Reseña: “La noche del espectro”, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

La noche del espectro, Campbell y Cotrina

La pareja de escritores Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina escribieron en 2016 El día del dragón, una divertidísima novela de fantasía para niños (y no tan niños) donde presentaban a los chicos Fran, Carol y Kang Dae, el dragoncito Wayry y un alocado elenco de personajes secundarios.

Dos años después continuaron con las aventuras de sus protagonistas en La noche del espectro, una segunda parte incluso mejor que la primera, en la que unos fantasmas quieren matar a toda la humanidad.

Sinopsis

Fran, Carol y Kang Dae, los chicos que cuidan del dragoncito Wayry mientras crece, viven tranquilos en su internado. Pero un día descubren que sus antiguos enemigos, los que querían hacerse con Wayry para desarrollar malévolos planes, han vuelto, aunque ahora es para ayudarlos. Resulta que la reina Tumba, monarca fantasma de Espectria, está viajando con su corte espectral hacia ellos, en busca del dragón para matarlo con una daga mágica y acabar con la humanidad.

Análisis

La noche del espectro comparte con El día del dragón los mismos personajes, brillantes y muy creativas escenas de fantasía, y unos comentarios del narrador omnisciente desternillantes. Entonces, ¿qué hace que esta novela sea superior a su antecesora? Que la trama está mejor construida: en la anterior se notaba (o bueno, lo notaba yo, que soy escritor) situaciones metidas un poco con calzador o que solucionaban demasiado fácilmente las cosas; aquí la historia fluye mejor.

De esta novela me encanta cómo los autores te van dosificando la información, plantando elementos, preparando momentos y explotándolos de forma muy ingeniosa.

(A mí también me ganan los ratones disfrazados de héroes de películas de acción de los 80, que no hacen más que soltar diálogos de esos films).

Antes de pasar a analizar lo positivo, voy a hablar de lo único que no gusta, que es el conflicto de Carol. La chica va abandonar el internado porque su madre la quiere mandar a un colegio pijo de París. Aparte de que me parece que está resuelto a toda pastilla, con una solución sacada de la manga que no tiene nada que ver ni con la historia de esta novela, ni con la personalidad del personaje que lo resuelve, creo que es casi prescindible: realmente no hacía falta para mantener el interés o subir la tensión, y la novela es tan dinámica que enseguida te olvidas de él.

Vayamos al resto, que es genial.

La noche del espectro, Cotrina y Campbell

 

 

Genialidades

Una de las cosas que más me gustan de estas novelas son los comentarios del narrador omnisciente, quien tiene una personalidad muy marcada y a menudo hace que te partas de risa no por lo que pasa (aunque de eso también hay), sino por sus descripciones o cómo interpreta lo que está pasando. No puedo evitar copiar aquí unos ejemplos. No tienen tanta gracia sacados de contexto, pero cuando los lees en la novela, sueltas carcajadas.

Cuando descubren a los erizos cantarines, que cantan que es un horror y no callan, Kang Dae, quien se puede comunicar con ellos, les dice “Vuestra canción me ha emocionado mucho”, y el narrador matiza: “Y era sincero. La canción lo había aterrado y el terror era una emoción”.

En un momento muy dramático, la reina Tumba salta un “Tú, tú…”, y unos erizos contestan:

—¡Tururú! —cantaron varios erizos voladores, que carecían por completo de sentido dramático y que, además, se lo estaban pasando muy bien.

O la descripción de los murales que adornan del Pasillo del Arte (o Pasillo de Aterrarte, según Kang Dae): “[…] el mural más llamativo era el que había dibujado Juan Berne, de cuarto, al que se consideraba el alumno más perezoso del internado. Había colgado un mural completamente en blanco, titulado Glaciar en el polo norte poblado de osos blancos en un día de niebla.

Un ejemplo muy bueno de ir dosificando la información y creando interés en el lector es el principio de la novela. En La noche del espectro Campbell y Cotrina tardan en desvelar la invasión de los espíritus. Para mantener la atención (y la sonrisa) del lector, crean una serie de escenas que le indican que algo malo está pasando, y que la historia se enlaza con la anterior novela.

Primero, la campana del internado se vuelve loca, y aparece por ahí el mago Baltasar, que es el nuevo portero. Luego aparece uno de los fénix, que está de incósnito, y no sabe para qué ha ido allí porque nunca le cuentan nada.

A continuación, los chicos van a desayunar al comedor, y sorpresa, ahí les espera el chef Flamígero Flambeau, quien les cuenta que está para protegerlos porque se ha corrido la voz por los Reinos Raros de que hay un dragón y quieren hacerse con él. Sin saber más, los chavales van a clase, donde la maga Miranda les dará la lección de literatura más delirante de la historia.

Cada uno de los magos les dará una explicación peregrina sobre qué le pasó a su antecesor en el puesto, y justifican que ahora les quieran ayudar no porque se hayan vuelto buenos, sino porque necesitan que Wayry sea adulto para sus maléficos planes.

El día del dragón y La noche del espectro

Y finalmente los chavales irán al despacho del director, que no es otro que el duque Nefastísimo (acompañado de su caimán Mordiscos), quien les cuenta qué está sucediendo: la reina Tumba de Espectria está viajando con sus fantasmas a la Tierra para matar a Wayry con una daga mágica y acabar con la humanidad.

Entonces, se arma la gorda. Por influencia de los espectros, los objetos se vuelven animados y los atacan. Carol se pierde, y se crean dos grupos para buscarla. Tras una serie de aventuras divertidísimas, los protagonistas, en la segunda mitad, acaban en Espectria, los dominios de los fantasmas… y los erizos cantarines.

Sin desvelar mucho, quiero indicar ejemplos que me parecen excelentes de lo que destacaba arriba sobre esta novela.

En cuanto a plantar elementos, tenemos el Pasillo del Arte, que aparece presentado al principio, como si fuera un mero adorno para hacer más real el internado, pero que los autores utilizan de forma sobresaliente cuando atacan los fantasmas.

O por qué los fantasmas parecen haber olvidado su pasado, cómo la reina Tumba muestra algo que interés cuando le nombran un mago, y cómo todo eso dará pie a la trama de la segunda mitad de la novela. Aquí también entra la leyenda de la forja de la daga mágica, que aparece al principio de la novela, y que enlaza con la resolución del conflicto al final.

En cuanto a estirar momentos, o no solucionar todo de golpe, me gusta muchísimo algo que pasa hacia el final. Los protagonistas descubren, gracias a los erizos cantarines, que tienen que encontrar a un determinado personaje, luego cierto libro, luego darle de comer algo muy específico a Wayry… Es una manera muy buena de ir encadenando momentos y subir la tensión.

La noche del espectro es una gozada divertidísima. Soy fan de estas novelas. En cuanto Fran, Carol y Kang Dae vayan a estudiar al Colegio Howard de Magia, Corte y Confección, ahí estaré yo para seguir sus aventuras.

 

La noche del espectro / Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina / ilustraciones de Lola Rodríguez / novela / España, 2018, 349 páginas.

 

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