Menguante, de Pedro Pablo Picazo

«Menguante», las muchas historias de una historia, por Pedro Pablo Picazo

Debió de ser en 2009, o quizás 2010, cuando tuve la idea para esta historia. Estaba trabajando en un documental sobre marineros del litoral cantábrico y tuve que embarcar unas horas para grabar unas imágenes. Se trataba de una embarcación muy pequeña y apenas nos alejamos de la costa, pero estando en ella pensé: ¿y si el barco empieza a encoger?

Imaginé la historia de un marinero que, poco a poco, va perdiendo compartimentos hasta quedarse con lo mínimo, en una lucha no sólo contra el mar, sino contra algo más, algo psicológico, algo en su interior y… hasta ahí sabía.

Aquella fue de esas premisas que te atrapan y no dejas de pensar en ellas hagas lo que hagas. Me pareció que tenía un planteamiento muy visual, así que supuse que se trataba de un proyecto interesante para desarrollarlo como guión, pero el hecho de transcurrir en el mar y de tener un barco que, poco a poco, va desapareciendo suponía una clara complejidad técnica que le restaba posibilidades de llegar a ser producido.

En un momento dado pensé: ¿y si simplificamos? ¿Y si no es un barco si no algo más sencillo? ¿Y si se trata de… una casa?  No sólo suponía abaratar posibles costes y aumentar las posibilidades de vender el proyecto, también me permitía tener un desarrollo más claro. Siendo un barco debía meterme en la mente y motivaciones de un marinero, siendo una casa… bueno, todos vivimos en una casa y se me abría un mundo enorme de posibilidades. No sólo yo estaba más cerca de ese potencial protagonista, también la audiencia.

Rápidamente, con este nuevo enfoque, pude profundizar más en la historia: se trataba de alguien que se quedaba en paro y debía quedarse en su casa, pasando más tiempo en ella y provocando su rechazo. También supe inmediatamente que, si el protagonismo recaía en un personaje femenino, la premisa ganaba en contenido y fuerza. Vislumbré el final y su resolución también. Con ello, el género, debía ser claramente terror.

Las piezas empezaron a caer en su sitio y, con ellas, un título: Menguante, por tratarse del mundo de esta protagonista que se encogía, disminuía, menguaba.  Temí que la gente pudiera pensar que se trataba de una historia de hombres lobos, pero, hasta ahora, no ha sido así y nadie me ha planteado esa duda.

Menguante, terror de Pedro Pablo Picazo

Menguante, la película

El tiempo pasó y llegamos a 2015. Presenté el proyecto como una premisa de largometraje a una convocatoria en la que no fui seleccionado, pero ese mismo material me sirvió para enviarlo a otra. Telefónica Studios convocaba un certamen de ideas de cine: “En busca de la nueva generación del cine”. Se presentaron 800 proyectos. Seleccionaron 15. Uno de esos fue Menguante. De ellos ganaban dos para desarrollarlos financiando la escritura de su guión. Tuve que ir a presentar el proyecto a Madrid, a un pitch de esos que ahora se han vuelto tan populares y que me resultan odiosos. Lo hice lo mejor que pude, no me quedé descontento con mi intervención, pero no gané.

No voy a negarlo, fue un palo, llegar tan lejos para nada. El caso es que al menos me sirvió para confirmarme que la premisa era interesante, que tenía potencial. No podía dejar de pensar en ella y, en un momento dado, tuve la revelación de cómo escribirla para novela. Sabía qué lenguaje usar, cómo estructurarla, de qué manera escribirla. Y lo hice. Curiosamente no recuerdo mucho de este proceso. Sé que fue breve, satisfactorio y que no me dio demasiados quebraderos de cabeza. La terminé y la dejé reposar un poco, como suelo hacer.

En paralelo, seguí buscando aprovechar el material que tenía del proyecto como largometraje y lo presenté al IV Laboratorio de Guiones de la Fundación SGAE. Para mi enorme sorpresa, fui seleccionado.  No me lo esperaba, quizás ya la veía como una novela, no sé. El laboratorio consistía en que, durante medio año, una vez al mes, tenía que acudir a Barcelona para trabajar en la historia con un guionista experto que me ayudaba a profundizar en ella. Tuve suerte porque me tocó Albert Val, profesional que durante muchos años fue jefe de desarrollo de proyectos en Filmax, distribuidora y productora especializada en el género fantástico. De su mano los otros seleccionados y yo debíamos pasar de la historia en escaleta a guión dialogado.

Yo decidí olvidarme de todo lo que llevaba, novela incluida, y empezar de cero: desde la idea. Recuerdo haber contado en la presentación que yo veía mi historia a medio camino entre una película experimental como Repulsión de Roman Polanski y la comercial Poltergeist de Steven Spielberg. Albert, con su enorme experiencia moviendo proyectos entre cadenas y distribuidoras, me aconsejó que me fuera más hacia Spielberg, ya que me iba a resultar así más sencillo llamar la atención y facilitar que el proyecto llegara a las pantallas.

Mi objetivo era hacer una historia factible, posible en la cinematografía española, pero sobre todo, que se hiciera. Llevaba, llevo, demasiado tiempo trabajando en proyectos que no llegan a culminarse. Quería que la película fuera una realidad, así que opté por ese camino, dejando de lado la otra vía, lo que también condenaba la novela, ya que transitaba ese camino más experimental y atrevido, pero el trabajo del escritor supone estar constantemente eligiendo y, por ello, también, en ocasiones, renunciando.

Terminé el laboratorio con un guión del que quedé muy satisfecho. El proyecto funcionaba y era totalmente factible. No se trataba de una película especialmente cara y tenía elementos que me gustaban mucho, como que al principio entrábamos en la casa y no salíamos fuera durante todo su metraje, lo que aumentaba el carácter atmosférico y angustioso de la historia.

Durante el taller tanto Albert como mis compañeros me planteaban dudas y propuestas que sirvieron para reforzar el concepto y fortalecerlo: no era una casa encantada, no había fantasmas, no se trataba de la típica casa victoriana llena de espectros, sino de un piso moderno y actual en una gran capital. Un planteamiento quizás algo arriesgado, pero que logré defender y mantener en todo el proceso.

Pedro Pablo Picazo en Barcelona, Menguante

Picazo en Barcelona, con sus compañeros del Laboratorio de Guiones de la Fundación SGAE

Viaje a Argentina

Llegamos a otoño de 2016 y tenía un guión bajo el brazo del que estaba muy contento, sólido y factible, me tocaba moverlo por productoras. Presentar un proyecto de esta manera siempre es difícil y duro: tienes que insistir, exponerte, hay quien le da valor a haber pasado por las selecciones que yo llevaba, hay quien no… el caso es que tras meses de presentarlo a diferentes sitios, surge una empresa que se interesa por el proyecto: una productora seria que me ofrece un contrato y unas perspectivas realistas de que la película se haga.

En julio de 2017 firmo con esta productora y, casi al mismo tiempo, el proyecto recibe una nueva selección: esta vez en Argentina. El Ventana Sur dispone de una sección especializada en fantástico, “Blood Window”, donde se presentan proyectos de género. Menguante es seleccionado y me lleva ni más ni menos que a Buenos Aires. La verdad es que es maravilloso que una idea que tienes un día te haga cruzar el charco y ampliar horizontes. Fue una muy bonita experiencia.

Al regreso tengo la primera reunión con el director que la productora eligió para el proyecto. Yo estaba muy preocupado por si quería rehacer la historia por completo, pero al revés, fue un fantástico encuentro con muy buen entendimiento entre ambos que me condujo a cambios mínimos, matizaciones más que otras cosas.  La cosa no podía pintar mejor. Las piezas parecían encajar al fin después de un proceso tan largo.

Y todo esto que iba tan bien condujo a… nada. Las cadenas rechazaron el proyecto y los derechos del guión me regresaron un año después. Menguante volvía a ser mío y con muy pocas posibilidades ya de que se materializara después de este rechazo. Es triste que tanto esfuerzo y trabajo acabé así, pero es la realidad de muchísimos guiones, de la mayoría en realidad. El palo fue mayúsculo, mucho mayor que el de 2015.

Pedro Pablo Picazo en Argentina

Pedro Pablo Picazo en Argentina

Menguante, la novela

Yo seguí trabajando en otras cosas, otros proyectos, y en 2020 había un concurso literario al que quería presentar una novela de terror que escribí posteriormente, pero no podía ya que estaba pendiente de fallo en otros certámenes. Me daba rabia, porque me parecía que era perfecta, sin embargo las bases lo impedían. No había nada que hacer. Hasta que me acordé de algo, de una novela que había quedado relegada en el cajón, una novela que nunca llegué a corregir.

La rescaté, estaba convencido de que sería un desastre, que no podría hacer nada con ella, pero me llevé una sorpresa. No estaba mal, nada mal. Era muy diferente al guión, en desarrollo de la trama sobre todo, pero me pareció que funcionaba. No tenía nada que perder. Le di un ligero repaso de estilo, no necesitaba más, y la presenté al concurso. De casi trescientas candidatas fue una de los ocho finalistas. No ganó, pero la organización me escribió destacando que había sido muy bien valorada por el jurado. Así las cosas, decidí darle una nueva oportunidad a Menguante como novela, de esta manera llega hasta Con Pluma y Píxel gracias a Carlos del Río, quien me recomendó esta editorial, y, finalmente, a las librerías.

Toda historia contiene otras historias, pero para mí Menguante es una historia que transcurre en dos universos: el de esta novela, y el de su guión. Dos historias paralelas, hermanas, que parten de la misma premisa, sus protagonistas son las mismas, pero su desarrollo es muy diferente. Llegué a pensar en cambiarle el nombre a la publicación que ahora sale para diferenciarlas, pero lo cierto es que son como una novela y su adaptación: complementarias, interrelacionadas, se nutren de una misma fuente. Me pareció que debían conservar su nombre, coexistir, y de ahí que haya decidido conservar sus títulos.  Menguante novela ya existe. La película sólo en mi cabeza, pero, nunca se sabe…

De alguna manera siento que Menguante tiene vida propia y es una superviviente que desea llegar a la audiencia. Que ha mutado, que se ha transformado, que ha padecido, pero al mismo tiempo evolucionado hasta alcanzar este momento en el que al fin se presenta al mundo. Ha luchado mucho, ha sufrido también, yo con ella, no voy a negarlo, pero al fin se pone a disposición del lector, que es, siempre, quien tiene la última palabra y quien decide qué permanece y qué se lleva el olvido. Ya más no puedo hacer. Toca el momento de cruzar los dedos.

Pedro Pablo Picazo, Menguante, terror


Puedes visitar la página de Pedro Pablo Picazo.


¿Quieres aprender a escribir novelas? Apúntate a mi lista de correo y llévate las primeras lecciones del curso de escritura online gratis y los e-books Los diez pilares fundamentales de la escritura de ficción y La diana del escritor.

Atrévete a ser escritor, el curso online

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.