VIDA DE ESCRITOR: POR QUÉ HE VUELTO A LOS LIBROS EN PAPEL

Logotipo de la Online Film Critics Society
Siguiendo con la reestructuración de mi vida, este noviembre me di de baja de la Online Film Critics Society. Había llegado el momento de votar lo mejor del año para sus premios, que son una de las antesalas de los Oscars, y me di cuenta de que no había visto las suficientes películas como para emitir votos que tuvieran algo de validez, así que abandoné voluntariamente. Han sido dos años muy interesantes en la OFCS, y es una organización que le recomiendo a todo aquel que escriba críticas con cierta frecuencia y rigor: te permite acceder a festivales de cine, te da algo de visibilidad, y las productoras te regalan DVDs; pero yo ya no soy crítico. Ahora por fin puedo escribir más ficción. 
MI RELACIÓN CON EL LIBRO DIGITAL
Hace ya unos meses que decidí que el libro digital
no era para mí, y que volvía definitivamente al papel. A mediados de 2011,
cuando todavía no existía un Amazon español, me compré un Kindle en Estados
Unidos. Me atraía los baratos que eran los libros y las ofertas que hacía
Amazon, y que los libros digitales no ocupaban espacio.

En ningún
momento me planteé comprarme un e-reader para recurrir a la piratería y
tener libros gratis, por mucho que por aquel entonces (y aún hoy) en España
mucha gente hiciera eso. Creo que nunca lo he contado, pero yo dejé de
descargarme cosas gratis en primavera de 2009. Estaba aprendiendo a escribir
ficción, y descubrí en un foro de Amazon que recomendaban los libros de Nancy
Kress para empezar (una recomendación, por cierto, muy acertada). Corrí a
bajarme uno de ellos, porque así me ahorraba dinero. Cuando lo tenía
descargado, me planteé que de esa manera Kress no ganaría nada, mientras que yo
disfrutaba de su trabajo. Lo borré y me lo compré. Jamás volví a piratear nada.
No hacen falta leyes, ni que la gente te diga si está bien o mal, ni que lo
haga todo el mundo o que no lo haga nadie, tan solo hace falta darte cuenta de
las consecuencias de tus actos.

 

Fotografía de un Kindle con teclado de Amazon
No, gracias
   Al
principio estaba encantado con mi Kindle: se leía muy bien, Amazon a veces
ponía e-books baratísimos, los clásicos los tenías gratis, y no ocupaban
espacio. Llegué a pensar que el libro digital desplazaría al papel. Luego
descubrí que había caído en la trampa del “juguete nuevo” y que durante
el primer año se me fue la mano con las compras. Primero me percaté de que por
baratos que fueran y que no ocuparan, leerme libros digitales me llevaba el
mismo tiempo que los libros en papel, así que era ridículo que me comprara 200
al año. Además, fui descubriendo que la experiencia no era exactamente la
misma.

Lo noté
enseguida con las novelas. De alguna manera, te metías menos en la historia.
Para mí era como ver una película en el cine y verla en casa: te cuentan la
misma historia, pero la disfrutas menos porque las condiciones de visionado son
mucho menos envolventes. No sé qué tiene el papel, pero a mí me provoca eso.
Y con el digital no podía hacer algo que me encanta: poner el señalador y cerrar el libro cuando dejo de leer, y echar un vistazo por encima, a las páginas cerradas, para ver cuánto me queda para acabar. Así que dejé de comprar novelas en digital. Pero me decía que con la no ficción
me daba igual.
Cambié de
opinión a principios de este año. Comencé mi curso de escritura sin apenas
temario. Me guiaba por mi libro, pero semana a semana necesitaba ir ampliando
la teoría y los ejercicios, y sobre todo, tenía que crear la teoría y
los ejercicios de coaching y PNL, que de eso no tenía nada. Me sorprendió
que normalmente me acordaba con facilidad, simplemente ojeando mis
estanterías, de libros de los que podía sacar información, pero que me costaba
muchísimo recordar información que había leído en algún libro digital (y no
digamos ya localizar esa información).
Y es que
me parece que si lees en papel es mucho más probable que recuerdes lo que lees.
En los libros digitales tienes la posibilidad de cambiar el tamaño de letra, la
letra, y el interlineado, pero todos tienen el mismo tamaño, el mismo peso, el
mismo olor y el mismo tacto; mientras que los libros en papel tienen tamaños y
maquetaciones distintos, cada uno tiene un peso y un olor diferente, y las
hojas y las tapas tienen un tacto específico dependiendo de cada ejemplar. Tal
vez no seamos conscientes de estas cosas, pero nuestro subconsciente sí, y esas
variaciones le ayudan a almacenar la información, y supongo que también a que
disfrutemos más con la ficción.
Así que ya
no me compro ni libros digitales de no ficción. Ahora mismo me estoy comprando
en papel los libros digitales que más me interesan. Nunca me ha costado
gastarme dinero en libros, así que no es un gasto inútil, y más felices que
hago a sus autores. 

LA SOLUCIÓN A LOS LIBROS EN PAPEL
Libros
Sí, por favor

El gran problema que tenía con los libros en papel,
que es un problema muy común entre los amantes de los libros, es que si seguía
comprando, eran ellos o yo, porque ya no tenía sitio. Los libros me gusta
tenerlos, me encanta coger uno entre las manos (si es nuevo, mejor) y ver mis
baldas llenas, no ir a una biblioteca. Y me encanta comprarlos. Hace ya mucho
tiempo que principalmente compro por internet, y me emociono cuando me llega el
paquete, lo abro, y los libros son mucho mejores que las portadas tamaño sello
que podía ver en internet. No tenía más espacio y quería seguir comprando. Este
junio di con la solución: regalé 175 libros.

 

   Sí,
aprendí lo del desapego hace un tiempo, y no sé si me estoy pasando. El mes
pasado le regalé a un amigo todos mis CDs, que también ocupaban espacio y hacía
siglos que no escuchaba, y ya estoy mirando con ojos golositos las estanterías
donde guardo mis DVDs y blu-rays.

El caso es que me puse a pensar que tenía
libros repetidos, en español y en inglés, y que solo me interesaban las
versiones en inglés; que tenía libros en español que no me iba a leer porque los quería en inglés; que tenía un montón que me había leído y que no me
gustaban, y que por tanto no iba a releer; y que mis gustos habían cambiado, y
había libros que aunque no me hubiera leído, ya no me interesaban (restos
de mi etapa intelectualoide, de cuando pensaba que la inteligencia tenía que
ver con leerse novelas mal contadas y aburridas). Era una pena que tuviera un
montón de libros cogiendo polvo en mi casa, si podía haber gente que los quisiera.
Así que primero les di a elegir a mi familia, luego a mis amigos, a mis
alumnos, a gente que encontraba en bares… Y cuando ya no tenía a más gente,
metí los que me quedaban en una bolsa y se los regalé a la biblioteca de mi
pueblo, que además hace bookcrossing, eso de dejar libros por la calle
para que los lea quien quiera. ¿Quién sabe, tal vez alguno de mis libros esté
ahora en la Patagonia?
Es algo
tan útil, que creo que haré limpieza de mis estanterías de vez en cuando. Libro
que no me gusta, libro que regalo. Así que seguiré comprando libros, que de eso
no me quiero desapegar.

 

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