriales, dos de ellos personalizados (Edebé y Freya Ediciones, siempre tendréis un hueco en mi corazón) decidí que había llegado el momento de lanzarme a la autopublicación.

Releí muchas de mis historias y relatos. Nunca he tirado nada de lo que he escrito. Nunca lo hagáis, aspirantes a escritores. Borrar historias no sirve de nada. Podar lo que les sobra para que luzcan brillantes y hermosas es fundamental, pero no hay historia que merezca ser podada hasta la muerte. De los más cortos fragmentos salen ideas que podéis incorporar a otros textos más merecedores de ellas. También podéis regarlos y hacer crecer una historia nueva de sus brotes.

Ese fue el caso de Quimera. Era un relato cuyo título nadie comprendía, quizá porque la metáfora ni siquiera era buena, y el 13 de enero de 2020, después de repasar los relatos escondidos en el cajón, se convirtió en Proyecto Quimera, la elegida para iniciar mi aventura como autora autopublicada. Sabía que de ahí podía sacar una novelette. Y esperaba que esta vez la extensión no se me fuera de las manos, como me había pasado una y otra vez con esta historia y tantas otras.

No lo hizo. El mapa que creé y que me resisto a trazar con cada una de mis novelas no me falló en este proyecto con fecha de entrega autoimpuesta. Lo que se escapó a mis cálculos fue el tiempo de escritura: si había escrito el texto que tenía en dos días, suponía que no tardaría más de 15 días en escribir diez veces más, que es lo que ocuparía una novelette. Y todavía me sobraban días para revisarla tranquilamente y enviar el segundo borrador a mis lectores beta el 31 de enero de 2020.

No terminé el primer borrador hasta el 1 de marzo de 2020.

El camino a la publicación

Hubo varias trabas por el camino. La primera fue la ambientación. Es mi punto débil, y documentarme me llevó mucho más tiempo del esperado. Una novelette necesita la misma atención que una novela para que su mundo se sienta real, pero tiene mucho menos espacio para lograrlo. Otra de las trabas importantes eran los temas de la novela, nuevos para mí, y me daban miedo porque no los había tratado nunca. También era consciente, por primera vez en un libro, de que estaba escribiendo con un público en mente, y saber que aquello lo iba a leer alguien sí o sí contribuyó a mi parálisis. Y, por supuesto, mi eterno perfeccionismo. El mismo que se ha encargado de detener una pentalogía entera a escasos capítulos del final.

Una vez superadas las trabas, me lancé a la corrección y les envié el segundo borrador a mis lectores beta el 6 de marzo de 2020. El 25 tenía de vuelta casi todos sus comentarios. Añadí sugerencias, correcciones, tres capítulos y un epílogo, y el 2 de abril le envié el tercer borrador a la correctora profesional a la que torturé a dudas sobre comas estilísticas y títulos durante todo el mes mientras añadía los cambios de última hora de algún beta rezagado (uno de los cuáles resolvió una duda que sospechaba que tenía pero me había dedicado a ignorar sistemáticamente por no tener que pensar en cómo resolverla. Sí, a veces a los escritores nos cuesta resolver las situaciones en las que metemos a nuestros personajes). El 28 de abril, después de unas cuantas vueltas, Silvia Barbeito me entregó el séptimo borrador, el archivo definitivo, un poco más pequeño del que le había entregado. Porque la correctora siempre recorta. Los lectores piden más, pero la correctora poda, para que el libro quede derecho y con las comas en su sitio. Sí, las estilísticas también.

Después vino la maquetación, que, sin ser especialmente complicada, sí se tragó un pozo de tiempo (nunca imaginé que tardaría tres días en elegir una imagen para los inicios de capítulo); los emails con el ilustrador de la portada (no me digas que el trabajo de Simone Torcasio no es una maravilla); los textos extra (dedicatorias, sinopsis, créditos, agradecimientos, etc.); el marketing y aprender cómo vender sin atosigar; Amazon y toooda su plataforma, los nervios, las noches de insomnio. Todo lo que desconocía y tenía que aprender del mundo de la autopublicación. La montaña rusa del escritor. Y la del editor.

Después de recorrer este proceso de principio fin, entiendo algo mejor a Hemingway y su sed, aunque que yo prefiero calmarla con chocolate y helados de menta.

Y la historia sigue. Muchos incluso dirían que no ha hecho más que empezar, pues desde que se publicó, el libro dejó de ser mío. Ahora depende de los lectores que el libro siga su recorrido y que otros disfruten de su historia. Y tú, ¿te animas a leer la historia de Taniel y Yudiz y a buscar y encontrar quimeras?

Espero que hayas disfrutado de la historia sobre cómo se concibió la historia, esa que nació de la emoción de una imagen y que esconde alguna que otra quimera entre sus líneas.

Y esto es todo por hoy, alma curiosa. Te deseo buenas lecturas y mucho tiempo para disfrutarlas.

Encontrarás quimeras, de Ana Escudero Portal. Fantasía juvenil

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Atrévete a ser escritor, el curso online

Curso online de escritura creativa

Cómo crear un curso online de escritura creativa de éxito

¿Quieres montar un curso de escritura creativa online? Perfecto, pero ¿alguien te contó que el 85 % de los negocios por internet fracasa?

Aquí vamos a ver mi curso para aprender a escribir novelas, Atrevéte a ser escritor, pero lo que explico se aplica a cualquier negocio online que quieras crear.

Después de 9 meses, a pesar de la crisis del coronavirus y de la enorme competencia, Atrévete a ser escritor crece lento pero seguro: tengo a 20 alumnos, las inscripciones son un goteo mes a mes, así como los e-mails de personas que no me conocen y que me piden más información porque han visto la página de presentación (landing page) en internet.

Veamos cómo puedes estar entre el 15 % que tiene éxito.

Curso de escritura creativa online

11 pasos para crear un curso online de escritura creativa de éxito

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1— Pasión y visión personal.

Tienes que crear un curso de algo que te apasione y dejar tu impronta personal. Me parece que la época de “crea un curso lo más rápido posible para hacerte un hueco en internet, y ten en cuenta que la gente no tiene ni idea”, o “crea un infoproducto —de ínfima calidad— a toda pastilla para solucionar un problema de la gente, y los euros abarrotarán tu cuenta de banco” (perdona que me ría) ya ha pasado. Y me alegro.

En el caso de la escritura creativa, tienen a gente muy famosa ofreciendo cursos y a escuelas de escritores muy establecidas. Más te vale que des algo de (mucha) calidad y que lo diferencie de los otros.

Si quieres crear un curso para sacarte unas perras rápido haciendo un refrito de Mientras escribo, de Stephen King, El viaje del escritor, de Christopher Vogler, y Escribir ficción, de la Gotham Writer’s Workshop, allá tú.

La impronta personal se logra con la práctica y reflexión de varios años, con independencia de que vivamos en una época con prisa constante. Y la pasión va a hacer que crees un curso del que estés orgulloso y por el que lucharás para que salga adelante, porque sinceramente piensas que va a cubrir un hueco en el mercado y ayudar a la gente.

Como eso de “escritura creativa” es un cajón de sastre, que lo mismo sirve para aprender a escribir novelas que significa reunirse semanalmente con otros para garabatear unas líneas y cambiar comas de lugar para jugar a ser autores (mientras el profesor te eleva el ego para que no abandones el taller), decidí que el mío juntaría mis dos pasiones: escribir novelas y el desarrollo personal.

Por un lado, el objetivo del curso es que los alumnos aprendan a escribir sus propias novelas, sin que yo les dé patrones establecidos (tipo viaje del héroe, tramas maestras o puntos de giro), porque serán capaces de despertar su creatividad; identificar los géneros y temas que realmente les gusta y sentirse bien escribiendo en ellos, y estructurar las historias para que sean emocionantes. Y durante un año habrán estado escribiendo, leyendo y reflexionando, que es como se aprende, y ganando confianza como escritores.

Y por otro, el desarrollo personal es importante porque te permite crear personajes de carne y hueso —sus miedos, deseos y motivaciones van a conducir la trama—; además, te ayuda a ser consciente de tus valores, con lo cual identificas los temas de tus historias y los puedas reforzar, y sabes hacer frente a los (múltiples) reveses de una carrera literaria.

Y lo que aprendan en mi curso, lo podrán aplicar a lograr sus objetivos vitales sin angustia y a seguir adelante cuando tengan que superar retos difíciles.

La forma de aprendizaje que uso está basada en la práctica deliberada: explico un elemento concreto de la ficción con ejemplos de películas y novelas, e inmediatamente practican solo ese elemento. Así irán asimilando la información y escribiendo gradualmente historias más complejas.

Paso a paso, se consiguen grandes logros.

Utilizo también el aprendizaje transformacional, que es la base del coaching. No digo lo que tienen que escribir, dejo que lleguen a sus propias conclusiones mientras los guío. De este modo, va aumentando su confianza en sí mismos para encontrar soluciones que les funcionen.

Lo tenía claro: modificaría otras cosas, pero esas cuestiones eran inamovibles.

Aprende a escribir novelas paso a paso

2— Averigua si hay demanda.

Lo de arriba no es suficiente. Puede que te apasione un tema y ofrezcas el mejor curso del mercado… para darte cuenta después de mucho tiempo y esfuerzo (y posiblemente dinero) de que no le interesa a nadie.

En Santander llevaba 5 años impartiendo el curso presencial, pero no contaba, porque no tenía competencia. A los pobres cántabros que quisieran aprender a escribir novelas no les quedaba más remedio que pasar por mis manos. Gracias, benditos.

En internet la competencia es un poquito más grande.

Atrévete a ser escritor es el curso online más largo del mercado. Son más de 26 horas de vídeos en streaming divididas en 52 semanas y unos cuantos PDF.

¿Tenía todo eso hecho en cuanto lo puse a la venta? Pues no. Es muchísimo trabajo; no tenía sentido que me tirara un año grabando y montando vídeos si a la gente no le interesaba. (Afortunadamente podía encargarme de toda la parte técnica, por mi pasado de montador audiovisual, y ahorrarme muchos euros. Eso sí, lo de trabajar como un burro no me lo ha quitado nadie).

Un año antes había creado la lista de correo de mi blog donde les ofrecía a los suscriptores las primeras lecciones gratis, aunque todavía no existieran. Cada mes se me apuntaba un puñado, y alguno me preguntaba cuándo estaría listo el curso.

Eso era una señal de interés. Y mis libros para aprender a escribir, Atrévete a ser escritor y La aventura de ser escritor, se siguen vendiendo regularmente mes a mes, año a año.

Otra señal.

Cuando puse a la venta la versión online en septiembre tenía 8 semanas completas. Si la gente no se apuntaba, o eran muy pocos, al acabar el periodo de prueba de 6 meses que me ofrecía Teachable, la plataforma donde tengo los vídeos, les devolvería y dinero y cancelaría el curso.

No tuve que cancelar nada. Y semana a semana fui creando las lecciones que me faltaban.

3— Averigua qué quiere la gente.

A pesar de que llevaba 5 años puliendo la teoría prestando atención a mis alumnos de Santander, para ayudarme a fijar el temario del online pregunté por las redes sociales qué era lo que más les interesaba cuando hacían un curso de escritura creativa o un curso para escribir novelas.

Varios me indicaron cuestiones de estilo y gramática. Eran temas que tenía pensado tocar muy por encima, pero he añadido varias lecciones sobre cómo escribir correctamente, y lo explico desde el punto de vista de un escritor, no de un gramático, de forma clara y amena, y cómo te puedes saltar las normas por cuestión de historia.

Mis alumnos están encantados. Por fin la gramática no parece un tormento salido del infierno.

Preguntar en las redes también me ayudó a crear las dos versiones: la tutorizada, donde corrijo un cuento al mes fijándome en la historia, el estilo y la ortotipografía, y les enseño a que lo hagan ellos; y la sin tutorizar, que pueden hacer a su ritmo sin que yo les corrija, y es más barata.

Aprende gramática online
No, no es como volver al instituto

4— Mira lo que hace la competencia.

Esto puede ser engañoso para saber si hay demanda: que la competencia ofrezca un curso de escritura creativa no significa que se venda. Por eso son importantes los dos pasos anteriores.

Pero este sí te va a ayudar a fijar el precio, añadirle extras que le den valor y destacar elementos positivos cuando lo promociones.

Yo añadí las sesiones de media hora por Skype cada semana para interactuar con mis alumnos, es decir, 26 horas al año para hablar conmigo en directo, y el grupo privado de Facebook para dudas; destaqué que las lecciones eran a través de vídeos, no PDF, y que son otras 26 horas; señalé que podían descargarse los PDF más importantes, entre los que sobresalen un plan para preparar novelas, otro para escribirlas y otro para reescribirlas.

Y que las correcciones me llevan entre dos y tres horas, y son por escrito.

No me planteé hacer el curso a través de PDF porque tengo publicados dos libros de 250 páginas cada uno para aprender a escribir. ¿Qué sentido tenía?

5— Escucha a tus alumnos.

Cada semana en la reunión de Skype les pregunto si tienen alguna duda, si hay alguna lección que no está clara, si el ritmo les parece el apropiado, si hay algo que me he dejado en el tintero.

Retoco algún vídeo, añado alguna aclaración, muevo lecciones de sitio y creo otras.

6— Da un buen servicio de atención al cliente.

Deja claro qué cubre el curso, cuánto dura, qué se pueden descargar y qué no, qué horarios hay para preguntas, forma de contacto y otras cuestiones por el estilo, pero sé flexible.

Si alguien tiene problemas para acceder a los vídeos, le indico paso a paso cómo hacerlo. Si hay problemas de pago, les doy varias alternativas. Exijo que me entreguen los ejercicios en una fecha determinada, pero si me escriben con tiempo, la modificamos.

Contesto a las dudas que me escriben en menos de un día (salvo fines de semana, porque descanso). Tardo una semana en enviarles el cuento corregido desde la fecha de entrega estipulada, y lo cumplo a rajatabla, aunque tenga gripe, esté luchando contra una editorial miserable o una inesperada pandemia me obligue a cambiar mis planes.

Si no tienes paciencia, desarróllala, que es lo que he hecho yo. Los alumnos se tienen que sentir a gusto.

Dudas para escribir novelas
¿Alguna duda?

7— Pónselo fácil para que se apunten y para que se puedan dar de baja.

Mis alumnos pueden pagar mes a mes o de un solo pago y ahorrarse dos mensualidades; pueden pagar con tarjeta de crédito o PayPal; tienen 30 días de prueba y si no les gusta el curso, me escriben y les devuelvo todo el dinero (nadie hace eso en España con cursos online).

Y se pueden dar de baja en cualquier momento. No hay matrícula ni ningún periodo mínimo de permanencia.

Si confías en tu curso, no te importa ofrecerles esas condiciones.

8— Aprende estrategia de ventas.

Sí, como si fueras a ir vendiendo tu curso con llamadas a puerta fría, o dando la murga puerta por puerta. “Señora, mire qué género”. No lo vas a hacer, pero vas a aprender un montón sobre influencia y cómo presentar tu curso online de forma atractiva.

Me han ayudado muchísimo los cursos de Brian Tracy y Tony Robbins.

Aprende cómo compra la gente: toma la decisión de forma emocional y lo justifica de forma racional; tiene miedo de que el producto no sea bueno (ya está escaldada de experiencias anteriores) y te tienes que ganar su confianza.

Adapta la página de presentación (landing page) a esos requisitos para que resulte atractiva y los enganche emocionalmente desde el principio.

No prometas mentiras y evita triquiñuelas de marketing para manipular de mala manera a la gente.

A veces me preguntan si mi curso es escritura terapéutica. Digo que no, por mucho que escribir en sí mismo sea terapéutico y me encante la psicología: es para escribir novelas, y te tiene que gustar leer. No digo una mentira, a ver si abren la cartera y atrapo unos euros.

Del mismo modo, dejo clarísimo que no hay nada de poesía, porque ni me gusta ni la entiendo; ni nada de teatro o guion, porque jamás he escrito en esos géneros.

Una vez dos chicas me dijeron que pensaban que mi curso de escritura creativa era para diseñar letras molonas. Tardé unos instantes en saber a qué se referían. Sin comentarios.

Te creas una página de presentación bastante extensa donde haya una mezcla de emoción (lo que van a sentir, lo bien que se lo van a pasar…) y raciocinio (lo que se aprende y cómo, tu experiencia como profesor…), y alguna muestra de cómo son las clases.

Recuerda el anterior punto: pónselo fácil para apuntarse y para darse de baja.

Y que se note que la has escrito tú. Tu personalidad tiene que estar ahí.

9— Sé organizado.

Mantén una agenda. Prioriza tareas. Planifica por la noche lo que quieres hacer al día siguiente. Planifica al final de la semana lo que quieres lograr a la siguiente.

Descubre qué te roba tiempo y energía, y modifica tus hábitos para que lo deje de hacer. Sé asertivo: aprende a decir “no”.

Mantén las cuentas. Controla los ingresos y los gastos al milímetro (o al céntimo). Tal vez no sea inmediato, pero a los pocos meses tienes que comenzar a obtener beneficios. Si no es así, el negocio no está funcionando y deberás replanteártelo: o lo modificas o lo abandonas.

No te cargues de deudas hasta las cejas pensando que más tarde el negocio florecerá.

Antes de darle la forma final al curso, consulté con una gestora todas las cuestiones que acarreaba sobre impuestos, para hacerme una idea de lo que debía ganar para obtener beneficios. No dejes nada al azar.

Mantén las cuentas en tu curso de escritura creativa online

10— Promociona y promociona y promociona.

Ya puedes haber creado una obra maestra, que si nadie lo sabe, nadie la compra. Ten una presencia en internet: una página web profesional, un blog, un podcast, un canal de YouTube, perfiles profesionales en las redes sociales, una lista de correo… No tienes que tener todo, pero algo tienes que tener y estar mínimamente activo.

Y hablas y das consejos sobre tu pasión (o pasiones), que ¡voilà!, es de lo que va tu curso.

Lo que más me ayudó en este punto fue la plataforma MOLPE, Marketing online para escritores, de Ana González Duque.

Con esas herramientas, te vas a ir ganando la confianza de la gente, vas a demostrar que sabes de lo que hablas y que eres simpático. Y vas a ir ampliando tus contactos. No olvides el factor de caer bien a la gente, por mucho que haya una corriente de escritores donde parece que ser un maleducado es señal de prestigio. Interactúa con tus seguidores, y jamás los presiones para que se apunten.

Sé auténtico, destacando lo positivo de tu personalidad. Evita polémicas. Haz amigos y ningún enemigo. No todo el mundo te va a caer bien, pero sí puedes ser cordial con todos. No hables mal de compañeros de profesión, pero tampoco seas un pelota: eran odiosos en el colegio, siguen siéndolo de adultos.

De vez en cuando dejas caer que tienes el curso, o pones un banner a la vista en un lateral de tu página o al final de tus e-mails o vídeos, o escribes artículos en tu blog que de alguna manera tengan que ver con él (y piensas en la palabra clave apropiada para que san Google te trate bien).

Tiras de contactos para que te ayuden, pides a tus alumnos, si quieren, que hablen de tu curso y te escriban un testimonio. El boca a boca sigue siendo la mejor herramienta de promoción, y esa la propagan alumnos satisfechos.

Si utilizas publicidad de pago, asegúrate de que controlas el presupuesto y que la campaña esté muy focalizada. Yo utilizo Google Ads para aparecer en el buscador de España (excluyo Cantabria, porque ahí quiero que la gente haga el presencial) cuando busquen cursos de escritura creativa o para aprender a escribir novelas. Invierto un euro al día.

No olvides la promoción tradicional (offline). Pensaba recorrerme Cantabria dando charlas y talleres para promocionar mi curso y mis libros, pero llegó el dichoso coronavirus. Contacta con la prensa local, a ver si logras que te entrevisten o hablen de ti. Hazte un hueco entre la comunidad artística de tu región.

11— Sigue aprendiendo, sigue modificando cosas, sigue creciendo.

Sigue, sigue, sigue hasta que tu curso se consolide y la gente confíe en ti y te recomiende.

¿Mucho trabajo? Recuerda que el éxito sin esfuerzo no existe. Por eso más te vale que parta de tu pasión.

¡Buena suerte!

Fotografías de Depositphotos (chica con libro y chico aburrido) y Bigstock.com (el resto). Todos los derechos reservados.


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Alejandro Alcalde, autor de la comedia Lavanda

Cómo escribí una comedia y me metí en el mundo editorial, por Alejandro Alcalde

Este artículo es el que más ilusión me hace de todo mi blog: Alejandro Alcalde fue alumno mío en 2017, y dos años después, a finales de 2019, publicó su primera novela, la comedia Lavanda, con la editorial tradicional Fanes, y ya va por la segunda edición. Aquí nos cuenta cómo lo hizo. Espero que este sea el comienzo de más novelas publicadas por mis antiguos alumnos.

Puedes seguir a Alejandro en Twitter.

Lavanda, risas y sonrisas

La novela Lavanda es mi primera publicación, espero que de muchas. ¿De qué trata? Pues es una novela de comedia con toques absurdos y adultos como en la vida misma. Le he conseguido sacar sonrisas a todos los que la han leído que conozco y he tenido la suerte de saber que a más de un desconocido le ha parecido divertida, entretenida, de lectura fácil y de argumento tan curioso cómo interesante. Una American Beauty con gente de setenta años, por decirlo en una sola frase.

Un grupo de amigos que superados ya los setenta años, debido a una serie de circunstancias alocadas, decidirán hacer todo lo que quieran sin importarles las consecuencias que puedan tener hacia ellos o sus seres queridos. Los protagonistas son dispares pero complementarios, ves cómo es cada uno y lo único que tienen en común es que son amigos y se tienen entre ellos. Sus vidas son muy diferentes, así como las relaciones con sus familias y otros conocidos. Su fuga los va a llevar a las experiencias de sus vidas y básicamente se demuestran a sí mismos que la edad es solo un estado mental.

Esta comedia fue publicada el 13 de diciembre de 2019. Con una segunda edición que salió en febrero de 2020, sin duda es todo un logro personal. Sobre todo cuando veo a gente completamente desconocida que compra el libro y luego me comenta que se han reído y les ha gustado. “Me compré el libro porque me recordó a mi padre de 80 años. Se quiere ir a Cuba con una novia que ha conocido en la residencia”. Me dijo una lectora que me comentaba que el libro era como un reflejo de su anciano padre.

Lavanda, de Alejandro Alcalde. Comedia.

Orígenes de Lavanda

Ante la duda de qué genero escribir, pues tenía ideas para novelas de comedia, terror, humor negro, fantasía, aventura, ciencia ficción, de humor absurdo… y tantas combinaciones posibles entre géneros, decidí ir probando varios a ver cuáles se me daban mejor o peor. Escribí una space opera juvenil, una de terror basada en una pesadilla que tuve y apunté, y mi tercera novela, la que he publicado y la que espero que divierta a todo el que la tenga en sus manos.

La idea surgió de algo tan sencillo como ir caminando por la calle y ver el forcejeo de un hombre mayor (doy por hecho que era mayor por el pelo blanco, era de noche y no había mucha luz) con la puerta de su coche. Me pareció gracioso que fuese un intento supertorpe y absurdo de robo. Y me apunté la idea de un anciano robando un coche.

Con el tiempo fui desarrollando los personajes. Seré bueno teniendo imaginación y a la hora de crear tramas, pero los personajes y su desarrollo es lo que más me cuesta. Por mi parte a la hora de construir personajes enfoco una pequeña parte de su personalidad, la que me interesa para la historia.

Mientras, hago la escaleta y según esa base fijada por mí, desarrollo el resto del personaje si es que es necesario enfocar otras partes de su personalidad según vaya necesitándolo la historia. Elegí una cantidad de protagonistas que nunca había manejado, tres (la space opera tiene varios protagonistas pero los que más destacan son dos, dejando al resto como secundarios recurrentes).

El desarrollo fue relativamente sencillo pues mientras escribo una novela, no me atrevo y no sé si me atreveré a escribir más de una a la vez, sí que me dedico a hacer investigación para el desarrollo de novelas futuras. Ya sea leyendo, viendo series o pelis y haciendo críticas y análisis. Y de ahí muchas veces a base de meter horas a estudiar tramas, personajes y demás, acabas teniendo ideas e inspiraciones.

Para cuando empecé a escribir Lavanda, ya tenía un par de novelas escritas, una escaleta de historia completa hecha e ideas para muchas más novelas. Con una base tan sólida empecé a escribir y con la idea básica de los personajes en mi cabeza fui escribiendo y se desarrollaron según les pasaban cosas en la novela. Este es el tipo de desarrollo que a mí me resulta más cómodo, hay muchas más maneras de crear personajes. Para los guiones, que no las novelas, uso el método Meisner. Aunque por probar que no quede…

Juan Gómez-Jurado con un ejemplar de Lavanda, de Alejandro Alcalde
Hasta Juan Gómez-Jurado tiene un ejemplar de Lavanda

La escritura de Lavanda

El proceso de escritura en sí mismo fue lo más fácil, como bien he dicho, lo complicado es crear el mundo y sus personajes, y luego va la reescritura y reescribir y releer y reescribir…

¿Cómo era para mí el escribirla? Fácil. Todos los días me ponía a escribir un mínimo de una página. Si el día me venía motivado llegaba a escribir hasta cinco páginas diarias, lo cual es mucho. Con cinco páginas diarias te puedes hacer una novela entera en dos meses. Y no hay más. Todos los días tenía mis horas para ponerme al ordenador y escribir, me apeteciese o no. A veces quieres escribir más, pero es conveniente parar, y a veces no quieres ni sentarte al ordenador, pero si paras una vez, pues seguramente pares la segunda, y la tercera… Y terminarás con una novela inacabada diez años después de haber empezado a escribirla. Mi consejo es el que te darán todos los escritores si les preguntas por escribir, pegamento de culo y crearse una rutina diaria, te apetezca o no.

En cuanto a los lectores beta, mis dos primeras novelas no tuvieron, ya que no había de momento en el horizonte una publicación, así que se las dejé a un par de compañeros escritores para que le echasen un ojo. Con Lavanda esos mismos colegas y compañeros, Cristian Díaz (con este he co-creado una serie de animación y escrito cantidad de guiones) y Laura Campo (compañera de teatro y de cortos), me ayudaron a afinar la novela y ver los fallos que por mi parte era incapaz de ver. Hoy día tengo a más lectores beta que me ayudan a mejorar con cada novela.

Editorial Fanes

Llegados a este punto, ¿cómo pasé de escribir a publicar? Muy fácil. Es algo que no es habitual. La publicación no es nada fácil y estuve mentalizándome durante años pensando que recibiría negaciones y silencios durante meses o años. Simplemente una de las compañeras de teatro con la que actué y escribí e hice cantidad de frikadas terminó publicando y trabajando para la editorial Fanes. Ella sabía que yo estaba escribiendo y me pidió leer mis novelas. Le parecieron buenas como para poder llegar a publicarse y quiso que conociese a su editor.

En la Feria del libro de Santander conocí al editor y le hablé sobre mi trabajo. Se vio interesado por la space opera, pero en aquel entonces todavía faltaba pulirla mucho para que fuese publicada. Así que le echó un ojo a los otros dos manuscritos que tenía, el de terror y el de comedia. Me dijo que seguramente el de comedia atraería a un público mayor y que para un novel como yo era lo más adecuado.

Al final me pidió Lavanda para que fuese publicada. Estoy en trámites para ir publicando las otras novelas que he escrito pero decidimos empezar por esa.

Alejandro Alcalde presentando Lavanda
Alejandro Alcalde presentando Lavanda

El misterioso futuro

Qué puedo deciros, tan misterioso no es. Tengo ideas para una veintena de novelas, acabo de terminar el primer manuscrito de la quinta. Me publiquen o no, voy a seguir hasta que me dé por parar, seguramente cuando la palme.

La lectura y las artes siempre han estado presentes en mi vida, ya desde niño en casa, o en el colegio. Con los años pasó de ser algo meramente ocioso a ser profesional. Después de años de estudiar en Miriñaque [teatro], Pronillo [doblaje y escritura creativa] y por mi propia cuenta, me llamaron para trabajar en varias compañías de teatro y sigo actualmente con ellas y por suerte con otras que me van llamando.


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Entrevista a Maite Carranza, literatura infantil y juvenil

Entrevista a Maite Carranza

Maite Carranza es un referente de la literatura infantil y juvenil en España. Desde que debutara en 1986 con ¡Toma castaña!, ha publicado 50 libros y ganado más de una veintena de premios, entre los que se encuentran el Cervantes Chico a toda su carrera (2014), el Nacional de Literatura Juvenil, el Templo de las Mil Puertas; tres veces el EDEBÉ y otras tres el alemán White Raven.

Si existiera el Nobel Chico, posiblemente también lo habría ganado.

Además, Carranza fue profesora de Lengua y Literatura hasta mediados de los 90, y es guionista de televisión, oficio por el que también ha cosechado varios premios, y ha escrito tres obras de teatro.

En esta entrevista, que le hice en verano de 2019 en Santander, nos cuenta cómo llegó a la literatura infantil y juvenil, qué diferencias encuentra entre escribir para adultos y para jóvenes, cómo se documenta o qué es lo primero que te tiene que gustar si quieres ser novelista.

Puedes seguirla en Facebook y visitar su página oficial, maitecarranza.com.

Lee la entrevista, y disfruta y aprende de una gran profesional.

Entrevista a Maite Carranza

¿Cómo llegaste a la literatura infantil y juvenil?

Por puro azar. Porque yo escribía para adultos, pero resulta que los relatos que presentaba a premios, los que ganaban estaban protagonizados por un joven o un niño directamente. Y alguien me dijo: “Esa mirada es la que dominas mejor”. Era muy joven, tenía veintipocos, y me dije, ¿por qué no?, voy a hacer una primera historia que va a protagonizar una niña. Fui mi primera novela [¡Toma castaña!], fue juvenil y me acogieron como especialista en literatura juvenil. Y dije, bueno pues me quedo una temporada a ver qué tal se está, y aún estoy ahí.

Tienes dos novelas para adultos, Sin invierno y El fruto del baobab. ¿Te gustaría escribir más para adultos?

Escribir para adultos ha sido frustrante porque estoy acostumbrada a que mis libros tengan una larguísima vida, tienen un tempo de boca-oreja, de darse a conocer, no hay prisa… Los libros para jóvenes pueden tardar cinco o seis años en tener éxito, y después lo tienen.

En cambio, a los tres años un libro para adultos está sentenciado. Mi primer libro fue Sin invierno (1999), tenía muchísima ilusión, tuvo dos o tres ediciones, se habló mucho, y después desapareció. Me sentí muy mal. Y me dijo la editora: “No, no, eso es lo que ocurre siempre”. Pues no me interesa. Por lo tanto, siempre que pude procuré que la historia tendiese a un público juvenil y no al revés.

Y la única donde pensé, No hay excusas para no hacerla para adultos, fue El fruto del baobab. Y Palabras envenenadas, que mucha gente me dice, “Ay, pero cómo la publicaste para jóvenes si es una obra adulta”; pues por eso, porque aún está viva desde 2010, y tiene más ventas ahora que en 2010. Y esa es la trayectoria de una novela juvenil.

En cambio El fruto del baobab la publiqué en 2013, y ya está muerta. La descatalogaron al cabo de tres años. Eso es muy frustrante.

Novelas de Maite Carranza. Literatura infantil y juvenil.

¿Qué diferencias ves entre escribir juvenil y escribir para adultos?

Mi actitud es la misma, pero me planteo qué es lo que un joven puede o no entender, entendiendo como juvenil a partir de 16 años. Es diferente si considero que es para niños o adolescentes.

Sí hay diferencias. Considero que una novela juvenil tiene que tener más ritmo, tiene que ser ágil, tiene que tener un lenguaje culto, pero sin pasarse; que no hace falta que cojan el diccionario a cada frase.

En cambio en una novela para adultos no me corto un pelo. También mi estilo es así: un estilo directo, inteligible… Pero no me reprimo, no me coarto a mí misma.

Pero ya tengo mucha experiencia para concebir una historia para jóvenes.

Me gusta, de los jóvenes, que descubren el mundo… Pensar que yo les puedo aportar una pregunta, abrirles alguna puerta, su curiosidad. Hacerles darse cuenta de los conflictos, del mundo en que viven, y que tal vez ni han reparado en ellos. Me hace sentir como más útil a mí misma.

Guionista y profesora

Aparte de novelista eres guionista. ¿Qué diferencias narrativas ves entre escribir una novela y escribir un guion?

Bastantes, pero yo diría que utilizo muchos recursos, como vasos comunicantes, tanto de la literatura hacia el guion y como del guion hacia la literatura. Yo agradezco muchísimo todo el oficio, porque yo lo llamo oficio, el oficio que tengo como guionista.

Es un oficio que se construye sobre la práctica. La teoría está bien, pero es la práctica la que te va dando toda la experiencia que necesitas para tú misma reflexionar qué recursos necesitas: cómo, cuándo y por qué.

Primero fui escritora literaria y después guionista. Cuando fui exclusivamente escritora literaria, no tenía en cuenta elementos que aprendí luego con el guion, y los he incorporado. Sobre todo el tema de las estructuras dramáticas es fundamental, la idea de conflicto, la idea de acción dramática y la creación de personajes.

Todos esos elementos, que son básicos y fundamentales en el mundo del guion, los aplico a la novela.

Soy muy estructurada. Desde hace muchos años divido las novelas por actos, lo cual responde a una novela muy cinematográfica y muy audiovisual, pero a mí me sirve. Me da, un poco, la medida de lo que estoy explicando.

Intento no engañar al lector. “Mira, ya sé, ya has acabado la primera parte, ya hemos presentado a los personajes. Ahora vamos al nudo: remángate que vienen curvas. Y tercera parte, ahora se vislumbra el final; vamos a resolverlo”.

Me gusta saber que voy orientada, pero si puedo le doy la brújula a los lectores también. Y eso es gracias al guion.

Maite Carranza y Carlos del Río. Literatura infantil y juvenil.

Fuiste también profesora de Lengua y Literatura. ¿Cómo crees que se puede incentivar la lectura en los jóvenes? Yo odiaba lo que me obligaban a leer en el colegio e instituto.

Creo que se debe diferenciar entre el saber erudito de la literatura, como la historia de la literatura, y que debería existir una noción mediante análisis de textos, igual que se hace tener unos conocimientos generales de matemáticas o de historia, tenerlos sobre literatura.

Pero confundir la lectura por la adquisición de las obras clásicas literarias que tienen prestigio es confundir a los lectores del futuro. Y pensar que, por ejemplo, a los chavales actuales les puede continuar gustando, a pesar de que haya sido un referente, un maestro, un guía, pues Julio Verne, es un error. Porque Julio Verne pertenece a su tiempo. Y en su tiempo pues fue realmente un visionario y un hombre que asombraba. Y yo cuando lo leí de niña y de joven… Y me lo he vuelto a leer de adulta o de vieja y no he podido con algunos capítulos.

Con una cultura audiovisual, con el mundo de la televisión, que nos ha influenciado muchísimo en lo que son los microclips dramáticos, la idea de la sintetización de las imágenes no se concibe con autores decimonónicos o hiperrealistas de principios del siglo XX. Y entonces los chavales actuales no los pueden disfrutar. Pueden conocerlos y admirarlos, pero disfrutarlos, no.

¿A quién van a disfrutar? A los autores actuales que serían como los coetáneos suyos que escriben para ellos.

¿Que hay chavales que son más listos y pueden leer a adultos? Perfecto. Pues les das a Joyce, no pasa nada.

Hay que prestar atención a qué consumen como cultura elegida por ellos mismos, y entonces tú les das el libro como placer cultural, que sea asimilable a su gusto. No que el libro sea la antítesis de lo que es para ellos la cultura.

Hay gente que dice: “Hay que darles cosas que no entiendan porque si no se vuelven burros”. Bueno, se vuelven burros o te tiran el libro al mar directamente. Depende. Si estiras mucho la cuerda, se rompe.

A veces un problema grave no es que los alumnos no lean, es que los profesores no leen. Si los profesores no tienen una educación literaria, no pueden tener criterio para recomendar obras para los niños.

La documentación

¿Cómo afrontas la documentación de tus novelas? El fruto del baobab, que trata de la ablación a mujeres gambianas,tiene un trabajo de documentación enorme, o Una bala para el recuerdo, sobre un acontecimiento durante la Guerra Civil, también.

Me lo paso muy bien documentándome. Sé que es un calentamiento, en el cual, si todavía no tengo una historia decidida, voy a elegir cosas muy importantes de la historia mientras me documento. Eso es muy bonito.

Me ocurre también con los guiones. Me he documentado mucho para guiones, haciendo como de reportera in situ. Eso ocurre, a veces, cuando lo que te interesa es un tema, un submundo o un caso. Entonces tú vas investigando y sobre esa investigación tú vas fundamentando… “Ostra, ese personaje me interesa, me lo quedo. Ese tema que no concebía, lo incorporo”. Te explican una historia, y es fantástica esa historia…

Es decir, ir un poco libre de ataduras a la investigación está muy bien. Y ser flexible para poder ir modificando. No tener prisa. Y, también, tener un poco alma de periodista, que yo no la tengo, lo reconozco, tengo de antropóloga. Para llamar cinco veces a una persona para insistirle para una entrevista y que me cuelgue el teléfono, pues yo ya me rindo. Los periodistas son unos pesados y consiguen lo que quieren. Y a mí me cuesta eso. Necesitaría un secretario o secretaría que me hiciese el trabajo sucio.

Con El fruto del baobab me dieron portazo en las narices porque no me permitían el acceso a las mujeres. Y hasta que no encontré la llave que me abrió las puertas yo pensé, No puedo hacerlo, y no puedo hacerlo. Ninguna mujer quería hablar conmigo sobre su vida, sobre su mutilación, su experiencia.

¿Y cómo lo lograste?

Me planteé: si estiro hilos, y qué hilos. Bueno, pues las que tienen poder. Entonces tuve que llamar a la puerta de Adriana Kaplan y a la puerta de una mamma [Eva Cham], una mujer que era de un capo de poder, que ella ya era una mujer muy respetada en la comunidad, y cuando me conoció, le expliqué, le di libros, le di confianza… Ella me dio los teléfonos de mujeres que hablarían conmigo, seguro.

Yo ya había dicho que tenían que hablar conmigo. Y entonces digo, “No me lo puedo creer”. Fue la que también me dio los contactos cuando fui a Gambia. Ella me hizo como valedora de la comunidad gambiana en Mataró. Era una mediadora cultural.

¿Siempre tiras de contactos y vas in situ a documentarte?

Sí, sí.

El fruto del baobab, de Maite Carranza
Mi ejemplar dedicado de El fruto del baobab

¿Y Una bala para el recuerdo?

Hablaba de historia, de personajes que ya no existían, entonces tuve que recurrir a mi suegro y a la familia de mi marido que tenían recuerdos de esa época, para preguntar: “A ver, ¿aquí qué se comía…?”; visitar in situ la zona, visitar casas, visitar Gijón, hablar con gente de allí, de allá… Lo que se puede.

Y leer mucho. Si puede ser, en lugar de la lectura erudita y docta, todo lo que sea más emocionante.

Yo, por ejemplo, para El fruto del baobab leí muchas novelas, no de Gambia, porque no existe literatura gambiana, pero sí senegalesa. Gambia está en medio de Senegal, y las tribus son iguales; muchas tribus están repartidas en los dos países.

Leí muchas novelas, en francés, de literatos de la zona para entender mejor, más allá de lo que es etnografía, que la hacen personas de aquí, desde dentro para saber cómo piensan y cómo sienten. Y me dio dos medidas diferentes.

La literatura autóctona es muy diferente a una etnografía hecha por Adriana Kaplan, a la cual se lo agradezco mucho para que me dé las claves para entender. Pero son dos maneras de captar diferentes.

Y en el caso de Una bala para el recuerdo, una lectura que me abrió mucho los ojos fueron las de las cartas de los condenados. Conseguí acceder a un montón de cartas… Pensé, Anda, esa es una documentación muy lúcida porque explica cómo viven los hombres en una prisión, o cómo están los campos, qué les escriben a su familia… Todo eso de “¿Qué le digo a mi familia antes de morir?”, ¿no?, “que me van a fusilar de aquí a unas horas, o mañana”, o lo que sea.

A raíz de eso dije, “Anda, yo aprovecho todo eso que sé y lo meto, porque no estaba previsto”. Es muy emocionante; la comunicación última que se establece entre alguien que va a morir y esa lejana familia, que no les puedes estropear lo que les queda de vida, y les tienes que enviar un mensaje optimista. Es muy duro.

Es muy interesante literariamente.

¿Cuál es tu proceso para escribir una novela?

Yo la escritura, digamos, propiamente capitular la hago bastante rápida. Pero previamente, me dedico todo el tiempo que me da la gana a diseñar la novela. Y el diseño de la novela incluye sinopsis, tratamiento… hasta tratamiento secuenciado capitular, también.

Nunca jamás empiezo en blanco y sin tener un relato que sea la base de cada uno de los capítulos. Por el camino modifico, quito e incorporo, pero siempre voy sobre seguro. Entonces, la primera fase me dura a veces mucho y a veces poco.

Escribo relativamente rápido. Una novela como Una bala para el recuerdo la escribí en mes y medio, dos meses. Pero claro, con toda la previa que ya tenía.

Yo digo: “Ahora me siento, y ya no lo pienso más”. Escribo seguido y sin parar. No me vale eso de ahora me paro, ahora continúo… Y cuando no me queda más remedio, pues lo tengo que hacer por partes. Pero prefiero hacerlo de una tacada.

El fruto del baobab fueron cuatro o cinco meses. No más. No soy lenta.

¿Eso incluye la revisión y reescritura?

Sí, porque es que soy guionista, y los guionistas tenemos que tener una capacidad de reacción muy rápida. Te dicen: “Mañana, venga, 30 páginas”; y te tienes que poner a escribir, estés inspirado o no, tengas un buen día o no.

Y al final, cuando estás metido, te vas animando, te calientas y ya está.

Una bala para el recuerdo. Maite Carranza. Literatura infantil y juvenil.

Recomendaciones

¿Cuáles son tus autores favoritos y tus mayores influencias?

He ido modificando mis autores favoritos a lo largo de mis muchos años de lectora. Ahora, por ejemplo, como tenía que ir al Celsius, estuve leyendo ciencia ficción, que hacía tiempo que no leía, fantasía… Descubrí cosas que ignoraba.

Ahora diré una muy gorda, pero es que no tengo tiempo para todo. He descubierto a Brandon Sanderson, que no lo conocía, y me ha fascinado.

Cada año he descubierto a alguien que no conocía, y me dejo siempre aconsejar. Digo: “Aconséjame un escritor que no haya leído”. Y me funciona muy bien.

Son tantos los autores y autoras que me gustan. ¿Los sigo de una forma fiel? No. Porque a veces digo: “Este libro ha sido tan bueno que creo que será insuperable, con lo cual no sé si volveré a leer nunca algo más de esa persona”.

Y algunos que pensaba, Voy a leer todo lo que escriba; mmm, hay cosas que me han frustrado. Por ejemplo, me gustó mucho, que no lo conocía la gente, y yo leí un primer libro y me pareció acojonante, Las correcciones, de Jonathan Franzen.

Jonathan Franzen se hizo famoso a posteriori por Freedom [Libertad]. Yo leí Freedom; me parece una mierda. Y dije, no, a mí me gustó Las correcciones.

Y hay autores que superan ese primer libro; y ese ya, respeto absoluto. Porque cada libro es una obra diferente. Y se traicionan a ellos mismos; me parece genial.

Y un autor que me había fascinado hasta hace bien poco fue Mario Vargas Llosa. Cada libro era una aventura diferente. Y no reconocía al Vargas Llosa de hacía cinco años, de hacía diez y de hacía veinte. Cada libro era diferente. Era maravilloso.

Pero ahora estoy enfadada con él. Me estoy distanciando emocionalmente, no literariamente. Y esas cosas, a veces, influyen.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Que tenga muy claro qué es lo que persigue. Yo lo que he conocido son muchos novelistas que persiguen la fama, o que persiguen los followers, persiguen el reconocimiento o ligar mucho. No. Ninguna de esas cosas.

Persigues encontrar tu voz, tener la posibilidad de comunicar, de explicar cómo ves el mundo. Tengo la oportunidad, no tanto de dejar un legado (lo del legado ya, para nada, todo es efímero), pero sí aportar mi pequeño granito de arena al mundo. Y si eso te satisface, pues adelante.

Si te satisface ser rico, famoso o popular, dedícate a hacer de actor o de actriz o, no sé, atracar un banco, que da más fama. Pero se confunde. A mí me duele.

La pregunta primera es: ¿eres lector o lectora? Si no lo eres, no escribas. Es como si yo digo, “No, yo quiero ser un músico famoso, pero no me gusta la música”. Es absurdo. Y hay mucha gente que se mete en la literatura sin ser lector, sin gustarle los libros.

“¿Cuántos libros te lees? Explícame los diez últimos libros que te has leído y cuánto tiempo le dedicas a leer…”. “No, es que no tengo tiempo para leer, solo leo en verano”. Pues no seas escritor. Jamás. Porque no tienes la magia dentro de crear historias y de admirarte por lo que escriben los demás.

Pero si no estás tocado por la lectura, no pretendas ser escritor.


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Maribel Abad, fantasía juvenil

Mis dolores de cabeza con «La constelación de los dragones», por Maribel Abad

Seguro que habéis oído decir que si no eres famoso, o no tienes un trillón de seguidores en las redes sociales ni contactos, no hay nada que hacer con las editoriales tradicionales; que antes de escribir tu novela tienes que currarte la promoción, porque de lo contrario no te va a comprar ni tu madre.

Bueno, pues os presento a mi amiga Maribel Abad, quien acaba de publicar la novela de fantasía juvenil La constelación de los dragones con la editorial tradicional Onyx. Ni era famosa, ni tenía miles de seguidores ni conocía a nadie en el mundo editorial, y sin embargo logró firmar un contrato de publicación en un periquete.

Os dejo con ella. Podéis seguirla en Twitter e Instagram y visitar su página web, maribelabad.com.

Sinopsis de La constelación de los dragones

¿Se puede progresar en la vida cuando uno no sabe quién es? En el mundo mágico de Arcálie no, pues magia e identidad van cogidas de la mano, y el que no encuentra su poder está condenado a la exclusión.

Esto lo descubren Finthan Fideri y sus amigos cuando salen de su bosque por primera vez para entrenar como Ojeadores. Más allá de las murallas de su Títhame natal, se encuentran con la realidad de que la vida en Arcálie es mucho más peligrosa de lo que ellos habían imaginado siempre.

Que el poder de Finthan sea el de caminar hacia lo perdido hace que este se proponga hallar a Gwendelan, la desaparecida Alta Hechicera. Esta búsqueda les llevará a descubrir que las leyendas pueden convertirse en realidad.

Maribel Abad. Fantasía juvenil. La constelación de los dragones
Maribel Abad con el menda en el Celsius de 2019

El cajón de sastre de las ideas

Cada vez que me preguntan cómo se me ocurrió la historia de La constelación de los dragones, doy una respuesta distinta. No es que de una entrevista a otra mienta, es que el proceso por el que llegué a escribir esta novela tiene varias fuentes de inspiración.

Por una parte, yo tenía un libro que escribí a los dieciséis, cuyos acontecimientos podían dar lugar a una historia de seres venidos a nuestro mundo desde otro. Tenía muchas características físicas y mágicas de estos seres, así como de worldbuilding general pensadas, y también muchos de los acontecimientos que habían ocurrido en la historia de ese lugar, que ya por entonces llamaba Arcálie. Y con eso, la idea de un mundo que había estado en guerra con el nuestro y que había mandado aquí a algunos de los suyos. De ahí surgió la idea de los Celestes y del pobre Finthan, que tiene uno de ellos y no sabe usarlo. En el presente no tiene nada que ver, pero bueno, de ahí salió.

Por otro lado, me encantan las leyendas de hadas, y la mitología celta es mi favorita (sí, ya lo sé, qué original). Con todas las historias sobre las costumbres de los «pueblos feéricos», me inventé una sobre un mundo en el que no se podía caminar por el suelo cuando se hacía de noche, porque las hadas salían entonces, y si te interponías, podían llevarte con ellas y nunca te devolverían. Un grupo de chavales decide probar un día a ver qué pasa, y por mezclarse con las hadas, se acaban viendo envueltos en la búsqueda de un tesoro. Esta idea la tenía muy presente porque me resultaba intrigante, y en un viaje a Disneyland París, visitamos la atracción de La cabaña de los Robinson, que es, ni más ni menos, que un árbol gigantesco con una casa construida sobre él. Mientras la recorríamos, subiendo por las escaleras que rodeaban el tronco y viendo las distintas estancias, empecé a imaginar cómo sería vivir en un lugar así (más bien, empezó a imaginárselo mi niña interior, la que se construía cabañas en todas partes), y qué tipos de seres podrían vivir allí, y una casa así me pareció la mejor razón del mundo para no tener por qué pisar el suelo de noche.

También tenía una idea que me había dado una amiga sobre una niña que usara una canica para encontrar las cosas que perdía, y convertí ese poder en el Celeste de Finthan. Al final, mezclándolo todo, salieron las primeras ideas para La constelación de los dragones, así como mucho del worldbuilding.

Maribel Abad. Fantasía juvenil. Aroa R Zúñiga. La constelación de los dragones
Maribel Abad con la escritora Aroa R. Zúñiga

Escribir fue lo de menos

Escribí la novela en un par de meses. Se puede decir que casi la vomité. Pero quedó horrible. Saber el final de una historia y dirigirte hacia él sin un plan es como saber por dónde queda más o menos un lugar al que tienes que ir, pero no conocer el camino; al final, acabas dando alguna vuelta de más, e incluso puedes ir, sin querer, en dirección contraria solo porque te gusta esa calle. Total, que después de escribir aquello en dos meses, el resto del trabajo ha sido de reescritura. Empecé en 2014, tras el viaje a Disneyland, y seguí haciendo cambios hasta que lo mandé a la editorial, en diciembre de 2018. Es demasiado tiempo. Si hubiese planificado primero, el resultado no habrían sido tantos años de reestructurar, cortar, añadir, volver a eliminar, cambiar lugares y ambientaciones, eliminar personajes. Pero me valió la pena porque esta era la primera historia, de todas las que había escrito, que yo presentía que podía sacar adelante e intentar publicar.

Esta palabra es la causante de la mayor parte de las enfermedades que he tenido estos años. Aunque el proceso de reescritura de La constelación de los dragones fuese largo, yo me lo pasaba bien mientras le dedicaba mi tiempo a eso. El problema está en que te dicen que si no te haces popular en las redes sociales, no eres nadie y no solo no vas a ser publicado por ninguna editorial, sino que, además, no vas a vender ni un libro si autopublicas. Y empiezas a intentar conseguir seguidores a la desesperada. Y no entiendes por qué no te haces más popular. Al final te das cuenta de que lo importante son las relaciones con la gente y que lo suyo es conocerse, no seguirse mutuamente intentando, por ambas partes, que el otro le haga caso a tu contenido de calidad. Pero es cuando empiezas a conocer a algunas de estas personas (¡plot twist: personas!), cuando te interesas por el contenido de alguien. Antes de eso, son un montón de vendedores en el mercado gritando para que te lleves su fruta antes que la del vecino. Y todos son escritores como tú. Todos. ¿Pero cuántos son lectores? ¿Todos? Como te pares a analizar lo que ves, te deprimes. Lo mejor es seguir trabajando en tus manuscritos y acudiendo a eventos donde mezclarte con todos tus compañeros. Y trabajando. Y trabajando. Y un día prestas atención y ves todo lo que has conseguido sin darte cuenta: una comunidad, tus libros, sus libros… Más que sin seguidores, sin apoyos no somos nadie. Los seguidores vienen poco a poco.

La autora Maribel Abad firmando la fantasía juvenil La constelación de los dragones

Publicar

Mucha gente me pregunta qué hice para que me publicaran en Onyx y la respuesta es que, aparte de mandarles el manuscrito, no hice nada más. Hay mucha suerte involucrada en esto de pasar a formar parte del catálogo de una editorial, imagino. Cuando dicen que tienes que pasarle tú tus seguidores a la editorial me da la risa, porque cuando aceptaron mi manuscrito, yo tenía unos cuatrocientos seguidores en Twitter, menos de cien en Instagram, y Facebook es personal, así que… no, por ahí no iban los tiros. Supongo que hay mucho de llegar al lector profesional y al editor justo en el momento en que les apetece algo como lo que les has mandado tú. Si les gusta lo que les mandas, no se van a hacer de rogar; ya he comentado que se lo mandé en diciembre; en concreto, el 31. El día 8 de febrero me respondieron, y yo que me estaba preparando para no saber nada hasta el verano. De hecho, pensaba que se habían leído las primeras páginas y ya sabían que no querían algo así, y cuando abrí el correo y me vi el tan esperado «sí»…

No quiero decir que esto sea así en todas las editoriales, ya sabemos lo que hay en muchas, pero no todo este mundo está podrido ni a punto de implosionar como la burbuja de la construcción. Lo que yo digo siempre es que el que deja de intentarlo no estará en el lugar indicado en el momento oportuno. Es, por una parte, así; por otra, hay que tener ganas de mejorar. Si una editorial quiere algo como lo que tú has mandado, pero el manuscrito es un desastre… puedes pillarlos con ganas de trabajar en él todo lo que haga falta para mejorarlo, pero si tú no aprendes y te estancas, o incluso te niegas a aceptar los cambios que te proponga tu lector profesional… Pues no, así no.

Pero si uno sigue escribiendo y moviéndose…, y tiene paciencia, en algún momento pasarán cosas buenas. O una editorial te querrá, o tus libros autopublicados estarán en un buen lugar en las listas de Amazon. Pero esto, poco a poco ¡y con mucho ánimo!

Ahora mismo, La constelación de los dragones está disponible en físico en muchas librerías, y las que no lo tengan allí mismo, lo tienen en catálogo, así que se puede pedir sin problemas. Y para el que prefiera comprarlo online, en la web de la editorial es donde más fácilmente se puede pedir: https://onyxeditorial.com/producto/la-constelacion-de-los-dragones/

Y recordad: en esto de la publicación, ¡las prisas no son nuestras amigas!


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Escribiendo fantasía juvenil a cuatro manos

Escribiendo fantasía juvenil a cuatro manos, por Adella Brac

Adella Brac es una escritora de fantasía juvenil que conocí en el Festival Celsius 232. Cuando me enteré de que su última novela, La biblioteca de los libros olvidados, la había escrito junto a Jessica Galera Andreu, le pedí que me contara su experiencia: escribir a cuatro manos me parecía el camino seguro para provocar entronizadas guerras de ego y crearte un enemigo de por vida.

Pero estaba equivocado.

Os dejo con ella.

Bío de Adella Brac

He soñado con ser escritora desde niña. Lo convertí en realidad en 2012 y hoy tengo cuatro novelas publicadas. La leyenda de Bellasombra y La historia de Tilansia se desarrollan en el reino imaginario de Sanseviera, pero son historias independientes de fantasía juvenil. El don de Haziel es fantasía urbana romántica. Y la novela de la que vengo a hablar hoy, La biblioteca de los libros olvidados, escrita a cuatro manos con Jessica Galera Andreu.

Además, tengo un relato para descargar gratis (mediante pago social) en Lektu

Escribo en mi blog cada quince días y desde hace casi seis años mantengo un reto de escritura mensual de microrrelatos, el #reto5líneas, alrededor del que se ha formado una comunidad muy chula. 

Además, administro un club de lectura de fantasía juvenil en Facebook, Lecturas Fantásticas, donde leemos juntos un libro al mes.

Visita mi página, adellabrac.es, donde ofrezco informes de lectura y servicios de autopublicación. Puedes seguirme en Facebook, Twitter e Instagram.

Adella Brac, fantasía juvenil, escritora
Adella Brac

Bío de Jessica Galera Andreu

(Barcelona, 16 de marzo de 1982). Mi gran pasión es la literatura, leer y escribir. Me encanta, especialmente, el género literario de la fantasía juvenil. 

De pequeña, La historia interminable, de Michael Ende, me arrastró a un mundo de fantasía del que ya no pude —ni quise— salir. Sin embargo, nunca me había planteado el escribir una novela hasta que un día empecé a darle forma a La Última Alianza, sin saber cómo sería ni adónde llegaría. Después de ella han llegado más de veinte publicaciones de fantasía juvenil y romance, esencialmente.

Administro una página web, donde publico toda la información al respecto, relatos y desafíos literarios.

Puedes seguirme en Twitter e Instagram.

Jessica Galera Andreu, escritora de fantasía juvenil
Jessica Galera Andreu

Escribir a cuatro manos

La idea de escribir juntas surgió de manera casual en una conversación de WhatsApp. Fue Jessica quien lo propuso. Reconozco que soy de las que se piensan todo mil veces, pero esa vez acepté al momento.

La verdad es que ya hacía tiempo que conocía a Jessica. Habíamos coincidido en un par de iniciativas por lo que sabía cuál era su manera de trabajar y que era compatible con la mía. Además, la admiro como escritora por lo que era un honor para mí tener la oportunidad de crear a su lado. Se lo dije y ella me confesó lo mismo. A las dos nos hacía mucha ilusión trabajar juntas, así que estaba claro que haríamos un buen equipo

En ese momento, igual que tenía claro que con ella iba a funcionar, tenía claro que no podría hacerlo con ninguna otra persona. Visto desde hoy, y con el aprendizaje que me aportó la experiencia, creo que sí podría volver a hacerlo. El truco está en escoger bien. 

El proceso de creación de la novela nos llevó unas semanas. Cada una aportó una idea, y luego trabajamos para fusionarlas y sacar de ahí una historia. Escogimos como protagonistas a dos personajes femeninos y decidimos que los capítulos estarían narrados de manera alterna por ellas dos. Cada una se hizo cargo de una de las protagonistas e hicimos sus fichas de personajes. 

Alana es impulsiva, muy emocional y tiene un don para liarla siempre. Keera es súper racional y perfeccionista. Fue divertido crearlas con formas de ser casi opuestas y luego hacer que aprendiesen a entenderse. 

Decidimos la ubicación geográfica de la historia, fuimos armando poco a poco la trama y definiendo al resto de personajes secundarios. 

Como vivimos lejos, chateábamos una vez a la semana para avanzar en la historia y usábamos Drive para ir guardando toda la información que íbamos reuniendo.

Cuando vimos que la historia estaba suficientemente definida comenzamos a escribir. 

Todas las semanas seguíamos la misma rutina; cada una escribía un capítulo y leía el de la otra. El día de la puesta en común se compartían las cosas que nos habían gustado, se preguntaba aquello que no había quedado claro y se cuestionaban las partes que no nos convencían. No hicimos grandes cambios en el texto porque era el primer borrador, pero sí fuimos puliendo y completando la escaleta. 

Aunque las reuniones oficiales se hacían una vez a la semana, normalmente los jueves, el canal de comunicación estaba constantemente abierto por si durante el proceso de escritura alguna de las dos necesitaba ayuda.

Corregir a cuatro manos

Esa primera versión nos llevó unos cuatro meses. Con ella completada pasamos al proceso de revisión. Decidimos seguir un ritmo parecido al de la escritura. Durante la semana, cada una leía y comentaba el capítulo en cuestión. Las erratas se cambiaban directamente, las dudas que se podían resolver mediante un comentario quedaban marcadas y las cuestiones que necesitaban ser debatidas se dejaban apuntadas para nuestra reunión del jueves. El proceso fue sencillo, no hubo grandes conflictos. Ambas somos personas flexibles que nos gusta escuchar y tomar en consideración la opinión de los demás. A favor de este sistema diré que resultó muy enriquecedor, por contra, fue más lento de lo que sería corregir en solitario porque a veces hacíamos comentarios sobre comentarios y volvíamos una y otra vez sobre el mismo párrafo. Jessica y yo tenemos horarios de trabajo completamente distintos, yo escribo temprano por las mañanas y ella por las noches, a horas en las que yo ya estoy durmiendo, por lo que no era factible realizar juntas la corrección cada día. 

Capítulo a capítulo llegamos al final del texto. Tocaba dar una vuelta completa para observar la novela en su conjunto y atar los cabos que hubiesen quedado sueltos. Dimos más de una, la verdad.  

Al llegar a ese punto en que te das cuenta de que ya no puedes mejorar más el texto decidimos pasarla a los [lectores] betas. Cada una seleccionó a algunas personas de su confianza. 

Fuimos añadiendo todos los comentarios de nuestros betas al archivo común en Drive y después, los valoramos uno por uno entre las dos. 

Había un punto en concreto en que varios betas coincidieron en señalar que faltaban algunas explicaciones, lo sopesamos con calma y decidimos escribir un capítulo más

Corríamos el riesgo de descalabrar toda la trama, pero fuimos muy minuciosas al incorporar el texto nuevo y creo sinceramente que esa parte hizo que todo quedara más redondo. Mejoró la obra.

(Si quieres saber más sobre el proceso de corrección de esta obra, lee «Cómo corregir a cuatro manos: el método de Adella Brac y Jessica Galera» en Relatos Magar).

Escribir la sinopsis

La sinopsis suele ser una de las cosas que más me cuestan, pero al escribirla entre dos lo llevé fenomenal. 


Keera se ha criado con su estricto abuelo en una vida acomodada de orden y rutina.

Alana ha vivido desde pequeña en una vorágine de frustración. Su madre, guardiana del reino de fantasía de Lívera, no ha dejado ni un solo día de intentar despertar en ella, inútilmente, la magia que le corresponde por herencia.

El día que ambas cumplen diecisiete años descubren que son hermanas gemelas y que unas complicadas circunstancias terminaron por separarlas.

Keera ha de abandonar su escepticismo y dar un paso al frente para recoger el legado de su madre y Alana será libre para perseguir su sueño de ser escritora, pero ambas terminarán metidas dentro del primer libro que esta última escribió y desechó.

Un mundo de fantasía, un cuento patas arriba y unos personajes en estado de rebeldía.

«¿Qué escritor no tiene una historia olvidada en un cajón?»


Respecto al título, pudiera parecer que decidirlo entre dos es tarea imposible, pero de nuevo, con Jessica fue fácil. Planteamos cada una algunas ideas y escogimos sin conflicto. Como es lógico, ambas queríamos lo mejor para la historia, así que no fue complicado ponerse de acuerdo. 

El resultado de todo este proceso es La biblioteca de los libros olvidados.

La biblioteca de los libros olvidados es una historia de fantasía juvenil llena de magia y aventuras. Ambas protagonistas tendrán que pasar su propio proceso de aprendizaje y comprenderán que no son tan diferentes cómo imaginaban. 

Puedes conseguirlo tanto en formato digital como en papel en Amazon.


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Entrevista a César Mallorquí

Entrevista a César Mallorquí

César Mallorquí creció rodeado de libros y con unos padres que amaban la literatura; de hecho, su padre era José Mallorquí, el autor de El Coyote. Parece natural que César acabara siendo escritor, aunque tardó en dar el paso, y cuando lo hizo, a principios de los 90, aprendió por su cuenta a escribir novelas.

En la actualidad es uno de los autores españoles más reconocidos de literatura infantil y juvenil, aunque también escribe para adultos —y no hace falta ser adolescente para leer sus novelas juveniles—. Mallorquí ha ganado un sinfín de premios: el Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil en cuatro ocasiones, el alemán White Ravens en otras cuatro, el Gran Angular, el Ignotus, el Templo de las Mil Puertas, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2013 y el Cervantes Chico en 2015 por toda su obra juvenil…

En esta entrevista nos cuenta cómo aprendió a escribir novelas, cuál es su método de trabajo, de sus siguientes proyectos y de sus pasiones e influencias literarias. Aprended de un maestro.

Puedes visitar su blog, La Fraternidad de Babel, y seguirlo en Facebook.

El Coyote, de José Mallorquí

¿Cómo influyó tener a José Mallorquí de padre para que fueras escritor?

De forma decisiva y por muchos motivos. En primer lugar, porque mis padres me inculcaron el amor a la lectura desde la cuna. En segundo lugar, porque la casa de mis padres estaba llena de libros de todo tipo. En tercer lugar, porque para mí era normal que alguien (un miembro de mi familia) se dedicara a algo tan exótico como la escritura. En cuarto lugar, porque mis padres siempre me animaron a escribir. En quinto lugar, porque en mi casa se respiraba amor a literatura (y al cine). En sexto lugar, porque, cuando yo tenía 14 años, mi padre me obligó a aprender a escribir a máquina al tacto… Podría seguir, pero dejémoslo ahí.

A finales de los 70 dejaste de escribir porque no eras capaz de desarrollar una novela. Después de trabajar de publicista durante más de una década, a principios de los 90 decidiste retomar tu pasión de escribir. ¿Cómo aprendiste a escribir novelas?

Releyendo y reflexionando.  Por aquel entonces me preguntaba por qué algunos libros te atrapan y no puedes soltarlos; es decir, por qué algunos autores tienen garra y otros no. Escogí unos cuantos libros de esa clase, libros que me habían apasionado al leerlos, y me puse a diseccionarlos. Todas las mañanas me iba con mi Vespa a la Casa de Campo (un parque/bosque situado al oeste de Madrid), me sentaba bajo un árbol y examinaba aquellas novelas buscando en ellas los recursos que había empleado el autor.

Luego, practiqué lo que había aprendido escribiendo cuentos largos de entre 8.000 y 20.000 palabras, hasta que tres años después conseguí terminar mi primera novela.

¿Cómo llegaste a la literatura infantil y juvenil?

A mediados de los 90 vi en el periódico un anuncio del Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil. Estaba muy bien dotado económicamente, así que decidí probar suerte. Presenté una novela juvenil y no gané, pero la editorial se interesó en publicarla. Al año siguiente volvía a presentarme al premio y esa vez gané. Luego conseguí varios premios más, mis libros se vendían bien… y así hasta ahora.

La fraternidad de Eihwaz, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

Muchísima gente dice que vivir de la escritura es imposible, y sin embargo, tú lo haces, ¿cómo lo has logrado?

No es imposible, aunque sí difícil. Ahora mismo se me ocurren seis o siete nombres de conocidos míos que viven de la escritura. Según he leído, antes de la crisis había unos 2.000 escritores que se ganaban la vida con la literatura; después de la crisis quedamos unos 500. ¿Cómo se consigue? No lo sé a ciencia cierta, pero creo que es importante que la mayor parte de tus novelas permanezcan en catálogo. Por ejemplo, la primera novela juvenil que escribí (hace ya casi 25 años), La fraternidad de Eihwaz, sigue reeditándose y cada año me proporciona derechos de autor, e igual ocurre con el resto de mis títulos juveniles. Eso proporciona un colchón económico y te da cierta estabilidad.

¿Por qué los chavales devoran tus libros?

Supongo que habría que preguntárselo a ellos… Antes he dicho que, cuando me propuse aprender a escribir novelas, me propuse también aprender a escribir con garra. Mi objetivo con cada novela es agarrar al lector por las solapas y no soltarlo hasta que llegue a la última página. Para ello utilizo mucho el misterio. No necesariamente grandes misterios, también valen misterios pequeñitos. Por otro lado, presto mucha atención a la estructura narrativa. Cuando tengo un argumento en la cabeza me pregunto: ¿en qué momento de esta historia debe comenzar el relato para que resulte más interesante? ¿Quién debe narrarlo? ¿Desde qué punto de vista?… Además, cada cinco o seis páginas que escribo me detengo para preguntarme: “¿Esto que acabo de escribir es suficientemente interesante?” Y si no lo es, lo rehago. Pero quiero dejar clara una cosa: empleo las mimas técnicas y estrategias cuando escribo para jóvenes que cuando escribo para adultos. Para mí no hay diferencia.

¿Por qué no escribes más ciencia ficción para adultos?

Porque es un lujo que no puedo permitirme. Soy escritor profesional, me gano la vida escribiendo, y la ciencia ficción es un género minoritario que, sencillamente, no da dinero. El tiempo que dedicaría a escribir una novela de ciencia ficción para adultos, que no me proporcionaría ni un céntimo, sería tiempo que le robaría a escribir una juvenil, que sí me daría beneficios. Ya sé que suena muy materialista y prosaico, pero hay que tener presente que vivo de lo que escribo. Es mi trabajo.

Pero amo la ciencia ficción y la fantasía, de modo que, de cuando en cuando, escribo relatos de esos géneros. Así, poco a poco, pude componer mi segunda y última antología de ciencia ficción y fantasía, Trece monos (Fantascy 2015). No obstante, quiero dejar claro algo: mis novelas juveniles pueden ser perfectamente leídas por adultos. Si nos ceñimos a la ciencia ficción y la fantasía, creo que cualquier lector, tenga la edad que tenga, puede disfrutar de novelas como La isla de Bowen (Edebé), la Trilogía del parásito (SM) o La caligrafía secreta (SM).

Trece monos, de César Mallorquí. Ciencia ficción.

Compartimos pasión por cierto escritor estadounidense. ¿Qué tiene Ray Bradbury que enamora?

Toneladas de talento y sensibilidad. Leí Crónicas marcianas cuando tenía quince o dieciséis años y fue una epifanía. Ese libro no se parecía en nada a la ciencia ficción que había leído hasta entonces; no hablaba de tecnología ni de superciencia, sino de seres humanos, y su futuro era en realidad una metáfora del presente. A partir de ahí, leí compulsivamente todas sus obras: El hombre ilustrado, Las doradas manzanas del Sol, Remedio para melancólicos, El vino del estío, Fahrenheit 451… en fin, todo.

Bradbury me impresionó tanto que, cuando yo era un teenage, escribía cuentos copiándole descaradamente; no sus argumentos, sino su estilo. También me hizo amar la ciencia ficción humanista, y a otros autores como Clifford D. Simak, Zenna Henderson, Theodore Sturgeon o Cordwainer Smith.

¿Cuáles son tus escritores favoritos y tus mayores influencias?

En cuanto a mis escritores favoritos, el que está en cabeza es Jorge Luis Borges; cuando lo descubrí, su obra impactó en mi mente como un asteroide mata-dinosaurios contra la Tierra. Es tan grande, tan inmenso, que cada vez que lo releo, y lo hago con frecuencia, descubro cosas nuevas. Tras él hay una larga lista de autores, como (por supuesto) Bradbury, Kafka, Márquez, Stevenson, Jardiel, Bester, Siverberg, Twain, Wodehouse…

Respecto a mis influencias, al menos de las que soy consciente, situaría en primer lugar a mi padre, José Mallorquí; y luego Ray Bradbury, Fredric Brown, P. G. Wodehouse, Alfred Bester, Richmal Crompton, Julio Verne… Borges no es exactamente una influencia, sino una fuente de inspiración. Ah, sin que yo me diera cuenta, Robert Heinlein me influyó mucho a la hora de escribir novela juvenil.

¿Cuál es tu proceso de escritura y cuánto te lleva completar una novela?

Lo primero que necesito es una idea; quizá algo muy pequeño, pero que atrape mi atención. Luego desarrollo una trama en torno a esa idea. Sé que tengo un argumento cuando encuentro un principio y un final. A continuación, diseño los personajes principales y, por último, estructuro la historia. Todo eso lo hago mentalmente, ni siquiera tomo notas. Y no sé cuánto tiempo me lleva; a veces semanas, a veces meses. El siguiente paso es buscar documentación si es necesaria. Una vez hecho todo eso, me pongo a escribir. Acabar el primer borrador de una novela de, digamos, 250 páginas (sesenta y tantas mil palabras), me lleva entre cinco y seis meses. Luego queda la corrección, es decir, unas tres semanas más.

Las lágrimas de Shiva, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Acabo de terminar el primer borrador de El Círculo Escarlata, la continuación de mi mayor éxito editorial, Las Lágrimas de Shiva.

Aparte de eso, estoy preparando una serie de novelas de ciencia ficción para niños. Siempre había escrito para jóvenes, con una única incursión en la literatura infantil, El hombre de arena. Ahora voy a probar a dirigirme a los niños de en torno a 10 años, pero a mí manera, escribiendo algo que me divierta también a mí. La serie se centra en el tema de los universos paralelos. En concreto, estará ambientada en los años 30 del siglo pasado, en una tierra paralela donde existen todos los arquetipos y ambientes propios del género pulp. Vengadores enmascarados, superhombres y supermujeres, sociedades secretas, dirigibles surcando los cielos, ciudades perdidas, monos gigantes, villanos siniestros (a ser posible orientales), dinosaurios, reinos misteriosos, robots, monstruos… En fin, una especie de mundo de la aventura. A ver qué tal me sale.

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

El primero de todos: paciencia. Aprender el oficio de escritor lleva mucho tiempo y esfuerzo. Escribir una novela requiere grandes dosis de tenacidad. Publicar por primera vez es un proceso lento y, con frecuencia, frustrante. Conseguir darte a conocer se logra poco a poco. Ganar lectores se tarda en conseguir. Reunir la suficiente obra en catálogo lleva muchos años. Así que: paciencia. Porque intentar correr es el peor error que puede cometerse.

Aparte de eso, hace ocho años escribí en mi blog, La Fraternidad de Babel, una entrada llamada “Diez consejos a un joven escritor”, en la que intento sintetizar las cuestiones básicas necesarias para desarrollar una carrera como novelista. Este es el enlace: http://fraternidadbabel.blogspot.com/2011/05/10-consejos-un-joven-escritor.html

La estrategia del parásito, de César Mallorquí. Literatura juvenil.

Y Carlos del Río os recomienda los artículos “El oficio de escribir”:

El oficio de escribir I ”.

El oficio de escribir II”.

El oficio de escribir III”.

El oficio de escribir IV”.

El oficio de escribir V”.

El oficio de escribir VI”.


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Entrevista a Rosa Montero

Entrevista a Rosa Montero

La periodista Rosa Montero publicó hace 40 años su primera novela, Crónica del desamor, y desde entonces se ha forjado una carrera muy sólida como escritora, donde ha mezclado cuentos con novelas, la ciencia ficción con historias realistas.

En esta entrevista hablamos del proceso de escritura, de los cambios en el mundo editorial desde que empezó, de las novelas de Bruna Husky, de sus obsesiones e influencias; y sí, del síndrome del impostor que incluso ella sufre.

Puedes visitar su página web, y seguirla en Facebook y Twitter.

Se cumplen 40 años de la publicación de tu primera novela, Crónica del desamor, sin embargo, tú consideras que tu primera novela es la segunda, La función Delta, ¿por qué?

Porque la primera está escrita con un pie forzado. Un editor entonces muy pequeñito (Debate) me pidió un libro de entrevistas feministas sobre la mujer en la Transición. Dije que sí y firmé el contrato, pero me aburría muchísimo hacer un libro de entrevistas (ya hacía muchas para El País) y con el paso de los meses le ofrecí hacerle una especie de crónica de ficción de la historia de las mujeres en la Transición. Y es lo que hice, una novela coral sobre las mujeres de esa época. Por eso la llamé Crónica del desamor, porque para mí era una crónica, no una novela. Nunca hubiera escrito una novela así si no hubiera estado respondiendo la petición del editor.

 ¿Qué diferencias has visto en el mundo editorial desde que comenzaste?

Enorme. Al principio escribías un libro, lo presentabas y luego esperabas a que salieran críticas y funcionara el boca a boca. Ahora las técnicas de venta son agresivas, no hay espacio en las librerías para que tu libro espere el boca a boca y los autores tenemos que ser como los feriantes e ir de plaza en plaza vendiendo este libro tan bueno, tan bonito y tan barato. Es muy cansado.

Has escrito novelas y relatos, ¿cuál prefieres escribir? ¿Cuál te resulta más fácil escribir?

Me encanta leer cuento, y escribir un buen cuento o una buena novela son dos logros muy difíciles. Pero vamos, en el mismo nivel, es más fácil un cuento, evidentemente, por mucho que lo mitifique la gente. Yo prefiero escribir novelas porque el viaje de la escritura es mayor. Escribir un cuento es como mirar por una ventana y contar el paisaje que ves. Y una novela es como salir de la casa e internarte en ese paisaje. 

Tus novelas de Bruna Husky —Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y Los tiempos del odio— son una mezcla de ciencia ficción, thriller y novela existencialista, ¿por qué mezclas géneros dentro de una novela?

Estamos en el siglo XXI y gracias a nuestras madres y padres literarios, que rompieron las paredes de las convenciones, hoy podemos ser mucho más libres. La ficción hoy es mestiza, híbrida, rota. 

¿Por qué consideras que las novelas de Bruna son las más realistas de tu carrera, si es ciencia ficción, y a Bruna el personaje que más se parece a ti, si es una replicante?

Son las novelas que mejor reflejan el mundo que vivimos, sin lugar a dudas, y Bruna es el personaje que, en lo profundo, no en la anécdota, está más cerca de mí. Eso pasa mucho con la ciencia ficción, que te da una herramienta metafórica poderosísima para hablar de la realidad, del aquí y el ahora. 

Novelas de Bruna Husky, de Rosa Montero.

En tu carrera mezclas novelas realistas con otras de ciencia ficción y fantasía. ¿Cómo te tomas ese cambio de géneros? ¿Has tenido algún problema con algún editor por ello? ¿Y con tus lectores fieles? 

Para mí todas son iguales, es decir, hablo de las mismas cosas (mis obsesiones) y lo hago con la misma ambición expresiva, literaria y emocional. Los lectores han tenido ciertas dificultades en entrar en la ciencia ficción, porque en este país hay un gran prejuicio contra ella, pero mi Bruna va ganándose adeptos cada día jajajaja. 

Tienes una carrera literaria muy sólida, y aun así, todavía sufres el síndrome del impostor. ¿Qué haces para superarlo?

Creo que es inevitable sufrirlo, creo que todos los escritores somos así. Y lo que hay que hacer es seguir escribiendo. 

Dos temas recurrentes de tus novelas son la muerte y el envejecimiento. ¿De dónde vienen?

¿De dónde van a venir? De la misma vida. Cuando me preguntan por qué escribo de la muerte, siempre contesto, ¿y de qué otra cosa se puede escribir? Es la gran tragedia del ser humano, lo que nos marca esencialmente. Todo lo que somos y todo lo que hacemos lo hacemos contra la muerte. 

Rosa Montero con Carlos del Río en el Celsius 232 de 2019
Con Rosa Montero en el Celsius 232 de 2019

¿Cómo es tu proceso de escritura de una novela? ¿Cuánto tiempo te lleva completarla? ¿Sacas la escaleta o vas improvisando sobre la marcha? ¿Cuántas revisiones haces? ¿Cómo asumes la documentación?

Soy una escritora a medias de brújula y a medias de mapa, primero me paso un año tomando notas y desarrollando la novela en cuadernos a mano, y luego me siento al ordenador y la escribo. Y la novela va cambiando hasta el final. Hay que tener mucho cuidado con la documentación, un exceso de documentación asfixia una novela.

¿Cuáles son tus autores favoritos y tus mayores influencias?

Imposible enumerarlos. Son muchos. Pero bueno, siempre digo que reconozco dos maestros, aunque son tardíos, yo ya había escrito dos o tres novelas cuando los leí, lo que pasa es que reconocí en ellos todas mis búsquedas llevadas hasta lo sublime. Y son Nabokov, para mi parte más hiperrealista, y Ursula K. Le Guin para mi parte más fantástica. 

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Que no deje de escribir. La narrativa exige, más que talento, la perseverancia de una estalactita. 


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Por qué un curso de escritura creativa te ayuda a ser escritor

Por qué un curso de escritura creativa te ayuda a ser escritor

¿Quieres una gran noticia? En esta vida, todo es aprendible y todo es mejorable. Todo. Habrá cosas que te salgan mejor, o que pilles más rápido, y otras que te cuesten más, pero al final todo lo que practicas, mejora. No es que acabes siendo un genio, pero al menos tendrás un nivel decente en eso que quieres aprender.

Escribir novelas no es una excepción. Aunque te advierto de que no es cuestión de ponerse a practicar a lo loco, leyendo más que Borges y escribiendo hasta quedarte sin huellas dactilares, para alcanzar en un periquete las proverbiales 10.000 horas.

Así, posiblemente, lo único que logres es poder robar sin dejar huellas…

Para aprender lo que sea, necesitas un guía, mentor, profesor, coach… o como demonios lo quieras llamar. Es una persona que ha conseguido lo que tú quieres, y sabe explicar cómo hacerlo. Entonces solo tienes que adaptar lo que te cuenta a tu personalidad y circunstancias vitales. Vas obteniendo resultados, y aprendes a hacerlo a tu manera.

Yo llevo 5 años como profesor de escritura creativa en Santander, y por fin he creado la versión online: el curso de escritura creativa Atrévete a ser escritor, con lecciones a través de vídeos en streaming y un grupo privado de Facebook. Ya te puedo enseñar a ser escritor en cualquier parte del mundo. Ya te puedo guiar para que despliegues las alas y vueles.

Atrévete a ser escritor, curso de escritura creativa

CÓMO TE AYUDA UN CURSO DE ESCRITURA CREATIVA A SER ESCRITOR

1— Descubrirte.

Es fundamental que sepas cómo eres internamente: tus opiniones, gustos, emociones, obsesiones, vivencias y heridas del pasado, sueños futuros… Así sale tu yo auténtico, que será el que se filtre en tus narraciones. Un escritor lo que hace realmente es observar la realidad y devolverla a través de su filtro personal, volcándola en las historias. Así da su visión del mundo, así deja su impronta personal.

El curso tiene ejercicios de psicología para acelerar ese descubrimiento interior. Pero una advertencia, no es un curso de escritura terapéutica, es escritura creativa.

2— Descubrir tu propia voz.

La voz es tu marca personal en el papel. Esto incluye el uso del lenguaje, que sería el estilo (vas a utilizar el español de una manera única… que no quiere decir rara o ininteligible), la elección y tratamiento de los temas, que son tus obsesiones, la construcción y desarrollo de personajes, la construcción de las tramas, el manejo de las técnicas narrativas… Cómo conjugas estos elementos dan como resultado historias contadas de una manera que será característica tuya.

Esto se logra escribiendo muchísima ficción, prestando atención al estilo (hay varias lecciones) y a la construcción de las historias.

Descúbrete como escritor con un curso de escritura creativa.

3— Reconocer los géneros en los que te sientes a gusto.

Estos tres primeros puntos se consiguen bajando un poco la guardia y siendo vulnerable para dejar que salga tu yo auténtico. Al estar escribiendo constantemente, y relatos cada vez más largos, instintivamente descubrirás que hay elementos que te salen solos y quedan bien, y que esos elementos pertenecen a géneros concretos.

Reconoce que no hay géneros buenos ni malos (si alguien lo piensa, tiene un problema enorme de prejuicio o esnobismo), que la calidad la dan las obras, y céntrate en escribir en esos géneros que te salen más fácilmente.

4— Aprender narrativa.

Decía García Márquez que los escritores tenían que aprender técnica porque era la carpintería del escritor: al igual que un carpintero tiene que conocer el uso de muchas herramientas, un escritor debe conocer y saber utilizar muchas técnicas. No hay más vuelta de hoja. Con inspiración solo no haces nada; tienes que saber convertir esa inspiración, esa idea que te incendia por dentro, en una historia que atrape al lector. Y eso se consigue aplicando las técnicas narrativas sin que el lector se dé cuenta de que lo estamos haciendo.

Los escritores realmente somos magos: disfruta de esta historia, que parece que fluye sola, aunque en realidad está construida al milímetro.

Yo en el curso explico todas las técnicas narrativas que conozco. Hablo de las literarias (llevo 11 años escribiendo) y también de las cinematográficas que se aplican a la literatura, y aquí me baso en mis 8 años de montador audiovisual y mis 3 años en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM).

Aprende a escribir novelas analizando películas.

5— Leer como un escritor.

Para ser escritor antes tienes que ser capaz de leer las novelas con los ojos de uno, no vale solo con leer mucho; tienes que pasar de simplemente dejarte llevar por la historia a saber analizar cómo está construida. Solo así vas asimilando todas las técnicas narrativas que existen, viendo como los escritores profesionales lo hacen. Así te vuelves muchísimo más flexible y eres capaz de lograr los efectos que buscas en los lectores, no dejas cosas al azar.

6— Adquirir un hábito de escritura.

¿Quieres escribir una novela? Sencillo: escribe 300 palabras al día, que es una cara a doble espacio, y al año tendrás la primera versión de una. ¿Cuál es el problema? Que es más fácil decirlo que hacerlo. Si esperas a que te llegue la inspiración para ponerte a escribir, malo, malo. Pero si alguien te fuerza a seguir un calendario de entrega de cuentos, a poco que te lo tomes en serio, al final habrás obtenido el hábito de escritura.

Gana seguridad como escritor con un curso online de escritura creativa.

7— Ganar seguridad.

Si has estado practicando durante todo un año, al final habrás ganado muchísima seguridad como escritor. Notarás que escribir te resulta mucho más sencillo que al principio, que eres capaz de transmitir en el papel lo que realmente quieres, y estarás preparado para afrontar proyectos mucho más largos.

En el curso hay varias lecciones de coaching para que sepas motivarte y ganar confianza en ti mismo. Soy coach de vida certificado, y maestro practicante de programación neurolingüística certificado (AULNP).

8— Saber cómo funciona el mundo editorial.

Está muy bien esto de escribir, pero ¿qué haces cuando acabas una novela? Yo soy autor híbrido, utilizo la autopublicación en Amazon para mis libros de escritura, y las editoriales tradicionales para mis novelas, así que te indicaré qué puedes hacer para publicar tus novelas y meterte en el mundo editorial, incluso sin ser famoso.

Eso y mucho más cubre el curso. Son 52 semanas de lecciones, cada 7 días recibirás 30 minutos aproximados de vídeos con teoría y ejercicios, y acabarás con las 10 primeras páginas de tu novela y un plan para escribirla. Es un completísimo curso de escritura creativa.

Aquí tienes los comentarios de los alumnos de Santander, y más información de Atrévete a ser escritor, la versión online.

¿Preparado para ser novelista?

Fotografías de Bigstock.com.


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Entrevista-a José Antonio Cotrina

Entrevista a José Antonio Cotrina

José Antonio Cotrina es unos de los escritores españoles más destacados de ciencia ficción, fantasía y terror. Comenzó a publicar relatos a principios de los 90, y ahí sigue.

Aparte de para adultos (Las fuentes perdidas), ha escrito para jóvenes (la trilogía de El ciclo de la Luna Roja) o niños (El día del dragón, junto a Gabriella Campbell), a dos y cuatro manos (Las puertas del infinito, con Víctor Conde, o Crónicas del fin, con Campbell), novelas, novelas cortas y relatos… Se podría decir que le encanta escribir. Y mezcla muy hábilmente trabajar con editoriales tradiciones y la autopublicación en Amazon (con ayuda de Campbell y la ilustradora Libertad Delgado).

Dice Cotrina que aprendió a escribir dejándose aconsejar por gente que sabía más que él. Es un grandísimo consejo para todo en la vida. Déjate aconsejar por él en esta entrevista, que sabe muchísimo y aquí suelta varias recomendaciones muy sensatas para ser escritor, y descubre cómo empezó a escribir, sus mayores influencias, si se puede vivir de la escritura o qué proyectos se trae entre manos.

Puedes visitar su web oficial y seguirlo en Facebook y Twitter.

La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina

¿Cuándo comenzaste a escribir historias y cuándo decidiste que querías ser escritor?

Las historias me fascinan desde que era un crío. Me zampaba todos los dibujos animados que daban en la tele, alucinaba con los cuentos que me contaba mi abuela y era capaz de tirarme horas delante de un tebeo aunque no entendiera ni una palabra. Había magia allí, esa magia tremenda y maravillosa de lo que no existe. Ya de pequeño intenté contar mis primeras historias. Lo hice, supongo que como muchos, jugando.  Mis juguetes favoritos en aquel tiempo eran varios Airgam Boys del espacio. Contaba historias con ellos, aventuras siderales que en mi cabeza transcurrían en escenarios galácticos imponentes cuando en realidad sucedían en sitios tan prosaicos como la alfombra del salón. Eran historias de Continuará, una verdadera saga a ras de suelo que iba encadenando aventura tras aventura, capítulo tras capítulo, como si de una serie de televisión se tratara. Una tarde, mientras jugaba en un parque con mis amigos (sí, también tenía amigos reales; era un chaval muy completo) me caí de un árbol y me rompí un brazo y una pierna. Durante las semanas de convalecencia veía a mis muñecos bastante aburridos; no podía jugar con ellos, al menos no del mismo modo, no podía arrastrarme por el suelo o llevarlos a dar saltos por las estanterías y los brazos de los sillones. Así que cogí un cuaderno y un lápiz y comencé a escribir sus aventuras. Esa fue mi primera novela. Así empecé. Luego, con el paso del tiempo, el juego se volvió un poco más serio. Pero solo un poco.

¿Te formaste de alguna manera para ser escritor?

Me formé escribiendo. Y leyendo a saco porque una cosa va unida íntimamente a la otra. Han sido años, ¡décadas!, de rellenar folio tras folio sin parar. Han pasado casi cuarenta años desde que escribí aquella primera novela (sería muy generoso decir que era mala, rozaba lo atroz), luego hubo varias que quedaran incompletas (daba igual, solo era un niño que se divertía contando historias), y que eran tan malas como la primera; luego pasé a los cuentos, que eran muy satisfactorios en el sentido de que no costaba tanto terminarlos. Y crecí y seguí escribiendo sin parar. Y a medida que lo hacía mi estilo se hizo más ampuloso y abigarrado, no había un sustantivo que no estuviera rodeado de adjetivos, no había frase que fuera lo bastante larga y retorcida. En mi ingenuidad creía que escribir bien era eso, poner palabros uno tras otro del modo más enrevesado posible. Hasta que alguien me dijo que dejara de intentar demostrar al mundo lo bien que escribía y que me limitara a escribir. Creo que ha sido uno de los mejores consejos que me han dado. Y así es como he ido avanzando. Puliéndome sobre la marcha y dejándome aconsejar por gente que sabe más de esto que yo.

El fin de los sueños, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina. Fantasía oscura

¿Se puede vivir exclusivamente de la escritura?

Es muy complicado. Suelo contestar que se puede malvivir, y eso solo si tienes una gran dosis de suerte. Para poder vivir de manera plena de la literatura se tienen que dar unas circunstancias y factores muy especiales que rara vez coinciden. Además no podemos engañarnos, el mercado fantástico español es muy limitado, el tope de lectores está ahí; sobre todo en el fantástico para adultos, en el juvenil ya es otra cosa.  Por norma general hay que buscar otras fuentes de ingresos para sobrevivir.

¿Quiénes son tus mayores influencias?

Tantas que es complicado mencionarlas todas. No solo se trata de libros: las historias, sobre todo en estos tiempos, nos llegan desde una infinidad de medios: cómic, televisión, cine, hasta videojuegos… En lo que a libros se refiere siempre señalo dos porque, por decirlo de algún modo, fueron los que me enseñaron el camino: La historia interminable de Michael Ende y Sortilegio de Clive Barker. El primero me apabulló con su gran imaginación, con ese juego entre lo real y lo fantástico y su manera de mezclarlos. El segundo también me impactó muchísimo, me mostró de lo que es capaz la fantasía oscura, esa imbricación entre fantasía y terror que, como sabe todo aquel que me ha leído, es uno de los terrenos en los que mejor me lo paso.

¿Cómo llegaste a los géneros de fantasía, ciencia ficción y terror? ¿Y cómo llegaste a la literatura juvenil?

Deriva natural. Aunque soy un lector de gustos heterogéneos, confieso que disfruto más en el terreno de lo fantástico en todas sus vertientes. Esas eran las historias que más me gustaban de pequeño y de las que más disfruto siendo adulto.  Cuando leo y escribo fantástico busco siempre el sentido de la maravilla, esa suspensión de la incredulidad que se da durante la lectura y que te hace olvidar que eso que estás leyendo es imposible.

Y también llegué a la literatura juvenil de manera natural. Después de escribir Las fuentes perdidas, mi primera novela, me embarqué en La casa de la Colina Negra, una novela que, por temática e historia, me pareció adecuada para un público joven.

La casa de la Colina Negra, José Antonio Cotrina

¿Te has planteado escribir otros géneros?

Estoy muy cómodo en el terreno fantástico. Tal vez porque (según dicen) una de mis principales virtudes es la imaginación y me encanta enfocarla hacia lo que no existe. Siempre cuento la anécdota de que una vez intenté escribir un relato de género negro, pero que a los pocos párrafos ya me salió un fantasma. No me veo escribiendo otra cosa que no sea fantasía, aunque me atraen los terrenos colindantes entre lo fantástico y el realismo, las historias en las que no queda claro si lo que está sucediendo es real o no.

¿Eres escritor de brújula o de mapa? ¿Tienes un plan detallado antes de escribir, o vas descubriendo la historia a medida que escribes?

Antes de ponerme a escribir debo tener muy claro qué voy a contar, al menos necesito tener preparada la espina dorsal de la historia, con su final ya definido y los momentos cumbres diseñados y fijados. Escribir sin saber dónde vas es muy arriesgado, corres el riesgo de perder el rumbo o caer en problemas de ritmo. Algunos piensan que trabajar sobre un plan previsto coarta la libertad o resta frescura al relato, yo opino que eso no es cierto: los momentos de inspiración siguen ahí, a veces aparecen cuando están planteando la historia y en otras ocasiones tienen lugar cuando ya estás trabajando en firme en ella, si tienes bien dibujado el mapa, todo se puede integrar con facilidad.

¿Qué diferencia hay entre escribir una novela autoconclusiva y una trilogía como El ciclo de la Luna Roja?

Da la casualidad de que en el caso que comentas de entrada mi intención era escribir una única novela hasta que, llegado a cierto punto, comprendí que ninguna editorial en su sano juicio iba a publicar semejante mamotreto. Fue entonces cuando cambié la perspectiva (más o menos a la altura de lo que luego sería la mitad del segundo volumen) y adopté mentalidad de trilogía. Por eso algunos lectores opinan que el primer libro tiene cierto aire introductorio. Si ahora me embarcara en una nueva trilogía tendría muy claro que, en la medida de lo posible, cada libro debería ser autosuficiente y satisfactorio para el lector.

La cosecha de Samhein (El ciclo de la Luna Roja), de José Antonio Cotrina. Fantasía oscura juvenil.

Has escrito cuatro libros con Gabriella Campbell, tu pareja, y otro con Víctor Conde. ¿Cómo se escribe a cuatro manos? ¿Escribir con tu pareja es más fácil o difícil? ¿Prefieres escribir solo?

Lo de escribir a cuatro manos complica las cosas más que simplificarlas. Gabriella y yo comentamos mucho lo de que nuestra primera colaboración surgió sobre la premisa de que “escribiendo dos se escribe el doble de rápido”. Luego descubrimos que estábamos muy equivocados, se tarda mucho más. El proceso de planificación de historia se alarga, por ejemplo, hay mucho que discutir y que tener claro antes de sentarse a escribir. Si alguien tiene curiosidad en saber más del tema, aquí os enlazo un artículo de Gabriella al respecto que ilustra a la perfección el infierno la problemática a la que nos enfrentamos siempre que nos ponemos a escribir juntos: https://www.gabriellaliteraria.com/escribir-a-cuatro-manos/

Pero escribir con tu pareja, aunque difícil, también es muy satisfactorio. Aprendemos mucho el uno del otro. Además en todo este tiempo hemos ido puliendo un sistema y una rutina de trabajo que nos hace las cosas mucho más sencillas.  La planificación, redacción y corrección de El fin de los sueños no tiene nada que ver con el sistema con el que trabajamos Crónicas del fin.

¿Escribir solo o acompañado? Son modalidades de juego diferentes con resultados distintos. En solitario no podría escribir las obras que tengo a medias con Víctor o con Gabriella. En unión con ellos hemos conseguido un estilo nuevo, una fusión estilística y temática que ninguno podría haber conseguido en solitario.

¿Cuál es tu rutina de escritura? ¿Cuánto tardas en escribir una novela?

Mi rutina de trabajo ha variado mucho a lo largo de los años y es más que probable que siga modificándose. Durante un tiempo escribía sobre todo por las tardes y las noches, ahora empiezo por la mañana y termino a media tarde Divido mi jornada en bloques de trabajo que dedico a planificación, escritura, corrección y también a las tareas que trae aparejadas Lo extraño y lo maravilloso, la plataforma sobre literatura fantástica que comparto con Gabriella Campbell.

Es difícil cuantificar el tiempo que dedico a cada novela, hasta hace poco solía estar embarcado en varios proyectos literarios paralelos y así es muy difícil medir cuánto tiempo te lleva cada cosa. Ahora he cambiado la mentalidad, solo tengo un único proyecto de escritura en marcha. Si me haces esta misma pregunta dentro de unos años, ya podré responderte de una manera más clara.

La deriva, de José Antonio Cotrina. Fantasía juvenil.

Eres autor híbrido, mezclas las editoriales tradicionales con la autopublicación, ¿por qué? ¿qué ventajas e inconvenientes tienen cada una de las dos formas de publicación?

 Antes de nada, yo tengo la suerte de contar con una cómplice excepcional para las tareas de autopublicación: Gabriella Campbell. Con ella todo es mucho más sencillo, ya que hay poca gente que tenga las cosas tan claras en ese campo. Y además contamos con las labores gráficas de Libertad Delgado, que viste nuestros libros de manera excepcional. En el plano positivo, con la autopublicación ganamos un control absoluto sobre nuestra obra, aunque eso implica una mayor carga de trabajo (nosotros mismos corregimos, diseñamos y maquetamos), también conlleva unas ventajas tremendas como, por poner un ejemplo, ver el efecto inmediato que tiene sobre el libro cualquier estrategia de marketing que realicemos. La ventaja que tiene la edición tradicional, y que además es tremenda, es la distribución: en teoría puedes llegar a todos los puntos de venta del país, cosa que con la autopublicación es muchísimo más complicado.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo libro de El ciclo de la Luna Roja. Un volumen que recogerá todos los relatos que he escrito más allá de la trilogía a los que se sumará algún texto nuevo. Lo veo como una suerte de epílogo de la saga. Además sigo colaborando con Gabriella en nuestra plataforma de Lo extraño y lo maravilloso, cuya punta de lanza es un boletín sobre novedades y curiosidades de género fantástico que mandamos a nuestros suscriptores cada dos semanas. Desde aquí animo a todo el que lea esta entrevista a suscribirse en la siguiente dirección: www.lomaravilloso.com

¿Qué consejos le darías a alguien que quiere ser novelista y está empezando?

Constancia. Para mí es la palabra clave. Si quieres ser escritor tienes que escribir,  y aunque suene a perogrullada así es. Hay que escribir, si es todos los días mejor. Hay que volcarse en las historias que quieres contar y tirar millas. Unas funcionarán, otras no tanto. Da igual. Lo importante es seguir en marcha y no parar de contar historias.

Gabriella Campbell, Carlos del Río y José Antonio Cotrina. Fantasía oscura, fantasía juvenil, terror, ciencia ficción.
Momento fan, entre Campbell y Cotrina

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