Dormía con un peluche de Gizmo cuando tenía solo seis años. V era mi serie favorita, Y El exorcista, mi película. Por supuesto, la colección Pesadillas de R. L. Stine era la joya de mi biblioteca.
En efecto, mi pasión por la oscuridad se manifestó casi a la vez que mis primeros dientes. Por lo tanto, no es de extrañar que el terror y el suspense sean los géneros que copan mis obras.
En el siguiente artículo voy a tratar de desgranar cómo ha sido mi experiencia como escritora hasta la actualidad.
¿Cómo empecé a escribir?
Quizás esta sea la pregunta más recurrente a la que nos enfrentamos los escritores. Y creo que no es descabellado decir que todos hemos sido lectores empedernidos desde pequeños. Yo era una de esas niñas que aprovechaba cada hora libre para vagar por los pasillos de la biblioteca del pueblo hasta encontrar la aventura ideal. Mi ritual nocturno consistía en leer en la cama hasta que el sueño me vencía. Ese amor por la palabra escrita no solo me ayudó con la gramática en el colegio, si no que me hizo fantasear sobre cómo sería escribir mi propio relato. Hice un par de cuentos para un concurso local que resultaron ganadores; no obstante, no fue hasta 2020 cuando me propuse escribir un libro “de verdad”. Sé lo que estáis pensando, pero la idea no se fraguó como consecuencia del confinamiento. Ocurrieron en mi entorno más cercano hechos impactantes que resultaron ser mi inspiración. Y es que eso de que la realidad supera a la ficción no tiene nada de exagerado.
Así fue cómo comenzó a gestarse El volante invisible, una novelette de misterio y suspense que los lectores califican como “asfixiante”. Entre sus páginas conocemos los periplos de Jonás, un hombre que arrastra el trauma de haber presenciado la muerte de su hermano pequeño de la que además se siente responsable. La fría mano de la parca lo persigue allá donde va, llevando al límite su cordura y asumiendo que no puede escapar de su funesto destino.

Cuando empecé a redactar la historia, no tenía intención alguna de publicarla. Simplemente me obsesioné con la trama que había montado en mi cabeza y sentí la necesidad de dejarla escrita. Al concluirla y releerla, el resultado me gustó y pensé que no sería mala idea probar suerte y enviarla a varias editoriales. Con ayuda de mi marido, que a día de hoy sigue siendo mi lector beta, realicé algunas correcciones y comencé un proceso que resultó ser más complejo de lo esperado. El mundo editorial era un gigante desconocido para mí. Aprendí a distinguir entre editoriales tradicionales y las que decían serlo; y, tras hacer una criba y quedarme con las que trabajaban mi género, terminé por enviar el manuscrito a una decena de ellas.
La verdad es que no esperaba resultado positivo alguno. A pesar de ello, la aceptación llegó por parte de Con Pluma y Píxel, la que a día de hoy siendo mi casa. Iba a decir que el día en que me respondieron me faltó saltar de alegría, pero de hecho creo que lo hice.
El día del lanzamiento de mi ópera prima era un manojo de nervios. Había hecho mucha publicidad en redes sociales, algo que creo que es fundamental a día de hoy, más la incertidumbre siempre está latente. Fue una grata sorpresa comprobar que la primera tirada se agotaba en tan solo unas horas; y cuando empezaron a llegar las primeras reseñas positivas sentí que por fin mi sueño se materializaba.
La prensa, en especial el diario Deia, también ha cubierto siempre mis presentaciones, lo que me ha ayudado a incrementar notablemente el público objetivo.
¿Y después qué?
El éxito cosechado con El volante invisible me animó a seguir escribiendo. Bullían en mi mente ideas de las que podían surgir varias historias cortas de terror, por lo que resolví escribir una antología. Finalmente, fueron nueve relatos con los que quedé satisfecha, de ahí el título Nueve fantasmas. De mis cuatro obras publicadas, esta es la que más tintes paranormales tiene. En ella, he introducido el elemento del miedo en las situaciones más cotidianas. Un verdadero homenaje a los clásicos de Poe y Lovecraft en el que los seres etéreos son protagonistas.
El lanzamiento coincidió en el tiempo con el galardón que me otorgaron al mejor relato sobre Balmaseda por el cuento El tallista, disponible para su lectura en el blog www.balmaseando.eus.
La influencia del cine
Como comentaba al principio, las películas de terror son mi perdición. Siempre me han llamado la atención los filmes que narran historias siniestras ambientadas en hospitales. Por eso decidí que ese fuera el escenario donde transcurriría mi tercera obra, Las balas de la memoria. La historia comienza cuando Jonathan despierta en la cama de un hospital sin ser capaz de recordar nada. La directora le explica que su familia ha sido brutalmente asesinada y ha pasado a formar parte, junto con otros adolescentes, de un programa de protección de testigos. Sin embargo, con el paso de los días, a Jonathan dejan de encajarle las cosas y sus dudas terminan por revelar la verdadera naturaleza del centro.
Las balas de la memoria no solo gustó al público adulto, sino que también tuvo una gran acogida entre adolescentes. Los lectores que me han seguido desde mis inicios coinciden en que esta es la obra donde notan un punto de inflexión y comienza a dejarse ver cierta madurez a la hora de escribir.
Ciertamente, escribir es un proceso de aprendizaje. Los recursos lingüísticos se perfeccionan practicando y es innegable que en la trayectoria de cada escritor la evolución es palpable.
Además, también se adquieren conocimientos leyendo a los mejores. Ahora, cuando tengo un libro entre manos –que es prácticamente siempre–, mi cerebro hace de manera inconsciente una doble lectura: por un lado, me permito disfrutar de la propia trama; por otro, en contra, extraigo información en cuanto a cómo se ha estructurado el argumento, qué líneas temporales se han seguido, qué figuras se han empleado, quién ejerce de narrador, cómo introducir las subtramas… Así, con Las balas de la memoria realicé mi primera escaleta, dejando atrás los borradores menos profesionales sobre los que había construido mis dos primeras obras. En efecto, soy escritora “mapa”, y establezco el desarrollo de la trama principal antes de empezar a crear, sin perjuicio de que pueda haber algún cambio o nuevo elemento.
Disfruto mucho experimentando con diferentes fórmulas en cada nuevo trabajo.

El último lanzamiento
Madre acaba de ver la luz hace escasos dos meses y se ha convertido en el favorito de gran parte de mi público. En esta novela se exploran los límites del amor más puro que existe, el de una madre.
Un amor que puede ser incondicional, pero también enfermizo.
Madre comienza presentando Roberto y Nora, un matrimonio que perdió a su única hija y que ha llevado el proceso de duelo de manera muy dispar. Ambos deciden adoptar a Evan, un niño parapléjico, en un intento de reconducir sus vidas. En cuanto el pequeño llega a la casa, comienzan a sucederse hechos inexplicables. Nora buscará una explicación sobrenatural, mientras que Roberto creerá que todo es obra de alguien a quien ha estado haciendo daño. Habrá que llegar hasta el final para desvelar quién de los dos tiene razón, si es que alguno la tiene.
Aficionada a la psicología como soy, he querido abordar también el síndrome de Munchausen. En el libro he querido explicar –que no justificar– ciertos comportamientos humanos que nos resultan deleznables. Ha sido la obra en la que más tiempo he invertido en el proceso de documentación.
Mis referentes
Es algo sobre lo que me preguntan bastante. Stephen King ha sido el rey de mi estantería desde que era muy joven. Algunos lectores han llegado a compararme con él, pero creo que tendría que vivir cien vidas para llegarle siquiera a la altura de los zapatos. Paul Pen es alguien que también me ha conquistado en los últimos años. Recomiendo encarecidamente sus lecturas si aún no las conocéis.
¿Cómo se presenta el futuro?
Actualmente le estoy dando las últimas pinceladas a una novela de fantasía. Sí, el género dista del que he venido trabajando, simplemente tuve lo que creo que es una buena idea y la desarrollé. No negaré que este cambio me produce algo de miedo, ya que no sé cómo va a recibirlo la gente que me ha seguido en mis libros anteriores. Sin embargo, creo firmemente que lo que une a las obras de un mismo escritor no es el género, si no ese “sello” personal que me atrevería a definir como la esencia. La extensión también será una novedad, ya que triplica a las historias anteriores. Sea como sea, me daré por satisfecha si los lectores disfrutan con la historia la mitad de lo que yo lo he hecho creándola.
¿Cuáles son mis metas?
Bueno, todo escritor ha soñado alguna vez con arrasar con un best seller, ganar el Premio Planeta o simplemente conseguir un agente literario con el que obtener mayor visibilidad.
Yo sencillamente quiero disfrutar del viaje, y lo que ha de venir, llegará.
Pienso que vender ejemplares no lo es todo. Firmar en ferias como el Celsius, intercambiar impresiones con gente que comparte las mismas inquietudes, escuchar a los lectores y también a otros escritores son experiencias vitales que para mí no tienen precio.
Y es que escribir es mi pasión. Una vía de escape de esta vida que a veces se convierte en jaula. Mucha gente no se explica de dónde saco el tiempo después de trabajar y atender a mi hija. Pues bien, araño cada minuto libre. Al igual que otros emplean su tiempo de ocio en practicar deporte, ir de compras o tomar algo entre amigos, en mi caso el teclado es el que acapara toda la atención. Esa implicación por parte del escritor se convierte en la magia que más tarde percibe el lector. Por lo tanto, mientras haya una sola persona que disfrute con mis creaciones, seguiré a bordo de este tren que tantas alegrías me está dando.
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