Tropas del espacio [3]

Portada americana de Tropas del espacio, de Robert A. HeinleinNOVELA

Starship Troopers
(EE.UU., 1959, 263 páginas)
Robert A. Heinlein

“Al ‘Sargen’ Arthur George Smith –Soldado,
Ciudadano, Científico –y a todos los sargentos de todas partes que se han
esforzado por hacer hombres de chicos.”

 

   Esta
frase, que tiene una dureza que ya quisiera Harry el sucio, es la dedicatoria
de  “Tropas de espacio”, de Robert A.
Heinlein. Heinlein, muerto en 1988, sigue estando considerado uno de los
mejores escritores de ciencia ficción del siglo XX (durante mucho tiempo se le
consideró uno de los tres más grandes, siendo los otros dos Isaac Asimov y
Arthur C. Clarke), y con “Tropas del espacio” ganó el premio Hugo a Mejor
Novela en 1960.
   “Tropas
del espacio” se publicó por primera vez, en una versión abreviada, por entregas
en la revista “The Magazine of Fantasy & Science Fiction” en 1959; y en su
versión completa, como libro, en diciembre de ese mismo año. La novela siempre
ha sido muy polémica (y no me extraña), y en 1997 fue la base para una película
también polémica (y no lo entiendo) “Starship Troopers”, del gran Paul
Verhoeven. Mientras la película, que es una adaptación muy libre (e
infinitamente mejor) de la obra de Heinlein, está llena de ironía; la novela va
muy en serio.
   En el
futuro, la Tierra está gobernada por una federación en donde solo los militares
pueden votar. La paz mundial y de las colonias terrestres en el universo se ve
amenazada por el ataque de una especie extraterrestre: los arácnidos de
Klendathu. En este contexto vive Johnnie Rico, un adolescente que al acabar el
instituto no sabe si seguir la carrera de negocios que quieren sus padres, o
hacerse militar y así convertirse en un ciudadano con derecho a voto. Johnnie,
sin pensárselo mucho (lo hace porque su mejor amigo y una chica que le gusta lo
hacen), se alista en el ejército, donde tras un entrenamiento muy duro y varias
misiones a vida o muerte, se convertirá en un hombre.
   Los
primeros capítulos no están nada mal. Empiezan en medio de una misión, y
Heinlein muestra muy bien el miedo que siente Johnnie y llena la acción de detalles
muy buenos: la forma que tienen para aterrizar en un planeta (todo el proceso
desde meterse en una especie de vaina, hasta cómo ésta se va descomponiendo
para despistar a los radares cuando van aterrizando), cómo funciona su traje y
qué objetivos va destruyendo. El primer capítulo termina con Johnnie
contradiciendo órdenes para salvar a un compañero.
   Luego hay
un salto atrás en el tiempo, que muestra al Johnnie de antes de alistarse. Algo
que tiene muy bueno toda la novela, no sólo esta parte, es que está narrada en
primera persona desde el punto de vista de Johnnie; y Johnnie se expresa,
piensa y se comporta como un chico de 18 años, y tiene mucha gracia. El mostrar
al Johnnie estudiante le permite a Heinlein enseñar mucho mejor la evolución
del personaje a lo largo de la novela.
   En cuanto
Johnnie se alista, empiezan los problemas. La novela tiene sus pivotes en dos
escenas de acción sobresalientes (el primer y desastroso ataque a Klendathu,
que es muy angustioso, y la misión en el Planeta P), y lo que narra entre
medias es el entrenamiento y ascenso de Johnnie dentro del ejército. Y hay
páginas y más páginas de la rutina del ejército (siempre hay una evolución de
los acontecimientos, y Heinlein describe los mejores detalles); de un campo de
entrenamiento a una nave y a otra, con un montón de personajes.
   Por una
parte, yo me preguntaba cuándo iban a salir a patear culos arácnidos, y por
otra, como se cuentan tantísimas cosas, pierde intensidad y los personajes son
meros monigotes. Parece que Heinlein quería abarcar lo más posible sobre las
costumbres del ejercito, en vez de centrase en escenas emocionantes. La
sensación que se tiene es la viajar en un coche que va muy deprisa, que de vez
en cuanto reduce la velocidad, pero desde el que es difícil disfrutar del
paisaje. A mí el resultado me parecía muy aburrido.
   Entre
entrenamiento y entrenamiento Johnnie recuerda las clases de Historia y Filosofía
Moral del profesor Dubois, y más adelante las del profesor Reid. Y aquí es
donde aprovecha Heinlein para meter todas sus polémicas ideas, aunque no todas
son malas.
   El
profesor Dubois asegura que la violencia ha arreglado muchas disputas en el
pasado (lo cual es cierto, pero eso no es motivo para ensalzarla, o para dejar
de lado que la violencia debería ser siempre el último recurso); también habla
del valor relativo de las cosas (depende del uso que uno les vaya a dar, y de lo
que le haya costado conseguirlas. Pone de ejemplo las democracias del siglo XX,
en las que las personas votaban y daban por sentado que podían conseguir una
serie de cosas sin ningún esfuerzo, y por tanto reducían su valor. Dice que el
dicho ese de “Las mejores cosas de la vida son gratis” en verdad debería ser
“Las mejores cosas de la vida están más allá del dinero”. Con este planteamiento
coincido plenamente, y me parece que es lo que pasa ahora mismo en occidente).
   Desarrollando
la idea anterior, un poco más adelante el profesor Dubois explica como en el
siglo XX se protegían muchísimo los derechos pero se abandonaban los deberes que
hacen funcionar al grupo (aquí también estoy de acuerdo. Vivimos en una
sociedad muy egoísta, donde todo el mundo reclama derechos pero pocos se
esfuerzan por cumplir con sus deberes). Lo malo de esta idea es que viene junto
con otra en la que Dubois justifica el castigo físico para educar a los
delincuentes juveniles, y para demostrarlo, los compara con cachorros.
Lógicamente, con este razonamiento, que es terriblemente simplista, no estoy de
acuerdo.
   El
profesor Reid por su parte expone por qué el sistema político de “Tropas del
espacio” es el ideal: al haber sufrido mucho por ser soldados, incluso llegando
a veces a jugarse la vida por su planeta, cuando se reintegran en la vida
civil, siempre votarán pensando en el bien general del sistema. Y como sólo
votan los soldados, las revoluciones son imposibles porque ningún ejército las
apoyaría. Por una parte le reconozco que el sistema actual de voto, cuya única
limitación es la edad, tiene muchos fallos (incluso con ellos, me parece el
mejor sistema); pero es muy básico pensar que el voto exclusivo de los
militares traería el bien general. Traería un régimen militarista.
   Ese mismo
profesor Reid hace reflexionar a Johnnie sobre el origen de las guerras.
Johnnie llega la conclusión de que éstas son inevitables porque el hombre (y
otras razas como los arácnidos) siempre buscan expandirse, y por lo tanto
siempre hay que estar preparado para ellas.
   ¿Y por qué
digo que Heinlein aprovecha esas partes para meter sus propias ideas, si en
ficción muchas veces lo que dicen los personajes no coincide con lo que piensa
su autor? Pues porque la evolución de Johnnie Rico refrenda esas ideas, al
igual que el increíble cambio de su padre; o todas las escenas donde se ensalza
al ejército, con un final en el que Johnnie asegura contentísimo que su casa es
el ejército.
2 comentarios
  1. Anónimo
    Anónimo Dice:

    Realmente es un libro interesante de leer por lo detallado en cuanto al funcionamiento del ámbito militar y tu artículo es uno de los mejores que he leído sobre esta obra literaria.

    Responder

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