El guardián de las pesadillas, de Pedro Pablo Picazo

«El guardián de las pesadillas», el largo viaje de una historia

Trece años, ese es el tiempo que ha tardado en ser publicada El guardián de las pesadillas desde que empecé a trabajar en esta novela. Lo recuerdo bien porque empecé a escribirla al poco de nacer mi hijo y fue precisamente gracias a él como se me ocurrió esta historia.

Ángel, mi hijo, fue un bebé estupendo, comía a sus horas, dormía mucho, no lloraba apenas… Sí que había un requisito imprescindible para que se durmiera, y era mecerlo con cierta contundencia. A mí me parecía que trotaba en un caballo, que era mi brazo, y cuando no se dormía y se despertaba me parecía que se había caído de la montura sin llegar al reino de los durmientes. En base a esta sensación, imaginé y construí un mundo de los sueños que no era el habitual y que me parecía muy atractivo, diferente y sugerente. Tenia un relato corto previo en el que un niño de 3-4 años defendía a su hermano recién nacido de las pesadillas que lo asolaban, mezclé ambos elementos y me lancé a escribir la novela.

Dicen que sólo te realizas en la vida si haces tres cosas: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Yo hice estas dos últimas cosas a la vez, ya que al poco de nacer él me llegó la noticia de que iba a ser publicada mi primera novela: Su majestad el rey de los niños zombis. En lugar de traer un pan bajo el brazo Ángel trajo un libro. Aquella noticia me animó mucho a continuar escribiendo y pensé en tener algo similar ya terminado cuando Su majestad se publicase por si funcionaba y me pedían algo del mismo estilo. Decidí que fuera aquella historia que se me ocurrió meciendo a mi hijo.

El proceso de escritura fue complicado al tener que ocuparme de un bebé. Recuerdo luchar contra el tiempo y el cansancio, días muy largos y resultados poco satisfactorios que tiraba al releer al día siguiente, pero aun así logré terminarla.

La mandé a la Editorial Viceversa, la misma editorial que había publicado mi primera novela para conocer su opinión. La respuesta fue demoledora. Pese a que les gustaba la fantasía y la aventura del libro había cometido un error de base garrafal que no tuve en cuenta. Mi protagonista tenía cuatro años, los lectores de esa edad no leen este tipo de libros y los de más años, para los que sí podía ir destinado, no se iban a identificar con un niño tan pequeño. Aquella decisión que yo había tomado tan al principio del proceso de escritura la invalidaba por completo. Me sentí muy bobo, la verdad. Traté de reescribirla subiendo la edad, pero implicaba tanto cambio que no merecía la pena lanzarme a hacer un remiendo tan grande sin estar seguro de su resultado. Por mucho que me fastidiara decidí dejarla apartada pese al tremendo esfuerzo y trabajo invertidos.

Pedro Pablo Picazo, escritor y guionista

Pedro Pablo Picazo y Ángel

 

Nueva versión

Pasó el tiempo, no recuerdo cuánto, pero yo pensaba regularmente en ella, hasta que un día, tendiendo la ropa, tengo muy presente el instante, como si fuera una epifanía, se me ocurrió una solución: en lugar de ser la historia de un chico que iba al mundo de las pesadillas para rescatar a su hermano pequeño iba a ser la aventura de un casi adolescente que viajaba para salvar al chaval al que acosaba en el colegio. Me parecía un planteamiento muy interesante porque trataba un tema que me parecía potente, el del acoso escolar, con un enfoque distinto al habitual. Porque no todos los acosadores tenían que ser villanos, también podían redimirse si se daban cuenta a tiempo de sus errores.

Aquel cambio me parecía tan atractivo que me daba la energía y la fuerza para lanzarme a hacer una nueva versión. Repasé el texto que tenía, comprobé que me encajaba y me lancé a ello. Mantuve más o menos la parte de aventura en el reino de las pesadillas, reescribiendo toda la parte del mundo real, ajustando muchas cosas al nuevo planteamiento, obviamente.

Aquel proceso fue mucho más sencillo y ameno que el anterior, lo disfruté y pronto tuve una nueva versión que, he de reconocer, me gustaba infinitamente más que la anterior. Estaba muy emocionado y satisfecho con el resultado, así que me lancé a moverlo. Eso debió ser allá por 2014, cuatro años después de la primera versión. Empecé a presentarlo por concursos y editoriales. 

Búsqueda de editorial

Pasó el tiempo, debí de concurrir a todas las convocatorias posibles sin éxito. De las editoriales o no obtenía respuesta o no era buena. Me quedé con muy mal sabor de boca, supuse que dado el proceso de escritura la novela no debía estar bien y empecé a plantearme dejarla olvidada en un rincón de mi disco duro. Pero en 2021 leí la noticia de un concurso y me animé a presentarla de nuevo. Pensé darle un repaso, pero no lo hice al no disponer de tiempo. Me lancé a mandarla sin más. Únicamente volví a llamarla como al principio, porque en medio de todo ese proceso, por un tiempo, tuvo otro titulo, pero para esta ocasión pensé que debía titularse como en su origen. Esta vez gané el concurso [V Certamen Malas Artes]. Con la misma novela que habían rechazado en mil sitios, la misma. No quiero con esto decir que la novela sea la mejor del mundo, no lo es, pero tampoco la peor y que muchas veces depende de con quién compites y de las circunstancias de lo que buscan o de lo que no. Esta vez lo tuve a favor.

Ganador, Pedro Pablo Picazo

Pero aquí no termina el proceso de escritura de esta historia. En 2021 aún estábamos recuperándonos de la pandemia, la editorial me dijo que no iba a publicarse inmediatamente, que tenían otras obras por delante, y me ofrecieron que si quería repasarla. Yo me lo pensé mucho, no sabía qué hacer, recuerdo haberlo consultado con mi amigo el escritor y profesor de escritura Carlos del Río, quien me recomendó que lo hiciera. Animado por él me lancé a releerla con la perspectiva de mejorarla en algo. Y me llevé una enorme sorpresa. No me reconocía como autor de aquella historia. Sí en lo que pasaba, en sus personajes, en los acontecimientos, pero para nada en cómo estaba contada. En aquellos años yo había seguido escribiendo, había aprendido más, mejorado en expresión, vocabulario… No podía dejar que la novela se publicase tal cual porque no se correspondía conmigo. Al menos con quien yo era en 2021, así que volví a corregirla. Entera. A nivel de trama la historia es exactamente igual, no tanto a nivel de expresión, que dio un giro total. No porque lo anterior estuviese mal, que no lo estaba, sino porque podía estar mejor. Un proceso que me llevó tiempo y que demoró su publicación hasta el 2023 cuando finalmente vio la luz.

Lecciones aprendidas

Creo que es comprensible entender la enorme satisfacción que siento al verla terminada. Por el duro y largo proceso que supuso, tan complejo y desesperante a veces, como por su origen y lo ligada que está a mi vida y a mi hijo, a quien está dedicada.

De todo este proceso me apunto un aprendizaje para el futuro: que el que una historia salga adelante no siempre depende de su calidad o potencial, sino también de otras cosas que lo rodean que para nada dependen de los autores. Que lo único que podemos hacer es perseverar, no cejar en insistir y esperar que las circunstancias jueguen a nuestro favor.  Porque, aunque sea por estadística y probabilidad, alguna vez, ocurre.

Pedro Pablo Picazo, novelista


Pedro Pablo Picazo es escritor, guionista y dramaturgo.

Visita su página web: www.pedropablopicazo.com


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