Elegía [6]

Portada original de Elegía, de Philip Roth
NOVELA
Everyman
(EE.UU., 2006, 182 páginas)
Philip Roth
He aquí uno de los gigantes de la literatura americana contemporánea: Philip Roth. Podría decirse que Roth ha ganado todo lo ganable, excepto el Nobel: el Pulitzer, el Príncipe de Asturias, la Medalla por la Contribución Distinguida a las Letras Americanas del Premio Nacional del Libro (éste debe de ser el premio prestigioso menos esnob del mundo; junto a nombres como Philip Roth, Norman Mailer o Saul Bellow, también han sido galardonados con la medalla, que reconoce toda una carrera, Stephen King, Ray Bradbury o Elmore Leonard). “Elegía” es una novela de 2006, con la que Roth ganó su tercer premio PEN/Faulker. Y aunque me ha gustado, aunque no encantado, si alguna vez me leo alguna otra novela de Roth, me aseguraré de que no sea tan deprimente como ésta.
   El protagonista ha muerto, y en su funeral sólo hablan su hija Nancy y su hermano Howie. La novela recorre su vida, desde que era un niño, haciendo hincapié en las enfermedades que sufrió y en los momentos donde se equivocó en la relaciones interpersonales.
   “Elegía” es un estudio de personaje muy deprimente. Lo que más valoro de la novela, y es excelente, es cómo Roth va haciendo avanzar la historia a través de recuerdos que constantemente saltan en el tiempo, y gracias a ellos el lector se hace una idea muy buena de cómo era el protagonista, y cómo metió la pata hasta el fondo varias veces por no poder mantener la cremallera cerrada.
   Pero quitando momentos muy específicos, la novela se lee desde la distancia, y casi nunca te involucras emocionalmente con el protagonista (y casi mejor, porque Roth llega a cargar demasiado las tintas con los elementos deprimentes). De los recuerdos, los que más me gustan son los de la infancia, que me parecen bonitos; y del resto, la historia que más me toca, porque es muy efectiva, es la de la anciana que iba a las clases de pintura y de vez en cuando debía tumbarse en el suelo por los dolores de espalda que sufría (tanto la historia de la mujer como de su marido muestran muy bien la degeneración que sufren). También me gusta cómo muestra su soledad al final, y la envidia que tiene a su hermano, por estar más sano que él.
   La mayor pega que le veo a la novela es que Roth, después de abandonar la infancia, sólo se centra en los aspectos negativos de la vida del protagonista. En un determinado momento se salta 22 años sin problemas de salud, y en otro nueve; y el resto lo llena de viajes al hospital, donde la salud del protagonista no hace más que empeorar, o de situaciones en las que el protagonista destroza a su familia. Además, a medida que vas conociendo su vida, peor te cae el personaje.
   Y la parte final, cuando se entera de la suerte de tres antiguos amigos (Roth escribe “La ancianidad no es una batalla, es una masacre”), y la última página, tienen la alegría de un velatorio.
   Sí, a todos nos espera la muerte; pero el camino hasta llegar allí puede ser bastante más alegre que lo que muestra esta novela.
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