PROYECTO NOVELA. 30- CÓMO FALSEAR LA REALIDAD (I)

Hace un año venía quejándome de la piratería en
internet porque me parecía un problema gravísimo para los creadores. Ahora creo
que muy, muy lentamente la situación está cambiando. Lo que veo claro es que
primero se crearán negocios legales, que en España es algo que está yendo muy
deprisa; luego llegarán las leyes, que eso siempre va muy lento; y por último
cambiará la opinión pública, que será cuando la gente asimile que los
contenidos digitales no pueden ser gratis, pero eso llevará mucho tiempo.
   Hace un
año, cuando sacaba la piratería a colación, la gente se me tiraba al cuello,
como si yo fuera el mismísimo Teddy Bautista (siempre me atacan con la SGAE y
el canon digital; lo que me cabreaba sobremanera porque JAMÁS he defendido ni a
la SGAE ni el canon digital). Ahora al menos logro que me escuchen. He
encontrado dos preguntas muy buenas para que la gente se contenga antes de
darme una dentellada:
   -¿Tú
trabajarías gratis?
   -Hay dos
opciones: o cultura gratis en internet, y entonces a medio plazo sólo tendremos
contenidos amateur, o cultura más barata que nunca hecha por profesionales, ¿cuál
prefieres?
   Todavía
hay muchísima desinformación sobre el tema (el tratamiento que le dan los medios
de comunicación españoles no ayuda nada. De los blogueros que no hacen más que
tergiversar qué es la propiedad intelectual mejor ni hablar), y muchísima gente
no es consciente de qué supone para un creador bajarse un contenido ilegal.
Supone simple y llanamente que el creador no cobra por su trabajo.
   En la
actualidad si creas un contenido que se pueda digitalizar, eres una víctima
potencial de la piratería, independientemente de si eres rico o pobre,
americano o de la Cochinchina, vas por editorial o te auto-publicas los libros.
Y ahora mismo en España como alguien te piratee tu obra estás completamente
desprotegido (aunque parece que esta situación va a cambiar en breve).
   También
hay mucha desinformación sobre cómo va a ser el nuevo modelo de internet, y muchos
se piensan que esos contenidos van a desaparecer de la red. Una amiga me
preguntaba preocupada si a partir de ahora tendríamos que volver a los cds y
los videoclubs. Lo que no sabía mi amiga es que el nuevo modelo crea negocios
legales que ofrece esos contenidos a muy bajo precio, como Spotify, Filmin, Amazon
(¡por fin desembarcó en España, con Kindle y todo!), o Canal +, que ya ofrece
la posibilidad de descargarse películas y series.
Logotipo de Amazon
   Tengo un
amigo al que sólo le falta el parche en el ojo y el loro en el hombro para ser
un auténtico pirata, y un día me vino con la cantinela de que la piratería
beneficiaba a los creadores, porque les promocionaba. Tiene mucha ironía que me
lo dijera él, que nunca se ha gastado un céntimo en adquirir copias legales
tras disfrutar de copias piratas. Yo le fui muy sincero:
   -No
descarto dar alguna de mis novelas gratis en el futuro para promocionarme, como
hacen muchos autores en el Amazon americano, pero lo que no puedo es dar ahora
mi primera novela gratis. Esos autores ya han escrito varios libros y tienen
unos lectores fijos, y así lo que intentan es ampliar su base de fans, porque
normalmente regalan la primera parte de una serie de novelas.
   »Me voy a
tirar dos años escribiendo la novela, ¿tú crees que puedo dar gratis dos años
de trabajo para promocionarme? Y después me tiro otros dos escribiendo la
siguiente y cuando la intente cobrar, si es que alguien se acuerda de mí, me
van a odiar por querer ganar entonces dinero por mi trabajo.
   Le
expliqué que mi forma de promoción es mi blog, que ése sí es gratis, y que
posiblemente cuelgue capítulos y cuentos enteros y que en ningún momento
obligaré a nadie a comprarse mis libros, pero que espero que si a alguien le
interesan, se haga con copias legales (eso incluye las bibliotecas), que será
la única manera que tenga de poder seguir escribiendo.
¿SE PUEDE FALSEAR LA REALIDAD?
En ficción la respuesta a la pregunta de arriba es
un rotundo sí. Pero hay que tener en cuenta unas pautas:
   -Cuanto
más realista sea tu novela, menos te puedes inventar.
   -Cuanto
más conocido sea un elemento de tu historia, más te tienes que ceñir a la
realidad.
   -Inventes
lo que te inventes, siempre tiene que resultar verosímil.
   Antes de
continuar, quiero hacer una distinción entre dos conceptos que muchas veces se
confunden:
   -Auténtico:
Que es cierto, que es real. Es sinónimo de veraz.
   -Verosímil:
Que parece auténtico, aunque no tiene por qué serlo.
   Comenzaré
con algo que me llama mucho la atención. He descubierto que todos los meses me
entran visitas en el blog buscando “novelas de ficción”. También he descubierto
que mucha gente cuando le cuento de qué va mi novela, me dice que estoy
escribiendo una “novela de ficción”.
   Vamos a
ver, todas las novelas son de ficción. Decir que una novela es de ficción es
como decir que una película, que no es un documental, es de ficción. Otra cosa
es que te bases en un hecho real y quieras ser muy fiel a lo sucedido, y
entonces tendrás una novela realista. Pero a menos que te ciñas 100% a lo que
pasó, y puedas demostrar las fuentes de todos los datos que utilices (incluidos
los pensamientos de los personajes), estás escribiendo ficción.
   Libros de
no ficción narrativos son las crónicas (una de las más famosas es “A sangre
fría”, de Truman Capote, que es tan apasionante que se lee como una novela.
Pero todo lo que aparece allí lo desenterró Capote documentándose
exhaustivamente); los reportajes, que son parecidos a las crónicas pero sin que
la presencia y la opinión de autor se note tanto; y las biografías y la
autobiografías. En estos libros no puedes inventarte nada. (Por eso la
divertidísima “Trópico de Cáncer” es una novela, porque no hay manera de saber
qué es real y qué es inventado, aunque parezcan unas memorias de Henry Miller.)
Retrato de María Antonieta
María Antonieta

Si quieres
escribir algo realista, va a haber momentos en los que no te quede más remedio
que inventarte las cosas. Pongamos por ejemplo que vas a escribir una novela sobre
María Antonieta y quieres ceñirte lo más posible a la historia real. Te lees
unas cuantas biografías del personaje y libros de historia para saber cómo era
la Francia del XVIII; y cuando la estás escribiendo, te documentas para que
cada detalle histórico sea el correcto.

   Entonces
se te ocurre que sería emocionalmente muy potente poner lo que piensa y siente
María Antonieta mientras va a la guillotina, o incluso mejor, lo que piensa y
siente cuando está cayendo la cuchilla. Lógicamente, no existen documentos
escritos que digan qué pensó María Antonieta en esos momentos, así que la
solución es inventártelo, siempre teniendo en cuenta que lo que escribas debe
ajustarse al personaje de María Antonieta que has dibujado a lo largo de la
novela. El resultado debe ser verosímil.
   Werner
Herzog hizo algo parecido en su película “Aguirre, la cólera de Dios”. Lope de
Aguirre, el personaje histórico, fue un conquistador español que en siglo XVI
se internó con un grupo de personas en el Amazonas, buscando la mítica El
Dorado, que desapareció sin dejar rastro. No hay documentos escritos de cómo
murieron, pero la película, que es muy realista, trata exactamente de eso. Así
que lo que hizo Herzog fue inventarse todo, simplemente jugando con hipótesis
muy verosímiles de lo que pudo haber sucedido.
   Voy a
hablar de la parte histórica de “El terror”, de Dan Simmons, que es una novela
que mezcla el terror y novela histórica. Dan Simmons coge un hecho auténtico
(la expedición perdida de Franklin en el XIX, en la que dos barcos intentaron
llegar al Pacífico desde el Atlántico cruzando el Ártico) y para darle
apariencia de realidad, pone un montón de detalles veraces de la época y de la
expedición, pero Simmons se inventa muchas cosas para hacer avanzar la trama.
Pero todas las situaciones y el comportamiento de los personajes son
verosímiles.
NADA DE PEREZA
Vamos a ver algo que no se debe hacer. En 2002,
cuando estudiaba en la escuela de cine (la ECAM), fue a darnos una charla una
guionista que tenía bastante prestigio por escribir películas realistas que
estaban basadas en hechos reales o se desarrollaban en lugares geográficos muy
específicos, y que se vendían casi como estudios sociológicos y antropológicos.
   Lo que nos
contó esa mujer fue que a ella le daba mucha pereza ponerse a hablar con gente
para documentarse y que todo lo sacaba de internet (como ya he indicado, esto
fue en 2002, cuando internet no era ni parecido a lo que es ahora).
   Años
después vi una película con guión suyo sobre el problema del terrorismo en
Euskadi ¡y monté en cólera! Estaba dirigida por un hombre con el que solía
colaborar, y que también se las daba de muy realista. ¡Qué zafiedad! ¡Qué
básico era todo! ¡Cómo se notaba que no tenían ni idea de lo que estaban
hablando! Estas personas debieron de visitar un día el Guggenheim de Bilbao y
ya se pensaron que sabían todo sobre el País Vasco. Lo único que puedo decir es
que si la situación de Euskadi fuera remotamente parecida a lo que dibujaba esa
película, yo no hubiera vivido allí cuatro años.
   Si vas a
basarte en algo real y lo vas a vender como algo muy fiel a la realidad, no te
queda más remedio que hacer trabajo de investigación. Y si te da pereza, pues
no escribas ese tipo de guiones; y mucho menos intentes dar gato por liebre, que te van a
pillar.
    Una solución es lo que hizo Jack Ketchum en
La chica de al lado”. Esa excelente (y horrorosa) novela se basa en el crimen
de Sylvia Likens, ocurrido en Indiana a mediados de los 60. En una entrevista
que aparece en la edición de Leisure Books de la novela, Ketchum cuenta que
como no tenía ni idea de cómo era Indiana en esa época pasó la acción a Nueva
Jersey durante los 50, un lugar y una época que dominaba porque fue donde él se
crió (hay un montón de referencias auténticas en la novela); y cambió el nombre
de los personajes y varias de las acciones. La novela es durísima por cómo te
mete en ese mundo tan verosímil, que parece tan real, y por cómo te
identificas (y odias por pasivo) al protagonista. Pero en ningún momento el
autor te quiere engañar diciendo que esa es la historia real de Sylvia Likens.
   Joyce
Carol Oates hizo algo similar con la también excelente (y horrible) “Zombi”.
“Zombi” está inspirada en la vida de Jeffrey Dahmer, un psicópata gay que entre
1978 y 1991 mató a 17 hombres y chicos. Carol Oates cambió el nombre del
protagonista, pasó la acción de Wisconsin a Michigan, y cambió varias acciones
para poder contar la historia que le interesaba a ella. Y nunca es deshonesta
haciéndonos creer que nos está contando la historia auténtica de Jeffrey Dahmer.
   No sé qué
me hace leer este tipo de novelas tan horripilantes.
   Seguimos
con más ejemplos en el siguiente artículo.
Recomendaciones:
   –Story Engineering”, de
Larry Brooks. Este libro es muy, muy
bueno para entender qué elementos tienes que estar barajando para contar
historias. Brooks explica muy claramente que hay cuatro pilares básicos
(concepto, personaje, tema y estructura) y dos secundarios (la ejecución de
escenas y la voz) en todas las historias escritas. Brooks dedica un capítulo a
cada elemento, siendo el más largo el de la estructura; y he de reconocer que
es una de las mejores explicaciones que he leído en mi vida. Éste lo recomiendo
con mayúsculas.
Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
www.raulmartos.com.
Hace unos meses hablé de mi amigo Raúl Martos, al que conocí estudiando
Periodismo, y con el que compartía dudas, sufrimientos y alegrías por e-mail y teléfono
porque él también estaba escribiendo su primera novela. Raúl acaba de terminar
la suya y ya la está moviendo por concursos. http://www.raulmartos.com/ es su página web. Allí
podéis leer artículos sobre los ocho meses que pasó en África, ver fotos y leer
su columna, donde da una visión del mundo que no tiene nada que ver con los
(terribles y miopes) medios de comunicación. Además tiene un apartado especial
para escritores: Escritores sin barreras,
en donde puedes colgar tus cuentos y recibir comentarios. Echadle un vistazo.


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