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domingo, 3 de junio de 2018

Poseído por una historia, por Pedro Pablo Picazo

Sección VIDA DE ESCRITOR

Pedro Pablo Picazo
Pedro Pablo Picazo
Hoy tengo de invitado a mi amigo Pedro Pablo Picazo, al que siempre pongo de ejemplo para demostrar que se puede vivir de la escritura. 

Pedro Pablo es novelista, guionista y dramaturgo, y la editorial Red Apple acaba de publicar su cuarto libro, El escondite secreto del corazón de Aline, una originalísima y muy entretenida novela sobre una chica que se está convirtiendo en mueble. Os dejo con él.


POSEÍDO

A las personas que nos dedicamos a contar historias a veces nos sucede que nos vemos poseídos por una de ellas. Dicho de esta forma parece exagerado, una metáfora de escritor, pero puedo asegurar que es así de forma literal. Cuando esa idea aparece no podemos dejar de pensar en ella hagamos lo que hagamos, no nos permite dedicarnos a ninguna otra cosa porque revolotea constantemente a nuestro alrededor y no nos abandona hasta que, al fin, desistimos, obedecemos dócilmente y la escribimos.

Puede decirse que nos mantiene bajo su poder hasta que sale de nuestra mente y se materializa en papel. Precisamente esto fue lo que me pasó con la novela que ahora publica Red Apple: El escondite secreto del corazón de Aline, la cuarta de mi bibliografía.

Pongámonos en situación: otoño de 2010. Acababa de firmar mi primer contrato por una novela que aparecería en enero del año siguiente y las previsiones con ella eran tan buenas que la editorial me encargó que escribiera una segunda parte.

Yo no podía estar más feliz: una novela a punto de salir y la siguiente comprometida, lo lógico era ponerse manos a la obra y tenerla lista cuanto antes. Eso era lo más sensato, lo más razonable, lo que estaba dispuesto a hacer, hasta que llegó Aline.

El escondite secreto del corazón de Aline, de Pedro Pablo PicazoLa premisa era muy sencilla: una adolescente, ante el divorcio de sus padres, empieza a convertirse en un mueble. No había nada más, pero me pareció que se trataba de un punto de partida con un gran potencial: poseía un arranque claro con un conflicto concreto a resolver; era sencillo empatizar con su protagonista y trataba un tema interesante, de gran emotividad. Además me permitía adentrarme en un mundo prometedor y que me parecía poco explorado, cercano al lector.

Por si fuera poco el recurso de poder usar objetos de mobiliario a los que dotar de vida era apasionante, siempre habían acompañado a la humanidad, ¿cómo se comportarían? ¿De qué manera pensarían? ¿Era posible crear con ellos un mundo orgánico y propio? Me pareció que sí, que se podía conferirles personalidad y conectarlos con lo que le pasaba a la  protagonista. Un gran reto, sin embargo como tenía comprometida aquella segunda parte decidí tomar nota de todo para no olvidarlo y dejarlo para más adelante.

UN CUADERNO PARA CADA PROYECTO

Uno de mis hábitos al trabajar es que cuando decido desarrollar una historia cojo un cuaderno exclusivamente para ese proyecto y voy anotando todo lo que se me ocurre: ideas, personajes, estructura… cada cosa que surge queda registrado y, además, en el orden en el que se produce, algo que puede ser muy útil posteriormente para echar la mirada atrás.

CuadernoPues bien, al poco tiempo el cuaderno de la nueva idea estaba repleto de páginas de notas mientras que el del encargo apenas tenía dos o tres… líneas. Enseguida me di cuenta de que tenía el desarrollo completo de Aline y que, en apenas dos meses, podría tenerla escrita. ¿Era sensato hacerlo? No. ¿Era prudente? Tampoco. Pero llegué a la conclusión de que para poder afrontar la otra novela como era debido tenía que liberar mi mente y sacar todo lo que Aline había ido depositando en ella, así que me lié la manta a la cabeza y pese a lo que dictaba la lógica y el sentido común decidí escribirla de una vez y liberarme de ella. No me daba cuenta, claro, pero había tomado absolutamente el control sobre mí.

Su escritura fue rápida y entusiasta. También apremiante porque no tenía tiempo que perder, pero recuerdo que todo fluyó bien y en los plazos marcados. Aunque empecé con una estructura definida, fueron surgiendo cosas nuevas no planteadas, tanto es así que acabó teniendo un ritmo propio muy particular y característico, quizás de todas las que he hecho sea la que tenga el tempo que ella misma marcó en su desarrollo.

Aparecieron ideas que me entusiasmaron, muchas. Una de ellas, por ejemplo, fue que gracias a los muebles era posible retroceder en el tiempo y eso acabó dando forma a uno de mis capítulos preferidos. También emergió una historia de amor no prevista pero que fue decisiva para el clímax del libro. Igualmente contiene al que creo que es mi villano favorito de todos los que he creado: Guillaume Guillotine, y fue de esos personajes que casi parecía susurrarme al oído qué decir y cómo actuar.

AÑOS DE ESPERA

Recuerdo que la terminé satisfecho, que me sentí completamente liberado tras hacerlo y que me puse rápidamente con el libro encargado, en el que pude trabajar por fin a pleno rendimiento. Eso fue en la primavera de 2011 más o menos y desde entonces, Aline ha estado aguardando su momento de ser publicada, sin embargo hoy en día, mucho tiempo después de todo esto, me alegro de haber actuado como lo hice.

El año pasado me encontré la agradable sorpresa de que Red Apple decidía publicar El escondite secreto del corazón de Aline, así que llegó el instante de repasarla no sin cierto temor. La había escrito seis años antes y ya no era la misma persona, ni escribía igual que como hacía entonces. Quiero creer que en estos años la práctica y el aprendizaje han tenido su resultado en mi trabajo.

No tardé en comprobar que me quedaba mucho por corregir y mejorar en el texto, pero la historia funcionaba y no sólo eso: el mundo que había creado en torno a aquella idea me parecía coherente y sólido aunque sorprendente e inesperado. Ahora estoy seguro de que sólo podía haber surgido en aquel preciso momento de mi vida. De haberla desarrollado en cualquier otro hubiera sido muy distinto. ¿Mejor o peor? No lo sé, pero desde luego no así, y me gustaba cómo había quedado. De hecho, me encanta.

Escribir tiene algo de mágico, de místico. Surge una chispa en nuestro cerebro y una pequeña idea se puede acabar convirtiendo en miles de páginas, en decenas de personajes, y queramos o no está indisolublemente unida al momento de nuestras vidas en el que se genera. Un determinado motor se pone en funcionamiento en nuestro cerebro y acaba dando como resultado esa historia, que es fruto de ese preciso instante. Es como el brillo de una estrella, que o lo atrapas en el momento o se pierde, quizás para siempre.

Así que, después de esta anécdota, mi consejo a todos los que escriban es que si un día se les cruza una historia que quiera tomar posesión de su alma y su voluntad, que no huyan, que no lo eviten, que dejen que les posea y les haga prisioneros. Que se dejen  llevar, que fluyan con ella, ya que les conducirá a lugares insospechados e inexplorados. Puede que no salga a la primera, habrá que darle muchas vueltas, probablemente se complique y se rebele, pero quizás sea la única posibilidad de que esa pequeña chispa, el resplandor de esa diminuta estrella pueda algún día brillar en el firmamento.

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