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lunes, 11 de febrero de 2013

El último desafío [1]

Poster original de El último desafíoThe Last Stand
(EE.UU., 2013, 107 min)
Dirección:
Kim Jee-woon
Guión:
Andrew Knauer
Jeffrey Nachmanoff
George Nolfi
Intépretes:
Arnold Schwarzenegger
Johnny Knoxville
Forest Whitaker
Eduardo Noriega
Peter Stormare
Luis Guzmán
Jaimie Alexander
Rodrigo Santoro
Harry Dean Stanton
IMDb

El trailer de esta película destacaba que era el regreso más esperado. Y es que Arnold Schwarzenegger, que no será muy versátil como actor pero que tiene un carisma y una presencia que llenan la pantalla (y es único soltando frases lapidarias), volvía a protagonizar un film después de diez años. Lo que la publicidad quería esconder a base de bombo y platillo es que aunque Arnie se retiró del cine con un éxito, “Terminator 3”, su carrera hacía años que languidecía. Y viendo el batacazo que “El último desafío” se ha pegado en la taquilla americana, está claro que el regreso no era tan esperado.
   El sheriff Ray Owens (Arnold Schwarzenegger) vive en el tranquilo pueblo de Sommerton, Arizona. Pero un día Ray tiene el presentimiento de que algo malo va a pasar cuando encuentra a dos forasteros en un restaurante. Lo que Ray no sabe es que el peligroso narcotraficante Gabriel Cortez (Eduardo Noriega) se ha fugado y va a utilizar su pueblo para llegar a México.
   “El último desafío” es la primera película americana de Kim Jee-woon, un director de Corea del Sur con una sólida carrera en su país con películas de acción y terror (posiblemente su película más famosa sea “Dos hermanas”, de la que Hollywood hizo el remake, “Presencias extrañas”). No sé cómo serán sus films coreanos, pero éste es una castaña.
   Esta película es más digna de Steven Seagal o Jean Claude Van Damme, que hace lustros que están acabados y nunca fueron superestrellas, que de Schwarzenegger. Con esto quiero decir que si no llega a aparecer Arnie, “El último desafío” hubiera ido directa a internet: es una cosa cutre y baratona con un guión de tercera categoría. Lo único destacable es Forest Whitaker, que es un gran actor (aunque aquí se toma demasiado en serio su papel); la huida de Eduardo Noriega, que aunque no es especialmente espectacular, tiene un principio que parece un cómic; y la escena en la Arnie habla de Los Ángeles, en la que claramente está hablando de su carrera de actor.
   El guión de esta película es torpe a más no poder para dar información y plantar elementos en la trama. Noriega roba un coche (pasas por alto lo poco sutil que es este hombre para llega a México), y zás, justo al lado Whitaker tiene a un experto en coches que le dice que es un tal y tal modificado y bla bla bla. Entonces de se dan cuenta de que Noriega se dirige a la frontera con México, y zás, justo al lado tiene Whitaker a un tipo que sabe que esa frontera es tal y tal y bla bla bla, por lo que Noriega utilizará el pueblo de Sommerton para cruzar la frontera.
   Hay un momento ridículo de “Elemental, querido Watson” en el que Schwarzenegger une los cabos y sabe que la muerte de Harry Dean Stanton, el forastero de la mirada aviesa (Peter Stormare) y el narcotraficante están conectados. Y como casi no tienen armas para hacer frente a los malos, Arnie tiene una idea: utilizar el museo de armas de Knoxville que tal sutilmente te han presentado al principio. (Y eso por lo hablar de lo demencial de la llamada de teléfono a las cuatro de la mañana porque la chica del restaurante no ha recibido la leche; o que una agente del FBI no sepa que las cuentas de Suiza ya no son privadas.)
   Aparte de lo aburrida y previsible que es, hay un aspecto que me cabrea mucho, y es cómo está tratada la violencia. No soy de esos que cree que las películas y las novelas violentas hacen a la gente violencia; los que dicen eso parece que quieren que toda la ficción esté tintada de rosa y llena de corazoncitos para evitar posibles consecuencias de desequilibrados. Es como si dijeran: no mostremos la mierda y así los jóvenes nunca la descubrirán por su cuenta.
   (Stephen King lo resumen muy bien en “Guns”, un ensayo sobre las armas de fuego en Estados Unidos, donde recuerda cómo una novela suya, “Rabia”, inspiró cuatro atentados cometidos por adolescentes: “Mi libro no rompió a Cox, Pierce, Carneal, o Loukaitis, o los volvió asesinos; ellos encontraron en mi libro algo con lo que conectaron porque ya estaban rotos. Pero vi que ‘Rabia’ era un posible acelerador, por lo que la retiré del mercado. No dejas una lata de gasolina donde un chico con tendencias pirómanas pueda alcanzarla”.)
Arnold Schwarzenegger en El último desafío
Arnold Schwarzenegger
   Pero me parece que en cine y literatura hay ciertos temas con los que tienes que tener mucho cuidado, y uno de esos es la violencia. No la puedes tratar como mero elemento de entretenimiento, por mucho que tu película sea un bodrio de acción como “El último desafío” y nadie se lo tome en serio. Recuerdo que Paul Verhoeven contaba que no le gustaban las películas que no mostraban las consecuencias de la violencia, y que si en sus films alguien disparaba, él mostraba el daño que provocaba, él mostraba la herida de la bala. A mí eso me parece ser un director con sentido de la moral.
   El novelista John Gardner habla en “El arte de la ficción” sobre cómo escribir con buen gusto, y lo que dice se relaciona con lo de Verhoeven: “Es escribir asumiendo que una de cada cien personas que lee nuestro trabajo puede estar muriendo, o tener a un ser querido muriéndose; escribir para que nadie se suicide, nadie se desespere; escribir, como escribió Shakespeare, para que la gente entienda, empatice, vea la universalidad del dolor, y se sienta reforzado, o incluso directamente motivado para seguir viviendo. Esto no quiere decir, por supuesto, que el escritor que no tiene experiencia personal de dolor y terror debería intentar escribir sobre el dolor y el terror; o que uno nunca debería escribir ligero, con humor; es simplemente decir que todo escritor debería ser consciente de que puede que lo lean los desesperados, personas que pueden estar persuadidas hacia la vida o  hacia la muerte. No significa, tampoco, que los escritores deberían escribir moralísticamente, como predicadores. Y sobre todo no significa que los escritores deberían mentir. Solo significa que deberían pensar, siempre, en el daño que inadvertidamente pueden o no causar”.
   Estas citas tan largas viene a colación porque en “El último desafío” la violencia está mostrada como mero entretenimiento, de “cómo mola”, “qué divertido”, “me parto de risa”. Que Johnny Knoxville se hiciera famoso haciendo subnormaladas en “Jackass” no justifica que haga subnormaladas aquí matando a gente, y quede como el colmo de la diversión (¡Jajaja, explota como un cohete!); o que Schwarzenegger acribille a malos (y se recreen en los balazos) y suelte un “Bienvenidos a Sommerton” como quien se suena los mocos; o que sea tan divertido que una vieja se cargue a un tipo de un escopetazo, por muy malo que sea.
   No es que esta mierda provoque violencia, pero demuestra que Kim Jee-woon tiene un gusto pésimo y no se ha parado a pensar ni un segundo qué estaba haciendo con la violencia.

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa moncho que no merece la pena ir a verla

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  2. Yo la he visto alquilada hace unos dias. La verdad es que me he divertido mucho, es una bobada de pelicula, pero precisamente por eso, pienso que he visto una comedia y me ha hecho gracia, mucha gracia. Carlos: coincido contigo en tu critica, pero yo me lo he pasado bien, me he reido mucho con las fantasmadas y los detalles tan tontos que tiene. No es una peli de acción, es una comedia total. L

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  3. Si está claro que esta peli no hay que tomársela en serio. Pero tampoco está de más tener un poco de buen gusto y tacto.

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