Entrevista a Chiki Fabregat, autora de literatura juvenil

Entrevista a Chiki Fabregat

Chiki Fabregat creció escuchando cuentos en los que ella y sus hermanos eran los protagonistas, ya que su padre era Antonio Manuel Fabregat, un escritor de libros infantiles, y gracias a él se enamoró de la literatura infantil y juvenil.

Cuando comenzó a escribir, renegó de ese género y se empezó en escribir para adultos, pero el aburrimiento pudo con ella. Así que volvió a lo que realmente amaba: la literatura infantil y juvenil.

En 2002 descubrió la Escuela de Escritores y cambió su vida. Poco a poco se fue involucrando en la escuela y de alumna pasó a profesora, y de ser aspirante a escritora a ser escritora publicada.

En 2021 ganó el premio Gran Angular de SM con la novela El cofre de Nadie.

En esta entrevista hablamos de su carrera literaria y como profesora de escritura creativa.

Puedes visitar su página web, y seguirla en Facebook, Twitter e Instagram.

Entrevista a Chiki Fabregat

Te empeñaste en escribir para adultos durante años, pero acabaste escribiendo literatura infantil y juvenil. ¿Cómo fue esa evolución?

Fue un proceso largo de aprendizaje, porque creo que, si no hubiera intentado escribir todos los géneros y para público adulto, no tendría los mismos recursos que tengo ahora. Es verdad que cada uno debe escribir lo que le apetece, pero salirse de eso que llamamos “la zona de confort” nos obliga a explorar, a mejorar y nos enfrenta a retos que, de otra manera, nunca afrontaríamos. Yo aprendí muchísimo aquellos años porque estuve con algunos de los mejores profesores de Escritura Creativa que hay en España. Y no fue un proceso traumático, en absoluto, más bien lo considero como un camino que me permitió saber qué quería escribir.

 

¿Crees que hay gente tan obsesionada con escribir un género específico, o pensando en un público específico, que está matando su creatividad?

No lo sé, es posible que haya autores que se empeñan en escribir algo que triunfe y que centran todo el esfuerzo no en contar una buena historia, sino en contar la que un público masivo quiera leer, pero me da la sensación de que eso es un camino hacia el fracaso. Bastante difícil es que el resultado final de lo que escribes te satisfaga, como para añadirle el escollo del listón de ventas. Pero lo cierto es que no sé si esto ocurre ni cuánto pasa, quiero creer que, si se da, es algo anecdótico y que la mayoría de los que nos dedicamos a esto lo hacemos desde la sinceridad de ofrecer lo mejor de nosotros como escritores.

Novelas juveniles de Chiki Fabregat

Novelas juveniles de Chiki Fabregat

 

 ¿Cómo llegaste a Escuela de Escritores y por qué te quedaste en ella?

Me apunté a un curso online allá por el año 2002, creo recordar. Descubrí la Escuela de Escritores porque mi hermana (la también escritora Ana Fabregat) encontró una publicidad en el cristal de un coche y nos lanzamos las dos de cabeza. Era entonces una escuela pequeña en la que nos conocíamos todos y yo me puse muy pesada con que tenían que ofrecer un curso de Literatura Infantil y Juvenil. Cuando por fin lo hicieron, me inscribí y al poco tiempo me ofrecieron impartirlo, porque el profesor que lo estaba dando no iba a seguir. Yo trabajaba de secretaria en una academia, y durante unos años compatibilicé ambas tareas hasta que tuve que decidir entre quedarme al frente de la empresa en la que trabajaba o dedicarme de lleno a los talleres. Tardé un nanosegundo en elegir. De una manera bastante gradual fui metiéndome más en la Escuela, involucrándome en proyectos nuevos y hace ocho años me ofrecieron coordinar los talleres presenciales de Madrid a lo que, otra vez, respondí en segundos.

 

Como profesor de escritura creativa, una objeción que me suelo encontrar, incluso en alumnos que se han apuntado a mi curso, es la noción del talento, del se tiene o no se tiene y a escribir no se puede aprender. ¿Te pasa a ti? ¿Qué opinas?

Creo que a esa pregunta nos hemos enfrentado todos. Incluso nos la hemos hecho la mayoría sobre nuestro propio talento. El talento existe, pero hay que darle solo la importancia que tiene. La escritura y el escritor están muy mitificados, hay mucha gente que tiene una idea de la profesión como algo romántico, maldito, exclusivo para unos pocos elegidos. Para mí la escritura tiene, como todas las artes, un componente innegable de talento, pero si ese talento no se trabaja no sirve para nada. O sirve para poco. No todo el mundo puede ser un grandísimo escritor, como no todo el mundo puede ser un virtuoso del piano o de la danza, pero cualquiera puede escribir y hacerlo cada día un poquito mejor si adquiere la técnica y los recursos necesarios. La escritura es intuición, pero sobre todo es técnica y, mientras sigamos pensando que los escritores son elegidos tocados por la varita de la genialidad, estaremos desaprovechando la oportunidad de aprender a escribir.

Chiki Fabregat, autora LIJ

 

¿Qué diferencias ves, a la hora de enseñar, entre la literatura para adultos y la infantil y juvenil?

La libertad. Los escritores de Literatura Infantil y Juvenil nos sentimos más libres para experimentar. No sé los motivos, creo que tiene que ver con las expectativas, con que nuestros nombres son menos importantes que nuestros libros, pero no lo sé. El caso es que la mayoría estamos en esto solo por placer, porque nos divierte y con los alumnos pasa igual. Las expectativas sobre el resultado ahogan y agobian más a los estudiantes de escritura para adultos que para niños y jóvenes, o al menos esa sensación tengo yo después de tantos años enseñando. Eso, desde el punto de vista del profesor, se traduce también en libertad para proponer juegos, para hacer que los alumnos disfruten mientras aprenden. Pero también puede ser una visión muy sesgada, porque me gusta más y me divierte más enseñar LIJ, así que igual no son ellos, los alumnos, sino yo quien disfruta de esa libertad y quien se atreve a ser libre.

 

¿Y qué diferencias ves a la hora de escribir esos tres géneros?

Aparte de lo que te comentaba de la libertad creo que no hay diferencia. Al menos en mi caso. Escribo con la misma seriedad y la misma responsabilidad sea cual sea mi público. Me gusta más escribir para niños y adolescentes, lo disfruto más y siento que puedo aportar algo diferente. Jamás he pensado que un cuento para adultos que yo haya escrito vaya a provocar una reacción en el lector, que vaya a cambiarlo en algún sentido, pero sí lo creo de lo que escribo para público más joven. En literatura general hay autores maravillosos a los que admiro y leo, consciente de que jamás estaré donde ellos están, porque no tengo nada que aportar en ese campo. En infantil y juvenil, en cambio, tengo compañeros a los que admiro y leo y con los que creo que comparto el espacio.

 

En la actualidad, me parece que existe una obsesión por publicar a toda prisa, el marketing desbocado y querer el éxito inmediato. ¿Qué piensas al respecto? ¿Cuánto tiempo te llevó a ti publicar desde que decidiste ser escritora, y cómo fue el proceso?

Yo fui la escritora más lenta de la Tierra en darme cuenta de que quería publicar. Estuve quince años como alumna de los talleres y como profesora antes de embarcarme en la escritura de una novela. Algunos de mis alumnos publicaban y tenían bastante éxito mientras yo seguía sin notar ese deseo. Ahora, con distancia, lo veo y pienso que fue una bendición no tener prisa, porque aprendí sin presiones. Una vez que escribí mi primera novela sí, quise ser escritora publicada y encontrar editorial, lectores y entrar en ese circuito y lo cierto es que tuve mucha suerte, porque recibí un par de rechazos, muy bien argumentados y de los que dejan buen sabor de boca, y un sí rotundo en pocos meses. También es verdad, y creo que esto es importantísimo, que mi primera novela fue una novela fácil de escribir y que el resultado era suficientemente digno como para hacerse un hueco en el catálogo de una editorial. De no ser así, puede que la frustración de no saber terminarla o la de no poder venderla me hubiese llevado por otros caminos.

Libros infantiles de Chiki Fabregat

Libros infantiles de Chiki Fabregat

 

Enhorabuena por el premio Gran Angular por El cofre de Nadie. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que habías ganado? Muchos aspirantes a escritor se quejan de que los concursos están dados, que no hay nada que hacer, y no hacen más que cabrearse. Cuéntanos cómo fue el proceso de presentar la novela a SM, y todo el tiempo que pasó hasta que te dijeron que habías ganado.

Muchas gracias.

Enfadarse por no ganar un premio es un mecanismo de defensa de nuestro ego. Muchas veces ganan autores a los que ya conocemos y es fácil quedarse en la idea complaciente de que ellos entran por una puerta distinta, pero la realidad es que esos autores que ganan convocatorias de premios cada poco suelen trabajar mucho, presentarse a todos los concursos, año tras año, recibir el no y seguir con la cabeza metida en las teclas, diseñando el siguiente proyecto. Luego nos quedamos en el “ha vuelto a ganar Pepita” y nos olvidamos de que Pepita se ha presentado quince veces ya a ese concurso y en todos los casos con novelas muy buenas y muy dignas del galardón.

En el caso de El cofre de Nadie seguí el mismo proceso de siempre. Cuando termino una novela busco en qué concurso puede encajar, la envío y me olvido de ella, porque los procesos de selección duran meses y sería una tortura estar pendiente. Esta novela me pareció que podría encajar en la colección juvenil de SM, pero más en la colección que en el premio, ganarlo era solo un sueño remotísimo, mi objetivo era que les gustase y la publicaran.

Cuando me llamaron de la editorial tardé un poco en darme cuenta de lo que me estaban diciendo. Creía que me llamaban para decirme que les había gustado y que la publicarían, fuera de concurso, que a fin de cuentas es para lo que me presento a los premios. Pero Berta Márquez, la editora, me estaba dando la enhorabuena y me hablaba de los miembros del jurado, así que caí en la cuenta de lo que eso significaba y, a partir de ahí, solo usé monosílabos (Ay, jo, jo, ay, ay) y debí de darles la impresión de estar dormida o aletargada, no sé. Tuve la grandísima suerte de que ese año, con la dichosa pandemia, el jurado se había reunido en videoconferencia, así que me invitaron a reunirme con ellos y allí estaba yo, con el pantalón del pijama y un jersey que me había puesto a toda prisa, dando las gracias y soltando monosílabos como una loca.

Los cinco meses que pasaron desde que la envié hasta a llamada, no me preocupé ni de la novela ni del premio, empecé otro proyecto y seguí trabajando.

 

Cuando escribes novelas, ¿cuál es tu método de trabajo? ¿Sacas la escaleta? ¿Improvisas sobre la marcha? ¿Cuánto tiempo te lleva completar una novela desde la idea original hasta que la envías a editoriales?

Odio que me hagas esta pregunta porque me debato entre mentir como una bellaca y contar algo muy sesudo y muy programado o decir la verdad: que necesito escribir para pensar. Yo empiezo a escribir sin rumbo porque no soy capaz de planificar en el vacío. Cuando llevo unas páginas escritas paro y me pregunto qué estoy contando, por qué, qué mueve a mi personaje… Ahí suelo recurrir al cuaderno y a la escritura manuscrita. En ese momento sí, planifico un poco, borro mucho, y luego sigo. Todo el proceso es así, a trompicones. Y me encantaría hacerlo de otra forma más organizada, pero no soy capaz, aunque prometo que lo he intentado. Esto implica escribir mucho y borrar mucho. Siempre lo comparo con los perros que salen de paseo y que, mientras el dueño camina diez pasos, ellos hacen cincuenta porque van y vienen. Yo soy el perro que va y viene y que hace y deshace el camino muchas veces. No es la mejor manera, no es la más eficaz, pero es la que me sirve.

No puedo decir cuánto tardo porque depende de mil factores. Uno de esos factores es el tiempo. Suelo terminar un par de novelas al año, una de juvenil (más extensa) y una de infantil (más corta). El mes de agosto, cuando estoy de vacaciones, es el mes en el que termino, corrijo y doy por buenas esas novelas y coincide perfecto con el envío a los premios, que la mayoría tienen plazo hasta finales de agosto o principios de septiembre.

 

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere ser escritor y está empezando?

Que sea paciente. Que, si puede, se quite de encima la presión de las expectativas y escriba, sin más. Que descubra qué escritor es, cuál es su voz, su lugar. Publicar es maravilloso. Ganar premios es más maravilloso todavía, pero lo bueno, lo que nos hace escritores, es contar una historia, de principio a fin. Y sin eso, no llega nada de lo demás.

Chiki Fabregat, escritora infantil y juvenil


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