Up [10]

Cartel de UpUp

(EE.UU., 2009, 96 min)
Dirección:
Pete Docter
Bob Peterson (co-director)
Guión:
Bob Peterson
Pete Docter
Intérpretes (v.o.):
Edward Asner
Christopher Plummer
Jordan Nagai

Cuando en 2006 la Disney compró la Pixar (es una filial independiente) y le exigió estrenar un largometraje al año, los cinéfilos temíamos una merma de calidad. Afortunadamente, nuestros temores no se han cumplido: tras la floja “Cars”, vinieron la genial “Ratatouille”, la notable “Wall-E” y “Up”, que es cine con mayúsculas.
   El primer cuarto de hora es un prodigio narrativo. Empiezan presentando al protagonista de niño, sus anhelos de aventura y su enamoramiento de una niña un poco loca. Y luego, en una secuencia de montaje maravillosa y sin diálogos, cuentan la vida en pareja de esos niños ya crecidos. Está tan bien hecha que resulta emotiva incluso cuando apenas conocemos a los personajes. Es lo más parecido que he visto a una presentación perfecta.
   La película luego se centra en la vida diaria del anciano cascarrabias, que no está dispuesto a vender su casa a una constructora, y que cuando es obligado a dejar su hogar para ir a vivir a una residencia, decide llevarse su vivienda volando hasta Sudamérica para cumplir el sueño que nunca pudo realizar con su mujer. En esta parte, donde quedan bien claras las motivaciones y la personalidad del protagonista (un gruñón entrañable) hay momentos geniales, como la secuencia inicial con el “Carmen” de Bizet, o el despegue de la casa.
   A partir de entonces empieza una divertidísima aventura por tierras (y aires) sudamericanos. Si en “Wall-E” la segunda parte, la de acción, era inferior al comienzo, aquí las dos partes estás mejor integradas, ya que al principio aparecen elementos que se desarrollarán en la segunda mitad.
Fotograma de Up   La película es visualmente deslumbrante (si alguien quiere saber cómo se domina el lenguaje cinematográfico, que vea “Up”), tiene chistes perfectamente contados y un ritmo excelente, alternando escenas de acción con pausas emotivas, las cuales funcionan muy bien. Es dificilísimo conseguir lo que ha logrado la Pixar con esas pausas; lo más normal hubiera sido caer en lo cursi. Aquí lo evitan y no haces más que querer más y más a los protagonistas, gracias a un desarrollo de personajes sobresaliente. Hay un momento con un impacto emocional tremendo: el protagonista mira el diario de su mujer y se da cuenta de que la mayor aventura de todas ha sido su día a día con ella y que todavía le quedan aventuras por correr. Me cuesta encontrar una mejor definición de lo que es la vida.
   Pixar sigue siendo un estudio aparte en Hollywood. Viendo sus películas parece que sólo hacen aquello que realmente les gusta, sin pensar en el rendimiento económico (todas sus películas han sido taquillazos, por cierto. Ya podían aprender el resto de las productoras). Aquí eligieron contar la historia de un anciano en una época como la nuestra obsesionada con la juventud. Y han vuelto a acertar. El espectador sale del cine enamorado de Carl Fredicksen y compañía, soñando con esa casa que descansa al lado de las Cataratas Paraíso.
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