Zombi [9]

Portada de Zombi, de Joyce Carol OatesNOVELA
Zombie
(EE.UU., 1995, 182 páginas)
Joyce Carol Oates
Joyce Carol Oates es un caso muy curioso en el
panorama literario. Oates es muy, muy prolífica, pero al mismo tiempo tiene
mucho prestigio, y en literatura es rarísimo que te tomen en serio si publicas
varios libros al año. Entre libros para niños, novelas juveniles, ensayos,
memorias, obras de teatro, colecciones de poemas, novelas cortas, colecciones
de cuentos, novelas firmadas con su propio nombre y con seudónimos (tiene dos:
Rosamond Smith y Lauren Kelly), Oates ya lleva publicados 121 libros en 48 años
de carrera. Y en ese tiempo, además de escribir suficientes libros para llenar
una biblioteca, ha logrado que su nombre suene constantemente para el Nobel,
haya sido nominada al Pulitzer y al PEN/Faulkner, y haya ganado el O’ Henry, el
National Book Award y el Bram Stoker, entre otros muchos galardones.
   El Bram
Stoker es el premio que entrega la Asociación de Escritores de Terror de EE.UU.,
y Joyce Carol Oates lo ganó en 1995 por “Zombi”, una novela que está inspirada
en la historia del psicópata Jeffrey Dahmer, un hombre que en trece años mató a
17 hombres y chicos. La obra de Oates no es una recreación de su vida, ya que
la autora cambia muchos datos para crear una historia completamente original.
   “Zombi” es
el diario de un psicópata gay, un tal Quentin de 31 años que es un fracasado
para su familia, incluso antes de que sepan qué hace su hijo con los ligues.
Desde un primer momento sabes que el tan Quentin es raro por cómo se
expresa. Nunca escribe “y”, sino “&”; nunca utiliza nombres propios de
personas, siempre iniciales y seudónimos que escribe con mayúsculas. Sabes que
estás con la condicional por algo que avergonzó mucho a su familia, que tiene
miedo de mantener contacto visual con las personas, que tiene una noción del
tiempo muy peculiar y está obsesionado con los rayos cósmicos, y que guarda souvenirs de desconocidos.
   Lo que
hace que esta novela sea espeluznante, y lo es mucho, es que a través de la voz
tan particular de su protagonista, que va saltando constantemente en el tiempo,
tú eres capaz de ir atando cabos, y ver la evolución del personaje desde su infancia,
y descubres así la enorme falta de cariño y autoestima que tiene.
   Pero lo
realmente inquietante es que identificas perfectamente la visión distorsionada
de la realidad que tiene Quentin y él no, y cómo según su lógica interna, lo
que hace lo hace sin darse cuenta de que está mal: para él, sus salvajadas están
justificadas.
   En el
primer tercio de la novela Oates planta un proyecto que tiene Quentin (el zombi
del título: convertir a un hombre en zombi haciéndole una lobotomía casera,
estando aún vivo, para que sea su compañero sexual perfecto, que sea sumiso y
le dé cariño cuando él quiera. Ese detalle, por cierto, está sacado de la
historia verdadera de Dahmer) y tú no haces más que retorcerte viendo cómo se
va preparando para llevarlo a cabo.
   Y
entonces, sin esperártelo, Oates mete pasajes muy difíciles de soportar. Yo los
leía, se me ponían los pelos de punta, y después hacía todo lo posible por no
recordar lo que acababa de leer. Aparte de por lo explícitos que son, son durísimos
por la frialdad con que están contados por Quentin y por cómo los interpreta.
   En la
segunda parte, la novela es más lineal y Oates hace que el protagonista se
obsesione con un chico de 15 años de una familia de clase media. Esta parte es
muy angustiosa porque ya conoces a Quentin y sabes qué le espera al chico si
cae en sus garras, y durante páginas y páginas ves cómo va ideando un plan para
secuestrarlo y cómo va dejando pistas muy torpes que lo pueden delatar; y tú
estás deseando con todas tus fuerzas que lo detengan lo antes posible.
   Esta
novela es horrible, horrible, horrible.
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