Brother Odd [7]

Portada original de Brother Odd, de Dean KoontzNOVELA
Brother Odd
(EE.UU., 2006, 352 páginas)
Dean Koontz

En 2006 Dean Koontz siguió con Raro Thomas (u Odd Thomas), el joven cocinero de comida rápida con poderes extrasensoriales, con la tercera novela de la serie: “Brother Odd”. (Sigo pensando que es una pena que es español solo esté traducida la primera parte.)
   Para intentar recobrar la paz interior, Odd Thomas lleva un tiempo viviendo en un monasterio, donde se ha hecho amigo de un perro fantasma, y en donde ve los poltergeists que provoca un monje que se suicidó recientemente. Pero la tranquilidad de Odd se evapora un día que ve aparecer un bodach: un ser oscuro y siniestro que presagia una tragedia. Al poco desaparece un monje, y Odd se ve acosado por unas extrañas criaturas; y aunque cada vez hay más bodachs, el chico sigue sin saber qué desgracia se cierne sobre el monasterio.
   “Brother Odd” se desarrolla en un entorno originalísimo: son un monasterio de monjes y una abadía de monjas en un mismo recinto, donde viven niños con discapacidad, y un antiguo genio de la física con un laboratorio ultramoderno en los sótanos. Además, siendo Koontz, la novela tiene momentos de tensión y terror geniales: todas las apariciones de los endoesqueletos y del monje sin cara hacen que las páginas vuelen, y los contactos con el más allá son excelentes.
   Donde falla un poco la novela es en cuestiones de ritmo y en la resolución de la trama. La narración está llena de personajes muy peculiares, que siempre esconden un fondo de ternura (algo muy característico de Koontz), y el autor se detiene varias veces a contarte cómo varios acabaron haciéndose monjes, o cómo es su personalidad. Las historias son muy originales (a mí me encanta la del gángster que cambió de vida por cómo le afectaron unos cuentos infantiles), pero normalmente frenan demasiado la trama; es decir, estás muy interesado por saber qué pasará a continuación, quién está matando a los monjes y qué catástrofe le espera al monasterio, y entonces Koontz te mete una historia muy buena, pero que no tiene mucho que ver.
   El caso más grave son las excesivamente largas conversaciones que mantiene Thomas con el misterioso ruso Romanovich.
   Pero lo más decepcionante es cómo el autor lo resuelve todo. Aparte que no tiene mucho sentido que Romanovich se guarde durante tanto tiempo una información fundamental, en cuanto descubres qué son los monstruos no te quedan muchos sospechosos (que tampoco hay demasiados, porque Koontz apenas planta alguno), y el final es muy precipitado.
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