El sonámbulo [3]

Portada de El sonámbulo, de Jonathan BarnesNOVELA
The Somnambulist
(Reino Unido, 2007, 354 páginas)
Jonathan Barnes
Jonathan Barnes, que escribe críticas literarias
para el “Times Literary Supplement”, se licenció en Óxford en Literatura
Inglesa y publicó su primera novela, “El sonámbulo”, en 2007. Con el currículum
que tiene, lo normal sería pensar que este libro fuera algo
sesudo-intelectualoide, cuando en verdad es una locura que tiene partes muy
imaginativas, pero que en conjunto resulta confuso y caprichoso. En la
contrasolapa de la primera edición estadounidense lo comparan (los de la
editorial) con Neil Gaiman, Susanna Clarke y Clive Barker. Ya les gustaría. “El
sonámbulo” recuerda mucho más a “Los libros de cristal de los devoradores de
sueños”, de Gordon Dahlquist, que a cualquiera de esos tres escritores.
   En el
Londres de principios del XX el prestidigitador Edward Moon tiene que resolver
un curioso misterio: al parecer un hombre mosca va matando a gente por la
ciudad. Moon, que ya ha dejado sus mejores días atrás, tiene como colaborador
al sonámbulo, un gigante mudo al que puede atravesar con espadas sin que
sangre. A medida que se adentre en el caso, Moon descubrirá una
complejísima trama para destruir Londres, y sólo él la podrá detener.
   Las
primeras 100 páginas son muy buenas. Barnes dibuja un Londres muy peculiar
lleno de personajes no menos peculiares. Aparece una biblioteca secreta en el
Museo Británico, un prostíbulo y una feria de monstruosidades, y varias sociedades
secretas. Durante esas páginas está muy bien presentado el protagonista y el
ambiente que lo rodea, y se sigue sin problemas la trama, donde se ve cómo Moon
va siguiendo pistas de un caso rarísimo.
   Después la
novela pierde toda coherencia y no hace más que dar vueltas y vueltas, sacándose
constantemente de la manga Barnes nuevos personajes y nuevas situaciones (eso sí,
todos son muy peculiares, y todas las situaciones son muy imaginativas). Se
podría decir que son una sucesión de escenas con una trama dificilísima de unir
por la cantidad de personajes que hay, muchos de los cuales actúan de forma
inverosímil y aparecen en el momento apropiado para dar una información; la
cantidad de giros y giros que hay; y las muchísimas situaciones incongruentes
que tiene. Llegó un momento que estaba harto y lo único que quería era llegar
al final de una vez.
   Pondré unos
ejemplos de incongruencias, para que se vea cómo funciona esta novela. Moon ha
perdido mucho prestigio no sólo como mago, también como investigador por un
caso en el que fracasó estrepitosamente no hace mucho. Así todo hay un
personaje que conoce su pasado, Skimpole, que está obsesionado con que Moon
investigue el nuevo caso; y llega al extremo de quemarle su vivienda para que
lo haga. Y cuando por fin lo convence, deja que Moon se tire 23 días sin hacer
nada en un hotel.
   A
continuación la primera pista que le da es que tiene que visitar a una médium,
que en teoría es un hacha. Cuando Moon saca información de esa mujer, a través
de una sesión de espiritismo, Skimpole se pregunta si esa mujer será de fiar.
Pero bueno, si Skimpole fue el que unas pocas páginas antes le dijo que esa
mujer era fundamental para resolver el caso.
   Habrá
gente que justificará todas esas incoherencias diciendo que la novela está
narrada por un loco. Pero una cosa es tener un narrador que no es de fiar y
otra es escribir una novela que no tiene ni pies ni cabeza.
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