«Remember», una historia de misterio con tintes sobrenaturales, por Ana G. Herráez

La experiencia como fuente de inspiración

En los comienzos de nuestra carrera como escritores, muchas veces sale a relucir esa frase tan manida que dice «escribe sobre lo que conoces». No es que sea mi consejo favorito, si bien hay algo de verdad en ello. Nuestras experiencias, lo que conocemos del mundo que nos rodea y la gente con la que nos cruzamos son una fuente de inspiración muy valiosa a la hora de crear historias. Por ese lado, la idea es acertada, aunque yo diría que, para ser perfecta, tendría que añadírsele: «…y si no sabes mucho de algo que te interesa, averigua todo lo que puedas sobre ello». Porque, efectivamente, una de las mejores partes de la escritura es la documentación, buscar información acerca de un tema que nos atrae y sobre el que queremos escribir. Y es que «uno no nace sabiendo de todo»; ahí va otra frase hecha, pero muy cierta también y aplicable a cualquier faceta de la vida.

He comenzado con esta introducción para ilustrar cómo fue el chispazo creativo que dio lugar a mi nueva novela, Remember. La historia surgió de una experiencia personal dolorosa: la pérdida de nuestra perrita Luqui. ¿Qué puede haber más real, más cercano que el pesar causado por la muerte de alguien a quien quieres, ya sea una persona o un animal? Nada. A partir de ese hecho, empezó a gestarse la trama sobre una mujer que viaja con su hija adolescente por una carretera secundaria, cerca de Cambridge, en plena noche. De pronto, un obstáculo en mitad de la calzada las obliga a detenerse. Se trata de un objeto inesperado, incomprensible: un perro que parece irradiar luz. Este comienzo, sin duda conectado con el suceso que dio lugar a la novela, evoluciona hacia otra escena en la que la protagonista, Emily, despierta en el hospital. Allí le dicen que su hija, Laura, ha muerto a consecuencia del accidente que ambas han sufrido. Es entonces cuando empieza un viaje iniciático que obligará al personaje principal a reinventarse para poder sobrevivir a la desgracia, a luchar por amoldarse a un mundo que no reconoce porque su ser querido ya no se encuentra en él. Además, el trauma y las secuelas del accidente le impiden reincorporarse a su trabajo como editora, lo que dificulta su recuperación desde el punto de vista anímico. Tampoco la ayuda en absoluto la extraña sensación que la obsesiona y la conduce de vuelta a la noche del accidente durante sus pesadillas: la de no haber podido despedirse de Laura. Por si esto fuera poco, Emily encuentra en repetidas ocasiones una palabra, «remember» (recuerda), ya sea en camisetas, en luces de neón o en canciones. Esta recurrencia trae consigo la convicción de que se trata de un mensaje: alguien intenta comunicarle que hay algo que debe recordar. ¿Pero qué es eso tan importante que ha olvidado?

Remember, de Ana G. Herráez

Durante su proceso de recuperación, Emily retomará una amistad de juventud con Samuel, un neurólogo que ha regresado a Cambridge tras varios años de ausencia. También creará nuevos vínculos con otras personas, como Renée, una mujer de origen afroamericano que vive en una gran mansión en la que da cobijo a personas desprovistas de un lugar donde vivir. Uno de los misterios de esta novela reside en ese círculo de personas que rodean a Renée y parecen ocultar un secreto que cautiva a Emily. Esta también traba amistad con Isobel, una joven enferma de cáncer con la que establece una relación que, en cierto modo, se asemeja a la que la unía a su hija. El abanico de personajes lo cierra Lilian, la madre de Emily, aquejada de Alzhéimer y recluida en una residencia. Además, la novela incluye a otros seres que no son humanos. Mi forma de rendirle un homenaje a nuestra perrita ha sido otorgarle un papel muy importante a ciertos animales, que acompañan a los protagonistas de la historia. Con ello se cierra el círculo del proceso creativo.

El último elemento que me gustaría destacar de Remember es uno de los temas que vertebran la historia y que tanto nos preocupa a los humanos desde el principio de los tiempos: la trascendencia. La protagonista se halla al comienzo de un camino que la llevará a replantearse los límites de la existencia. Como le sucede a ella, lo vivido, la belleza de los seres con los que nos cruzamos a lo largo de los años y el dolor de la pérdida nos llevan a formularnos preguntas de carácter metafísico: ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué hemos de morir? ¿Hay algo más después de la muerte o con la aniquilación del cuerpo físico se acaba todo? Os invito a buscar vuestras propias respuestas en mi novela.

Román Huarte Castro y Ana G. Herráez en la Fnac de Bilbao
Román Huarte Castro y Ana G. Herráez en la Fnac de Bilbao

Proceso de escritura

Para crear esta narración nacida de la propia experiencia no tuve que documentarme tanto como para otro tipo de novela. La búsqueda de localizaciones resultó sencilla, puesto que desde el principio tuve claro que quería situar la historia en Cambridge (Inglaterra). Al haber vivido allí durante un tiempo las escenas nacieron con rapidez, los rincones y los paisajes que servirían de telón de fondo surgieron frescos en la memoria, listos para albergar a los personajes. En cuanto al otro gran escenario, Islandia, lo conocí hace un par de años a raíz de un viaje maravilloso que me marcó de manera profunda. De nuevo, vemos cómo la experiencia nos regala imágenes, belleza o momentos inolvidables que pueden llegar a formar parte de un proyecto creativo.

Sin embargo, siempre hay mucho trabajo por hacer para crear una trama creíble y con base realista, como es el caso de esta novela, pese a su sólido componente fantástico. Quedaban por delante la selección de localizaciones concretas en los dos países, la comprobación de los recuerdos que, en algunos casos, podían no ser del todo exactos al haber pasado por el tamiz de los años y de la imaginación, y los detalles que la trama pedía para dotar de una idiosincrasia propia tanto a los personajes como a las situaciones en las que los situé.

Ana G. Herréaz en el Celsius 232
Ana G. Herréaz en el Celsius 232

Me llevó apenas unos meses escribir el primer borrador. Comparado con el tiempo de escritura que le dediqué a mi primera novela, El sendero de la palabra, el proceso fue considerablemente más corto, si bien en la segunda, Muerte, tú morirás, ese tiempo también fue mucho más reducido. Una de las cosas que se aprenden a lo largo de los años es a organizarte para escribir una novela. La dispersión, las inseguridades y no saber bien cómo afrontar el proceso creativo son aspectos muy habituales y comprensibles cuando estás empezando en esta aventura increíble que es la escritura. No obstante, a medida que vas aprendiendo, se adquieren habilidades que no sabías que podrías manejar con soltura para la perfilación de los personajes, la planificación de la historia (dependiendo de si eres escritor de mapa o de brújula será de un modo u otro) o la selección de los materiales obtenidos en la documentación. Además, he aprendido algo esencial con el paso de los años y que, de alguna manera, la historia misma te pide: hay que dedicarle el mayor tiempo posible a la escritura y con una regularidad que permita al hilo narrativo fluir. El hábito de escribir, si no a diario, sí casi todos los días, es el truco que nos ayuda a crear una trama sin lagunas, sin repeticiones de ideas. Un texto coherente y atractivo, listo para llegar a manos del lector tras las necesarias correcciones.

Una vez realizadas todas las revisiones, es vital dejar que personas con un ojo crítico se aseguren de que lo relatado sea creíble y que no se nos hayan escapado erratas o tropezones en la trama. Los lectores beta son fundamentales para conseguir que esa historia que nació en tu cerebro llegue a manos de un editor. En mi caso, desde la primera novela he contado con una agente literaria que posibilitó que El sendero de la palabra viera la luz. No es un requisito imprescindible contar con esta figura para que una buena historia sea aceptada por una editorial, pero, a veces, ayuda. En todo caso, esto sucede en las fases finales y rara vez está en nuestras manos lograr que el libro sea publicado. Lo que sí controlamos nosotros son los pasos previos que tienen lugar durante el proceso de escritura. Por eso debemos cuidarlo y hacerlo lo mejor posible. A partir de ahí, nos hallamos en terra ignota y comienza el viaje para lograr que nuestro sueño llegue a buen puerto. Así que mucha suerte y no perdáis nunca la ilusión porque, aunque el camino sea largo y difícil, si se persevera ese sueño se convertirá en realidad.

Ana G. Herráez, escritora

 


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